COLOMBIA: UNA PAZ NECESARIA PERO INCIERTA

29 de agosto de 2016
                
Los acuerdos de paz entre el Gobierno de Colombia y la FARC deben ser saludados como una noticia positiva, pese a todas las dudas y dilemas no resueltos que han suscitado, tanto de manera legítima como interesada, por algunos sectores de la oposición.
                
No obstante, debe evitarse cualquier forma de complacencia o triunfalismo. No es el fin de la violencia lo que debe cuestionarse, sino precisamente lo contrario. La paz sigue siendo una aspiración, no una realidad. Y no por defecto, descuido o falta de voluntad de los negociadores, sino por los problemas estructurales del Estado y de la sociedad colombiana y por la propia evolución de las FARC y de otros agentes políticos y sociales.
                
ALGUNAS AMENAZAS
                
En una edición anterior, se detallan las provisiones del acuerdo (1). En este comentario tratamos de identificar algunas de las principales amenazas, no todas, a las que se enfrenta.
                
1) La entrega de las armas que tiene en su poder las FARC a responsables de la ONU puede no ser completa; de hecho, es casi imposible que lo sea. No está claro que todas las unidades guerrilleras observen obediencia a la cúpula de la organización. Algunos sectores, más radicales, como el Primer Frente (los autores del secuestro de Ingrid Betancur, por ejemplo) ya han manifestado su oposición. Otros han decidido pasarse a las filas del otro grupo guerrillero con el que aún no hay acuerdo, el ELN (Ejército de Liberación Nacional o los elenos, como se les conoce coloquialmente). Algunos de esos disidentes de las FARC con capacidad operativa en sus territorios habrían vendido ya sus armas al ELN o incluso, por motivos de supervivencia o de otro tipo, a bandas criminales residuales de las autodefensas (los grupos antiterroristas consentidos o apoyados en su momento por el Estado).
                
2) La reinserción social de los guerrilleros desmovilizados es un largo proceso que estará sometido a fuertes tensiones, como ocurrió con el proceso similar en el caso de las autodefensas o combatientes anti-terroristas en la década anterior. Como pude comprobar durante la elaboración de un reportaje para TVE en 2006, muchos de estos individuos eludieron los esquemas oficiales de inserción y se unieron o incluso fundaron bandas criminales autónomas. Esos grupos delictivos no se han debilitado con el tiempo; por el contrario, se ha convertido en una fuerza temible, más o menos agrupados bajo la popular denominación de BACRIM, y representan un problema de seguridad de notable envergadura para el estado colombiano.
                
3) No puede descartarse ajustes de cuentas, en distintos planos: sobre el terreno, las imputaciones de traición, entreguismo o entrega el enemigo por parte de los recalcitrantes o contrarios al final establecido del conflicto pueden solaparse con las acusaciones de desobediencia, infantilismo o individualismo narcisista provenientes de los oficialistas o partidarios de los acuerdos. Por otro lado, existe también el riesgo de enfrentamientos armados entre ex-guerrilleros y ex-autodefensas, por disputas puramente ideológicos o, más probablemente, por asuntos pendientes de los años de combate. Aunque estos ajustes de cuentas no tengan respaldo organizativo, es difícil creer que las organizaciones dispongan de la autoridad, de los medios y de la capacidad para prevenir tales actos de venganza.
                
4) La propia dinámica del negocio de la elaboración, distribución y venta de la cocaína, principal elemento de financiación de las FARC en esta última fase de su evolución operativa, constituye un factor fundamental de amenaza para la seguridad general. Hay informaciones solventes que atestiguan una transferencia masiva del negocio desde hace tiempo. En algunos casos, serán guerrilleros opuestos a la paz; en otras, miembros de otros grupos guerrilleros; pero, sobre todo, es el crimen organizado, procedente de las autodefensas o no, quienes parecen estar en mejor disposición de controlar este negocio tan lucrativo. De hecho, según la Oficina antidrogas de la ONU, el cultivo de cocaína se ha incrementado en un 39% el último año con respecto al anterior (2). Donde hay negocio de la droga, hay violencia. El corredor de la frontera con Venezuela es un sector especialmente sensible.  La desmovilización de las FARC abre el mercado, por así decirlo, general una lucha por el control de la oferta. Este pulso puede resolverse en forma de trato o, en su defecto, tiro a tiro, bomba a bomba. Puede presentarse el riesgo de revivir los oscuros ochenta, cuando el narcotráfico mantenía el vilo a toda la sociedad y en jaque al Estado.
                
5) Es de temer que a los ex-guerrilleros de las FARC que decidan participar en la vida política y, en su día, se conviertan en candidatos para desempeñar cargos y responsabilidades en las instituciones democráticas, les ocurra lo mismo que a los militantes del M-19 en los años noventa. La izquierda colombiana fue prácticamente decapitada en esos años, con el asesinato sistemático no sólo de antiguos guerrilleros, sino de otros dirigentes políticos, sindicales y sociales que defendieron la reinserción o simplemente se mostraban críticos con el sistema político y social de Colombia. La debilidad del Estado es palpable. Y lo peor: su escaso compromiso, cuando no su negligencia e incluso encubierta hostilidad ante la vigilancia y defensa de los derechos humanos, como han denunciado en no pocas ocasiones organizaciones internacionales neutrales como Amnistía Internacional y Human Rights Watch.
               
ACUERDO NECESARIO PERO NO SUFICIENTE
                
En definitiva, Colombia necesitaba este acuerdo de paz, pero no debenn albergarse expectativas exageradas sobre su efectividad práctica. La posición opuesta, en particular la sostenida por el ex-presidente Uribe, es poco constructiva. La utilización de la justicia como valor opuesto a los términos de esta paz suena a oportunista. El acuerdo con los terroristas de las Autodefensas fue obra suya. Aunque las garantías ofertadas a los combatientes no fueron tan amplias, el seguimiento de los acuerdos fue fallido. Uribe cree que puede encabezar el malestar de ciertos sectores de la población y de los aparatos del Estado para erigirse de nuevo en alternativa. De ser así, es un cálculo peligroso.
                
Después de años de esfuerzo y paciencia, el trabajo no ha terminado. Para que este acuerdo no se convierta, involuntariamente, en el "futuro del crimen", como teme el investigador Adam Isacson (3), todos los actores políticos y sociales deberán acometer el compromiso de salvaguardar no sólo la letra de los acuerdos, sino también su espíritu: es decir, trabajar en pos de una sociedad más justa y más igualitaria, es decir, menos propensa a la generación de violencia. Un desafío mucho más complicado que las negociaciones de paz ahora concluidas con éxito.  

NOTAS

(1) NUEVA TRIBUNA, 28 de agosto

(2) https://www.unodc.org/documents/crop-monitoring/Colombia/Monitoreo_Cultivos_ilicitos_2015.pdf


(3) "Colombian War Just Ended. A new wave of violence is begining". ELISABETH DICKINSON. FOREIGN POLICY, 25 de agosto.

HORRORES Y BURKINIS: DEMAGOGIA DE LA DERECHA, PERPLEJIDAD EN LA IZQUIERDA

25 de agosto de 2016
               
Francia ha vivido un verano horrible. Los atentados terroristas de Niza y Normandía han reforzado el clima de miedo, de pánico, de inseguridad. Lamentablemente, la reacción de algunos dirigentes políticos, el ruido de las redes sociales y la intransigencia creciente de un sector de la ciudadanía han hecho poco por serenar los ánimos.
                
NIZA: DE LA TRAGEDIA AL ESPERPENTO
                
Lo que empezó como una tragedia en el Paseo de los Ingleses de Niza ha devenido en esperpento. La aparición frecuente en las playas francesas de un bañador que cubre de forma casi integral a algunas bañistas musulmanas, llamado burkini (de burka y bikini), impulsó a una veintena de ayuntamientos del Midi francés a prohibir este tipo de prendas de baño. Las razones esgrimidas por los responsables municipales son, como mínimo, discutibles. Se considera que esas prendas no son "respetuosas de la buena moral y del secularismo", ni consistentes con "las normas de higiene y seguridad de los bañistas en las playas públicas".
                
El ayuntamiento de Niza, controlado por la derecha republicana, encabezó esta iniciativa supuestamente secular, pero los alcaldes socialistas de otras localidades  se han adherido. El primer ministro, el socialista Manuel Valls, se apresuró a respaldar a los alcaldes, afirmando que el burkini es un símbolo de la "esclavización de la mujer musulmana".
                
La polémica se estaba desarrollando dentro de los habituales límites del debate sobre clásico en Francia sobre la secularidad, la exhibición de símbolos religiosos en lugares públicos y la obligación del Estado a respetar el principio de la laicidad, consagrado en la Constitución.
                
Hasta que se publicaron la semana pasada las fotos de unos policías municipales obligando a una mujer musulmana que estaba tumbada en la playa de Niza a despojarse de túnica, pantis y velo, para luego multarla y expulsarla del lugar.  El debate ha rebasado los cauces políticos y se ha instalado en los medios y redes sociales, con una pasión considerable.
                
En otro incidente anterior, en esta ocasión en la playa de Cannes, otra mujer recibió un trato parecido. Pero en este caso, el diario británico THE GUARDIAN aseguró que, según una periodista francesa, testigo presencial de lo ocurrido, algunos de los bañistas aplaudieron a los policías e increparon a la mujer con gritos de "vete a casa" (1).
                
Se han alzado numerosas voces denunciando la "humillación" a la que se vio sometida la mujer de la playa de Niza. Lo más revelador es que las protestas por la actuación policial no se han limitado al ámbito musulmán. Una organización feminista,  Osez Les Feminism, ha señalado que las medidas restrictivas impuestas por los ayuntamientos convierten que las mujeres son víctimas de una doble discriminación: si el patriarcado musulmán les priva de sus derechos por la aplicación de unos supuestos principios religiosos, el Estado "les somete a opresión religiosa" y les niega sus "libertades fundamentales".
                
CRITICAS DESDE EL EXTERIOR
                
La semana pasada el NEW YORK TIMES publicaba un artículo de análisis sobre las razones de este empeño del Estado francés en vigilar la indumentaria. Algunos de los expertos sobre el Islam en Francia aseguraban que el asunto del burkini  iba más allá de unas normas públicas de vestimenta, e incluso del encuadramiento de la práctica religiosa. El asunto clave es la identidad nacional, un concepto del que ha hecho bandera la derecha y que ahora parece generar contradicciones también en la izquierda. Cada vez que el país se ve sometido a presión relacionada con el mundo islámico, se produce una intensificación de estas normas restrictivas sobre la vestimenta. De lo que se trata, según estos especialistas, es de "presionar a los musulmanes franceses para que se desprendan de cualquier sentido de identidad comunitaria y adopten la identidad francesa"; la convivencia de una y otra no es posible (2).
                
El NEW YORK TIMES apoyó este análisis con un editorial en el que calificaba la actitud oficial francesa de "fanatismo" y "paternalismo" y denunciaba que detrás del "lío del burkini" se esconde "una conveniente distracción de los problemas que los líderes franceses no han sido capaces de resolver: alto desempleo, deslucido crecimiento económico y la persistencia real de la amenaza terrorista" (3).
                
Otros medios han vertido comentarios más ácidos, como una periodista del Buzzfeed: "¿Esto es la laicidad?, ¿Es esto ser liberal?, ¿Hombres que obligan a una mujer a desvestirse?". Uno los twitter más agudos muestran fotos de monjas bañándose con sus hábitos con la pregunta: "¿serían ellas obligadas a despojarse de sus vestimentas?". O una foto comparativa de buzos y mujeres en burkini.
                
La polémica ha alcanzado tal dimensión que el propio Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon ha criticado el incidente de la playa de Niza, "afirmando que debe respetarse la dignidad de todas las personas, y no parece que en este caso haya sido así".
                
En este río revuelto, la propia creadora del burkini, la modista australiana de origen libanés, Aheda Zanetti, proclama en un artículo para THE GUARDIAN, que creó esta prenda para "dar libertad a las mujeres musulmanas, no para que se la arrebataran", y se pregunta "quienes son mejores, los talibanes o los políticos franceses" (4).
                
La inhabitual dureza de estos medios anglosajones ha escocido en Francia. El diario LE MONDE se refiere este jueves a la "incomprensión de la prensa internacional", pero reconoce que las fotos de Niza han provocado "indignación".  En realidad, algo más.
                
Se empieza a apreciar algo parecido a una marcha atrás en Francia. El primer ministro Valls, sin retractarse de su apoyo a la prohibición del burkini, ha criticado la actitud xenófoba detectada en el incidente de la playa de Cannes. En parecidos términos se ha expresado el Ministro del Interior. En declaraciones a la emisora de radio EUROPE-1, la ministra de Educación, Najad Vallaut-Belkacem, de origen argelino, se ha manifestado opuesta al burkini, pero ha señalado que las actuaciones policiales constituyen "una deriva peligrosa para la cohesión nacional". Su antecesor en el cargo, Benoît Hanon, candidato socialista a las primarias presidenciales,  se ha mostrado mucho más crítico con estas medidas por considerar que no favorecen un clima de tolerancia y respeto.
                
En cambio, el también candidato presidencial, pero de la derecha, el ex-presidente Sarkozy, declaró al magazine de LE FIGARO que "permanecer impasible" ante el burkini supondría "otra retirada" de Francia, y defiende que las actuales medidas sobre restricción de vestimentas en la enseñanza primaria y secundaria y edificios oficiales se extiendan a las universidades y a compañías privadas (5).
                
Así de emocional se dibuja la rentrée. Lo que se temía se está empezando a producir. El terrorismo ha hecho saltar las costuras de la sensatez y la serenidad. La derecha cada vez se diferencia menos de la extrema derecha en la cuestión identitaria  y la izquierda se presenta perpleja, contradictoria y dividida sobre la mejor forma de hacer frente al desafío de garantizar las libertades sin parecer blanda o dubitativa.

(1) THE GUARDIAN, 24 de agosto.
(2) "France 'burkini' bans are more than religion or clothing". AMANDA TRAUB. THE NEW YORK TIMES, 18 de agosto.
(3) "France's Burkini Bigotry". THE NEW YORK TIMES, 18 de agosto.
(4) THE GUARDIAN, 24 de agosto.

(5) LE FIGARO MAGAZINE, 19 de agosto.

RÍO 2016: ¿AROS OLÍMPICOS O BURBUJAS AMARGAS?

RÍO 2016: ¿AROS OLÍMPICOS O BURBUJAS AMARGAS?
                
Río ha cedido la antorcha a Tokio. La ciudad carioca se despierta hoy con la resaca del final de los Juegos Olímpicos. Contrariamente a lo que ocurrió en el Mundial de Fútbol, el balance deportivo no ha sido un desastre. Después de todo, el equipo nacional de balompié (deporte-rey en el país) ha conseguido el oro, venciendo además en la final del torneo a Alemania: una especie de exorcismo de la humillante derrota (1-7) de 2014.   
                
Pero, a la postre, no es la competición olímpica lo que nos interesa, sino el efecto que los Juegos dejarán en la ciudad y en el país en su conjunto.  Como suele ocurrir en estos casos, donde el atraso es profundo, o eso que ahora llaman gobernanza es débil, la mayor cita universal del deporte no suele hacer milagros. Por muchas que fueran las expectativas alentadas por políticos, empresas, medios y entidades ciudadanas.
                
LA EQUÍVOCA PROMESA DEL MEGA-DEPORTE
                
Andrew Zimbalis es un economista del Smith College que lleva años analizando el impacto de los grandes acontecimientos deportivos en el desarrollo de ciudades y países que los albergan. En un libro titulado muy significativamente "Circus Maximus: The economic gamble behind hosting the Olympics and the World Cup", sostiene fundamentalmente una visión crítica: es decir, que los supuestos beneficios anunciados por los promotores de estos eventos no llegan a materializarse en la mayoría de las ocasiones (1).  
                
Uno de los grandes mitos, según Zimbalis, es que estas macrocitas deportivas obligan a gobiernos y agentes económicos a hacer un esfuerzo que difícilmente estarían dispuestos a emprender si no se vieran obligados por ese compromiso: por cuestión de prestigio y de presión social. Lo que suele ocurrir, no obstante, es que el salto en infraestructuras y servicios no está siempre bien orientado, y termina profundizando más que acortando las brechas sociales. Los precios de los bienes inmobiliarios se disparan, los propietarios y especuladores hacen su agosto y los más pobres se ven obligados a dejar sus zonas de residencia habitual y rehacer sus vidas en otras comunidades, con la disrupción social y escolar que eso conlleva.  Por supuesto, también se generan dinámicas positivas, pero Zimbalis afirma que éstas se diluyen rápidamente y sus efectos suelen ser efímeros.
                
Todo indica que este análisis también podrá aplicarse a Río (y por extensión, a Brasil), cuando llegue el momento de hacer un balance sosegado del acontecimiento olímpico.  Pero lo cierto es que, de un lado y otro del espectro ideológico y social, no se ha esperado a valorar los que estos Juegos van a significar para la población carioca y brasileña.
                VALORACIONES OPUESTAS
                
El alcalde de Río, Fernando Paes lleva años esforzándose por convencer a los cariocas y al resto de los brasileños del efecto benéfico de la Olimpiada. En su momento sostuvo que las acusaciones de despilfarro eran injustificadas, amparado en que el presupuesto de estos Juegos era un 20% inferior al de Londres. Por otro lado, añadía el edil, una gran parte de la inversión había sido sostenida por la iniciativa privada. A ella se debió la construcción de la villa olímpica, la reforma del área portuaria y el circuito de Golf (novedad en estos Juegos). El ayuntamiento  se sumó al esfuerzo construyendo 75.000 pisos en los últimos siete años.
                
En apoyo de Paes intervinieron algunas compañías internacionales de consultoría y de análisis económico, propensas a la visión macro, resaltando las dinámicas de desarrollo que generarán la mejora de red de infraestructura viaria y transporte, en la que se han invertido 7 mil millones de dólares.
                
Otra valoración positiva, más externa que interna, atribuye a los Juegos la capacidad de devolver a Brasil el optimismo perdido en los últimos años y su proyección de potencia internacional de primer orden. Es la tesis que defienden en su libro "Aspirational power" dos investigadores del Centro de Iniciativas latinoamericanas de la Brookings Institution (2).
                
Sin embargo, estos enfoques no resultan muy convincentes para quienes trabajan en el día a de la población. Los reproches avalan el enfoque de Zimbalis. Es cierto que la coyuntura general no ha sido favorable. Al contrario de lo que se pensaba cuando se presentó la candidatura, los Juegos le han caído a Brasil en un momento de crisis y pesimismo. Hace una década, se vivía un momento muy distinto. Al contrario, el periodo expansivo mundial y en particular el empuje chino e indio alimentó una fuerte demanda de materias primas, energéticas, minerales y agrícolas, que benefició con especial intensidad a Brasil. El crecimiento permitió mantener, reforzar y ampliar  las políticas sociales. Cuarenta millones de brasileños salieron técnicamente de la pobreza entre 2003 y 2011 (3).
                
Lo que ocurrió luego es bien conocido: la crisis internacional terminó por golpear la prosperidad de las potencias emergentes, la demanda externa se estancó, el precio del petróleo y otras materias primas se desfondó y el crecimiento se evaporó. Como consecuencia de ello, la sólida posición de la izquierda brasileña se hizo muy vulnerable y la derecha se lanzó a conquistar lo que en realidad siempre ha considerado suyo: el monopolio del poder.
                 
Los críticos ya denunciaron hace meses que, como se temió desde un principio, los cálculos presupuestarios no eran realistas. Al cabo, el coste real ha sido entre un 50 y un 60 por ciento superior a lo previsto, según distintas estimaciones. El Comité Olímpico ha tenido que ser "rescatado" con 900 millones de dólares para concluir las obras. Y las cuentas no están aún cerradas (4).
                 
Y lo peor: serán los ricos quienes saldrán ganando por el esfuerzo emprendido. Muchos pobres se vieron privados de terreno donde vivían miserablemente bajo la promesa de que se les proporcionaría una casa mejor, tras las obras impulsadas por los Juegos. Algunas ong's ya han denunciado que los 3.600 apartamentos de la Villa Olímpica se convertirán en pasto de la especulación (4).
                 
Otro elemento muy polémico ha sido la seguridad. Los Juegos fueron precedidos de operaciones policiales y militares en las favelas que asomaban a los escenarios dorados. Para las organizaciones sociales que trabajan en esos entornos poblacionales degradados, se trató, por lo general, de operaciones cosméticas, propagandísticas y poco eficaces. Y a la postre, la violencia criminal no ha desaparecido durante el transcurso del torneo. Ni policías ni ciudadanos parecen satisfechos de un despliegue más aparente que sostenible (5).
                
La desafortunada anécdota protagonizada por unos nadadores norteamericanos, que intentaron aprovecharse de la mala imagen de Río para camuflar una conducta lamentable y delictiva ilustra este juego equívoco de propaganda y realidad, de ungüentos mágicos y malestar persistente en la sociedad brasileña. Ni los extraños se deshacen fácilmente de sus prejuicios, ni los propios terminan de creerse los beneficios que les prometieron. Lo peor no es Río 2016 se olvide pronto en el olvido, sino que se convierta en un amargo recuerdo.


NOTAS

(1) https://www.brookings.edu/book/circus-maximus-the-economic-gamble-behind-hosting-the-olympics-and-the-world-cup/

(2) "The Rio Olympics: Will Brazil's  emergence get a second wind. DAVID MARES Y HAROLD TRINKUNAS. BROOKINGS INSTITUTION, 1 de agosto.

(3) "After the party: Rio wakes up to an Olympic hang over". THE GUARDIAN, 22 de agosto.

(4) "Now that  the games are over the real Olympic drama begins in Río". THE NATION, 22 de agosto.

(5) "After Olympics, Rio es altered if not reborn", THE NEW YORK TIMES, 22 de agosto.

(6) "'Rio has never felt so safe' But what happens after the games".THE NEW YORK TIMES, 15 de agosto.

SIRIA, COMO SÍNTOMA DE LAS NUEVAS COMPLICACIONES GEOESTRATÉGICAS

17 de agosto de 2016
                
La guerra en Siria nos deja otro verano atroz. La ciudad de Alepo, otrora capital industrial y cultural del país, se ha visto dolorosamente castigada, tras una inicial ofensiva de las fuerzas gubernamentales, con apoyo aéreo ruso, y el posterior contraataque de los 'rebeldes' (islamistas y pro-occidentales, por separado). El objetivo de los primeros era cortar las vías de suministros del sector oriental, controlado por la oposición. No lo han conseguido, al menos de forma completa y satisfactoria. Una vez más, se ha afianzado la idea de que no hay solución militar y que la prolongación de la guerra sólo está agravando el sufrimiento de la población, sin que se haya avanzado sustantivamente hacia el fin del conflicto (1).  
                
La tragedia de Alepo ha puesto de manifiesto también el pulso entre Washington y Moscú y sus dos modelos de intervención en la guerra de Siria. Las dos superpotencias de la guerra fría se han visto obligadas a revisar sus doctrinas y modus operandi, en función de las nuevas realidades geoestratégicas. Y el ajuste está resultando muy complicado (2).
                
Siria es uno de los capítulos más controvertidos de la política de acción exterior del Presidente Obama. Desde la fallida "línea roja" de las armas químicas, la Casa Blanca está intentando mantener un difícil equilibrio entre la destrucción del Daesh y la evitación de cualquier forma del salvamento del régimen de Damasco. La intervención efectiva de Rusia, de la que en pocos días se cumplirá un año, ha complicado los cálculos y actuaciones de los Estados Unidos, ya que, para evitar una escalada indeseable, debe llegar a un sistema de acuerdos con el Kremlin, militares, humanitarios, diplomáticos y políticos, que a veces pueden encajar difícilmente y perjudicar, a la postre, la estrategia general ante el conflicto.
                
Putin no está a salvo de esos problemas, pero parece haber evitado esa pesadilla que Obama predijo hace precisamente un año. La ventaja para el Kremlin es que carece de oposición interna inquietante, contrariamente a lo que le ocurre a Obama, que carece de apoyo, haga lo que haga, y más en esta irracional campaña electoral en la que estamos (3).
                
¿UN EJE RUSO-IRANÍ?
                
La utilización por la aviación rusa de una base en Irán para realizar operaciones de bombardeo aéreo de singular envergadura ha resultado una novedad de enorme interés. No es solamente que, por primera vez, la República Islámica asista a las fuerzas aéreas rusas en Siria, donde juegan en el mismo bando. Lo más trascendente es que nunca antes, ni el actual régimen islámico iraní, ni tampoco durante la Monarquía, Irán había puesto a disposición de una potencia extranjera una instalación militar para una acción de guerra. El Sha, un aliado sólido de Estados Unidos, no llegó a tanto, ni en los momentos más tensos de la guerra fría (4).
                
Los analistas se preguntan por el alcance de esta escalada en la cooperación militar ruso-iraní, aunque la mayoría de ellos se inclina por descartar el alarmismo. El Departamento de Estado se ha declarado "no sorprendido", pero admite que la administración no fué informada por el Kremlin de esta iniciativa. Lo que constituye una cierta paradoja, si se tiene en cuenta que hace semanas que rusos y norteamericanos están trabajando en un sistema de colaboración militar, para evitar una colisión por accidente o error.
                
Irán tiene su propia agenda en Siria, que es más vital y profunda aún que la rusa. Para los ayatollahs es fundamental que no haya un cambio de régimen en Damasco favorable a los intereses saudíes; ni siquiera occidentales. Assad es un aliado sólido y comparte con Irán la necesidad de mantener un eje chií, con el respaldo (o al menos, sin la hostilidad) de Irak, cuya estabilidad depende tanto de Teherán como de Washington.
                
Por cierto, que Irán no se ha limitado a visualizar esta colaboración militar con Rusia. También se ha reactivado su interés por participar en otras iniciativas regionales en Asia Central y en el Cáucaso, donde ha aflorado de nuevo la tensión entre Armenia y Azerbaiyán. Irán y Rusia no apoyan al mismo socio, pero comparten un interés: que el conflicto se mantenga bajo control (5). En un contexto más amplio, Irán se ha acercado también a China, que tiene intereses muy nítidos en la estabilidad y desarrollo de las estepas centroasiáticas (6).
                
Pero el principal aliciente que el régimen islámico iraní ha podido tener para servir esta ayuda operativa a la fuerza aérea rusa es de orden interno. Pese a que Irán está cumpliendo con las exigencias del acuerdo de desnuclearización, como acreditan distintas instancias internacionales de revisión y control, y ratifica también Washington, las sanciones no están desapareciendo tan rápido como Teherán desearía. Las autoridades norteamericanas se han empeñado en explicar a sus contrapartes iraníes que no todo depende del gobierno, es decir que las instituciones bancarias y las empresas son autónomas a la hora de tomar sus decisiones. Lo cual sólo es cierto a medias. El Congreso,  dominado por los republicanos, no ha dejado de amenazar con otra batería de sanciones (7). Por no hablar de la incertidumbre electoral. De ahí la creciente irritación en Teherán y las tensiones, nunca resueltas entre moderados y radicales (8).
                
Una alianza táctica de Teherán con Moscú puede servir de presión a Washington para que haga más esfuerzos en crear ese ambiente favorable para que el levantamiento de las sanciones sea una realidad y empiece a generar beneficios tangibles en la economía iraní. El momento de este acercamiento operativo entre Rusia e Irán es especialmente sensible, después del movimiento realizado por el Presidente turco Erdogan. Ankara, contrariamente a Moscú, defiende al bando contrario a Irán en Siria y es un aliado nominal de Estados Unidos y de Europa, pero el golpe de estado fallido ha alterado las percepciones -ya antes sometidas a tensión- de lealtad y coherencia entre unos y otros.
                
Rusia e Irán quieren acabar con el llamado Estado Islámico tanto como Estados Unidos. No tanto Turquía, o no a costa de reflotar definitivamente a Assad, algo que tampoco Washington desea, pero que puede aceptar de forma temporal. Por eso, los estrategas de la Casa Blanca no parecen alarmados con esta triangulación forzada. A día de hoy, resulta imposible una alineación sólida de estos tres países, más allá de cálculos tácticos, es decir, de bazas negociadoras para objetivos menos explícitos (9). Esa es la buena noticia.
                
La mala es que Washington no dispone de una mano ganadora para deshacer esa convergencia de intereses. Puede vivir con ella, si no pasa a mayores, pero retrasará y hará más complicada la resolución de la guerra siria, la eliminación del poder territorial del Daesh y, en general, la estabilización de la zona, al menos en los niveles anteriores a 2011.

(1) "Aleppo: is the turnaround sustainable for the rebels? FABRICE BALANCHE. THE WASHINGTON INSTITUTE, 9 de agosto.

(2) "Why the U.S. Military can`t fix Syria". STEVE SIMON Y JONATHAN STEVENSON. NEW YORK TIMES, 13 de julio; "What to do whe containingu the syrian crisis has failed". MICHAEL O'HANLON. WASHINGTON POST, 1 de agosto.

(3) "Military success in Syria gives Putin upper hand in U.S. proxy war". NEW YORK TIMES, 6 de agosto; "Closng loopholes in the proposed Us-Russia agreement on Syria". ANDREWW J. TABLER. THE WASHINGTON INSTITUTE, 14 de julio.

(4) "In a first, Russia uses an Iran base for its syrian campaign". NEW YORK TIMES, 17 de agosto.

(5) "How Iran and Russia are wooing Azerbaiyan". ALEX VATANKA. FOREIGN AFFAIRS, 11 de agosto.

(6) "Iran's Shanghai Dream.The Perks and Pitfalls of Joining China's Security Club".KEVJN LIM. FOREIGN AFFAIS, 25 de Julio.

(7) "The Iran deal: Off to an encouraging start, but expected challenger". ROBERT EINHORN. CENTER FOR 21ST CENTURY SECURITY AND INTELLIGENCE (EN brooking.com, 13 de julio).

(8) "The JOPCA [acuerdo nuclear] and Iran's internal faction battles". THE WASHINGTON INSTITUTE, 12 de julio.

(9) "Russia and Turkey make nice. But will It last. NICK DARNFORTH Y CHRIS MILLER. FOREIGN AFFAIRS, 11 de agosto. 

EL TÁNDEM PUTIN-ERDOGAN: RIESGOS Y LÍMITES DEL ACERCAMIENTO RUSO-TURCO

10 de agosto de 2016
                
La visita oficial del presidente turco Erdogan a Moscú no ha sidouna sorpresa. El encuentro de Moscú no se trata de una cita precipitada o improvisada, ni tiene que ver con el clima imperante en Turquía después de fallido golpe. Se venía gestando desde finales de junio, es decir con anterioridad a la intentona golpista de un sector del Ejército.
                
El acercamiento ruso-turco ha despertado recelos en Occidente. Erdogan y Putin son los dirigentes internacionales más incómodos para Occidente en estos momentos, sólo por detrás del incorregible norcoreano Kim, inquietante por su dudoso equilibrio de carácter tanto más que por su potencial nuclear. Que los motejados como el zar y el sultán de esta época puedan llegar a constituir un tándem, siquiera temporal o táctico, constituye un escenario de pesadilla, debido a la volátil situación en Oriente Medio y en Ucrania y la inestabilidad generada por la crisis de los refugiados.
                
UNA ENEMISTAD INOPORTUNA
                
A los actuales responsables de Turquía y Rusia les interesaba superar cuanto ante el clima gélido en que se encontraban las relaciones bilaterales, después de que el pasado mes de noviembre un avión turco derribara uno ruso, durante las operaciones militares de la guerra de Siria. Aquel incidente generó un cruce de acusaciones gruesas que se sustanciaron en la imposición de sanciones económicas rusas contra Turquía en tres áreas de intereses: agricultura, construcción y turismo. Sin olvidar la paralización de los dos grandes proyectos conjuntos: el gasoducto conjunto que abastecería de gas ruso a Turquía y también a Europa sin pasar por Ucrania y la central nuclear de Akkuyu.
                
El momento del acercamiento es especialmente propicio. Erdogan mantiene una escalada verbal con sus aliados occidentales, y en particular con Estados Unidos, por entender que se han mostrado demasiado tibios en la condena del golpe y muy insistentes en airear su preocupación por la detención y persecución de decenas de miles de personas que estarían supuestamente relacionadas con la intentona, frente a las dudas de organizaciones de derechos humanos y de las propias cancillerías occidentales.
                
LOS LÍMITES DE LA RECONCILIACIÓN
                
La reconciliación ruso-turca, no obstante, parece poco sólida. Aunque Erdogan y Putin encuentren tentador un mayor grado de colaboración, ambos Estados tienen intereses contrapuestos en Oriente Medio y en el equilibrio internacional en general.
                
El escollo más evidente es Siria. Rusia y Turquía apoyan bandos opuestos en esa guerra. Moscú, al presidente Assad; Ankara, a los rebeldes que pretenden su derrocamiento y el final del régimen alauí. Es cierto que rusos y turcos dicen combatir a un enemigo común: el Daesh, la franja más extremista de los rebeldes islamistas.
                
Otro contendiente en la guerra siria enfrenta a ambas potencias: los kurdos. Rusia los tiene como aliados en la lucha contra el Estado Islámico, mientras para Turquía son tan enemigos o más que los extremistas islámicos, ya que pretenden, en alianza con los kurdos de Turquía, construir un Estado kurdo independiente en la frontera sirio-turca. La complicación de la guerra siria con el conflicto kurdo ha sido la clave del esfuerzo de Erdogan por superar la confrontación con Rusia.
                
Algunos gestos de buena voluntad no puede ser ignorados. La oficina que los kurdos sirios del PYD,  habían abierto en Moscú se acaba de cerrar, oficialmente por la carestía del alquiler, aunque es difícil no ver en ello un gesto de buena voluntad de Moscú.  Anteriormente se había sabido que el piloto turco que derribó el Mig ruso había sido detenido en el curso de las purgas posteriores al intento de golpe de Estado.
                
Otro motivo inmediato puede explicar las prisas de Erdogan para acudir a Moscú. Estados Unidos y Rusia están ultimando la revisión del acuerdo de alto el fuego en el frente de Alepo. La ofensiva gubernamental para aislar a los rebeldes en el sector oriental de la ciudad no ha cuajado, debido a una contraofensiva de los islamistas liderados por una rama local de Al Qaeda, que dice haberse distanciado de su tutora, aunque persisten serias dudas sobre este extremo. El presidente turco no quiere que un acuerdo entre los grandes le deje descolocado.
                
En todo caso, para que un acuerdo ruso-turco sea productivo para ambas partes, deberían satisfacerse ciertas exigencias de cada parte, que, en estos momentos, resultan de especial importancia para ambas:
                
1) Rusia puede impedir que los kurdos se aseguran el control de un corredor en el norte de Siria, desde Afrin al río Tigris, junto a la frontera turca, que se considera fundamental para el proyecto de embrión de estado kurdo independiente.
                
2) Rusia puede presionar a los estados aliados de Asia Central para que dejan de prestar refugio y apoyo a los seguidores del clérigo Fetullah Gulen, cuya extradición ha solicitado Turquía a Estados Unidos, hasta el momento con evidente frustración, por las cautelas de Washington, que exige tranquilidad y respeto de los procedimientos jurídicos.
                
3) Turquía puede poner un precio más alto a Occidente por su colaboración en la lucha contra el Daesh y favorecer a Rusia en la persecución de los extremistas, lo que elevaría el rol de Moscú en la dimensión propagandística de la lucha internacional contra el terrorismo.
                
4) Turquía es un mercado de especial interés para Moscú, sobre todo mientras sigan vigentes las sanciones occidentales; al cabo, las medidas económicas de presión ordenadas por el Kremlin contra Turquía perjudican tanto o más a los intereses rusos que a los turcos. La normalización de relaciones debe reactivar los dos macroproyectos (gasoducto y central nuclear), lo que supondría un balón de oxígeno para dos de las grandes empresas estatales estratégicas rusas, Gazprom y Rusatom.
                
En definitiva, el tándem Putin-Erdogan, tan incómodo para Occidente, constituye una alianza potencialmente inquietante, pero demasiado plagada de contradicciones y limitaciones para que se disparen las alarmas. Quizás eso explica la aparente tranquilidad con la que se ha reaccionado en Washington a la cita del 9 de agosto en Moscú.




HONRAR AL SOLDADO KHAN (SIN REPUDIAR AL CANDIDATO TRUMP)

5 de Agosto de 2016               
                
El monumental resbalón del candidato republicano estadounidense con la familia del soldado musulmán caído en Iraq ha sido el primer asunto de la campaña electoral nacional, que comienza oficiosamente al finalizar las Convenciones partidarias.
                
El episodio  ha puesto en evidencia los riesgos de llevar al límite la manipulación racista, la exaltación nacionalista y la falsa identificación de la amenaza terrorista con la adscripción étnica. Por suficientemente conocidos, no hace falta recordar la sarta de prejuicios aventados por el anti-candidato republicano. No obstante, existía la falsa percepción de que Trump no se atrevería a sobrepasar líneas rojas en su irresponsable audacia contra todo lo aparentemente correcto. Al arremeter/ridiculizar/ningunear a la familia de un soldado caído en misión, se han desvanecido las últimas expectativas de racionalización de Trump.
                
Obama sintetizó el dilema con brillantez: si cada día tienen que salir a criticar (algunos a justificar) a su candidato, por qué razón los líderes republicanos siguen respaldándolo, cuando no sólo lo ético, sino también lo inteligente sería repudiarlo.
                
No hay respuesta saludable en el G.O.P. El túnel que puede concluir a la oscura noche del 8 de noviembre es muy prolongado. Los republicanos llevan en el pecado la penitencia. Han jugado muchos años a aprendiz de brujo, creando escenarios de catástrofe (cierre del gobierno por asfixia financiera, bloqueo institucional, sabotaje del programa presidencial) y ahora han alumbrado un espantajo que se resiste a someterse a ciertas normas de conducta.
                
Para nadie puede ser una sorpresa que Trump se cisque en todo aquel que osa no reírle las gracias. No es de recibo que los ahora indignados hayan tardado tanto en alejarse del candidato. Y es mucho más inconsecuente que no agoten el recorrido de su indignación y hagan lo que Obama les exige.
                
No resolver esta contradicción señalada por el presidente, en una iniciativa que tiene muy pocos precedentes, no sólo refleja la incapacidad política de los republicanos para gestionar sus errores acumulados durante años. Es también un ejercicio de hipocresía.
                
El establishment republicano se ha apresurado a defender a un caído en combate, sin atreverse a anticipar públicamente su voto contrario a Trump en las elecciones de noviembre. Muchos creen que los más recalcitrantes les reprocharían que tal iniciativa contribuiría a entregar la victoria a la odiada Hillary Clinton, y la repulsión que eso les produce a mucho es mayor que el malestar que les empieza a generar su propio candidato.
                
Sin embargo, algunos representantes del sector más moderado del partido (no es una sorpresa que pertenezcan a Nueva York y California) ya han dicho con rotundidad que no votarán al candidato oficial. Lo que equivale a recomendar a sus votantes en esos territorios que sigan su ejemplo.
                
Estos días, académicos y analistas se preguntan si aún es posible revertir la decisión de Cleveland y forzar la renuncia de Trump, aunque se trate simplemente de una hipótesis de trabajo. No es fácil. Una de las principales expertas en el funcionamiento de los partidos políticos norteamericanos, Ellen Kamarck, de la Brookings Institution, reflexiona sobre esta y otras contingencias (1)
                
La conclusión no es muy venturosa. Aparte de las distintas cuestiones técnicas que hacen complejo el golpe de timón, hay un elemento constitucional arcaico en el sistema electoral norteamericano (uno de tantos): es el que atribuye al colegio de electores y a no los ciudadanos ordinarios la última palabra sobre la elección de presidente. Como se sabe, los votantes eligen en cada estado a un número de compromisarios, republicanos o demócratas, que tienen el mandato de votar por el candidato seleccionar por su respectiva Convención, el principal órgano inter-electoral de los partidos.
                
Por tanto, aunque supongamos que el Comité Nacional Republicano arguyera razones de fuerza mayor para repudiar a su candidato, no está claro que los electores designados por los votantes en noviembre se atuvieran a una orden contraria de la jerarquía del partido, cuando se reunieran en diciembre para atribuir los votos definitivos a los dos candidatos, republicano y demócrata.
                
En definitiva, seguirá especulándose con un descarrilamiento de la candidatura de Trump, a medida que sus meteduras de pata, excesos y demostraciones de ignorancia palmaria sigan acaparando portadas y cabeceras. Pero no será fácil que se traspase la frontera de las condenas, para incidir directamente en propuestas de una especie de impeachment interno, o destitución de la candidatura. Podemos asistir al espantajo político de discursos divergentes e incluso contrarios en el bando republicano, sin plantear abiertamente la cuestión del liderazgo. Eso es lo que está ocurriendo ahora, cuando muchos dirigentes han creído necesario o se han visto obligados a honrar al soldado Khan... pero sin repudiar al candidato Trump.


1) https://www.brookings.edu/2016/08/03/what-happens-if-donald-trump-or-mike-pence-drops-out-before-election-day/?utm_campaign=Brookings+Brief&utm_source=hs_email&utm_medium=email&utm_content=32529022


ESTADOS UNIDOS: LAS EXTRAÑAS ELECCIONES DEL 16

29 de Julio de 2016
                
                
Las elecciones presidenciales de este año en Estados Unidos quizás sean las más extrañas y peculiares de la historia reciente. La acumulación de elementos y circunstancias insólitos muy alejados de la normalidad política norteamericana convierten la cita del primer martes después del primer lunes de noviembre de 2016 en un acontecimiento diferente.
                
Los dos factores diferenciales son las personalidades de los candidatos y la brusca evolución del discurso y del panorama político. Lo más evidente es la cuestión de género (primera mujer candidata presidencial con posibilidades). Pero ese "techo de cristal" no será el decisivo, o el más duro de romper para Hillary Clinton, todavía favorita en estas elecciones.
               
  UNA CANDIDATA IDEAL REDUCIDA A CANDIDATA FORZOSA
                
Es el mantra de los demócratas, aunque aceptado sin demasiadas reservas por analistas e independientes. "No ha habido en la historia un candidato más cualificado". En este mensaje abundó Obama en Filadelfia. "Ni Bill, ni yo: Hillary es la más apta". Y, sin embargo, ahí están, muy tozudas las cifras: dos de cada tres electores no confían en la "más preparada".
                
No hay que rasgarse las vestiduras. Después de todo, dice algunos, unas elecciones no son unas oposiciones. Es decir, la competencia no es garantía de éxito. Pero en un momento de dudas, incertidumbres, acumulación de crisis internas y externas, la cualificación debería ser un asunto mayor. No parece que vaya a serlo. O no lo es, por ahora.
                
Por esa razón, la Convención de Filadelfia ha sido una inyección de empatía en el corazón de esos renuentes electores, propios y ajenos, que se resisten a votar a la candidata demócrata. Un gran esfuerzo para convencer de que "hay otra Hillary", "la verdadera", según su marido; la esencial, según su otrora rival, luego jefe y ahora promotor, Barack Obama; la "empática" y defensora de causas justas, según representantes de movimientos cívicos  o simples ciudadanos de a pie abatidos por las disfunciones del sistema, como las madres de las víctimas del incontrolado sistema de posesión de armas de uso personal.
                
Ella misma ha intentado contribuir recientemente con un doble empeño: parecer más humilde (ha reconocido errores o problemas de carácter, y ha admitido sus limitaciones) y mostrarse más cercana (ahora sonríe más, sus gestos son más suaves, su aspecto es más relajado).  Ser más como esa madre o abuela a la que su hija Chelsea introdujo en la Convención. Un detalle curioso: ¿tenía algún significado que para el discurso de aceptación se vistiera totalmente de blanco? No se trataba de vender pureza, claro. Pero tal vez de proyectar el propósito de un nuevo comienzo.
                
La gran pregunta es: ¿alcanzará todo este esfuerzo por cambiar las percepciones sobre Hillary Clinton? En definitiva: ¿podrá superar el estigma de candidata forzosa y recuperar la condición de candidata ideal?
                
2) EL ANTI-CANDIDATO
                
Las contradicciones que dominan la candidatura demócrata tienen amplificada réplica en la apuesta republicana. Se ha hablado mucho  (demasiado) sobre el "fenómeno Trump". Se han identificado las causas profundas de su éxito (malestar, cansancio y desconcierto de la población, inversión de valores, efectos perversos de la globalización, negativismo indolente del Partido Republicano),  y las más superficiales o "fabricadas" (atención mediática excesiva, simplificación electrónica de las conductas socio-políticas, inercia social).
                
Pero nada de ello justifica que una de las opciones electorales sea un anti-candidato. Porque eso significa Trump: una opción catastrófica, generadora de divisiones y fracturas sin precedentes, irrespetuosa con los aliados y amigos, amenazadora frente a los enemigos  (reales e imaginarios) y obscena con los rivales externos. La última genialidad ha sido alentar a Rusia a espiar a su rival electoral.
                
Trump avergüenza a los suyos con la misma intensidad con que indigna a quienes repudian sus mensajes y sus maneras. Pero los suyos, con algunas excepciones honrosas, han decidido esconder la cabeza debajo del ala. Muchos han mirado para otro lado, han entregado palabras convencionales de apoyo o no han comparecido. El resentimiento personal y el escozor del insulto continuado ha sido más fuerte que el rechazo de políticas disparatadas y agresivas. El Partido ese ha hecho tan irreconocible que en su Convención, por primera vez en una generación, Reagan ha estado ausente. El presidente de los ochenta es una figura muy controvertida en Europa, pero casi indiscutida en Estados Unidos. Trump lo ignoró. La figura de referencia fué Nixon: el tramposo, el presidente que todavía encarna la ignominia política en la historia reciente. Para ser honestos, Trump tampoco  lo rescató. Entre otras razones menores, porque la vanidad le impide dedicar tiempo a alguien que no sea él.
                
Obama ridiculizó a Trump con su maestría reconocida de forjador de mensajes, en su discurso de Filadelfia. La fuerza y la grandeza de América, que Trump proclama arruinadas, están vivas y no dependen de él, ni de nadie individualmente, dijo el Presidente. Lo único que cabe esperar de Trump es miedo, cinismo y fractura.   
                
UN PANORAMA NUEVO            
                
El tercer elemento que convierte en extrañas las elecciones de este año es la brusca alteración de las referencias políticas. Los dos partidos se han visto obligados a cuestionar los  planteamientos sostenidos desde hace cuarenta años. No sólo se alejan del centro (ese viaje lo comenzaron antes los republicanos, en los noventa). También modifican sus perspectivas, presionados por sus bases tradicionales o por otras que han emergido muy poderosamente.
                
El Tea Party empujó a los republicanos hacia un libertarismo de derechas que no cuajó, pero envenenó los fundamentos ideológicos del partido y preparó el terreno para la demagogia de Trump. La plataforma legislativa del G.O.P. puede ser conservadora,  como pretende Paul Ryan. Su líder electoral es disolvente, impreciso, imprevisible. Y peligroso.
                
Los demócratas tendrán que adaptarse a la emergencia más poderosa de su ala izquierda desde hace cincuenta años. El éxito de Sanders no es personal. Es reflejo de una ampliación de las bases del partido, del convencimiento de que se puede actuar desde dentro del sistema, pese a las  recientes decepciones. América está cambiando mucho y muy deprisa y el Partido Demócrata es el más plural y el que mejor refleja estas contradicciones. Que sepa convertirlas en oportunidades es su gran desafío. Las primarias han sido un aviso, que Hillary y el establishment demócrata no pueden o no deben desconocer.