IRÁN Y CUBA: ARENAS MOVEDIZAS PARA OBAMA... Y HILLARY

13 de Abril de 2015
                
En un par de semanas parecen haberse concretado gestos para el legado presidencial de Barack Obama: el acuerdo preliminar sobre el programa nuclear iraní y la escenificación de la reconciliación histórica con Cuba. Sin embargo, todo está en el aire. Por eso, Irán y Cuba, que desde fuera se perciben como grandes oportunidades, bien pudieran convertirse en potenciales complicaciones bajo la muy diferente perspectiva de la óptica política interna.
                
Las divergentes interpretaciones del acuerdo de Lausana entre la Casa Blanca y Teherán podrían impedir un acuerdo final en el plazo previsto del 30 de junio o, lo que es peor, replantear de nuevo las negociaciones por mucho que a ambas partes no le interese tal escenario. Y, en cuanto a Cuba, el apretón de manos de Panamá puede congelarse si el "respeto" y la "admiración" de Raúl Castro se ven superados con la "paciencia" que anuncia una reconciliación tortuosa.
                
HILLARY Y OBAMA: NI TAN LEJOS NI TAN CERCA
                
Quien parece entender muy bien estas dualidades es la potencial sucesora de Obama en la Casa Blanca. El momento elegido por Hillary Rodham Clinton para hacer pública su candidatura a la nominación ha coincidido con este momento de notoriedad internacional de su correligionario.
                
Es sabido que Hillary no es una partidaria entusiasta de la política exterior de Obama. Al contrario, hace un año se permitió expresar una crítica con tal grado de acidez que se vio obligada a rectificar meses después. ¿Gesto calculado o desliz? Difícil de saber.  En todo caso, en la hora de su segunda oportunidad, Hillary Clinton contempla la política exterior de Obama como arenas movedizas: puede hundirse ante sus rivales si intenta asentarse sobre ellas.
                
El riesgo es tanto más inaceptable cuando el rédito que podría obtener no parece determinante. Es un axioma clásico que la política exterior no gana elecciones. Ni siquiera en el sistema-mundo norteamericano. Pero si puede ser un factor relevante para perderlas. Irán fué precisamente ese caso para Jimmy Carter. La humillación de los rehenes, combinada con el segundo shock petrolero tras el triunfo de los ayatollahs,  se convirtió en las arenas movedizas (más bien en tormenta perfecta) para el entonces presidente demócrata.
                
El relato sobre las diferencias entre los dos políticos demócratas actuales en política exterior es conocido. Hillary es declaradamente más dura de lo que ha sido Obama con las amenazas. Más intervencionista, más convencional, más apegada a las alianzas tradicionales de América. Por tanto, si en estos veintiún meses que le restan de mandato Obama no "cerrara" de forma inequívocamente satisfactoria el acuerdo nuclear con Irán o no avanzara decisivamente en la apertura a Cuba, su "compañera" Clinton, de conquistar la Casa Blanca, podría desandar estos  "pasos históricos".
                
Ni siquiera tendría necesidad de proclamarlo en campaña. Aunque Obama no consiguiera confirmar los éxitos exteriores en la recta final de su mandato, no parecería apropiado que Hillary se apuntara al desprestigio del su Correligionario para ampliar su base electoral. Por eso, portavoces del equipo de la aspirante ya han dejado entrever estos días que no resultaría inteligente alejarse demasiado del actual inquilino de la Casa Blanca, a pesar de esas discrepancias en política exterior. Resulta mucho más conveniente apoyarse en las mejoras internas. En particular, la sólida recuperación económica y, en una dimensión más discutida, la lenta pero segura ampliación de la atención sanitaria (ObamaCare).
                
LA ESTRATEGIA REPUBLICANA
                
Con toda seguridad, los rivales republicanos se afanaran en las primarias por presentarse, cada uno de ellos, como la mejor baza para desactivar la herencia del primer presidente afro-americano.
                
Resignados a tener que aceptar que la recuperación económica es un hecho, los aspirantes del Great Old Party no tienen más remedio que tomar el camino opuesto a su rival demócrata. Tratarán de amplificar lo que consideran aventurera, errática y peligrosa política exterior de Obama. Irán y Cuba son muy convenientes para su demagogia porque en ambos escenarios cuentan los republicanos con aliados muy irritados con la actual administración.
                
La confirmación de Netanyahu en el liderazgo político israelí ha sido una apuesta que ha resultado exitosa para los conservadores estadounidenses. Pero el factor que puede cobrar mayor importancia en los meses por venir es el de la maquinaria financiera de la campaña. Recientemente se han publicado cifras del respaldo que notables millonarios pro-israelíes (por convicción o por interés) están prestando o van a prestar a los aspirantes republicanos, a corto y medio plazo, a la Casa Blanca o al Capitolio. El peso de ese apoyo puede hacer empalidecer al tradicional "lobby judío", por otro lado más plural y bipartidista que nunca.
                
Cuba también se antoja arena movediza por cuanto al menos tres de los aspirantes republicanos son latinos o muy cercanos a esa comunidad y, a la sazón, enemigos, en mayor o menor medida, de la reconciliación con el castrismo: los senadores Ted Cruz (Texas) y Marco Rubio (Florida) y el ex-gobernador de Florida, Jeff Bush (marido de una mexicana).
                
De estos tres, Rubio, hijo de cubanos exiliados, será el más combativo en el dossier cubano. En diciembre, cuando se anuncio el acuerdo preliminar, saltó a degüello, acusando a Obama de traicionar a los demócratas cubanos, "sólo para pulir su legado". Cruz, de origen mexicano, será menos emocional, pero sus pulsiones ultraconservadores le instalan en un discurso destructivo.
                
El "tercer Bush", el más moderado de los tres, quizás será el menos agresivo en este punto. Su estado nodriza, y el de Rubio, es Florida, el más "afectado" por la reconciliación. Aunque sigue siendo santuario de los "enemigos" de la Revolución, las cosas han cambiado mucho en "Little Cuba". Las jóvenes generaciones ya no apuestan ciegamente por la confrontación con La Habana. Por otro lado, como ya viene siendo habitual, Florida podría resultar clave para conquistar la presidencia en noviembre de 2016. Los votos anticastristas no serán suficientes para lograr ese objetivo. El equilibrio puede ser la carta ganadora y eso obligará a Rubio a parecer ser más a Bush III, que en su día fuera su mentor y hoy es su rival.

                
En definitiva, las contradicciones republicanas, las incertidumbres exteriores y los vientos económicos favorables explican el mediático mensaje con que Hillary Clinton arranca su campaña. De forma significativa, se han proclamado "defensora" de los americanos. Pero no de enemigos exteriores que o bien tienden su mano con mayor o menor entusiasmo (Cuba e Irán, respectivamente), o esa mano no les alcanza para golpear (Rusia), o se trata de una mano demasiado cautelosa (China). La amenaza que Hillary cree necesario afrontar es la desigualdad que la recuperación económica no ha conseguido enjugar. Construir sobre seguro; es decir, confirmar la mejora de América, y no incursionar en las arenas (siempre) movedizas de la política exterior

LOS 'TELONEROS' EN EL 'ESPECTÁCULO' DEL TERROR

9 de Abril de 2015

El espantoso atentado de los islamistas somalíes en una Universidad de Kenya, la semana pasada, provocó centenar y medio de muertos. En Europa, tal salvajada hubiera monopolizado espacio y tiempo informativo durante días. Pero la espantosa puesta en acción de este grupo terrorista sólo mereció la atención propia de 'teloneros' en esa especie de 'espectáculo' siniestro en el que a veces se convierte el terrorismo en el tratamiento mediático. Por lo demás, en estos casos, la atención puntual se centra casi siempre en los detalles más escabrosos del acontecimiento. Se ignora, desdeña o, en el mejor de los casos, se reduce a lo mínimo el contexto. Que es, sin embargo, lo más importante.
                
El terrorismo sólo parece 'interesarnos' cuando ocurre o nos golpea a nosotros, en nuestra 'casa' o en tierra 'enemiga'. Los actos de terror en los que las víctimas son ajenas, periféricas, da igual su número, ven reducido su valor. Esas muertes se asimilan a las provocadas por catástrofes o calamidades, tan frecuentes, por otra parte, en esas zonas del mundo. Sólo bajo este enfoque puede entenderse el interés público marginal por fenómenos como Boko Haram (Nigeria) y Shabab (Somalia).
                
SHABAB: UN PRODUCTO DEL VACÍO ABSOLUTO DE PODER
                
Somalia es un país maldito. Por así decirlo, dejó de ser un país en los noventa, cuando el final de la guerra fría le restó importancia como contrapeso occidental de Etiopía, el satélite soviético en el cuerno de África. El dictador Siad Barre (una especie de Sadat local, por su ruptura con Moscú y su entrega a Occidente), dejó el país en estado de descomposición. Una sequía atroz y una hambruna devastadora convirtió la vida de sus habitantes en una pesadilla. Estados Unidos intentó intervenir para acabar con la anarquía de las bandas armadas. Con el desafortunado resultado que Hollywood mostró en la película "Black Hawk derribado".
                
La desintegración del Estado creó tal vacío de poder que los islamistas radicales no tuvieron demasiadas dificultades para presentarse como alternativa. Los tribunales islamistas aportaron orden, lo que explica que recibieran el apoyo de empresarios y comerciantes locales. Pero como el entorno no terminaba de ser seguro, los jueces islámicos necesitaban un brazo armado. Surgió entonces el Harakat Al Shabab Al Moudjahidin ('Movimiento de los jóvenes combatientes'), una versión local de los taliban afganos: estudiantes trasmutados en milicianos implacables. De 2007 a 2010 controlaron férreamente la Somalia "útil" (1).
                
Nadie contaba con que el ascenso de estos jóvenes terribles fuera duradero. Pero, al cabo, fue necesaria primero la intervención armada de Etiopía (ya entonces aliado occidental) y luego de una fuerza multinacional africana para desalojarlos del poder en Mogadiscio y posteriormente de otros núcleos urbanos. El caos en que seguía sumido la mayor parte del país facilitó su acomodo en numerosos santuarios rurales, aunque los drones norteamericanos hayan contribuido a su notable debilitamiento, incluyendo la liquidación física de su líder histórico, Ahmed Godane, el año pasado (2)
                
Tras estos reveses, los 'shabab' revisaron sus objetivos prioritarios. Sus ataques se centraron en los países percibidos como cómplices del imperialismo occidental, especialmente  Kenia. Los sucesivos atentados de los últimos años han demostrado la vitalidad de este grupo terrorista. El atentado de la semana pasada en la Universidad católica de Garissa ha significado la culminación de la amenaza, pero también ha dejado elementos nuevos de actuación. Las víctimas no sólo fueron seleccionadas por su confesión católica. Hubo también un componente de clase. El centro atacado es uno de los preferidos de las clases acomodadas kenyanas, y como tal fue señalado por el grupo terrorista. Y, asimismo, se identificaron cómplices locales pertenecientes a las etnias musulmanas kenyanas cercanas a la frontera somalí (3).
                
BOKO HARAM O EL ESPERPENTO DE LA BRUTALIDAD
                
El otro "telonero" del terror sólo resulta más conocido por lo vulgarmente brutal de sus "apariciones". Boko Haram representa la degradación más cruel del extremismo islamista. Nuevamente, el entorno explica gran parte de este fenómeno terrible. Nigeria, el país más grande del continente, es el ejemplo más contundente del fracaso del África independiente. Por su dimensión, sus recursos y su diversidad étnica, las principales lacras del continente -la corrupción, la violencia y la injusticia- han tenido allí un impacto demoledor.
                
Boko Haram ha aprovechado el fracaso institucional, político y social del país para amplificar su presencia. Sus seis mil integrantes controlan 20.000 km2 de territorio en el nordeste del país, una superficie equivalente a la de Bélgica. No lo suficiente para amenazar la estabilidad del estado nigeriano, pero si para cuestionar su credibilidad y solvencia. Hasta el punto de necesitar el auxilio de una fuerza multinacional africana para combatirlo (4).
                
En Occidente nos ocupamos un poco más de Boko Haram cuando se produjo el secuestro de más de 200 muchachas, sometidas enseguida a una situación de esclavitud y humillación escandalosas. La campaña que se puso en marcha para conseguir su liberación (en la que se involucró personalmente Michelle Obama) fue de corto vuelo. Las veinte mil víctimas acumuladas por estos fanáticos en tan solo seis años de trayectoria apenas si han merecido una atención fragmentaria y secundaria de los medios occidentales. Su reciente alineamiento con el DAESH (Estado Islámico) despertó un interés adicional, pero seguramente efímero.
                
Las recientes elecciones en Nigeria han confirmado el regreso de Mohamed Bujari, un ex-general que, como tantos otros antes y después que él, accedió al poder en los ochenta  mediante un golpe de Estado. Su breve mandato, sin embargo, se distinguió por cierto rigor en la lucha contra la corrupción y el despilfarro, aunque fuera desde una posición autoritaria y despótica. Su revalida, ahora por la vía democrática, se contempla con esperanza por quienes creen posible el encarrilamiento del país, en general, y la liquidación del terrorismo enloquecido de Boko Haram.
                
No será fácil, ni lo uno ni lo otro. La vinculación de los terroristas nigerianos con el 'Califato' es más un factor propagandístico que otra cosa. No existe la mínima posibilidad de que estos fanáticos amenacen la estabilidad del país. Por eso, no debe esperarse una implicación occidental en su persecución y destrucción, como ocurriera hace un par de años en Malí, cuando Francia consideró que sus intereses y su prestigio como potencia exigía una respuesta contundente a la amenaza creciente de la franquicia local de Al Qaeda.
               




(1) Uno de las monografías más completas sobre estos talibán somalíes es el libro del investigador noruego SITG HARLE HANSEN titulado "Al Shabab en Somalia. Historia e ideología de un grupo islamista militante".
(2) La inclusión de Somalia en la "guerra global contra el terrorismo" lanzada por Estados Unidos a comienzos de siglo está muy bien tratada en el libro de JEREMY SCAHILL "Guerras sucias: el mundo es un campo de batalla".
(3) La estrategia de expansión de los shabab en Kenya pueden leerse los análisis recientes de Centro África del ATLANTIC COUNCIL (Washington), referenciados en el NEW YORK TIMES, el pasado 6 de abril.

(4) Sobre el auge de este grupo terrorista nigeriano destaca el trabajo de la sección africana del INTERNATIONAL CRISIS GROUP (http://www.crisisgroup.org/en/regions/africa/west-africa/nigeria/216-curbing-violence-in-nigeria-ii-the-boko-haram-insurgency.aspx)

EL PRISMA DEL ACUERDO NUCLEAR CON IRÁN

4 de Abril de 2015

El acuerdo sobre el desarrollo y control del programa nuclear iraní entre la República Islámica y las grandes potencias mundiales se asemeja a un prisma. Como tal, se distinguen caras visibles (los términos escritos) y ocultas (los compromisos diplomáticos que han forjado el consenso), vértices (los elementos claves que articulan en plan pactado) y aristas (las distintas interpretaciones que apuntan elementos futuros de fricción).  Según el ángulo de visión desde el que se contemple y los argumentos que se proyecten sobre él, de este prisma pueden obtenerse reflejos (resultados) diferentes. Veamos sumariamente estas visiones.

DESDE ESTADOS UNIDOS Y LA UNIÓN EUROPEA

-el acuerdo (si se respeta) restringe el programa nuclear iraní al ámbito civil y hace imposible su deriva militar (la fabricación de la temida bomba) durante al menos quince años.

-las instalaciones nucleares iraníes se someten a un estricto programa de desarrollo; a saber: reducción de las centrifugadores, limitación drástica del enriquecimiento de uranio en niveles inhábiles para producir la 'bomba'), congelación de la renovación tecnológica de las instalaciones y prevención de la producción de plutonio.

- la combinación de todo lo anterior hace que, si Irán vulnerara el acuerdo, necesitaría más de un año para estar en condiciones de fabricar la bomba (el denominado 'breakout').
                
-se instaura el sistema de inspección y verificación "más intrusivo de la historia", en palabras (certeras, según los técnicos) del Presidente Obama.
             
-las sanciones no empezarán a levantarse hasta que se confirme el cumplimiento iraní.
                
-se consigue el 'engagement' del régimen iraní; es decir, la aceptación de compromisos propios de un sistema internacional, que ha venido rechazando durante más de tres décadas.
                
-indirectamente, el acuerdo puede contribuir (aunque esta aspiración no esté ni mucho menos garantizada) a que, según la visión occidental, la República Islámica pase de ser un factor desestabilizador en Oriente Medio a convertirse en un agente de estabilidad.
                
DESDE LA REPÚBLICA ISLÁMICA DE IRÁN
                
-el acuerdo no desmantela por completo su programa nuclear, le reconoce su derecho a enriquecer uranio y, por tanto, a dotarse de un recurso energético para su desarrollo, lo cual avala la narrativa del régimen, que siempre ha sostenido que no tenía intenciones militares.
                
-hace mucho más improbable la destrucción militar de sus instalaciones, al convertir el altamente improbable la hipótesis de una acción unilateral israelí.
               
-propicia el levantamiento de las sanciones derivadas de su programa nuclear, aunque se mantengan las impuestas por las violaciones de derechos humanos y al apoyo a partidos y organizaciones regionales consideradas como 'terroristas' por los gobiernos occidentales.
                
-salva y consolida el régimen de los ayatollahs al librarlo de las presiones económicas y reivindicarlo como potencia internacional de consideración.
                
DESDE LOS ENEMIGOS (DIVERSOS Y NO SIEMPRE COINCIDENTES) DEL ACUERDO
                
-En Israel se advierte división de opiniones y sensibilidades. El gobierno de la derecha nacionalista y ultranacionalista mantiene su rechazo y será difícil que la 'pedagogía' adicional de Obama cambie esta percepción. La reclamación última del electoralmente reforzado primer ministro Netanyahu de que Irán "reconozca el derecho de Israel a existir" es extemporánea y ajena al asunto en cuestión. La izquierda, por el contrario, contempla el acuerdo con alivio, considera que el programa nuclear iraní ha quedado encuadrado, aunque no se ha disipado la aprensión sobre lo que pueda ocurrir tras esos quince años de control.
                
-En Arabia Saudí, la reacción ha sido cauta. Es significativo que la primera llamada de Obama para comunicar y explicar el sentido del acuerdo fuera al Rey Salman. El presidente norteamericano ha establecido una política calculada de cortejo. No es descabellado pensar que el apoyo logístico y de inteligencia prestado a Riad en la operación militar saudí en Yemen se haya hecho con el ojo puesto en Lausana. Se trataría de demostrar a los jeques del Golfo que la actual administración no pretende alterar sustancialmente el actual sistema de alianzas en la región. El acercamiento con Irán no se hará a costa de las monarquías petroleras.
               
-En el Congreso de Estados Unidos, dominado por los republicanos, el acuerdo será escudriñado al detalle. Se mantendrá una retórica crítica, escéptica, pero no está asegurado que los demócratas pro-israelíes apoyaran a los republicanos si éstos quisieran mantener las sanciones que legislativo impuso en su día a Irán. El cálculo es puramente político. Es decir, tendrá más que ver con las perspectivas electorales del año próximo en Estados Unidos que con las aprensiones de seguridad de Israel o de los aliados conservadores de Oriente Medio.
                
DESDE UN ENFOQUE NEUTRAL
                
-el acuerdo supone un triunfo para Obama cuando más lo necesitaba, tras dos años de dudas, críticas acervas e incertidumbres sobre la solvencia de su estrategia en Oriente Medio; el éxito negociador de Kerry supone un refuerzo adicional del Presidente, ya que el Secretario de Estado es contemplado como el hombre de mayor confianza de Obama.
                
-un horizonte de supervivencia para la República Islámica de Irán, ya que el acuerdo no sólo ampara un pilar de su desarrollo futuro (el energético), sino que, indirectamente, revalida la actual expansión de su condición de potencia regional de primer orden.
                
-el acuerdo consagra el actual equilibrio entre las distintas sensibilidades del régimen: Jamenei y los ayatollahs conservadores han avalado el resultado de la negociación y, por tanto, de forma indirecta, han respaldado la estrategia reformista del Presidente Rohani y de su ministro de exteriores, Zarif, auténtico artífice del acuerdo nuclear.
                
-el aislamiento momentáneo de la derecha nacionalista israelí, lo que no puede ser necesariamente positivo, porque puede precipitar un deriva provocadora peligrosa, en función del respaldo que obtenga de una hipotética administración republicana a partir de 2017.
                
-un replanteamiento del tablero geoestratégico en Oriente Medio, sin sobresaltos, que nadie quiere (eso es también una ventaja del 'engagement' iraní), pero sometido a los riesgos de la acumulación, encadenamiento y complicación de los conflictos en marcha.           

ORIENTE MEDIO: OBAMA EN UN PELIGROSO LABERINTO

2 de Abril de 2015

El entorno de seguridad en Oriente Medio se complica a ojos vista. Los conflictos locales se encadenan, debido a una dinámica de contagio, simpatía e interrelación. Ante el peligro, cada vez más acuciante de pérdida de control, Estados Unidos interviene. Obama pretende que su actuación es equilibrada, pero sus críticos, desde cualquier ángulo, tienden a considerarla errática.
                
Obviamos la guerra de Siria, incontrolable, y la muy engañosa 'calma' en Palestina, y hacemos repaso rápido a los últimos acontecimientos:
                
-Iraq. La lucha para hacer retroceder al DAESH (Estado Islámico) en Tikrit, ciudad emblemática por ser la cuna de Saddam Hussein pero también por su condición de plaza fuerte sunní, no habría sido posible (aún no está completada la reconquista) sin la decisiva aportación de las milicias chiíes, financiadas, orientadas y estratégicamente ligadas a Irán, más allá de la aquiescencia, voluntaria o forzada, del gobierno central. Esta dependencia innegable de Bagdad con respecto a Teherán podría haber obligado a Washington a intervenir, pese a la aparente renuencia inicial. Dos versiones circulan. Para unos, se habría tratado de reforzar al primer ministro iraquí Abadi frente a su poderoso vecino persa. Para otros, más maliciosos, estaríamos ante una prueba más de que Obama persigue cambiar el libreto de las relaciones con Irán, recuperar a este país como socio condicional en la zona y equilibrar la nómina habitual de aliados regionales. Para escándalo de saudíes e israelíes.
               
  -Yemen. Volta face respecto al escenario anterior. En este caso, Obama se pone del lado de los saudíes, lanzados a una descarnada operación militar que bien podría calificarse de agresión. O, como mínima, de injerencia culposa. Los informes de la ONU y de organizaciones humanitarias son más que inquietantes sobre el sufrimiento de la población. El argumento saudí de que los bombardeos casi indiscriminados responden a la solicitud del presidente 'legítimo' del país, ante una ofensiva de Irán por actor interpuesto, la guerrilla houthi, es refutable. Que Teherán vea con simpatía la revuelta houthi por su credo chií (aprox.) es una cosa. Que esa revuelta esté dirigida por los ayatollahs es del todo exagerado. El gobierno ya inexistente del Yemen había probado del todo su ineficacia y demostrado la pérdida de autoridad en buena parte del territorio nacional. Se encontraba desde hace meses indefenso y a expensas de la principal franquicia de una Al Qaeda en crisis (¿en riesgo de extinción?). El presidente Hadi, sunní, es la voz del amo saudí, porque carece de base de poder real.
                
Por otro lado, no puede contemplarse el conflicto del Yemen sólo o principalmente como un pulso entre Irán y Arabia. Como ha señalado el profesor Orkaby, un experto reconocido en la materia, las causas locales son más importantes y decisivas. La tradicional pugna entre poder nacional o central y las presiones tribales, aparte de las más conocidas tensiones sectarias entre sunníes y chiíes locales explica con más solvencia el caos actual (1).
                ¿Por qué decide Obama apoyar con apoyo de inteligencia y logístico la campaña de bombardeos saudíes para frenar a los houthies, si con ello puede influir negativamente en la negativamente en el que parece momento decisivo de las negociaciones nucleares?
                La respuesta de los críticos con la Casa Blanca es que Obama ha advertido el peligro de su estrategia de acercamiento a Irán y quiere enmendarlo. Es un interpretación discutible. Que el presidente quiera resolver el problema nuclear no implica romper los puentes imprescindibles con los tradicionales amigos de la región. Estados Unidos puede vivir con una tutela iraní sobre Irak, mientras no sea decisiva o determinante, si a cambio obtiene de Teherán los fondos y las botas que Obama no quiere poner sobre el terreno para destruir al DAESH. Después de todo, Irak es vecino de Irán y lo que ocurra en ese país es una cuestión de seguridad para la República Islámica. Eso Washington lo entiende y lo acepta, bajo límites.
                
Las urgencias saudíes. Por el contrario, Yemen es vital para Arabia Saudí. Aunque en modo alguno los houthies sean en Yemen lo que es Hezbollah en Líbano, el control de una parte del país por esta minoría afecta al chiismo con particularidades propias es inaceptable para la monarquía wahabí. Yemen (recuérdese: la Arabia felix de los romanos) es una cuestión de seguridad nacional para la familia Saud.
                
Hay otro elemento que podría haber desencadenado el belicismo saudí. Acaba de producirse un 'relevo' en la 'familia'. El ultra conservador y tradicionalista Salman ha sucedido al fallecido Abdullah, más reformista. Aparentemente, una rutina dinástica. Pero la rapidez, la amplitud y algunas sorpresas en los cambios de figuras y puestos en la cúspide del poder real no han pasado desapercibidos, en un medio tan predecible como ése.
                
Contrariamente a lo ocurrido hasta ahora, Salman-Rey no ha dudado en voltear el juego de equilibrios en el reparto de papeles. Aunque ha respetado básicamente la línea de sucesión pactada por los hijos del fundador, con la habitual preeminencia de los 'sudairis', el nuevo monarca se ha sentido bien fuerte como para elevar a su hijo Mohammed, pese a su llamativa juventud (¿27 años? ¿35?: ni siquiera se ha querido dar a conocer su edad), al puesto de Ministro de Defensa, con asiento asegurado en el Consejo de Seguridad y en otros organismos de notable poder decisorio en la Corte (2).
                Nunca un príncipe tan joven había llegado tan alto de un golpe, tan rápidamente. Para despejar dudas eventuales sobre su capacidad de liderazgo, su firmeza o su voluntad de decisión, frente a la plana mayor de las fuerzas armadas saudíes, en un momento de sospechas e incertidumbres por la inestabilidad regional, bien podría haber ocurrido que Mohammed bin Salman quisiera demostrar que no le va a temblar la mano para frenar lo que Riad contempla como un amenazante avance de Irán en la zona.
                
La trampa egipcia. Los intereses de otros actores complican el escenario regional. Egipto, siempre en búsqueda permanente de un liderazgo regional perdido desde las humillantes derrotas contra Israel, se suma a la estrategia saudí en Yemen. El presidente-general Al Sisi, después de todo hijo de ese Ejército que es a la vez dudoso paladín del orgullo nacional y factor imprescindible de la represión del pueblo al que debe servir, se sube a bordo y promete soldados, "si fuera necesario". Seguro que Al Sisi no olvida que el Egipto de Nasser se estrelló en Yemen en los años cincuenta, como nos recuerda Orkaby, entre otras cosas porque los houthies, esos que ahora pasan por ser marionetas de Teherán, fueron decisivamente ayudados por Israel, en una sagaz maniobra para distraer al ejército del raïs y hacer más difícil la construcción de una plataforma militar en el Sinaí, por ese tiempo aún bajo control egipcio.
                
Al Sisi tiene sus propios intereses, no tanto en Yemen, sino en la reconfiguración regional. Si consigue hacerse necesario, estaría en situación ideal para sacudirse el estigma de dictador y golpista, ya que ni los más ingenuos pueden seguir atribuyéndole intenciones benignas en el derrocamiento del Presidente Morsi. Por cierto,  mucho más legítimo éste que el yemení Hadi, pero al que en vez de ayudarlo contribuyeron a su hundimiento.
                
Con Egipto, Obama ha jugado hasta ahora al caliente y frío. Congeló la ayuda militar al nuevo gobierno, más militar que cívico, pero conservó las líneas de comunicación intactas para influir en una pronta institucionalización. Ciertamente, no lo ha conseguido. El régimen se hace más represivo cada día. La contestación no sólo es ciudadana. La respuesta terrorista se ha fortalecido. El principal grupo armado, Ansar Beit Al Maqdis, se ha asociado con el DAESH. El Sinaí está fuera del control militar pleno. Los atentados se suceden con creciente poder mortífero. Para compensar este fracaso interno, Al Sisi se da el gusto de bombardear a presumibles aliados del Califato en Libia, pretendiendo que se trataba de un castigo por el horrible degollamiento de una treintena de cristianos coptos.
                
Y en este contexto, Obama cede y esta misma semana descongela la ayuda militar al régimen de AL Sisi, que ya podrá adquirir aviones F-16, misiles Harpoon y las piezas para construir los carros de combate M1A1Abrams (3). Pura miel para los militares egipcios, enfurruñados con la regañina de la Casa Blanca. Aunque Obama se reserva algunas restricciones, como la compra de más material a cuenta de la ayuda futura, el giro es notorio y decisivo. La estrategia regional del presidente que prometió detener y acabar con las guerras en Oriente Medio se ha complicado. No parece garantizado que sepa cómo salir de ello.
               


(1) El profesor Asher Orkaby, investigador destacado en varios institutos medio orientales, es el autor de un libro sobre la guerras por el control del Yemen en los sesenta. Su artículo de este mes para FOREIGN AFFAIRS sobre las dudosas alianzas actuales es de enorme interés para comprender el fondo de los acontecimientos.

(2) Uno de los principales expertos occidentales en la Casa de los Saud, Simon Henderson, analiza los recientes cambios en Riad y su efecto en la crisis de Yemen, en un artículo para FOREIGN POLICY, 26 de Marzo.


(3) NEW YORK TIMES, 31 de marzo de 2015.

ISRAEL-EEUU: IMPOSTURAS EN LA PELEA DE FAMILIA

26 de Marzo de 2015
        
Hay cierto aire de irrealidad en la riña que protagonizan Obama y Netanyahu. No porque falten los motivos para la disputa, que son aparentemente importantes y muy agrios. Pero visto con perspectiva histórica y estratégica, el conflicto perjudica a ambas partes y resulta del todo insostenible a medio plazo.

CONTROL DE DAÑOS

En las últimas horas, se ha detectado una ofensiva propagandística israelí, primero para hacer control de daños y, en segunda instancia, para desplazar hacia la Casa Blanca la parte más gruesa de la responsabilidad de la querella. El intento se antoja grosero, a poco que se analice con neutralidad lo ocurrido.
                 
El desencuentro entre Obama y Netanyahu se debe a dos motivos fundamentales: la firmeza de la Casa Blanca en negociar con Teherán el control y neutralización (ya que no es posible  la eliminación) de su proyecto nuclear iraní y el empeño de Washington en resolver conflicto palestino-israelí mediante la fórmula de los 'dos Estados'. Por si solas, las discrepancias no deberían haber salido de los cauces habituales. Pero hace tiempo que la desconfianza y desagrado mutuo entre ambos dirigentes ha provocado el desbordamiento.
                
Cuando las cosas empezaron a ponerse tensas, Obama intentó enfriar los ánimos, pero Netanyahu se sintió fuerte por la política desleal de los republicanos y jugó a practicar la 'pinza' contra el presidente norteamericano, quizás con el convencimiento de que éste cedería o buscaría la manera de satisfacer las aspiraciones de la derecha nacionalista israelí.
                
Pero Obama hizo todo lo contrario: mantuvo las negociaciones con Irán, aunque con ello asumiría el enorme riesgo del fracaso. Netanyahu dobló y triplicó las apuestas. Y llegó hasta quizás lo imperdonable: se avino con entusiasmo a la invitación republicana, sin el consentimiento del despacho oval, para pronunciar un discurso ante el Congreso con el propósito de alertar del riesgo que supone para Israel no destruir el programa nuclear iraní. Para más escarnio, ese discurso se programó en tiempo de campaña electoral israelí. Lo cual confundía intereses nacionales y partidistas.
                
El resultado de este envite no fue el esperado. Las encuestas posteriores al discurso no arrojaban un repunte del Likud. Netanyahu sacó entonces una carta que escondía desde hacía tiempo debajo de la manga: desafió a Washington con el rechazo del Estado palestino y, por si esto fuera poco, se despachó con pronunciamientos despectivos sobre el voto de los árabes israelíes (conducidos a votar 'en hordas', en autobuses 'fletados por la izquierda', dijo).
                
Esta "sorpresa" final de campaña irritó sobremanera a la Casa Blanca. Y mucho más al comprobar que resultó eficaz, pues Netanyahu ganó. E presidente retrasó más de lo habitual la felicitación obligada y reprochó al primer ministro sus referencias despectivas al voto árabe y el rechazo a la creación del Estado palestino. En consecuencia, Obama le advirtió a Netanyahu que "su gobierno tendría que reevaluar sus opciones en Oriente Medio". En Israel y en los sectores más proísraelíes de Estados Unidos se activaron las alarmas. Numerosos analistas han coincidido en diagnosticar estos días que nunca un presidente norteamericano se ha atrevido a llegar tan lejos en la crítica de su aliado privilegiado en Oriente Medio.
                
EL GIRO CÍNICO DE NETANYAHU
                
En otro gesto, seguramente tan calculado como los anteriores, Netanyahu aseguró que se le interpretó mal en campaña, que nunca dijo que rechazaría un Estado palestino si fuera elegido, sino que las circunstancias no permitirían que tal situación se produjera. Esta nueva muestra de grosero cinismo, tan propio del primer ministro israelí, exasperó a Obama y a sus asesores. En la semana posterior a la victoria electoral se filtró la nueva predisposición de la administración norteamericana a respaldar una eventual resolución de la ONU en favor de la reanudación de las negociaciones basadas en el principio de los dos Estados y abstenerse en caso de que se plantee otra resolución que condena la expansión de los asentamientos (1).
                
En el frente interno, la organización judía J-Street, próxima al Partido Demócrata, cerró filas con la Casa Blanca y responsabilizó a Netanyahu del deterioro de las relaciones de familia, presentándolo como un peligro mayor para la seguridad israelí.
                
La última gota en este intercambio de golpes ha sido la filtración de que Israel espió las negociaciones nucleares con Irán (2). Varios ministros israelíes han negado rotundamente estas imputaciones, aunque los desmentidos no parecen convincentes.
                
Más allá de todo este ruido, del cruce de reproches y culpabilizaciones, y sin negar que se ha producido daño y que la reparación será costosa y no inmediata, quizás se esté exagerando un poco. Sin descartar, como dicen algunos palestinos, que haya algo de "teatro".
                
En su áspera llamada de felicitaciones a Netanyahu, Obama afirmó que, bajo ningún concepto, se pondría en duda el compromiso de Estados Unidos con la seguridad de Israel. Convenía, entre tanto reproche y tirón de orejas, entre tanta advertencia gruesa, deslizar ese mensaje. Israel ha sido, es y seguirá siendo el protegido de Estados Unidos en Oriente Medio. Ni siquiera una bronca como la que se está viviendo podrá alterar esa realidad geopolítica, que ha sobrevivido a todos los sobresaltos globales y regionales de las dos últimas décadas.
                
A esta consideración estratégica hay que sumar las exigencias tácticas. Aunque Obama respalde la solución de los dos estados, en la práctica no ha presionado a Israel para avanzar en la justa reclamación de los palestinos, por muchos errores que éstos hayan cometido en los últimos procesos de negociación. La posición de Estados Unidos no ha sido nunca del todo neutral, ni en sus iniciativas más equilibradas, como los denominados "parámetros de Clinton" o el reciente esfuerzo de John Kerry. Hay una predisposición norteamericana a favorecer las posiciones de Israel, sobre todo cuando las negociaciones se estancan. De la misma manera, cuando rebrota el conflicto bélico, como ocurrió el verano pasado en Gaza, la administración norteamericana, aun señalando los excesos israelíes, tiende a amortiguar las críticas internacionales y a ser comprensiva con las "necesidades de seguridad de Israel" y con su "derecho a defenderse", minimizando la gigantesca desproporción de esa lucha.
                
En definitiva, en toda esta pelea de familia hay bastante impostura. Si cualquier otro dirigente mundial se hubiera comportado como lo ha hecho Netanyahu en los últimos meses, Washington ya estaría liderando una iniciativa de aislamiento internacional. 


(1) FOREIGN POLICY, 20 de marzo.

(2) THE WALL STREET JOURNAL, 24 de marzo.

TÚNEZ: ALGUNAS CLAVES DEL ATENTADO

20 de Marzo de 2015

El atentado del Museo Bordo, en pleno centro de la ciudad de Túnez, ha provocado la alarma de los dirigentes del país y una espiral de especulaciones.

Está generalmente aceptado que sólo en Túnez ha prendido la llamada "primavera árabe", precisamente el país en el que se inició.  Ciertamente, sólo en Túnez ha prendido el proceso de  democratización, en el sentido de que se han respetado los resultados electorales, se han formalizado alianzas y mayorías y se han resuelto las divergencias de manera pacífica. Pero no olvidemos que la chispa de la protesta la prendió un joven parado que se inmoló a lo bonzo, debido a la dureza de la vida cotidiana.  Lejos de resolverse, la situación socio-económica del país se ha agravado desde entonces, por la inestabilidad de la transición, el entorno internacional y otros factores.

EL TURISMO, UN OBJETIVO OBVIO

En estos cinco años, la amenaza terrorista, tal y como la sufren otros países de la región, no se había manifestado en Túnez. Pero su sombra ha permanecido presente.

No olvidemos que Túnez es el país que más nacionales aporta al Estado Islámico en su cruzada lanzada en el doble frente sirio-iraquí. A muchos les ha sorprendido que se recuerde estos días, con motivo de este atentado. Siendo uno de los países más "occidentalizados" -si no el que más- del mundo árabe, puede sorprender este dato. Sin embargo, la explicación no es demasiado compleja.

Tiende a identificarse a Túnez con la capital o, a lo sumo, con otras zonas de gran atracción turística, como Cartago, o incluso Sfax. Todas ellas son localidades costeras, donde mal que bien aún subsisten recursos que aplacan la crisis. En el interior, cuando más nos adentramos en el sur del país, zona desértica y muy limitada económicamente, la frustración social crece y la llamada de los mensajes mesiánicos se amplifica. De ese interior con escasas perspectivas surgió la protesta en el otoño de 2010.

Pero también en las más prósperas localidades costeras ha crecido el descontento en los últimos años. El turismo, que representa un 7% del PIB y emplea a uno de cada diez tunecinos, se encuentra aún sumido en una crisis inquietante. El número de visitantes se ha reducido en un 12% desde el comienzo del proceso de transición democrática, en 2010. Ni siquiera una perspectiva de estabilización ha servido de estímulo para el repunte.  El año pasado, cuando ya se vislumbraba el final de las turbulencias,  fue peor para el turismo que el anterior, aún sumido en la incertidumbre sobre el futuro inmediato. En coherencia con la depresión del principal sector económico, las inversiones extranjeras cayeron en 2014 un 5% con respecto al año anterior y acumularon un descenso del 20% desde 2010.

La economía es, por lo tanto, el talón de Aquiles de la incipiente y frágil democracia tunecina. El turismo tiene que ser el motor de una recuperación, al menos a corto plazo. De ahí que el atentado del museo nacional no pueda ser una sorpresa en una estrategia de combate feroz como la que plantean los 'jihadistas'. Han golpeado donde más duele, donde más daño podrían hacer.

AUTORÍA: TRES HIPÓTESIS

El otro aspecto de interés es la autoría. El DAESH (Estado Islámico) dejó pasar algunas horas antes de atribuirse el atentado. Previamente, la denominada brigada Uqba bin Naf, un grupo ligado a Al Qaeda del Magreb Islámico, parecía perfilarse como responsable, debido a una declaración aparecida en un foro extremista en la que se especulaba con las devastadoras consecuencias que tendría una ofensiva contra el turismo tunecino. Por otro lado, hace una semana, un miembro perteneciente en su día a la organización Ansar El Sharia, vinculada con Al Qaeda, anunciaba represalias "en los próximos días" por las redadas de yihadistas efectuadas por el nuevo gobierno tunecino.

Entre la miríada de grupos islamistas armados que son activos en Túnez puede haber rivalidad, pero también complicidades poco exploradas, debido a su condición de país 'periférico' o lejano del principal teatro de combate actual (Mesopotamia). De ahí que puedan perfilarse tres hipótesis sobre el atentado del Museo Bordo:

-una, que Al Qaeda (o sus derivados) hubiera elegido este país, por la fortaleza de sus conexiones, filiales y recursos, para desafiar la hegemonía que en los últimos meses (más bien, años) habría conseguido el DAESH.

-dos, contraria a la anterior, que ambas formaciones yihadistas hubieran decidido aparcar sus diferencias y colaborar con un atentado para desconcertar al enemigo común.

-tres, que la autoría se debe a 'agendas locales', no necesariamente vinculadas a las estrategias globales de estas dos formaciones.

En todo caso, el atentado ya ha provocado una intensificación de las medidas anti-terroristas. La actividad policial se intensificará y aumentará el gasto en material militar (en lo alto de la lista, helicópteros norteamericanos). Esperemos que la amenaza yihadista no desvíe al gobierno de su principal tarea: encaminar al país por la senda de la recuperación económica.
               
               

                

ISRAEL: EL TRIUNFO DE LA ‘GEVALT’

18 de Marzo de 2015

Gevalt’ es un término en yiddish que puede traducirse como ‘alarma’. O peligro. Los israelíes lo han utilizado profusamente en las últimas semanas para definir el tono de la campaña de las elecciones generales anticipadas.

Pues bien, la alarma o el peligro genera miedo, y ése parece haber sido el factor dominante en la decisión final´de los electores israelíes. El primer ministro saliente, Benjamin Netanyahu, ha conseguido imponer su mensaje de ‘peligro’ y convertir al Likud en el partido más votado: podría tener 30 diputados en la próxima Knesset frente a los 24 estimados de la coalición de centro izquierda Unión Sionista. Hace sólo unos días, los sondeos predecían que el principal bloque opositor obtendría tres escaños más que el Likud.

¿EL ‘FAROL’ DE NETANYAHU?

En las últimas horas de la campaña, Netanyahu exhibió un triunfo que tal vez tenía guardado debajo de la manga. Afirmó que si él seguía gobernando el país, no habría Estado Palestino. Es decir, renunciaba formalmente a lo que había demostrado en la práctica. Este pronunciamiento de Netanyahu fue interpretado de distintas maneras, en las frenéticas horas previas a la apertura de las urnas.

Para algunos, se trataba de un intento desesperado de atraerse a los indecisos preocupados por la seguridad, aunque descontentos con la gestión económica del gobierno; pero sobre todo a votantes de otros partidos más a la derecha que encontraran más útil reforzar al principal partido del campo de la firmeza.

Otros analistas, ya fueran sectores opositores, escépticos o simplemente lectores de la trayectoria cínica del personaje, tendían a considerar que Bibi había simplemente jugado de farol, enviando el mensaje deseado en el momento justo: en el pretil de la decisión final. No necesariamente debía ser un recurso de última hora. Conociendo sus habilidades tácticas, bien podía haber planificado el ‘timing’ desde el principio, sabedor de que la campaña no iba a ser decisiva y que el lecho de indecisos se iba a mantener bien nutrido hasta el final.

En todo caso, el truco ha funcionado. Su victoria no es concluyente, pero es lo máximo a lo que podía aspirar. Ahora tendrá que pactar con sus dos aliados extremistas más próximos (Hogar Judío y Nuestra Casa Israel) en la escala ideológica, sin demasiadas dificultades. Pero como no será suficiente para conseguir los 61 escaños que otorgan la mayoría en la Knesset, no dudará en ponerse conciliador y hasta obsequioso con Moshé Kahlon, el disidente del Likud que hace dos años le dejo plantado para fundar un enésimo partido. Se espera que le ofrezca el caramelo (envenenado) del Ministerio de Finanzas, con lo que Kahlon podrá creer que finalmente ha hecho claudicar a Netanyahu, ya que fueron precisamente las desavenencias económicas lo que precipitaron la ruptura.

UN PANORAMA INQUIETANTE

Dicho esto, no nos engañemos, a lo que hemos asistido el martes en Israel es a la supervivencia política de Netanyahu, más que a una victoria electoral. El resultado no esconde otros elementos inquietantes para el futuro de Israel y de la zona. Son los siguientes:

1.- El próximo gobierno de coalición conservadora no va a ser más sólido que el anterior, por mucho que se beneficiedel impulso que supone ganar cuando algunos ya lo consideraban amortizado. El efecto puede ser intenso, pero efímero. No son descartables otras elecciones anticipadas. O, para prevenirlo, un intento de modificar la ley electoral y enterrar uno de los pocos los escrúpulos democráticos originarios que se mantienen en Israel.

2.- Los otros grandes triunfadores de la jornada han sido los árabes israelíes. Unidos en una lista conjunta, han mejorado su representación parlamentaria hasta convertirse en el tercer bloque de la Cámara única israelí, sólo por detrás del Likud y de la coalición Unión Sionista. El discurso cada vez más extremista de Netanyahu, sus planes de ‘judaización’ del Estado de Israel y su aparente abandono del proceso de paz con los palestinos fortalecerá a los árabes israelíes y abrirá aún más las heridas existentes con una población que aumenta en proporción semejante a cómo se lesionan sus derechos de todo tipo.

3.- La decepción laborista, una más, arrastra en esta ocasión a su socio centrista más proclive a negociar con los palestinos: la discreta Tzipi Livni y su partido, Hatnua, minúsculo, pero como tantos otros que se sientan en la Knesset). El debilitamiento de las opciones moderadas se confirma. Otra alarma: distinta, pero más real. La derrota, después de haber acariciado la victoria, puede provocar una amargura aún mayor y, desde lugar, acentuar las habituales tendencias cainitas en el laborismo israelí. El débil liderazgo de Herzog podría no resistir este fracaso (1)

4.- Si antes de las elecciones israelíes la Autoridad Palestina ya proclamaba, aunque sólo fuera para guardar las apariencias, su indiferencia por el resultado, parece claro que la continuidad de Netanyahu reforzará su estrategia de alejarse del camino negociador e insistir en su denuncia de Israel ante los foros internacionales. Sería una confrontación ‘diplomática’. Menos probable es otra Intifada o la convergencia, siquiera oculta, con otros movimientos más radicales. La congelación del proceso de paz podría tomar carta de naturaleza, se reconozca públicamente o no. El pacto de un gobierno de unidad con Hamas podría desbloquearse después de un año y medio de titubeos y desconfianza indisimulada (2).

5.- Una mayoría exigua de israelíes no sólo han votado por Netanyahu, sino también contra Obama. Aunque no se haya inmiscuido en las elecciones, naturalmente, los deseos del presidente norteamericano eran un secreto a veces. Después del discurso ante el Congreso, Netanyahu “quemó las naves”, según confesiones de algunos colaboradores de la Casa Blanca. Los republicanos (y los demócratas disconformes con su líder) se deben estar frotando las manos por esta “derrota” interpuesta de Obama.

6.- Están por ver las consecuencias de este revés en las negociaciones con Irán. La administración norteamericana no debería dar la sensación de sentirse intimidada por el refuerzo del primer ministro israelí. Otra cosa es cómo reaccionen los iraníes. Los moderados (el Presidente y su ministro de exteriores a la cabeza) pueden aprovechar el anclaje de Israel en posiciones intransigentes para resaltar su posición flexible y negociadora y favorecer el acuerdo. Por el contrario, los enemigos del pacto pueden considerar que, con Netanyahu presionando con renovado vigor desde Israel, la próxima administración en Washington se las apañaría para convertir el acuerdo en papel mojado, sin descartar la represalia militar. Igual daría que el próximo presidente fuera republicano o demócrata, sobre todo si en estos últimos se confirmara la opción Hillary, favorita sin discusión en esta hora.

Israel ha completado una lenta evolución como Estado y como proyecto de convivencia. La idea de una sociedad abierta y progresista, laboratorio de experiencias de colectivismo igualitario y justicia social, es hoy un lejano recuerdo. Las tensiones económicas, los efectos perturbadores de una inmigración judía convocada por el temor a una inferioridad demográfica en todo caso inevitable, la incapacidad para generar, sustentar y explicar una estrategia de paz con los palestinos… todos esos factores y algunos más han arrinconado a amplios sectores de la sociedad israelí en ese espacio de ansiedad e impredecibilidad que se resume en la ‘gevalt’: la alarma. El miedo.

(1)    Muy recomendable la entrevista con Zeev Sternhell, historiador y referente intelectual de la izquierda israelí, que LE MONDE publicó el 14 de marzo.

(2)    Sobre las previsibles actuaciones venideras de la Autoridad Palestina, es interesante el artículo titulado “Forget the Knesset. I’ll see you at The Hague”, firmado por GRANT RUMLEY, en FOREIGN POLICY, el 12 de marzo.