RUSIA Y CHINA: ¿HACIA UNA GRAN ALIANZA EUROASIÁTICA?


20 de Noviembre de 2014
                

Eurasia no es sólo la ficción literaria que construyó el novelista británico George Orwell en su afamada '1984'. Hoy en día es la proyección geopolítica de un  eje aún difuso, desde luego inmaduro y en muchos aspectos contradictorio que define las relaciones (futuras más que presentes) entre China y Rusia.
                
Estados Unidos hace tiempo que considera el escenario asiático como el principal asunto de su agenda internacional. Por mucho que se vea 'entretenido' en conflictos 'tradicionales' como Oriente Medio y el este de Europa, Obama ha sido el Presidente que con más claridad ha definido esta prioridad estratégica ('pivot to Asia') y el que más frustración ha sentido por no poder dedicarle más tiempo, energía y recursos y obtener más resultados.
                
'Asia es el futuro'. A fuerza de escucharlo de labios y plumas de expertos en relaciones internacionales anglosajones (y algunos europeos continentales), esta aseveración se convierte en auto-profecía cumplida. Lo que ocurre es que el futuro sigue lastrado por viejos vicios del pasado. Ese espacio de libertad de comercio, crecimiento económico, avance tecnológico y vigor productivo es una visión ilusoria.
                
Asia, el Extremo Oriente, es, todavía, un espacio cargado de demonios: autoritarismo, conculcación extendida de derechos humanos, represión, explotación laboral, desigualdad social, individualismo feroz. Frente a la visión norteamericana de crear algo parecido a lo que ha sido el proyecto europeo (prosperidad económica, democracia política y equilibrio social), en Asia persiste una inercia muy alejada de los intereses de las mayorías.
                
CLAVES DEL ACERCAMIENTO
                
El eje China-Rusia es hoy el elemento central de la realidad asiática, aunque ambos países no hayan forjado formalmente una alianza. Lo que convierte a esta dupla en la realidad geopolítica más poderosa de Asia es una amplia convergencia de intereses, pese a que, en algunos aspectos, se enfrenten a contradicciones no poco sustanciales.
                
El profesor Gilbert Rozman, de la Universidad de Princeton, acaba de publicar un libro sobre el "desafío chino-ruso" al "Orden mundial". En él sostiene que hay seis razones por las cuales la actual cooperación entre Pekín y Moscú no es pasajera (1):
                
1) la proximidad de ideologías funcionales para justificar su dominio interno, lo que se traduce en un respeto mutuo y recurrente.
                
2) el discurso de reproche a Occidente, al que acusan de no haber cambiado su mentalidad de la 'guerra fría'.
                
3) el convencimiento de que el modelo económico occidental ha entrado en una crisis irreversible desde 2008 y se ha mostrado inferior al de ellos.
                
4) el fortalecimiento de las relaciones bilaterales como mejor antídoto frente a las percibidas amenazas exteriores.
                
5) el esfuerzo de mantenerse en el mismo lado durante las disputas internacionales, evitando las innegables discrepancias existentes.
                
6) el sostenimiento de campañas de promoción de la 'identidad nacional', herramiento para justificar el rígido control y la represión de las contestaciones internas.
                
EL GAS, COMO FARO DE LA COOPERACIÓN
                
Estos parámetros de coincidencia se traducen en acuerdos de cooperación de alcance estratégico. La energía es el dominio principal: en el plazo de sólo unos meses se han suscrito dos acuerdos de gran alcance.
                
El primero consistió en la venta preferencial de gas ruso a China, por valor de 400 mil millones de dólares. Operación muy ventajosa para Pekín, porque el precio era realmente bueno y ayudaba a satisfacer imperiosas necesidades chinas de energía; pero también para los rusos, porque se aseguran un contrato sustancioso y con proyección de continuidad, en un momento de clara hostilidad occidental, debido a la crisis de Ucrania.
                
El segundo acuerdo, aún provisional, anunciado en la cumbre de la APEC, contempla la apertura de un segundo gasoducto desde Siberia Occidental hacia las regiones occidentales de China, que permitirá suministrar 30 mil millones de metros cúbicos de gas ruso a China, durante 30 años a partir de 2018. Falta por concretar el precio. Pueden surgir problemas ya que estos contratos del gas se fijan en función del precio de mercado del petróleo, que ahora se encuentra ahora muy claramente a la baja. Otros elementos técnicos hacen que el contrato sea menos sustancioso para Rusia. Pero la voluntad de cooperación es innegable.
                
Que el socio chino crezca en dimensión e importancia hace que Rusia dependa menos de sus tratos con Europa Occidental y, por lo tanto, que contemple con menos preocupación las sanciones presentes y futuras por Ucrania u otras crisis eventuales en su zona de influencia.
                
China valora el gas ruso porque le permite reducir su dependencia del carbón y otras fuentes menos limpias de energía. Esta es una de las razones de su mayor flexibilidad en el asunto de las emisiones, que ha permitido el reciente acuerdo inicial con Estados Unidos, clave del esfuerzo internacional por afrontar el cambio climático.
                
Pero, además, la ruta siberiana occidental resulta mucho más segura que la marítima. Eso es al menos lo que se percibe en Pekín, donde crece el recelo por la actividad creciente de la maquinaria militar norteamericana en el Pacífico.
                
LA PREOCUPACIÓN DEL BLOQUE OCCIDENTAL
                
Uno de los principales expertos de las relaciones chino-norteamericanas, Michael Pillsbury, afirmaba hace poco que "China y Estados Unidos se están preparando para la guerra"  (2). La afirmación parece alarmista, pero refleja un estado de desconfianza creciente entre Washington y Pekín, pese a los intentos de ambos presidentes de establecer un diálogo sincero y productivo. Es un hecho que ambos países compiten por la hegemonía en Asia. El intercambio de información militar, pese a las promesas, sigue sin producirse. Los ejercicios militares de ambas partes abonan recelos mutuos. El riesgo de escalada no está controlado.
                
El otro frente de confrontación es el económico y comercial. Al proyecto norteamericano de una Zona TransPacífica, de la que excluye a China, Pekín responde con otro de similar alcance pero limitado a países asiáticos, lo que deja fuera a Estados Unidos. Otro elemento de importancia en la consolidación de su hegemonía regional es la creación de un banco de financiación de infraestructuras, iniciativa muy seductora, porque se perfila como alternativa a las instituciones actuales controladas por Washington.

Los vecinos de China, casi sin excepción, confían en que Estados Unidos no se repliegue. Pero algunos de ellos, como Japón o Corea del Sur, no se fían completamente del compromiso norteamericano y ensayan fórmulas de distensión con Pekín. Mientras, China desea contar con Rusia como un elemento invaluable de reequilibrio regional, ya que ésta es también una potencia asiática a la par que europea. Pero tampoco descuida las oportunidades de abrir grietas en la alianza regional liderada por Estados Unidos.
                
En definitiva, las claves de la hegemonía mundial, en un futuro inmediato, se ventilarán en el Extremo Oriente.
               

(1) Artículo para FOREIGN AFFAIRS, 29 de Octubre de 2014.

(2) Artículo escrito para FOREIGN POLICY, publicado el pasado 13 de noviembre.

MÉXICO,LA TRIADA PERNICIOSA: VIOLENCIA, CORRUPCIÓN, IMPUNIDAD.

13 de Noviembre de 2014
La suerte de 43 estudiantes mexicanos del atrasado estado de Guerrero, ha terminado por corroer el discurso de modernidad y reforma del Presidente Peña Nieto.
El origen del caso nos remite a la oscura noche del 26 de septiembre, en la ciudad de Iguala. La versión oficial es confusa, incompleta y contradictoria. Las autoridades sostienen que un centenar de estudiantes de magisterio de la aldea de Ayotzinapa habían viajado a la ciudad de Iguala (ambas localidades, en el estado de Guerrero) para realizar una colecta con el objetivo de costearse un viaje a la capital de la República para participar en los actos de conmemoración de la matanza de Tlatelolco, en 1968.            
Inicialmente se dijo que los estudiantes fueron tiroteado por la policía cuando intentaron hacerse con autobuses municipales para regresar a su aldea de origen. Otras versiones sostenían que los muchachos pretendían boicotear un acto oficial local. Seis de ellos murieron, otros 25 resultaron heridos y 43 más desaparecieron. Posteriormente, la investigación concluyó que estos últimos fueron entregados por la policía a unos narcotraficantes conocidos como 'Guerreros Unidos'. Algunos de estos confesaron que mataron y quemaron a los muchachos y arrojaron sus restos a un vertedero. Un cabecilla narco aseguró luego que confundieron a los estudiantes con miembros de una banda rival.             
Las contradicciones y numerosas interrogantes sin resolver han alarmado y escandalizado a la familia y a las colectividades locales y, por extensión, a los sectores más sensibles de todo el país. Por otro lado, los estudiantes de Ayotzinapa habían expresado anteriormente su posición crítica con algunos aspectos de la reforma educativa del Presidente Peña Nieto. Guerrero es un estado pobre con una historia de militancia revolucionaria ligada al Che y a otras figuras del imaginario libertador mexicano.
El caso adquirió una envergadura mediática mayor cuando se supo que la orden de intervención narco-policial fue dada por el Alcalde de Iguala, José Luis Abarca, quien, al saberse descubierto, se dio a la fuga, en compañía de su mujer, hermana de tres narcos conocidos y llamada a suceder a su marido en el cargo. Ni siquiera supieron exhibir un mínimo de dignidad cuando ambos fueron capturados. No cabía esperar otra cosa: la siniestra pareja mantenía una sociedad “perfecta” con los 'Guerreros Unidos'. Unos y otros gozaban de la protección, o al menos de la pasividad, del gobernador del Estado, ya dimitido.
El Alcalde, su mujer y el Gobernador de Guerrero pertenecen al PRD, el principal partido de la izquierda mexicana, al que se ha conseguido hasta ahora impedir que conquiste la jefatura del Estado, a veces de forma claramente fraudulenta. Lo que no impide que este partido, surgido de una escisión de PRI a finales de los ochenta, se haya mostrado incapaz de depurar sus propias filas de elementos indeseables como estos.
Dos acontecimientos radicalizaron la protesta de familiares, amigos y ciudadanos. En primer lugar, la noticia de que el estado de los restos no podían ser identificados debido al estado en que se encontraban. Se ha pedido ayuda a un laboratorio austríaco para completar el análisis. Una delegación de familiares se personó en el lugar, pero no quedaron convencidos de la versión oficial y exigieron que no se cerrara la investigación, porque de ninguna manera estaba claro que todos los estudiantes desaparecidos hubieran sido asesinados y quemados.
El Procurador General de la República, Jesús Murillo, (Fiscal General y Ministro de Justicia a la vez, como en EE.UU) concluyó el viernes una rueda de prensa en la que los periodistas insistían en demandar aclaraciones con una torpe afirmación: “Ya me cansé”. Numerosos portavoces de la protesta replicaron al alto cargo que si se había cansado dimitiera del puesto. En el muro del edificio de la Procuraduría General de la República alguien escribió: “Ya me cansé del miedo”
Al destaparse la red de complicidades y encubrimientos, varias organizaciones cívicas organizaron este último fin de semana un acto de protesta en la Plaza del Zócalo del Distrito Federal, el corazón político del país. La manifestación se complicó al final con la quema de una de las puertas del Palacio presidencial. Algunos de los participantes denunciaron una maniobra de provocación. Pero otros defendieron la radicalización como una consecuencia lógica de la falta de respuestas solventes y convincentes de las autoridades.
Esa es la una de las claves principales para entender lo ocurrido estas últimas semanas en México. La violencia ha hartado a la población. La corrupción política e institucional, también. Pero todo ello podría gestionarse dentro de unos cauces aceptables, si no fuera por el tercer elemento de la tríada que hace insoportable la situación: la impunidad.
Lo que desespera a familias, amigos, vecinos y ciudadanos de esta enésima catástrofe delictiva es que, muy probablemente, nunca se llegue a esclarecer de forma completa y cabal lo ocurrido y, por lo tanto, jamás se depuren todas las responsabilidades.
Las palabras del PGR delatan lo que un representante de la élite política mexicana tiene en la cabeza cuando se afronta el problema de la delincuencia violenta, organizada y protegida: que no conviene tirar demasiado de los cabos sueltos, porque nunca se sabe hasta dónde pueda llevar el ovillo. En consecuencia, mejor dejarlo así: con hipócritas condenas y manifestaciones de dolor, la purga de peces pequeños (o, a lo sumo, medianos) podridos y una timorata gestión de la indignación ciudadana, confiando en que el tiempo termine recolocando de nuevo el manto de la impunidad sobre la terrible realidad cotidiana.
Las marchas del poeta Javier Sicilia, durante la última fase del mandato del anterior Presidente, Felipe Calderón, sacudieron algunas de estas conductas encubridoras y facilitadoras de la impunidad. Durante algunos meses, se albergó la confianza de que la sociedad mexicana había dicho basta. Una cierta desaceleración de la violencia contribuyó, sin embargo, a relajar el clima de protesta cívica.
Con el regreso al poder del PRI, en la persona de uno de los exponentes más endebles de la nueva generación, se temió lo peor. Muchos dudaron de la solvencia intelectual y política de Enrique Peña Nieto para afrontar todos los desafíos que el país presentaba, incluido el de la violencia. Los alardes oficiales de su programa de reformas (educativa, energética y fiscal) ocuparon los titulares y captaron el interés nacional e internacional.
La detención del principal capo del narcotráfico, el jefe del Cártel de Sinaloa, Joaquín “Chapo” Guzmán, el pasado año confundió aún más a buena parte de la opinión pública. El impacto mediático de esta captura desplazó a otras informaciones menos llamativas pero inquietantes sobre la persistencia de la triada perniciosa: violencia, complicidad, impunidad.           
La tragedia de Iguala no sólo ha agotado el crédito abierto por la caída del “Chapo”, sino que amenaza con teñir de sangre y vergüenza el resto del mandato de Peña Nieto, si desde Los Pinos (residencia presidencial) no se lidera una acción política contundente, clara y certera para lo único que es ahora decente: aclarar absolutamente todo lo ocurrido, depurar todas las responsabilidades a que hubiere lugar y poner de inmediato los medios para que salvajadas como ésta sea muy difícil que vuelvan a repetirse.

ESTADOS UNIDOS: CLAVES DEL NAUFRAGIO DEMÓCRATA Y SUS CONSECUENCIAS

7 de Noviembre de 2014
               
Con unos días ya de análisis sosegado y reflexión sobre los resultados de las elecciones de medio mandato del 4 de noviembre y sus consecuencias previsibles sobre el futuro inmediato, éstas podrían ser las claves a retener.
                
1. La amplitud de la victoria republicana se debe en gran parte al fracaso demócrata en movilizar a su electorado, en particular el de las minorías hispana y afroamericana. Los "azules" siguen siendo el partido preferido de estos grupos, pero los porcentajes de sus votantes han disminuido notablemente y, en algún caso, han propiciado el cambio de tendencia. Si en 2012 Obama fue reelegido con más del 70% del voto latino y un porcentaje similar o superior de votantes negros, el comportamiento ahora de estas bases ahora ha sido mucho más discreto. Una participación nutrida de los afroamericanos habría permitido a los demócratas conservar el escaño senatorial en Georgia, Carolina del Norte o Arkansas (Luisiana está todavía por dilucidar); es decir la mitad de los que han perdido. Algo parecido ha ocurrido, pero en este caso con los latinos, en otros estados donde esta minoría resulta crucial. En Colorado, Texas, Nuevo México y Nevada el avance republicanos entre la población hispano-parlante ha crecido de manera preocupante para los demócratas. Si Obama no resuelve el problema de la regularización migratoria mediante la 'acción ejecutiva', como dijo en su rueda de prensa post-electoral, no puede descartarse un desastre dentro de dos años.
                
2. La incomunicación, las desavenencias, la falta de sintonía entre Obama y muchos de los candidatos de su partido ha tenido un efecto devastador. Los esfuerzos de última hora en la campaña no han podido diluir la impresión de que los demócratas, en muchos casos, se habían esforzado en los últimos meses en desmarcarse de la Casa Blanca. Aunque en Estados Unidos las lealtades políticas o de partido no son como en Europa y los candidatos estatales o locales tienen interés en demostrar su autonomía como garantía de una mejor defensa de los intereses de sus votantes, siempre se mantiene una conexión entre los candidatos legislativos y el Presidente. Clinton tuvo que sufrir una desafección notable en los momentos más delicados de su mandato (tras el 'affair Levinski'), y lo mismo le había ocurrido a Carter mucho antes, aunque por motivos muy diferentes. Pero resulta mucho más chocante en el caso de Obama, porque ninguno de sus antecesores demócratas había alcanzado su capacidad de movilización y entusiasmo entre sus seguidores o simpatizantes.
                
3. El peso del dinero en la determinación del ánimo electoral se ha vuelto a dejar sentir de forma abrumadora. No sólo por el volumen, que batido nuevamente récords, sino por la estructura. Los denominados 'super-PACS', o fondos de financiación electoral vinculados a intereses muy poderosos y organizados han resultado esenciales en la creación de un clima exageradamente negativo, tendencioso y manipulador. Obvio es decir que los republicanos han sido los principales beneficiarios, con los inefables hermanos Koch y el gurú Stephen Law a la cabeza. Otros apoyos más "convencionales", procedentes de las grandes corporaciones, han resultado en extremo sustanciosos. Que no generosos: es de esperar que un Congreso dominado plenamente por los republicanos les "premie" con una legislación especialmente favorable en materia fiscal (ya se habla de una reforma del impuesto de sociedades) o energética (donde los poderosos lobbies del petróleo y el gas se frotan las manos ante la perspectiva de nuevos gasoductos, exploraciones y eliminación de las limitaciones ecológicos).
                
4. El dinero no sólo ha propiciado una visión distorsionada y engañosa de la realidad del país y de los problemas nacionales. Lo peor es que ha hecho engrasado la campaña más sucia que se recuerda (y las últimas no fueron suaves, precisamente). Con el asunto del Ébola se llegó a límites de vergüenza en Carolina del Norte, por ejemplo, otro estado que los demócratas no debían haber perdido. Algo similar ha ocurrido con la reforma sanitaria o con la regularización de los inmigrantes. La candidata conservadora por Iowa llegó a decir que lleva siempre consigo su pistola para defenderse del gobierno. Los demócratas no han sido ajenos a este juego detestable, pero en mucho menor medida que sus rivales republicanos.
                
5. El desgaste de la figura presidencial. Éste es quizás el elemento que más se ha resaltado en la mayoría de los análisis. No sin razón. Debe, sin embargo, manejarse la crítica al líder con cautela. Las expectativas que Obama despertó resultaron exageradas, y no poca gente sostuvimos esa opinión. En parte, por la novedad que representaba la llegada de un afro-americano a la Casa Blanca. Pero también por los métodos novedosos de su campaña, la influencia de los modernos sistemas de comunicación electrónica, el encandilamiento de la población más joven. Al final, como se temía, el entusiasmo que se fabricó en torno al "We Can" resultó más frágil de lo que el entramado de eslóganes y trucos dejaba ver. En 2008, la nación estaba aún asustada por los efectos o réplicas del 11-S, desconcertada por un radicalismo neoconservador insensato, decepcionada por una política antiterrorista que erosionó claramente las libertades y la imagen exterior del país y, finalmente, agobiada por la extensión y profundidad de la crisis económica. Sobre esa amalgama de frustraciones, pero también de aspiraciones transformadora erigió el equipo de Obama la amplitud de su éxito. Luego, en 2012, no sin vacilaciones inexplicables durante la misma campaña electoral, supo sacar ventaja de la debilidad e inconsistencia de su rival, de los excesos extremistas de sus rivales y de los primeros indicios de recuperación. Si esto no se la servido ahora para frenar el ascenso conservador ha sido, paradójicamente, porque ha fallado en la que parecía su principal fortaleza. Obama perdió la capacidad de comunicar, de convencer, de seducir al electorado, de explicar sus políticas, pero sobre todo sus cambios de rumbo, de estrategia, de posición. Querer ser conciliador y firme a la vez exige mucha claridad de propósitos y una sólida credibilidad. Al cabo, ambas facultades ya estaban muy mermadas en el Presidente.

                
6. La rectificación a tiempo de los republicanos en su deriva radical, extremista e irresponsable. No es que el Partido Republicano haya vuelto al centro, pero es cierto que se ha alejado visiblemente del Tea Party, en aparente retirada sin remedio. Aunque su política de acoso y derribo a Obama no se ha suavizado en momento alguno, sus líderes tradicionales han conseguido frenar la verborrea libertaria, anti-Estado o anti-gobierno, con las excepciones antes mencionadas. La dirección republicana ha combinado astutamente la demolición de las principales políticas presidenciales con unas propuestas de colaboración, de diálogo, de gestión responsable. Es previsible que su abrumadora victoria les permita ser generosos y no cometan el arrogante error de humillar al Presidente. Lo hicieron en 2010 y 2011 y lo pagaron caro. Estados Unidos girará a la derecha en numerosos detalles. Pero es de esperar que el aire político resulte más respirable, que los republicanos quieran escenificar acuerdos con la Casa Blanca para demostrar su ánimo constructivo. Obama no lo rechazará, porque no puede definir su legado político apoyándose exclusivamente en los decretos ejecutivos y el veto presidencial. Vienen tiempos de pactos e hipocresía. Puro Washington.

OBAMA, CONTRA LAS CUERDAS; SU ÚNICA OPCIÓN ES PELEAR

5 de Noviembre de 2014
                
Las elecciones legislativas de  este martes en Estados Unidos han confirmado la conquista del Senado por el Partido Repúblico y el refuerzo de la mayoría de que ya disfrutaban en la Cámara de Representantes. Los conservadores dominarán la totalidad del Legislativo. A la hora de cerrar este comentario, ganan siete asientos en el Senado, hasta 51. Pelearán por el octavo, el de Luisiana, que se decidirá en desempate, en diciembre, pero aún así, ya disponen de mayoría absoluta. En la Cámara baja, arrebatan trece escaños a los demócratas, lo que amplía su ventaja en torno a setenta.
                
UNA DERROTA DOLOROSA
                
Los demócratas han perdido todos los escaños que estaban dudosos e incluso algunos en los que parecían favoritos. Estamos ante un correctivo serio, que, sin duda, tendrá consecuencias graves. La derrota demócrata debilitará notablemente al Presidente Obama en los dos años que le restan de mandato. Como ya le ocurrió a Clinton, el Congreso se convierte en una fuerza obstructora del poder presidencial.
                
No es una especulación. Numerosos portavoces del Partido Republicano habían convertido estas elecciones en un plebiscito para doblar la rodilla del Presidente. Más allá de los asuntos referentes a los estados en los que se competían, la mayor parte de los candidatos habían prometido que su elección serviría para echar abajo las políticas que mas detestaban de la Casa Blanca (sanitaria, energética, migratoria, económica e internacional).
                
En los próximos dos años asistiremos, por tanto, a un acoso sistemático de los conservadores para impedir que Obama pueda afianzar la reforma del sistema de salud o permitir la regularización de once millones de inmigrantes. Además, se da por hecho la autorización legislativa del gasoducto Keystone XL entre Canadá y el Golfo de México, acompañada de leyes que impulsarán la producción energética, relajarán los controles de protección ecológica y acentuarán las políticas de austeridad. En política exterior, el próximo Congreso boicoteará las negociaciones sobre el control del proyecto nuclear de Irán, sostendrán la colonización israelí en Palestina, presionarán en favor de mantener un despliegue militar más extenso en Afganistán e Irak y de castigar más duramente a Rusia.
                
TRES OPCIONES NO EXCLUYENTES
                
La gran incógnita en estos momentos es cómo responderá el Presidente Obama. Casi nadie cuestiona que los resultados del martes suponen su derrota política más severa desde que decidiera aspirar a la Casa Blanca. Pero no debe perderse de vista que en semejantes situaciones se vieron algunos de sus antecesores más populares como Reagan o Eisenhower.
                
Obama tendrá que pelear sin reservas, pero sin descartar espacios de compromiso. El pasado fin de semana, los corresponsales políticos del NEW YORK TIMES aseguraban que el equipo de asesores más cercanos al Presidente habían diseñado un programa de gobierno para estos dos años, agrupados en tres categorías: los asuntos que pueden salir adelante mediante la denominada "acción ejecutiva" presidencial, sin el apoyo del Congreso; los que pueden pactarse con el legislativo; y los que, aunque se queden bloqueados en el legislativo, puedan servir para cimentar la plataforma demócrata para las elecciones de 2016. (1)
                
Además del espíritu destructivo y furiosamente hostil de los republicanos y el alejamiento de muchos demócratas que lo consideran un líder amortizado, Obama se ve privado de numerosos consejeros y colaboradores que han ido abandonándolo por decepción o desencuentro. Se le reprocha al Presidente haberse encerrado con un reducido grupo de fieles y de practicar un estilo de gobierno poco eficaz y contradictorio, de no saber trasladar las ambiciosas ideas de sus discursos en medidas prácticas de gestión.
                
Algunas de estas críticas son certeras o razonables (2). Pero lo cierto es que Obama ha sufrido un desgaste en absoluto legítimo. Estas elecciones legislativas han sido planteadas como una operación de acoso y derribo, no sólo de los candidatos demócratas en el cargo o aspirantes, sino del propio Presidente. Hemos asistido a la campaña más costosa de la historia (de un tiempo a esta parte, la última campaña siempre bate records de gasto), de la que se han beneficiado las grandes corporaciones mediáticas (3)
                
DOS AÑOS MÁS DE SUCIEDAD
                
Más preocupante aún resulta el tono insoportable del debate en las últimas semanas. Muchos candidatos republicanos se han alejado del Tea Party, una fuerza gastada, pero no han abandonado un lenguaje agresivo, plagado de descalificaciones, alarmismos y groseras manipulaciones (caso Ébola). Cuando el senador McConnell, líder del Partido en el Senado, se refirió siquiera levemente a una posible conciliación con la Casa Blanca en los años venideros, los elementos más intransigentes reaccionaron con virulencia y le obligaron a retractarse.
                
En definitiva, dos años muy duros por delante. No cabe esperar mucha ayuda de los demócratas, que no han podido movilizar a su electorado. Los grandes espadas del partido ya piensan en las presidenciales de 2016. Hillary Clinton aparece como la candidata indiscutible aunque parezca prematuro asegurarlo. Si se confirma su intención de presentarse, el resto de aspirantes, salvo sorpresa mayúscula, serán puras comparsas.
                
En el bando republicano, se perfilan tres senadores como favoritos de inicio: Ted Cruz (Texas), Marc Rubio (Florido) y Rand Paul (Kentucky). Todos ellos tienen sólidas posiciones conservadoras, singularmente en el asunto de la inmigración. Algo que pueden sorprender debido al origen latino de los dos primeros. Pero hay que recordar que hay un sector hispano conservador en materia social y de costumbres, aparte de la influencia anticastrista en Florida.


(1) PETER BAKER, MICHAEL SHEAR. Brace for a Shift in Congress, Obama is Setting a New Agenda. NEW YORK TIMES, 2 de Noviembre de 2014.

(2) Un buen resumen de estos seis años de presidencia demócrata, en el artículo de JULIET EILPERIN Y DAVID NAKAMURA, corresponsales del WASHINGTON POST en la Casa Blanca. 3 de Noviembre de 2014. El último libro de DAVID ROTHKOPF, articulista habitual de FOREIGN POLICY ("National Insecurity. American Leadership in an Age of Fear"), analiza el debilitamiento del liderazgo presidencial, y el de Obama en particular


(3) REED RICHARDSON. Corporate Media Companies are the Real Winners of the Midterm Elections. THE NATION, 3 de Noviembre de 2014.

TÚNEZ: EXCEPCIÓN ÁRABE EN UN CÚMULO DE PARADOJAS

30 de Octubre de 2014
                
Túnez se encuentra en el epicentro de un proceso político iniciado con la revolución democrática de hace cuatro años. Una doble cita electoral debería definir, tras casi un lustro de zozobras, el porvenir inmediato del país.
                
La coalición liberal, centrista, pero sobre todo laica o anti-islamista denominada Niida Tounes ("La llamada de Túnez") se ha impuesto en las elecciones legislativas, al lograr 83 de los 217 escaños en liza. El movimiento islamista Ennahda ("Renacimiento") contará con no más de 70 parlamentarios, lo que representa casi un tercio del total, pero veinte menos de los que obtuvo en 2011. Sin duda, un desgaste, pero no un derrumbamiento, pese a su discutida gestión.
                
DESGASTE ISLAMISTA
                
Ennahda dominó el escenario político durante la mayor parte de este periodo reciente, tras ganar las primeras elecciones libres tras el derrocamiento de la dictadura. Pero a los islamistas moderados les debilitó el fracaso en la consecución de unas mejores condiciones de vida, como suele ocurrir en muchos procesos de transición del autoritarismo a la democracia. Primero tuvieron que aceptar la ampliación del gobierno con presencia de socialistas y otras fuerzas centristas (troika) y finalmente dejar el gobierno, después de que se les acusara de complicidad en el asesinato de dos políticos de la oposición.
                
El líder de los vencedores es Béji Caïd Essebsi, un político casi nonagenario e incombustible, que ha sabido hacerse necesario en distintas coyunturas. Fue ministro con Burguiba, cabeza del Parlamento con Ben Alí y jefe del primer gobierno de la transición. Que se presente ahora como un hombre de futuro resulta también una chocante paradoja.
                
Essebsi está obligado a negociar un pacto que posibilite un gobierno estable y eficaz antes de las presidenciales de noviembre, a las concurrirá como candidato. Como ha descartado el acuerdo con Ennahda, tendrá que buscar el apoyo parlamentario con fuerzas muy minoritarias. No es menos paradójico que se haya perseguido la estabilidad con un gran bloque anti-islamista mientras la ley electoral premia a los partidos pequeños y favorece, como así ocurrirá, un Parlamento muy atomizado.   
                
Podría parecer que, de convertirse en jefe del Estado, Essebsi acumularía más poder. Aunque la nueva Constitución se inspira en la francesa, en Túnez, el primer ministro es más fuerte que en la antigua metrópoli. A él le corresponde formar gobierno. El Presidente puede disolver el Parlamento y convocar elecciones anticipadas, pero bajo ciertas condiciones (1).
                
UN DESENCANTO MITIGADO
                
Origen de la ‘primavera árabe’, este pequeño país mediterráneo de 11 millones de habitantes no ha logrado todavía culminar una transición plagada de contradicciones, y desilusiones. Y, sin embargo, sigue apareciendo a los ojos de los observadores y analistas occidentales como un oasis de aparente tranquilidad en una región convulsa. Pese a las desilusiones palpables, ha votado un 60% del electorado, participación más que aceptable. Túnez, una vez más, se confirma como la "excepción árabe", como sostiene el diario francés LE MONDE.
                
Túnez es, pues, un compendio de paradojas. Siempre lo ha sido, en realidad, desde su independencia en 1956. La dictadura nacionalista de Burguiba tuvo continuación en la etapa de su ‘delfín traidor', Ben Alí. El régimen combinó un autoritarismo a veces brutal con una amable atracción de capitales e intereses occidentales (franceses e italianos sobre todo) y pareció mantenerse si no al margen de todas las ‘epidemias’ políticas, sociales y religiosas, al menos en la zona menos expuesta a riesgos radicales o extremistas.
                
La ‘revolución’ de 2011 hizo aflorar tensiones y contradicciones que la represión había mantenido congeladas. La inestabilidad de los gobiernos de la transición democrática hizo temer una deriva violenta o autoritaria, pero finalmente, los dirigentes políticos encontraron fórmulas de conciliación para mantener encarrilado el proceso.
                
Más allá de los pulsos políticos, la preocupación fundamental de los tunecinos es la situación económica y social. La economía se encuentra estancada. Algunos observadores achacan esta situación a la falta de reformas durante estos años, en parte debido a la inestabilidad política. Dos economistas del Banco Mundial que han estudiado ‘in situ’ la evolución económica del país desde una óptica liberal consideran que los gobiernos de la transición no han desmontado el modelo de Ben Alí, caracterizado por el control burocrático, las trabas al capital extranjero, la atonía inversora y la corrupción (2).
                
Este continuismo económico ha imposibilitado políticas activas para afrontar las necesidades sociales. Túnez dispone de una población joven razonablemente bien formada pero sin apenas posibilidades de obtener buenos empleos. Esta frustración, unida a la que arrastran los sectores menos favorecidos de la sociedad, ha generado un clima de desafección hacia las fuerzas políticas y el desaliento ante el horizonte democrático (3).
                
EL RIESGO EXTREMISTA Y LA INJERENCIA EXTERNA

Como consecuencia de estos fracasos, el islamismo más radical ha ganado adeptos, hasta el punto de que un país caracterizado tradicionalmente por su moderación se ha convertido en el principal vivero de efectivos yihadistas externos con destino a las guerras de Siria e Irak. Se contabilizan más de 2.000 jóvenes tunecinos combatientes en las filas del Estado Islámico o en el Frente Al-Nusra (la franquicia de Al Qaeda en Siria).

Son muchos más los que, sin tomar las armas, se confiesan desencantados con la democracia y atraídos por el mensaje redentor y antioccidental de los extremistas islámicos, no obstante el estupor que ha causado a algunos de los combatientes que han regresado de aquellos campos de batalla la sangrienta división entre fuerzas islamistas (3).
                
Otra clave de la batalla política tunecina es el patronazgo exterior, importante fuente de respaldo económico. El país, como otros del Magreb, es escenario de un pulso entre las potencias petroleras del Golfo Pérsico por afianzar su hegemonía política en la región. Qatar es el principal sostén de Ennahda, como lo fue en su día de los Hermanos musulmanes egipcios o de otras fuerzas combatientes en el pandemónium libio. Por el contrario, los Emiratos Árabes Unidos, por encargo de su socio mayor, Arabia Saudí, ha apoyado de manera intensa la opción de Nidaa Tounes, por ser la única fuerza capaz de frenar al islamismo, en coherencia con su actitud de respaldo al general Al-Sisi en el vecino Egipto (4).

(1)      Dos interesantes artículos del Centro de estudios sobre Oriente Medio ‘RAFIK HARIRI’, asociado al ATLANTIC COUNCIL, abordan los problemas de la transición tunecina y las perspectivas de futuro: “Tunisia’s elections, a test of commitment”, de DUNCAN PICKARD, y “Tunisia’s 2014 elections: the search for a post-transitional order”, de HAYKEL BEN MAHFOUDH, profesor de la Universidad de Cartago.

(2)      Una macroencuesta financiada por el Fondo de la ONU para la Democracia y realizada por varias instituciones refleja esta desilusión con la democracia y la opinión de amplios sectores sociales.  THE WASHINGTON POST, 22 de Octubre.

(3)      “Tunisia’s economic status quo”. NUCITORA Y CHURCHILL. THE WASHINGTON POST, 22 de Octubre

(4)      “New freedoms in Tunisia drive support for ISIS”. DAVID KIRPATRICK.THE NEW YORK TIMES, 21 de Octubre.

(5)      “Tunisia’s elections amid a Middle East Cold War”. YOUSSEF CHERIF. ATLANTIC COUNCIL, HARIRI CENTER, 22 de Octubre.



BRASIL Y URUGUAY: LA IZQUIERDA TENDRÁ QUE DEFENDER DURAMENTE SU TRIUNFO

27 de Octubre de 2014

                
El ajustadísimo triunfo de Dilma Roussef en Brasil y la esperada victoria en primera vuelta de Tabaré Vázquez en Uruguay confirma el respaldo de la mayoría social a la propuesta de una izquierda moderada en Suramérica. Pero ambos (si Vázquez se impone definitivamente, lo que no está claro aún) tienen por delante un camino difícil para evitar el regreso de políticas neoliberales, aunque no se atrevan a denominarse como tales.
                
BRASIL, UN PAÍS DIVIDIDO
                
Las elecciones brasileñas reflejan un panorama ciertamente inquietante: el país está dividido en un eje norte-sur, más claramente que nunca y la atomización política se consolida. Dilma Roussef ha ganado por algo más de tres puntos (51,68% frente a 48,36%), gracias al apoyo masivo recibido en el norte y nordeste y el triunfo en Minas Gerais. Éste es el único estado de los llamados "ricos" que la han apoyado, en parte porque es el suyo... pero también el de su competidor; de hecho, "más suyo", por así decirlo, ya que Aecio Neves fue su gobernador y donde impulsó su carrera política.
                
La derrota de la presidenta en el sur era esperada. Y aunque en Sao Paulo, el estado más poblado y próspero del país, haya obtenido un resultado decente, parece evidente que las grietas sociales afloradas hace dos años y el escándalo de las cuentas del Mundial de fútbol han pasado factura. En el sur viven millones de personas que esperan más soluciones de la izquierda, pero no confían lo suficiente para votar y superar el sufragio liberal-conservador.
                
Dilma tiene por delante una tarea especialmente complicada por el deterioro de la situación económica, debido al estancamiento de la producción y la amenaza de una inflación creciente, que pone en peligro la sostenibilidad de los programas sociales, clave del éxito de la izquierda moderada en la última década.
                
El otro elemento perturbador es la persistencia reforzada de un Congreso hostil, fragmentado, caótico y pasto de maniobras perversas e ilícitas. Hasta 28 partidos o formaciones políticas tendrán representación en el legislativo. El PT, de Dilma y Lula, sólo cuenta con 70 de los 513 diputados de la Cámara baja, aunque mantiene acuerdos con varios partidos, lo que le permite reunir el apoyo de unos trescientos parlamentarios. El precio que tendrá que pagar por ello es motivo de preocupación, como lo indica la historia reciente. En el Senado, la situación de la presidente es aún más frágil, ya que ni siquiera dispone de una cuarta parte de los escaños (12), frente a los 28 de la oposición, de un total de 53.
                
Este panorama no es fruto simplemente de la pluralidad política, sino de un sistema partidario y político poco racional y de difícil gestión. No es de extrañar que, en su primera alocución tras confirmarse su reelección, Dilma Roussef haya prometido acometer la reforma política y, naturalmente, la corrupción, estrechamente ligada a las disfunciones del sistema.
                
En definitiva, una reelección que aleja el fantasma de la revisión de los avances sociales y otorga a la izquierda brasileña una oportunidad adicional para consolidar su proyecto político, pero que le apremia a no demorar otros cambios imprescindibles para conjurar peligros futuros.  Síntoma de las dudas: ya se ha airea en el PT la candidatura de Lula para 2018. De confirmarse, habría fracasado otra tarea pendiente: la renovación.
                 
URUGUAY: DEBATE SOBRE EL LEGADO DE MUJICA
                
En Uruguay, los resultados de la primera vuelta confirman en líneas generales las previsiones. Ventaja del ex-presidente y candidato del Frente Amplio, Tabaré Vázquez, pero resultado aceptable de su oponente de la derecha, el joven aspirante Luis Lacalle Pou pueda tener opciones en la ronda definitiva. La diferencia de doce a trece puntos parece suficiente, pero podría evaporarse si las discrepancias en la izquierda uruguaya no se gestionan adecuadamente.
                
La presidencia de 'Pepe' Mujica, valorada de forma entusiasta por los sectores progresistas europeos por su honradez, austeridad, sinceridad y 'originalidad' suscita, sin embargo, un debate no resuelto en la propia izquierda uruguaya. Aunque las virtudes personales del presidente no se cuestionan, algunas de sus políticas (y, sobre todo, su estilo personalista y descuidado de las habituales exigencias políticas), han terminado aflorando en la campaña. La polémica por la legalización de la marihuana es el ejemplo más citado, pero en otros asuntos de mayor calado, la incomodidad del candidato Tabaré con "su" Presidente ha sido demasiado patente.
                
Las opciones de la derecha uruguaya no residen en  sus méritos de gestión en los noventa, apegada a las recetas neoliberales del 'consenso de Washington'. Por no hablar del mal olor que aún desprende su pasividad durante los gobiernos militares. A pesar de sus conquistas innegables en materia social, el aumento de la igualdad y la reducción de la pobreza, el principal pasivo del gobierno del Frente Amplio explotado por la oposición liberal-conservadora es el incremento de la inseguridad ciudadana, un fenómeno relativamente reciente en Uruguay.  En este asunto, como siempre, hay parte de verdad y parte de percepción o de demagogia, pero es cierto que la población es sensible al aumento de la delincuencia y muy especialmente, al aumento del robo a mano armada.
                
El candidato de la oposición, Luis Lacalle, ha diseñado una campaña moderada, en cierto modo elegante, en la que no ha regateado reconocimientos a Mujica, pero sin dejar de mostrarse incisivo en este asunto de la inseguridad;  y, para más escarnio del presidente, en el "fracaso" del que era su principal objetivo declarado: la mejora de la educación. El propio Mujica ha admitido que no se siente satisfecho.
                
Para seguir gobernando, el Frente Amplio puede necesitar los votos de pequeñas formaciones externas, de centro o de izquierda, para contrarrestar el seguro realineamiento de la derecha en torno al candidato del Partido Colorado. Como Aecio Neves, el candidato uruguayo es hijo de presidente. Pero el joven Lacalle al que ha preferido mantener a su padre (del mismo nombre) al margen de su campaña, para conjurar la herencia económica neoliberal y afirmar la imagen de renovación y rejuvenecimiento. Este factor podría tener cierta importancia entre las clases medias profesionales. Lacalle quiere poner énfasis en las dificultades de la izquierda para "producir" nuevos líderes. No en vano, si regresara a la presidencia, Vázquez gobernaría con más de setenta años. Como en Brasil, la izquierda necesita en Uruguay demostrar que es capaz de mantener las ideas fundamentales, pero también renovar mensajes y personas.
                                

                                

LA PRÓXIMA PESADILLA DE OBAMA

23 de Octubre de 2014
                
Podría ser una complicación mayor de “su” guerra contra el terrorismo islámico, la reanudación de los combates en Ucrania y la necesidad de abordar un enfrentamiento más áspero con Putin, o el fracaso de las negociaciones sobre el programa nuclear de Irán.
                
Sin embargo, lo más probable es que la próxima pesadilla del Presidente de los Estados Unidos sea de naturaleza interna: que sus correligionarios demócratas pierdan el control del Senado en las elecciones de “medio mandato”, el  4 de noviembre. En la actualidad, los demócratas tienen una confortable mayoría de diez escaños en la Cámara Alta (53 frente a 45 republicanos y dos independientes). De ahí que, para perderla, deberían sufrir una derrota de consideración. Pero los sondeos anticipan como probable este escenario. Naturalmente, se da por hecho que los republicanos mantendrán su mayoría en la Cámara de Representantes.
                
Aunque no se sea candidato, Obama se juega mucho en las elecciones de noviembre, como les ha ocurrido a sus antecesores en la fase final de la presidencia. Que no haya opción de reelección a la vista no disminuye la importancia del desafío electoral. Todo lo contrario. Este periodo final de un presidente es crítico para definir lo que en el lenguaje político norteamericano se conoce como el “legado”.
                
SOMBRAS SOBRE EL LEGADO

Obama vive horas difíciles. O muy difíciles. Lo han sido casi todas, desde que accedió al puesto de poder más importante del mundo. Con excepción de los primeros meses –de gracia, o de inercia del entusiasmo o las esperanzas que despertó-, el primer afro-americano que llega al Despacho Oval ha sufrido un desgaste sin contemplaciones de sus rivales políticos, de sus propios colaboradores desengañados o simplemente descontentos por el papel al que se sentían relegados por su jefe, o por los grandes intereses corporativos (económicos, militares o burocráticos) que lo han percibido como un dirigente al que se podía hacer jugar en un terreno hostil a las ideas que afirmaba defender.
                
Lo peor para Obama es que muchos dirigentes de la élite demócrata huyen de él como valor a la baja o quemado. El presidente no genera confianza entre amplios sectores de la población. La tarea de sus rivales ha hecho mella en la credibilidad que pueda conservar entre la clase media, todavía mayoritaria. Curiosamente, los candidatos cortejan más a su mujer, Michelle, muy popular, que a él mismo.
                
Las perspectivas demócratas son especialmente negativas en estados como Arkansas, Carolina del Norte, Montana, Dakota del Sur, Virginia Occidental, Luisiana y Alaska. En algún otro, como Kansas, ni siquiera habrá candidato demócrata, porque el llamado a serlo desistió ante la emergencia de un empresario local que le disputará el sillón al republicano saliente.
                
LA DECEPCIÓN DE LOS HISPANOS

Entre los demócratas, se teme especialmente, el desencanto de la población latina, que tanta importancia tuvo en la elección de Obama, y aún más en su reelección: en 2012, el presidente obtuvo 3 de cada 4 votos hispanos.

Dos años después, en este electorado se percibe una decepción notable por el fracaso de la reforma migratoria. Los responsables son fundamentalmente los republicanos. Hicieron valer su mayoría en la Cámara Baja para bloquear la ley pactada en el Senado, que otorgaba derecho de ciudadanía a los 11 millones de inmigrantes, utilizando como excusa que se abría la puerta a la “amnistía” a los "ilegales".

No obstante, el propio Obama se ha mostrado tibio o indeciso en la defensa de sus planteamientos, cuando no directamente miedoso; de hecho, se replegó después de haber proclamado que estaba dispuesto a una lucha tenaz para doblar el brazo de los republicanos más reticentes con la regularización migratoria.
                
VIENTOS MODERADOS REPUBLICANOS

Otro elemento que concurre en la tendencia negativa para los demócratas es el realineamiento de la oposición en torno a un discurso menos extremista. En 2010, en las primeras elecciones de “medio mandato” de Obama, el auge del Tea Party había conseguido quemar y eliminar a muchos candidatos republicanos en las primarias internas del partido, privando al Great Old Party de conquistar el voto moderado de las clases medias. De ello se aprovecharon los candidatos demócratas el Congreso.
                
Ahora, tras sucesivos fracasos, el atractivo ultraconservador del Tea Party se ha debilitado notablemente, lo que ha generado iniciativas políticas más templadas en el Partido Republicano, algunas con perspectivas razonables de abrirse camino en el corazón de los votantes tradicionales. Una de las más significativas es la promovida por Eric Cantor, anterior líder de los republicanos en la Cámara de Representante, que perdió su asiento por la vehemente campaña en contra protagonizada por aquel grupo extremista.
                
La corriente reformista no llega madura a estas elecciones de noviembre, pero su crecimiento es un síntoma del agotamiento de las formulas radicales en la derecha de Estados Unidos. En otro momento nos ocuparemos de analizar estas propuestas programáticas, que no cuestionan la tendencia conservadora en lo social y liberal en lo económico, pero abandonan un lenguaje estrictamente combativo y superan ciertos dogmas de los ochenta (2).
                
EL DECISIVO VOTO AFROAMERICANO

Entre tanto augurio negativo, el factor más decisivo para que los demócratas puedan mantener el control del Senado y, en consecuencia, favorecer un remate positivo al mandato de Obama y a su legado presidencial reside en los afroamericanos. En pocas ocasiones como en ésta el voto negro puede decidir unas elecciones.
                
Un informe confidencial de un estratega electoral (‘pollster’) que no se le cae al Presidente de las manos (2) indicaría que el incremento de la afluencia a las urnas de los afroamericanos puede significar el triunfo en algunos de los estados antes mencionados (Arkansas, Carolina del Norte o Luisiana), tener gran influencia en Kentucky y Georgia y resultar de mucha ayuda en otros muchos. La presidenta del caucus afro-americano, Marcia L. Fudge, afirma que “sin el voto negro y mulato, los demócratas no podremos ganar”.
                
Sorprendentemente, muchos candidatos demócratas o no conocen estos datos, o no los comparten, o consideran que no son concluyentes, y no están trabajando con el esfuerzo y la paciencia que merece este voto negro. Igual que ocurrió con los latinos, el apoyo electoral afroamericano hizo posible, decisivamente, la continuidad de Obama en la Casa Blanca. Y en el caso de esta población, contrariamente a lo que ocurre con los latinos, el desgaste del Presidente ha sido menor y su capacidad de convocar “a los suyos” a las urnas permanece, si no intacta, al menos razonablemente alta.

Los estrategas que comparten este análisis consideran que aún hay tiempo para evitar una catástrofe demócrata en noviembre y una pesadilla más para el Obama.


(1) “The Right Stuff. The Reformers Trying to Remake the Republican Party”. BYRON YORK. FOREIGN AFFAIRS, September/October 2014

(2) “Black Vote is seen as last hope for Democrats to Hold Senate”. SHERYL GAY STOLBERG. NEW YORK TIMES, Oct.18, 2014