UCRANIA Y GAZA: EL VALOR DE LOS MUERTOS

24 de Julio de 2014
             
Es un tópico demasiado asumido por dirigentes, informadores y público en general que los muertos en conflictos 'no valen lo mismo' (en términos propagandísticos y emocionales; y, por tanto, políticos), por mucho que todos esos agentes concilien este axioma con el latiguillo ético de que cada vida es única e irrepetible y, por tanto, todas tienen el mismo valor.
                
En este verano sangriento (evocador de otro aún más desgarrador, hace exactamente un siglo), los muertos en conflictos internacionales arrojan un peso muy diferente (en minutos, en contactos, en esfuerzos diplomáticos, humanitarios, en dedicación social). Recapitulemos, sólo para poner a punto las conciencias.
                
UCRANIA: LA BALANZA DE LAS RESPONSABILIDADES
                
El conflicto de Ucrania había quedado fuera de las portadas, a pesar de que en las últimas semanas se habían registrado más muertes, destrucción y sufrimiento que en otros momentos de la crisis (ocupación de Crimea y extensión del dominio de las milicias pro-rusas en el Este del país). La llamada 'fatiga del conflicto' no lo explica todo.
                
El 'interés informativo' da un vuelco cuando un avión malayo de pasajeros, la mayoría europeos, es destruido en vuelo por un misil tierra-aire. El acontecimiento, como es lógico, devuelve la guerra de Ucrania al centro de interés.  Este comportamiento, que es mediático pero también político, responde a mecanismos subterráneos pero ciertos.
                
La razón no estriba simplemente en que esas víctimas últimas fueran 'civiles' (también lo eran los ucranianos muertos en las últimas semanas) sino en que eran 'nuestras', es decir, occidentales y europeas en su mayoría; y, sobre todo, ajenas al conflicto: cabe decir,  inocentes. Como si no fueran inocentes la mayoría de los muertos ucranianos de las semanas anteriores (de cualquier bando), ya que nadie había contado con ellos sobre la conveniencia de acudir a las armas.
                
A medida que parece confirmarse la autoría de los 'pro-rusos', los prejuicios alimentados por la propaganda aconsejan resaltar la terrible realidad: que esas milicias no respetan nada y a nadie para lograr sus objetivos. Curiosamente, nadie reparó en lo que al final la inteligencia norteamericana ha resaltado: que la destrucción del avión malayo obedeció muy probablemente a un trágico e irreparable error, por la sencilla razón que esas muertes pesaran políticamente sobre las milicias pro-rusas. Las guerras yugoslavas nos habían ofrecido ejemplos similares de la manipulación de las víctimas en los años noventa.
                
Obviamente,  la barbaridad cometida no tiene disculpa ni justificación. Pero la reacción de los líderes de uno y otro 'bando' reflejan esa concepción oscura pero real del distinto valor de los muertos. Occidente anuncia más sanciones a Rusia. ¿Hubiera sancionado a Ucrania, si la acción hubiera partido del gobierno de Kiev? Putin responsabiliza a Ucrania por haber prolongado la guerra; es decir, por intentar recuperar el control de ese sector del país en disputa, lo que en absoluto obligaba a derribar un avión sin antes verificar su identidad. La propaganda se superpone y emborrona la naturaleza misma del conflicto.
          
GAZA: CULTURA Y PROPAGANDA
                
Tomemos ahora el ejemplo de Gaza. Los dirigentes de las potencias asisten con cierta pasividad al inicio de esta fase de la conflagración (bombardeo masivo israelí de la franja, en respuesta al lanzamiento de cohetes palestinos contra el sur de Israel, la casi totalidad de los cuales resultan interceptados por la defensa antiaérea).  En los medios, se asume esta última guerra de Gaza como un 'déjà vu'. Lo es, sin duda, aunque el momento, las circunstancias, los motivos de los actores principales y el comportamiento de los secundarios hayan modificado sustancialmente este guión y la 'película' se convierta en algo distinto de un 'remake'.
                
Los días pasan. El contador de los muertos palestinos se asemeja al de un surtidor de gasolina y el de los israelíes al gota a gota de su autóctono sistema de riego. Los líderes de Hamas enseñan sus muertos, las organizaciones humanitarias los replican, los medios elaboran cuadros atractivos para sus audiencias y la opinión pública se pregunta cuántos serán necesarios para parar la guerra. Es el comportamiento habitual en este conflicto desigual y tramposo, en el que la hipocresía es la regla general.
                
El primer muerto debería importar tanto como el setecientos, pero no es así, obviamente. Como si hubiera un umbral a partir del cual fuera exigible intentar 'hacer algo'. Lo que sea, mientras quede claro que se ha intentado. El 'turning point' (momento del giro) es el comienzo de la operación terrestre israelí. ¿Es un factor que puede elevar la cifra de víctimas? Sólo en el caso israelí, ya que sus víctimas, hasta entonces, eran cifradas con un sólo digito.
                
Se confirma la expectativa. La ofensiva israelí para acabar con la 'guerra de los topos'; es decir, cegar los túneles que las milicias palestinas emplean para sembrar muerte en  los hogares israelíes fronterizos. Los muertos israelíes superan la barrera del doble dígito en un solo día (el pasado domingo).  Se activa la distinta percepción de los muertos. En todos los bandos, incluido los supuestamente 'neutrales'.
                
La comunidad internacional intensifica unas gestiones hasta entonces al ralentí, es decir, limitadas a una propuesta de alto el fuego egipcia condenada al fracaso por la falta de credibilidad del proponente (el nuevo 'hombre fuerte' de El Cairo, hostilmente posicionado frente a Hamas).  Las escenas de dolor de familiares, amigos y compañeros de los soldados israelíes caídos comparten cabecera con la destrucción de Gaza y una condición más anónima o menos personalizada de los muertos palestinos. Salvo los niños, claro está, cuyo valor (en el sentido antes señalado) es siempre mayor.
                
Pero hay otro elemento que puede tener un impacto decisivo. Ya circulan declaraciones que conceden a Hamas una victoria psicológica por haber sido capaz de matar israelíes y no sólo 'aterrorizarlos' con cohetes. Que hayan muerto más de treinta israelíes (casi todos soldados) parece pesar más estos días para los líderes de Hamas que 'sus' setecientas victimas. Esto abona un conocido argumento propagandístico israelí: que ellos valoran más la vida que los palestinos (o los árabes, en general). Un muerto para los israelíes es ya una tragedia, dicen. El argumento israelí sigue así: a los dirigentes palestinos no les importa tanto su gente; en caso contrario, no dispararían sus cohetes desde colegios, hospitales, mezquitas o densos núcleos de población, sabiendo que exponen a la población a la inevitable y contundente réplica enemiga.
                
Es más, no ya muertos: un prisionero adquiere grado de conmoción nacional. Que tiene continuidad a la hora de gestionar la cautividad: en los intercambios, un prisionero israelí suele canjearse por decenas de palestinos. Una vez más, el distinto valor de los número  (1) .
                
En esta lógica, algo hay de cierto y mucho de falso. Cada familia palestina siente sus muertos como la mayor tragedia imaginable. Los dirigentes, ciertamente, han elevado el umbral de lo insoportable, pero no por falta de solidez de sus convicciones morales, sino por la disponibilidad y capacidad de sus recursos militares. En todo caso, caer en la tentación de presentar como un 'éxito' esta guerra por el número de víctimas infligido al 'enemigo sionista' es inaceptable.
                
A la postre, se impone una cierta levedad de los muertos. No serán ellos, por valiosos que resulten para la narrativa inmediata de unos y otros, los que decidirán la duración de conflicto y sus consecuencias. Dentro de poco, se olvidarán los muertos, todos ellos, y se impondrán la relación de fuerzas y la calibración de intereses.


(1) Para comprender algo mejor la narrativa del conflicto israelí, resulta muy estimula la lectura del libro "La lluvia amarilla", del novelista israelí, DAVID GROSSMAN, una inteligente voz crítica en su país, cada vez más capturado por una propaganda de Estado que justifica todas las perversiones de la ocupación. 
               
               


GAZA, CAMPO DE EXTERMINIO POR ANALOGÍA.

17 de Julio de 2014
                
Gaza es, ya desde hace tiempo, lo más parecido a un campo de exterminio de estos tiempos. El término no es provocador ni antisemita: el millón y medio largo de sus residentes en un territorio rectangular irregular de 40 a 50 kilómetros de largo por 11 de  ancho (aprox.) es objeto de bloqueo continuo, asfixia permanente y bombardeo periódico y sistemático. Es una gigantesca cárcel de la que no se puede salir y a la que no se puede acceder libremente. Casi un campo de concentración que diezma sistemática y cruelmente a sus residentes, que mina la credibilidad de sus líderes y destruye la estatura moral de sus carceleros asediadores.
                
Esta última crisis responde, inicialmente, a un crudo impulso de revancha, de venganza, de linchamiento. El vil secuestro y asesinato de tres estudiantes judíos de una escuela religiosa de Hebrón, en el otro sector de la Palestina ocupada/colonizada, por supuestos activistas de Hamas, provocó una reacción colérica en Israel, en dos niveles. El privado, repugnante, protagonizado por extremistas judíos, que secuestraron a un joven palestino y lo quemaron vivo, en una escalofriante versión despiadada del sacrificio ritual. El oficial, delirante aplicación de la ley del Talión, consistente en una redada de militantes islamistas y la demolición de las casas de los sospechosos.
                
A continuación, se activó el enfermizo ciclo de la acción-reacción que inutiliza cualquier tentativa racional de contener el conflicto. Hamas respondió a la dinámica represiva lanzando cohetes casi inanes sobre el sur de Israel. A su vez, el Estado israelí, irreconocible hace tiempo en sus orígenes democráticos, replica con un bombardeo de Gaza, masivo, desproporcionado, preciso o ciego según conveniencia, que acaba con líderes enemigos, pero también con sus familias o con civiles de toda edad y condición.
               
LAS LACRAS DE LA TRAGEDIA

Como en operaciones similares anteriores ('Lluvias de verano', 2006; 'Plomo endurecido', 2007; 'Pilar de defensa', 2012; ésta última, 'Margen protector', 2014), la causa inicial de la crisis queda enseguida desbordada por las lacras permanentes, cuya victima principal y casi única es una población atrapada, prácticamente indefensa y cada ya casi totalmente desesperanzada. Esas lacras son las siguientes:
                
- la violación sistemática de los acuerdos de paz de Oslo (1993).
                
- la deriva extremista, más o menos controlada, del gobierno de Israel.
                
- la inconsistencia y contradicciones del liderazgo palestino en Gaza.
               
- la parálisis de la comunidad árabe, agravada ahora por un conflicto sectario reavivado
               
- la indiferencia (por no decir hipocresía) de las principales potencias internacionales.
                
Después de dos décadas, el proceso de paz israelo-palestino está en ruinas. Apenas si ha quedado una carcasa institucional, burocrática, que sólo legitima formalmente  a las élites dirigentes, pero no ofrece soluciones a la población palestina y deja sin tranquilidad a la israelí. En Gaza se conculcan con especial saña los principios recogidos en el Tratado de paz negociado en Oslo y suscrito en septiembre de 1993 en Washington (1). La población está ‘presa’. A muchos agricultores no se les permite siquiera acceder a lugares donde tienen sus huertas y plantaciones. No pueden viajar al otro territorio palestino (Cisjordania) para procurarse un sustento. Siete de cada diez palestinos viven de la ayuda internacional. Gran parte del resto no está mucho mejor, ya que son funcionarios y empleados (más de 40.000) que llevan meses sin cobrar el salario.
                
Israel exagera notablemente el 'peligro terrorista' de Gaza para justificar una dinámica represiva innecesaria, alocada e incluso perjudicial para sus intereses a corto plazo. Esta conducta puede explicarse por dos motivos: el peso creciente del extremismo, cívico y religioso en las élites políticas y militares (2) y la ansiedad ante la evolución del contexto regional, debido al descontrol de los procesos revolucionarios y desestabilizadores en la vecindad árabe, las negociaciones entre Occidente e Irán sobre el dossier nuclear y la falta de entendimiento en éste y otros asuntos con la actual administración norteamericana.
                
Hamas se encuentra también atrapada en una contradicción insalvable: garantizar su continuidad como fuerza política, social e ideológica influyente entre la población palestina y no renegar de sus orígenes resistentes y enemigos acérrimos e irreconciliables del ocupante. El contexto regional les ha debilitado: el nuevo régimen egipcio (militar, pese a las apariencias), la ruptura con el régimen sirio por las fracturas sectarias en la zona,  y el acercamiento entre Irán (su principal protector y suministrador de armamento) y Estados Unidos colocan a Hamas entre la espada israelí y la pared ruinosa de un territorio donde han sido, hasta hace poco, dueños y señores, pese a los asedios (3). 

La reconciliación con la OLP, asentada en abril de este año, obliga a Hamas  a entregar el gobierno a un equipo de técnicos, exentos de nervio ideológico, capaz de enderezar la administración, en Gaza y en Cisjordania, y garantía de la continuidad del apoyo financiero internacional. Pero Hamas no ha sido coherente con los acordado, la aplicación de los acuerdos de reconciliación se han retrasado y la presión de las facciones ‘jihadistas’ contrarias a una evolución 'pacífica' de la resistencia palestina han terminado por hacer estallar las costuras de la formación (4). 
                
De la comunidad árabe, poco puede decirse, salvo que, atrapada en la insolvencia de sus élites dirigentes, la incompetencia de sus aparatos estatales, los viejos y nuevos desgarros internos (eclosión ahora de las amenazas sectarias), ni siquiera se muestran capaces sus dirigentes de hacer oír su voz a tiempo. Egipto, promotor de una tregua condenada de antemano al fracaso, no está en condiciones de influir notablemente en el control de la contienda, debido, entre otras cosas, a falta de credibilidad del flamante régimen.
                
Finalmente, las potencias internacionales se limitan a llamamientos bien intencionados pero ineficaces. La diplomacia norteamericana, tras el enésimo fracaso de las negociaciones de paz, está absorbida estas últimas semanas en evitar el desfondamiento de Irak; en ‘cocinar’ una 'solución' institucional en Afganistán a la amenaza de 'guerra dentro de la guerra' o conflicto interno en el bando que protege, arma y financia, frente a la interminable amenaza talibán; o en forjar un acuerdo que impida a Irán dotarse de armamento nuclear, que sea eficaz y creíble para todas las partes afectadas. Europa sostiene el aparato palestino y financia la ayuda humanitaria, manteniendo a duras penas a la población. El resto son actuaciones de trámite, palabras compungidas y, a la postre, una resignación palmaria.

(1)    BENJAMIN BARTHE. “Le compte à rebours avant la prochaine confrontation israélo-palestienne a déjà commence”. LE MONDE, 15 de Julio de 2014.

(2)    BARAK MENDELSOHN.”The Near Enemy. Why the Real Threat to Israel Isn`t in Gaza”. FOREIGN AFFAIRS, 14 DE Julio de 2014.

(3)    “Le Hamas ne cédera pas face à Israël”. Entretien avec JEAN-FRANÇOIS LEGRAIN, investigador del Institute de recherches et d’études sur le monde árabe et musulman, en LE MONDE, 9 de Julio de 2014.

(4)    INTERNATIONAL CRISIS GROUP. “Gaza e Israel: New Obstacles, New Solutions”. Middle East Briefing, nº 39, 14 de Julio de 2014.


EL 'CALIFATO' DEL SIGLO XXI: PERCEPCIONES E IMPLICACIONES

10 de Julio de 2014
                
Los frentes bélicos en Irak parecen haberse estabilizado en las dos últimas semanas. Los principales actores del conflicto se han dedicado a reorganizar sus fuerzas y renovar sus urgencias institucionales. Está pendiente la conformación de una nueva mayoría de gobierno, tras la negativa de Maliki a hacer concesiones a sunníes y kurdos y el rechazo de éstos a colaborar con la formación dominante (Al Dawa) de la mayoría chií. Los insurgentes, por su parte, han proclamado el 'Califato' en los territorios bajo su control y han modificado ligeramente su nombre: pasan a denominarse simplemente Estado Islámico (EI). (1)
                
Por su vocación y ambición, este grupo no sólo aspira a heredar la capacidad amenazante de una declinante y envejecida Al Qaeda, sino a sustituirla, a superarla, a convertirla en irrelevante o en un recuerdo. La cúpula dirigente del EI parece haber comprendido que la 'jihad', para seguir viva, necesitaba pasar de la fase de revuelta a la de consolidación. Los dos elementos estructurales que pueden garantizar esa transición son las finanzas y el aparato militar. A ellas se ha consagrado Abu Baker Al Baghdadi y su estrecho círculo de confianza.
                
Varios analistas e investigadores han rastreado recientemente lo que se conoce del funcionamiento de este grupo y casi todos ellos coinciden en que nos encontramos ante un modelo más acabado, sólido y estable de entidad revolucionaria, pero con ánimo de convertirse, como ellos mismos han declarado, en una entidad estatal o 'Califato' (2).
                
¿DESESTABILIZACIÓN REGIONAL?
                
Esta maduración de la 'jihad' no sólo apunta a establecer como organización asimilable a un 'estado' en las zonas 'liberadas' de Irak y Siria. Tiene la pretensión de extenderse por el resto de esos dos países y más allá, aseguran los analistas mencionados. Líbano y Jordania serían los dos objetivos siguientes en la lista.             
En el caso del Líbano, es bien sabido que nada de lo que ocurra en Siria puede dejar de tener consecuencias directas en el pequeño país de los cedros. La participación activa en la guerra siria de uno de los principales actores políticos libaneses, el movimiento chií Hezbollah, mediante el apoyo militar de sus unidades de élite a su protector Assad, lo convierten en un objetivo claro para el EI, representante del 'sunnismo' más intransigente.
                
Jordania representa un caso singular, por la vinculación económica y tribal que tiene este país con Irak. Aparte de consideraciones prácticas y utilitarias, recuérdese que el rey Hussein fue uno de los pocos líderes árabes que mantuvo un diálogo más o menos fluido con el derrocado Saddam Hussein durante los años de acoso occidental. Por extravagante que resultara, el monarca hachemí veía en el dictador iraquí un protector frente al otro vecino indeseable, el sirio Hafez El Assad, padre del actual presidente y fundador de la 'dinastía' alauí.
                
El EI ha manifestado su deseo de incorporar a Jordania a su 'califato', lo que se antoja más como una bravata que como una amenaza digna de tenerse en cuenta, aunque algunos analistas no descartan incursiones esporádicas (3). Por si acaso, el Estado jordano ha duplicado sus efectivos militares a lo largo de sus casi doscientos kilómetros de frontera con Irak. Es evidente que la eventualidad de una acción militar 'jihadista' contra Jordania resultaría intolerable no sólo para Washington, sino también para Israel, y sólo el riesgo de desestabilización del reino provocaría una intervención armada norteamericana (4).      
                
Pero la amenaza del EI en Jordania no debe leerse como un intento de asalto directo al poder o conquista militar, como en Siria o Irak, sino como una propagación del proselitismo jihadista local, hasta ahora más o menos contenido. En los últimos años, el nuevo rey, Abdallah, ha conseguido asimilar el malestar palestino (comunidad muy influyente y numéricamente dominante en Jordania) y canalizar los brotes democratizadores de la 'primavera árabe'. Más dificultades ha tenido en desarraigar el peligro integrista. No hay que olvidar que el jefe de Al Qaeda en Irak y auténtico jefe de la insurgencia sunní contra la presencia norteamericana en el país, Al Zarqaui, era jordano. En la actualidad, un clérigo jordano lidera el reclutamiento de combatientes para la guerra en la vecina siria (5).
                
¿MIEDO A OTRA OLEADA TERRORISTA?
                
Robin Simcox,  uno de los analistas que ha investigado al EI, considera que Occidente debe prepararse también para una próxima amenaza quizás más intensa y peligrosa que la protagonizada por Al Qaeda en la década anterior. El propio coordinador de la unidad antiterrorista de la UE, Gilles de Kerchove, estimaba como "muy probable" que el ISIS pudiera estar "preparando, entrenando y destinando a algunos de sus combatientes extranjeros para que realizaran ataques en Europa, o fuera de Europa". Simcox menciona algunos antecedentes de intentos de atentados (Glasgow, Estocolmo, Bruselas), que alcanzaría también a Estados Unidos y Canadá (6).
                
En la mayoría de estos análisis se percibe un cierto tono alarmista y quizás exagerado de la capacidad desestabilizadora de la nueva organización islamista emergente liderada por Al Baghdadi. No obstante, pueden encontrarse valoraciones más mesuradas que rebajan notablemente el alcance de la amenaza. Es el caso de otro investigador del Centro Brookings de Doha, F.Gregory Gause III, para quien, pese al daño que pueda hacer, incluida una momentánea fracturación del país, "es casi imposible" que el EI gane la guerra de Irak (7). Cuanto más que se encuentre en disposición de desestabilizar a los países vecinos.
                
En lo que todos los analistas coinciden es en afirmar la repercusión directa de la guerra sirio-irakí en el reavivamiento de las tensiones regionales, que incluye conflictos directos como el de Palestina, y pulsos latentes como el que protagonizan los dos grandes actores de la zona, Arabia Saudí e Irán.
                
No es un secreto que el trono de los Saud se encuentra más que inquieto por las consecuencias de un acuerdo nuclear de Occidente con Irán, y mucho más con una posible colaboración entre Washington y Teherán para prevenir el colapso o la partición efectiva de Irak. De hecho, aunque el EI se pueda declarar enemigo del régimen saudí (no lo ha hecho explícitamente) y Riad haya tomado medidas militares de protección suplementaria, no son pocos los que sospechan o piensan que la monarquía wahabí mantiene una relación ambivalente con círculos de apoyo de la organización 'jihadista', como lo ha hecho tradicionalmente con Al Qaeda, por mucho que sus portavoces oficiales lo hayan desmentido reiterada y ruidosamente.

(1) En el nuevo nombre, simplemente se suprimen las referencias territoriales de "Irak" y "Levante". No obstante, en este comentario seguirá citado en ocasiones como  ISIS , porque esas son las siglas en inglés de su antiguo nombre, como aparece en los artículos que se referencian.

(2) BARAK MENDELSOHN, investigador del Haverford College y del Instituto de Investigación de Política Exterior, ha diseccionado la evolución divergente de ambas organizaciones 'jihadistas' en "The rise of ISIS and the fall of Al Qaeda". FOREING AFFAIRS, 15 de Junio de 2014.

(3) CHARLES LISTER (Centro Brookings de Doha). "What will ISIS do next?". BBC, 27 de junio de 2014.

(4) DAVID ROTHKOPF. "The real red line in the Middle East. FOREING POLICY, 30 de Junio 2014.

(5) BRIAN KATULIS, MOKHTAR AWAD Y HARDIN LANG. "Gatekeeper of the Jihad". FOREIGN POLICY, 18 de Abril de 2014.

(6) ROBIN SIMCOX."ISIS' Western ambitions". FOREIGN AFFAIRS, 30 de junio de 2014.


(7) "Can Iraq survive the ISIS storm". Entrevista de Mohamed Aly Sergie a F.Gregory Gause III, en COUNCIL OF FOREIGN RELATIONS, 15 de Junio de 2014.

PALESTINA: UNA ATROCIDAD CALCULADA


                
La aparición de los cadáveres de los tres colonos adolescentes secuestrados el 12 de junio en las afueras de Hebrón (Palestina) ha desencadenado las habituales represalias del Gobierno israelí. Nada más confirmarse la tragedia, las fuerzas armadas realizaron una treintena de “precisas” operaciones  de castigo en la banda de Gaza, demolieron las casas de los dos sospechosos del secuestro y asesinato, dos palestinos (un barbero y un comerciante, en paradero desconocido desde la desaparición de los muchachos), realizaron una redada masiva y detuvieron a 400 personas militantes o simpatizantes de Hamas. Asimismo, un adolescente palestino ha sido secuestrado y asesinado, sin que de momento se conozcan las causas. Se sospecha que pudiera haber sido ajusticiado por extremistas judíos.
                
Por su intensa carga emocional, estos trágicos acontecimientos contienen todos los ingredientes para detonar una conflagración más amplia y de efectos más devastadores en Palestina. El secuestro de los muchachos a la salida de una escuela religiosa ha inflamado a los sectores más intransigentes de la sociedad y de la clase política israelí.

En los últimos años, la apuesta irresponsable y provocadora del gobierno israelí por la colonización continuada en los territorios palestinos ocupados han aislado a Israel de la comunidad internacional y, lo que resulta más grave, de su principal valedor exterior, Estados Unidos. Obama ha intentado en numerosas ocasiones que el primer ministro Netanyahu abandonara una política absolutamente incompatible con el proceso de paz. La acumulación de fracasos ha generado la mayor tensión en décadas entre Washington y Jerusalén.

El drama de estos días ha provocado una corriente de simpatía y solidaridad de la gran mayoría de la sociedad israelí por los colonos, según encuestas publicadas estos días en la prensa local. Es un fenómeno tan comprensible como seguramente efímero, ya que nunca como ahora ha estado la sociedad israelí tan escindida. Los sectores laicos, progresistas y moderadamente pacifistas están absolutamente convencidos de que la deriva extremista de Netanyahu, en parte forzada por las exigencias de sus socios ultras, pero también como fruto de sus propias convicciones cada vez más radicales , conduce al país al desastre.

La atrocidad de Hebrón y las consecuentes están cargadas de amenazas de más largo alcance. Si en el bando israelí, las tres semanas que han transcurrido entre el secuestro de los adolescentes y la aparición de los cadáveres han estado cargadas de tensión política y emocional, no menos ha ocurrido en el lado palestino.

LA UNIDAD PALESTINA, AMENAZADA

El presidente de la Autoridad Nacional, Mahmud Abbas, aparte de condenar los secuestros, se ofreció a colaborar con las fuerzas de seguridad israelí en las operaciones de rastreo y búsqueda de los muchachos. Esta decisión provocó un fuerte malestar en Hamas, que se niega a simpatizar con Israel por motivo alguno, aunque su dirección negara con rotundidad la implicación en el secuestro que le han atribuido desde un principio las autoridades israelíes.

El desencuentro palestino por este asunto es la primera carga de profundidad contra el gobierno nacional de unidad, formado recientemente, tras el histórico ‘acuerdo de reconciliación’ suscrito en abril. Aunque el ejecutivo palestino está formado en su integridad por independientes de perfil claramente técnico, con el inteligente propósito de no verse corroído por disputas políticas y/o ideológicas, la tensión entre Fatah y Hamas, las dos principales entidades políticas, puede desestabilizar en cualquier momento al gabinete del primer ministro Hamdallah´.

El presidente Abbas es consciente de que abundaban las fuerzas que intentarían boicotear la ‘unidad palestina’ desde el principio. Por eso, no ha querido dejar a Israel la mínima posibilidad de reprocharle complicidad o incluso pasividad en el caso del triple secuestro. Sus esfuerzos han sido parcialmente inútiles, porque el gobierno israelí ha despreciado la colaboración del presidente palestino con el argumento del doble juego: rechazar el terrorismo y seguir gobernando en colaboración con Hamas.

Aunque pueda resultar repugnante, lo cierto es que a Netanyahu le puede resultar políticamente rentable la tragedia de Hebrón, porque tiene un enorme potencial destructivo de la unidad palestina. Enfrentar a Fatah con Hamas es el objetivo de los líderes conservadores israelíes desde antes incluso de haberse fraguado la reconciliación. Si ya resultaba peligroso el gobierno palestino de unidad, la aceptación del mismo por Estados Unidos, con los correspondientes efectos de financiación (500 millones de dólares anuales) y reconocimiento diplomático lo convertían en insoportable.

Esta realidad, que nadie pone en duda, dispara las especulaciones sobre la autoría y motivaciones del secuestro y asesinato. Aunque los dirigentes de Hamas no hubieran ordenado secretamente la acción, no es descartable que sectores radicalizados o rebeldes de la organización, frustrados por el acuerdo con Fatah, decidieran actuar por su cuenta  y, aparte de cobrarse venganza, debilitar la unidad palestina. Sin embargo, algunos analistas israelíes (1) apuntan hacia otros presuntos responsables: Jihad Islámica, células salafistas de Al Qaeda o el Comité de resistencia popular. Todos estos grupos condenan el acuerdo de reconciliación, acusan a Hamas de entreguismo con el propósito de arrebatarle gran parte de su base social.

La debilidad de la otrora poderosa organización palestina es palpable y causa directa, precisamente, de su decisión de pactar con Fatah. La caída, hace ahora un año, del gobierno de los Hermanos Musulmanes en Egipto le colocó en una situación de extrema vulnerabilidad política y operativa. El nuevo gobierno, controlado enteramente por los militares, aunque bajo una engañosa apariencia civil y democrática, es completamente hostil a sus intereses.

En estas condiciones, Netanyahu puede sentir la tentación de aniquilar a Hamas o precipitar su regreso a posiciones radicales, lo que sería probablemente suicida y, en consecuencia, también destructivo. De momento, y aparte de las represalias señaladas, el primer ministro ha conseguido frenar los impulsos más vengativos del gobierno y aplazar la votación de ulteriores medidas, como ataques militares masivos o incremento de colonias. No ha debido pasarle desapercibido el tono de la reacción del presidente Obama, al urgir a “todas las partes a abstenerse de acciones que pudieran desestabilizar aún más la situación”.

(1) Entrevista a Shlomo Brom, ex-alto cargo militar israelí. en LE MONDE, 1 de julio de 2014.     

¿ES OBAMA RESPONSABLE DEL CAOS IRAQUÍ?

26 de Junio de 2014
                
Éste es el asunto que está generando estos días un amplio debate en medios políticos, militares, diplomáticos, académicos y ciudadanos de Estados Unidos, con un eco palpable en el mundo entero.
                
La situación en Irak es tan confusa, peligrosa e inestable que la decisión que propulsó la figura política de Barack Obama hace una década -promover activamente el final del compromiso militar norteamericano en aquel país- se ha convertido, irónicamente, en uno de los factores que mina su liderazgo actual.(1)
                
El debate está plagado de trampas, manipulaciones, confusiones y ventajismos. Sin pretender ignorar las dudas, errores, indecisiones y cálculos equivocados del presidente, hay muchas razones para afirmar que la actual crisis iraquí no es responsabilidad de Obama.
                
SALIR... PERO NO DEL TODO     
                
Los críticos de la Casa Blanca reprochan al Presidente su empeño de liquidar las guerras iniciadas por su antecesor, impulsado, según ellos, por el deseo de sacar el rédito político. En la elaboración de las críticas se eluden, con frecuencia, ciertos elementos que las desmontan. No es cierto, para empezar, que Obama, una vez elegido, decidiera el abandono rápido, completo y unilateral de Irak.
                
A lo largo de su primer mandato, y contrariamente a muchas de las cosas que ahora se leen y escuchan, Obama parecía dispuesto a mantener un contingente militar en Irak -como le ocurrió en Afganistán, aunque en este caso en mayores dimensiones-, al recibir inquietantes informes diplomáticos y de inteligencia sobre el deterioro de la situación.
                
Aunque la situación en el país hubiera mejorado en años anteriores debido al 'éxito' de las tácticas contrainsurgente del malogrado general Petreus, lo cierto es que los colaboradores diplomáticos y militares del Presidente intentaron negociar con las autoridades iraquíes el mantenimiento de una fuerza militar. Ciertamente, los militares querían no menos de 24.000 hombres pero la Casa Blanca no admitió más de 10.000.
                
Un escollo impidió que fracasara esa fórmula de presencia limitada y centrada en el apoyo formativo, logístico y de inteligencia al ejército iraquí: la oposición de Bagdad a conceder inmunidad a los soldados norteamericanos. Sólo los kurdos se mostraron dispuestos a aceptarla. Sunníes y chiíes, moderados o radicales, participantes en el gobierno o afincados en la oposición, lo rechazaron con mayor o menor contundencia. (2)
                
Sin esa garantía, Obama decidió el debate que se mantenía en su entorno entre los que se pronunciaba en favor de una retirada total y los que preconizaban que se presionara a los dirigentes locales para imponerles una presencia sin la cual se corría el riesgo de arruinar la 'estabilidad' conseguida.
                
Había otro problema interno norteamericano que impulsó a Obama a deshacerse del compromiso iraquí. Desde 2010, los republicanos se habían hecho fuertes en el Congreso y amenazaban con boicotear financieramente al gobierno. El coste que suponía mantener la dotación militar en Irak hubiera supuesto un obstáculo más para los planes de reconstrucción nacional del líder demócrata. A ello hay que sumar el relativo respiro en 2012, el año más tranquilo en Irak desde el final de la guerra. La reelección de Obama se debió muy poco a su política iraquí, pero tampoco resultó un inconveniente, como se demostró la escasa presencia del asunto en la campaña.
                
Los descontentos con la decisión presidencial -demócratas incluidos- recuerdan estos días que Obama debería haber prestado oídos a quienes advertían que la guerra en Siria (iniciada en 2011) podría desestabilizar a la postre al vecino Irak. Esos críticos consideraban que si no se apoyaba a los moderados 'pro-occidentales', los yihadistas terminarían convirtiéndose en la fuerza hegemónica de la oposición armada y estarían en condiciones de establecer su dominio en una zona que abarcaría el este de Siria y el oeste de Irak. (3)
                
Quienes el año pasado preconizaban la intervención militar en Siria para frenar/ derribar a Bashar el Asad y propiciar un cambio en Damasco) dicen ahora que de no haber sido el Presidente tan indeciso y contradictorio, no estaríamos ahora como estamos en Irak.
                
Se trata de un argumento imposible de verificar, porque en el momento en que se debatía la intervención en Siria,  la fuerza que ha emergido como dominante en el país del Tigris y el Éufrates, el Ejército Islámico de Irak y el Levante (EIIL) ya era muy influyente  y poderosa en el país vecino y no estaba claro que, sin "botas en el terreno", es decir sin una invasión en toda regla, los moderados se hubieran impuesto sobre ellos. Los que critican a Obama no defendieron nunca esa posibilidad.
                
El otro elemento crítico que se escucha estos días es la inconveniente apuesta de la actual administración por el gobierno iraquí. Algo completamente erróneo, ya que Obama ha manifestado por el primer ministro chií, Al-Maliki, la misma simpatía que por el presidente afgano: ninguna. Obama reprochaba al jefe del gobierno en Bagdad dos cosas decisivas: que no hubiera sido capaz de defender el acuerdo de inmunidad y que hubiera abandonado sus iniciales políticas de conciliación con los sunníes para entregarse a un sectarismo cada vez más peligroso como absurdo por innecesario.
                
CAMBIO DE CONDICIONES
                
En octubre, cuando ya se sentía amenazado por el resurgimiento de las milicias yihadistas, Maliki visitó la Casa Blanca y pidió ayuda militar a Estados Unidos. Obama, que conocía perfectamente la situación y estaba persuadido de que la política del gobierno iraquí había  favorecido la alianza de sunníes moderados y radicales, se mostró prudente. No atendió todas las peticiones de Maliki, sólo las más urgentes. Tampoco escucharon con simpatía los apuros del dirigente iraquí los republicanos, cuyo apoyo era decisivo para autorizar el gasto.
                
En enero, el EIIL conquista Fallujah y Ramadi, consolida y amplia sus alianzas y garantiza las condiciones para avanzar hacia el norte y diseñar una amenaza en pinza sobre Bagdad. Las solicitudes de apoyo militar a Estados Unidos se convierten en ruegos. Obama continua midiendo la dimensión del apoyo, convencido de que, sin un cambio de política, la fractura sectaria en Irak puede ser irreversible. Pero los republicanos, dominantes en el Congreso dan claras señales de no liberar los fondos para asistir al gobierno iraquí.
                
La alarmante situación actual ha forzado al Presidente norteamericano a una doble decisión: elevar el grado de apoyo militar e impulsar un cambio de gobierno en Bagdad. Obama ha optado, de momento, por destacar tres centenares de hombres que, en la práctica, actuarán de cerebros y estado mayor del ejército iraquí. Si con eso no fuera suficiente, no descarta ataques aéreos a posiciones yihadistas, con drones y aviones de combate (4). Mientras tanto, Kerry trata desesperadamente de forjar una coalición interconfesional con apoyo regional, que haga viable una nueva mayoría en el país, ponga de nuevo a los sunníes moderados en contra del EIIL y restablezca la estabilidad.
                
Visto desde la perspectiva norteamericana - y, por extensión, occidental-, el gran peligro en Irak no es solamente el triunfo del EIIL, que mejoraría sus posibilidades de conquistar Siria. Tal opción sólo sería posible inicialmente. Es impensable que Irán no interviniera, para conjurar un cerco que amenazaría su propia seguridad. Lo que precipitaría una acción mucho más directa de su rival regional, Arabia Saudí. En tal contexto de desestabilización regional, Estados Unidos no podría permanecer al margen. Este escenario es lo que mantiene obligado a Obama a "alistarse" en una guerra que siempre condenó.           


(1) Una encuesta del NEW YORK TIMES y la CBS indica que una mayoría de norteamericanos (52%) desaprueba la política exterior de Obama y su gestión de la situación en Irak.               

(2) Peter Baker, uno de los corresponsables diplomáticos del NEW YORK TIMES, ha escrito esta semana un artículo en el que sintetiza de forma muy esclarecedora la trayectoria de la política del Presidente Obama en Irak.

(3) Entre los críticos de estos días, figura un antigua integrante de la administración Obama, la Jefa de Planificación del Departamento de Estado, Anne-Marie Slaughter, que ha resumido su posición en "Don't Fight en Iraq and Ignore Syria". NEW YORK TIMES, 17 de junio de 2014.

(4) Una disección de la misión de apoyo norteamericano,  en "Obama ramps up spying  on ISIS paving the way for possible airstrikes", artículo de Shane Harris, en FOREIGN POLICY, 19 de junio de 2014.


IRAK: EL GRAN MIEDO

16 de junio de 2014
                
Un escalofrío de pánico se ha apoderado del gobierno central iraquí y de la población de confesión chií, mayoritaria en el país. Hasta hace unos días, el dominio del grupúsculo extremista sunní denominado Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) parecía confinado a la región central del país, donde ya había humillado al gobierno central, mediante una combinación de empuje militar y habilidosa política de alianzas con clanes sunníes locales.
                
Pero la toma, la semana pasada, de la ciudad norteña de Mosul disparó todas las alarmas. La ciudad, segunda del país, capital de la provincia de Nínive, se rindió a la embestida extremista sin casi oponer resistencia. Las fuerzas militares y policiales gubernamentales abandonaron sus armas, cambiaron sus uniformes por atuendos civiles y se unieron a la riada de civiles que huyeron despavoridos. En los dos días siguientes, el avance continuó hacia el sur, con la toma de la ciudad petrolera de Baiji, de Tikrit, la cuna de Saddam Hussein, y otras ciudades menores al norte de Bagdad.  
                
UN PULSO REGIONAL
                
El Estado Islámico de Irak y el Levante es un grupúsculo islamista radical desgajado de la dirección central de Al Qaeda, que les reclamaba una mayor contención. Su proyecto es constituir un 'califato' único en Irak y Siria.

Tres factores han favorecido la recuperación de este grupo ‘yihadista’ sunní: la guerra en la vecina Siria, las políticas insistentemente sectarias de los sucesivos gobiernos del político chií Nuri Al Maliki  y la retirada militar norteamericana a finales de 2011. 
                
La guerra en Siria les ha proporcionado hombres (se calcula que son unos 5.000 combatientes de distintas nacionalidades), santuario ('zonas liberadas'), arsenal (arrebatadas al ejército sirio) y recursos (incluido fuentes petroleras) para edificar y consolidar una capacidad de fuego temible. Su primer gran éxito, que propició su ‘aparición’ pública fue la victoria sobre las tropas gubernamentales sirias en la provincia de Raqqa.  A partir de entonces, el régimen sirio ha evitado una confrontación directa con ellos, lo que les ha permitido preservar efectivos y acumular fuerzas. Algunos analistas llegan a sostener que el presidente sirio ha permitido  indirectamente el auge del EIIL. Podrían aventurarse dos motivos fundamentales:

Primero, al plantear una lucha global contra el chiismo regional (los alauíes son un rama local de esa confesión), el EIIL podría provocar, como ya está ocurriendo, el fortalecimiento de la alianza entre Irán, Irak y Siria; y  para que las potencias occidentales que respaldan a la oposición armada siria se alarmen y den marcha atrás.

Segundo, si se instala la impresión de que el Estado Islámico de Irak y el Levante puede convertirse en el grupo más potente de la oposición siria, aumentaría el riesgo de una victoria extremista en Damasco y las potencias occidentales podrían replantearse su deseo de que se el régimen de Assad se derrumbe.

Esta dimensión regional es la clave para entender lo que está pasando en Irak. Dos bloque de poder se perfilan, con Irán y Arabia Saudí a la cabeza de cada uno de ellos (1).

UNA PACIENTE CONSOLIDACIÓN

El EIIL surge de los residuos de la insurgencia sunní iraquí contra la ocupación militar norteamericana. Al Zarqawi era el cabecilla de una organización asociada a Al Qaeda. Aunque era partidario de un acoso sin cuartel al ocupante, creía que algunos de sus combatientes se excedían de la raya (2)
              
Tras la caza de Al Zarqawi, en 2006, la facción más extremista de la insurgencia, bajo el mando del nuevo líder (‘emir’), conocido por Abu Bakr Al Bagdadi, se tomó tiempo para reorganizarse, con la incorporación de efectivos de otros países islámicos, a la espera de tiempos mejores. Los procedimientos contrainsurgentes del general Petreus daban resultado. Un sector amplio de las tribus centrales sunníes se había alejado de la tentación terrorista.
                
El levantamiento armado sunní contra el régimen alauí de Siria, a partir de 2011, proporcionó a los radicales sunníes iraquíes no sólo una causa para luchar, sino un santuario para proyectar el combate hacia Irak. ‘Yihadistas’ sirios, iraquíes y de otras nacionalidades constituyeron el EIIL. La política insistentemente sectaria del gobierno central iraquí, dominado por los chiíes, generó un malestar creciente de los clanes tribales sunníes y favoreció una alianza de conveniencia entre estos sectores, más bien moderados, y los combatientes radicales, aglutinados por el EIIL.

Después de varios intentos, el EIIL lanzó a comienzos de este año una gran ofensiva en el centro de Irak, que pilló parcialmente por sorpresa al gobierno central. Los ‘yihadistas’ tomaron el control de Ramadi y Fallujah, dos de las grandes ciudades de la zona, auténticas pesadillas, en su día, para los ocupantes norteamericanos.

El gobierno central reaccionó con pavor. Incapaz de dominar con sus propias fuerzas la rebelión sunní, se tragó sus palabras y pidió ayuda directa a Washington. Obama, contrario a involucrarse directamente de nuevo en Irak, después de haber mantenido frente a las presiones republicanas el calendario de retirada, se avino a reforzar el arsenal del gobierno de Al-Maliki para evitar su caída. Le proporcionó misiles Hellfire, rifles M-16 y drones de reconocimiento). No fue suficiente. Los ‘yihadistas’ perdieron Ramadi pero mantuvieron Fallujah y se sintieron con fuerza suficiente para lanzar esta operación militar, que coloca al régimen posbélico de Irak cerca del colapso.
             
En la ofensiva actual se ha fraguado otra alianza de conveniencia entre los el EIIL y antiguas milicias 'baasistas' reconstituidas. Uno de los jefes de estas últimas sería el ex-vicepresidente Izzat Ibrahim Al  Douri, único alto dirigente del régimen de Saddan Hussein (consuegro suyo, por cierto) que no pudieron capturar los norteamericanos. En contraste con la difusión de las fotos de la espeluznante ejecución de soldados iraquíes, testigos presenciales en Mosul y Tikrit aseguran que los vencedores habían adoptado una actitud conciliadora y en absoluto vengativa. Se trataría de una táctica dual: amedrentar a los soldados del gobierno y tranquilizar a los civiles para ganarse su confianza.
          
LAS BAZAS CHIÍES

Sin embargo, la mayoría chií de Irak no se hace muchas ilusiones. En su avance relámpago desde Mosul hacia el Sur, los 'yihadistas' han amenazado  Samarra, distante apenas 100 km. de Bagdad y sede de lugares santos chiíes, donde ya se registró una matanza notable hace ocho años. El pánico ha sido tan grande que el jefe religioso de los chíies, el anciano ‘ayatollah’ Alí Al-Sistani, ha hecho un llamamiento a todos los ciudadanos para que se unan al ejército iraquí en la defensa de Bagdad y otras ciudades del país. El mensaje no tiene un tono sectario, pero sólo los chiíes parecen haberlo atendido. En el sur de Bagdad, feudo chií, las milicias chiíes se han movilizado intensamente para reforzar las defensas de la capital y de ciudades como Najaf y Kerbala, sedes de los templos más emblemáticos de su confesión.
                
La situación es tan seria que Irán, el principal valedor de los chiíes iraquíes, se ha visto obligado a involucrarse más directamente en el conflicto vecino. El Jefe de la Guardia Revolucionaria, general Qasim se desplazó a Bagdad para asesorar al gobierno central iraquí y poner a su disposición algunas de sus unidades de élite. Pero ni la movilización chií, ni el respaldo comprometido de Al-Sistani, ni el apoyo militar iraní es suficiente para tranquilizar a Al-Maliki y la élite chií iraquí. No había más remedio que insistir en la solicitud de ayuda a  Estados Unidos.

EL DILEMA DE OBAMA
                
El gobierno central iraquí desea que la Casa Blanca ordene ataques aéreos, con cazas y drones, contra los ‘yihadistas’ sunníes para frenar su avance y disuadirles de la ofensiva. Obama ha estado rechazando estos requerimientos. Pero, ahora, el presidente se enfrenta a un dilema que no parece haber resuelto: sigue creyendo que involucrarse más profundamente en la guerra iraquí sería un error de enorme magnitud, pero está también convencido de que existe un riesgo muy alto de colapso del gobierno central iraquí.

La administración norteamericana siente una antipatía creciente por Al Maliki por sus políticas sectarias, que han arruinado los esfuerzos de conciliación realizados durante la ocupación. Las elecciones de hace unos meses dejaron al partido del primer ministro como el más votado, pero sin la mayoría suficiente para gobernar en solitario. La ofensiva militar 'yihadista' ha coincidido con los desesperados esfuerzos de la principal formación chií para componer una coalición parlamentaria que les asegure la continuidad en el poder. Todo indica que estos acontecimientos recientes han erosionado decisivamente su capital político.
               
No es la supervivencia de Al Maliki lo que preocupa a Obama, sino la eventual toma de poder en Bagdad de los extremistas sunníes, que convertiría la intervención militar norteamericana de 2003 en una sangrienta e insoportable paradoja. La invasión pretendía acabar con una inexistente alianza entre Bin Laden y Sadam,  y lo que habría ocurrido, once años después, sería precisamente la victoria de unos combatientes aún más radicales y sanguinarios que los seguidores del fundador de Al Qaeda.

Por esa razón, Obama está presionando a Nuri Al-Maliki para que asegure una política más sólida y duradera de inclusión, si quiere ser rescatado militarmente por Estados Unidos. Después de haber completado la retirada militar de Irak, el presidente de Estados Unidos no puede permitirse una deriva sangrienta que destruiría completamente el país. Solo un gran pacto nacional, en todo caso, muy difícil de lograr con garantías, podrá conjurar la impresión de un fracaso mayúsculo más.  


(1) Puede consultarse el desenvolvimiento de estas claves en el trabajo de SIMON HENDERSON "The battle for Iraq is a saudi war on Iran", en FOREIGN POLICY, 12 Junio de 2014.


(2) Para conocer más detalles sobre el nacimiento y consolidación del EIIL, hay dos referencias recientes de gran interés: un artículo de ANTHONY CORDESMAN, de Centro de Estudios Estratégicos de Washington, titulado “ISIS goals y posible futur gains”; y las aportaciones de BRIAN FISHMAN, un experto antiterrorista de la NEW AMERICAN FOUNDATION, en el artículo del NEW YORK TIMES del 15 de junio, titulado “Rebel’s fast strike in Iraq was years in making”. 

BRASIL: GOL EN PROPIA META

12 de Junio de 2014
Brasil comienza 'su' mundial perdiendo, sin ni siquiera haber pisado el césped, con un gol en propia meta 'marcado' por las protestas de una buena parte de la población, incluidos muchos aficionados al fútbol. Las últimas encuestas fiables indican que sólo uno de cada tres brasileños consultados estima que el Mundial de Fútbol tendrá consecuencias positivas para el país, mientras el resto teme lo contrario (1).
FUTBOL, NEGOCIOS Y POLÍTICA
Había antecedentes, claro está, de cómo un acontecimiento deportivo que levanta grandes expectativas de beneficios económicos y sociales termina convirtiéndose en una losa o una pesadilla. El ejemplo de los Juegos Olímpicos de Grecia quizás sea el más reciente.  Deporte, negocios y política -contrariamente a lo que muchos ingenuos o descuidados comentaristas deportivos sostienen- suelen ser inseparables. El fútbol es la 'única superpotencia' en el mundo del deporte. Sólo los Juegos Olímpicos rivalizan en interés.
El Mundial de Brasil ha costado ocho mil millones de euros. No todo es gasto, como se ha recordado innecesariamente. El país organizador de un evento así desencadena un proceso de inversiones de gran calado y alcance cuyos beneficios se contabilizan, en su mayor parte, más allá del acontecimiento o de las propias infraestructuras deportivas. Ese es precisamente el tipo de cálculo (o de ensoñación) de quienes tanto entusiasmo pusieron, por ejemplo, en la candidatura olímpica de Madrid en dos fallidos intentos consecutivos. 
Las Olimpiadas o los Mundiales de fútbol representan una oportunidad política para dirigentes y/o regímenes en apuros. La proyección pública es relativamente fácil de traducir en propaganda. Desde los Juegos de Berlín, en la Alemania nazi, pasando por el Mundial futbolístico de la Argentina de los generales golpistas, a la muy reciente cita invernal de Sochi, en Rusia, abundan los ejemplos. En otras ocasiones, esas magnas convocatorias deportivas sirven para promocionar un país, o simplemente para perfilarlo con más nitidez en el mapa, en un momento de especial interés (caso de Barcelona, en el emblemático año 92).
CAMBIO DE FORTUNA
En Brasil' 2014 se reunían, a priori, algunos de estos supuestos. En el momento de confirmarse la organización del campeonato, 2007, el país se encontraba en el cénit de su condición de país emergente, combinación exitosa de crecimiento económico y avance social, bajo el gobierno de Lula Da Silva, el carismático dirigente sindical que, con tesón y pragmatismo, había conseguido alcanzar la presidencia de la República cinco años antes.
La coyuntura internacional y los aciertos del gobierno hicieron posible el periodo más exitoso en la historia reciente de Brasil. No se pensó, o no se quiso pensar, que esa prosperidad, la disponibilidad de fondos públicos, el ánimo inversor y el optimismo social iban a agotarse o debilitarse tan pronto.
La aceleración del desarrollo tampoco significa, históricamente, la mejora de las condiciones de gestión, transparencia y distribución de la riqueza. La corrupción, muy extendida y profunda en numerosas zonas del planeta, adquiere dimensiones escandalosas en Brasil, forma parte de su cultura política y de su tejido social. El crecimiento económico no debilita este cáncer, sino que lo estimula, protege y expande.
En el ensayo general del Mundial que representó el año pasado la Copa Confederaciones, se dispararon las alarmas. La Presidenta Rousseff se vio castigada por las movilizaciones sociales más amplias y combativas desde la llegada de la izquierda al poder, hace más de una década. Poco importó que en una década la pobreza se hubiera reducido más que nunca antes en el país (20 millones de brasileños han dejado de ser técnicamente 'pobres'), que los programas sociales de Lula/Rousseff y el aumento continuo del salario mínimo hayan mitigado lo que el programa reformista no es capaz de solventar, o que las clases medias disfruten de servicios antes vedados. La población descontenta empezó a pedir transportes modernos, más y mejores hospitales, una educación más amplia e inclusiva.
En sólo tres semanas, la popularidad de Dilma Rousseff se redujo casi treinta puntos (del 57 al 30 por ciento). Coincidieron tres elementos negativos: la desaceleración económica (el crecimiento pasó del 7,5% en 2010 al 1% en 2012),  debido a la contracción del comercio mundial;  el aumento de los precios;  y las informaciones cada día más precisas y detalladas sobre lo que iba a costar el Mundial.
Este último factor decisivo ha sido decisivo. La demora en la ejecución de las obras es un recurso habitual de los promotores de este tipo de construcciones para inducir ansiedad en los responsables y obtener de ellos el pago indiscutido de cantidades adicionales, siquiera exorbitantes, para cumplir con unos plazos inamovibles. En Brasil, el sobrecoste ha alcanzado el 300%, sólo en la construcción de los estadios: pura delincuencia organizada. El 'evento deportivo del siglo' dejó de percibirse como un estímulo. Empezaron a perfilarse las críticas al exceso, el despilfarro, la desmesura, la desorganización, la mala planificación y la deshonestidad.
Este malestar coincidió con la eclosión de las nuevas formas sociales de protestas, menos controladas o dirigidas, más espontáneas, en términos generales, y por tanto más difícil de canalizar. Ahora se pide más porque se percibe que puede obtenerse más. El beneficio no ha sido sólo material. La izquierda ha promovido una actitud social más exigente. Por eso, tampoco es sorprendente el efecto boomerang que representa favorecer la crítica y recibirla. 
TIEMPO PARA REMONTAR
Así las cosas, Dilma Rousseff trata de hacer virtud de la necesidad. En una entrevista reciente admitía los fundamentos de la protesta: "Los servicios crecieron menos que la renta (...) las clases medias tienen más deseos, más demandas". Pero, a pesar de la frustración social, la Presidenta considera que el Mundial "ofrece la oportunidad de fortalecer la posición de Brasil en la escena mundial" (2). 
Por sus orígenes, su trayectoria y su condición de mujer, no es una entusiasta del fútbol. Pero tiene la suficiente intuición como para presumir que en Brasil no hubiera sido prudente renunciar a un Mundial, que ha sido conquistado cinco veces, siempre lejos del suelo patrio. Este año apunta a ser la gran oportunidad de enterrar la gran decepción histórica de 1950, cuando se perdió la final contra Uruguay en Maracaná.
A ello hay que sumar la "conspiración del calendario". En  octubre se celebran elecciones presidenciales y legislativas. La candidata del PT sigue siendo la favorita, en gran medida porque los candidatos alternativos (en el centro y la derecha) no terminan de resultar convincentes (3). El resultado del Mundial no será un factor despreciable en el  veredicto electoral. Si Brasil gana (no vale cualquier otro resultado), el clima de malestar se diluirá en gran parte. A los futbolistas (un grupo de desclasados, de una extracción social de miseria y una realidad actual de privilegio), les otorgarán el rango de héroes nacionales. Aunque hayan empezado el partido con un gol simbólico en contra, habrán remontado y hecho de nuevo 'realidad' ese futbolero dicho de que 'Dios es brasileiro'.
(1) "Brazilian Discontent Ahead of World Cup". PEW RESEARCH CENTER, 3 junio 2014.
(2) "Brazilian President rejects criticism over World Cup". NEW YORK TIMES, 3 junio 2014.
(3) Un buen análisis de las opciones electorales en "Brazil Ebbing Tide". MATTHEW TAYLOR. CURRENT HISTORY, Febrero 2014