LA TENAZA DEL DAESH EN MESOPOTAMIA

24 de Mayo de 2015
                
El Daesh o Estado Islámico vuelva a provocar el pánico. La conquista de Ramadi, en Irak, y de Palmyra, en Siria, y el atentado contra una mezquita de culto chií en Arabia Saudí han revertido la percepción de que esta organización estatal-terrorista se había debilitado en los últimos meses, tras la derrota en Tikrit y la pérdida de territorio bajo su control.
                
Este aparente cambio de tendencia es más psicológico que real y obedece más a la debilidad de sus adversarios que a un incremento de su fortaleza militar o material. El Daesh  combate contra dos Estados en crisis, uno al borde del colapso (Siria) y otro fracturado (Irak). Ciertamente, también contra la única superpotencia mundial (Estados Unidos), pero en este caso se trata de un combate por simulación, por así decirlo, en el que se elude, por ambas partes el choque directo y absoluto. Washington ha fijado una raya y el Daesh aprovecha con inteligencia sus márgenes de actuación sin desafiar los riesgos.
                
Esta tenaza Ramadi-Palmyra agranda la capacidad destructora del Daesh y refuerza su condición de agente amenazante de primer orden contra la 'estabilidad' de la región. No obstante, quizás la apreciación esté demasiado amplificada por el impacto del momento. La guerra de Mesopotamia es una cuestión de percepciones. En la naturaleza del Daesh (contrariamente a Al Qaeda) le es vital conquistar y controlar territorio, para afianzar su proyecto de Estado (Califato) y fortalecer sus recursos económicos y materiales. Pero también para proyectar su ambición de fuerza hegemónica, por no decir exclusiva, del islam extremista. Éste es el verdadero sentido del timing de sus dos últimos éxitos militares.
                
CONTRAOFENSIVA EN IRAK
                
El Daesh no ha conseguido estos éxitos militares en Irak porque haya aumentado notablemente su fortaleza. En realidad, había ocurrido todo lo contrario. La combinación de la presión norteamericana, sin intervenir directamente pero proporcionando valiosa información de inteligencia, y el empuje de las milicias chiíes financiadas y entrenadas por Irán le habían hecho retroceder y entregar Tikrit, la villa natal de Saddam Hussein.
                
En Ramadi no ha ocurrido eso. La ciudad es capital de la provincia iraquí de Anbar, situada al oeste de Bagdad, poblada mayoritariamente por sunníes, enormemente reticentes con el gobierno central por cuestiones sectarias. Ramadi fue, junto con Fallujah, la gran pesadilla para las tropas de Estados Unidos durante la ocupación. Pero también, posteriormente, resultó una localidad clave en la estrategia del general Petreus de cortejar a las tribus sunníes locales para desencadenar la ofensiva exitosa contra la franquicia iraquí de Al Qaeda. Hasta que la deriva sectaria del gobierno del ex-primer ministro chií Al Maliki en Bagdad hizo trizas lo conseguido y creó un caldo de cultivo de resentimiento sunní del que se aprovechado el Daesh en varios momentos desde el repliegue norteamericano.
                
El actual primer ministro iraquí, Abadi, pese a sus intenciones, no ha podido aún fortalecer un Ejército nacional liberado de inclinaciones sectarias. Las presiones de sus correligionarios chiíes, que le reprochan debilidad y le exigen que no vacile en apoyarse en las milicias, son  constantes. Washington es consciente de esta debilidad del gobierno central, pero no puede permitir que la dependencia de los irregulares chiíes consolide la influencia de Teherán en el país. Por eso, cuando se confirmó la ofensiva del Daesh sobre Ramadi, alentó a Abadi a que confiara sólo en las fuerzas del Ejército regular y en la resistencia de las tribus sunníes locales El resultado no fue el esperado. Al parecer, una tormenta de arena impidió que el apoyo aéreo norteamericano fuera lo suficientemente eficaz como para debilitar sustancialmente a los extremistas. Este encadenamiento de temores, indecisiones y circunstancias ha propiciado el triunfo del Daesh en Ramadi.
                
HACIA EL PREDOMINIO EN SIRIA
                
En Siria, la situación es distinta. Palmyra, aparte de sus riquezas arqueológicas de gran valor y belleza, es la puerta abierta al desierto oriental sirio, que conecta, al otro lado de la frontera, precisamente con la provincia iraquí de Anbar. Las informaciones que nos llegan de Palmira hacen temer que se ha asistido a una nueva ceremonia dantesca de terror, ejecuciones callejeras y venganzas terribles contra los soldados del ejército sirio derrotado, pero también contra civiles a los que los extremistas considerados cómplices o simplemente colaboradores.
                
Con la toma de Palmyra, el Daesh  ya controla la mitad del territorio sirio. Otra cuarta parte, o algo menos, está bajo dominio de otros grupos de la oposición, fundamentalmente los cercanos a Al Qaeda. El régimen sirio sólo ejerce su autoridad sobre la cuarta parte restante, pero se trata de  las grandes ciudades, excepto Alepo. No es fácil predecir cómo afectará el cambio de situación en Palmyra  en el devenir de la guerra. Assad parece muy debilitado, pero su resistencia en los principales núcleos urbanos obliga a sus enemigos a un esfuerzo militar que seguramente sobrepase sus capacidades.
                
Washington sigue los acontecimientos con cautela. De la misma forma que intenta frenar al Daesh      en Irak sin comprometerse en un esfuerzo bélico conjunto con los protegidos de Irán, evita implicarse en Siria de forma que favorezca la permanencia en el poder de Assad. Estas contradicciones, que surgen de los alineamientos reforzados en la región entre los dos polos de poder, Riad y Teherán, dificultan la influencia norteamericana y condenan a un lento desenvolvimiento de los conflictos bélicos en marcha.
                
OTRAS APARICIONES INQUIETANTES
                
La guerra de Yemen ha abierto otro frente, con consecuencias desestabilizadoras de gran alcance. Lo quiera reconocer o no, los saudíes han fracasado en su intento de derrotar a los houthies chiíes. De ello se ha aprovechado el Daesh para erigirse en defensor de los sunníes en la península arábiga. Así puede interpretarse el atentado contra la mezquita chií en el este del país. No es la primera acción sectaria de esta naturaleza. Y aunque el gobierno saudí asegura que se persigue intensamente a los autores de estos atentados, la trayectoria de oscuras complicidades con los extremistas hacen dudar de la sinceridad de sus propósitos.

                
Finalmente, en las últimas semanas también se ha incrementado la inquietud por el aparente fortalecimiento de los socios del Daesh en Libia. El grupo Ansar al-Sharia, con unos cinco mil combatientes, según algunas estimaciones, pasa por ser ya el principal grupo yihadista en el país. Italia ha dado la voz de alarma, pero en Estados Unidos no terminan de estar convencidos de que estas apreciaciones respondan a una situación real y se inclinan por considerar que es fruto de la propaganda extremista.              

INMIGRACIÓN: POCO CORAZÓN, MUCHO CÁLCULO Y DEMASIADO MÚSCULO

21 de Mayo de 2015
                
Como era de temer, el acuerdo preliminar europeo para afrontar el desafío de la inmigración, adoptado a finales de abril, ha tenido un recorrido más fluido por el sendero militar que en el tratamiento  humanitario o político. Qué decir del estratégico, donde, por su propia naturaleza de visión a largo plazo, no es previsible una pronta respuesta.
                
Siempre que se produce una catástrofe de grandes dimensiones, se acentúa la presión emocional a favor de actuaciones aparentemente más comprometidas. Pero es cuestión de tiempo que pronunciamientos y  declaraciones  solemnes se vayan disolviendo en una forma suavizada de pasividad cuando no, como ha ocurrido estos últimos días, en la manifestación abierta e indisimulada de las discrepancias.
                
El momento es delicado. Según la ONU, el fenómeno de desplazamiento de personas está alcanzado niveles históricos. Cincuenta millones de personas habían sido expulsadas de sus hogares debido a guerras o conflictos graves hasta finales de 2013. Sólo el año pasado casi un millón de seres humanos demandó asilo en un país ajeno, la cifra más alta en veinte años.


Estas últimas semanas, dos escenarios compiten en la escenificación de esta tragedia, el Mediterráneo y las aguas cálidas de Asia meridional. En el primero, las víctimas son sirios, iraquíes, libios, eritreos o nacionales de otros países africanos; en el segundo, musulmanes de la etnia Rohingya, perseguidos de forma inclemente en Birmania y rechazados de otros lugares. Unos y otros, aunque en distinta medida, parecen abocados a un destino miserable.

EL DOBLE FILO DE LAS CUOTAS DE REFUGIADOS
                
En Europa, la última polémica ha surgido por la propuesta de la Comisión sobre las cuotas de refugiados que cada país miembro debería asumir. El debate tiene ribetes obscenos. Puede entenderse el agobio de los gobiernos ante la atención necesariamente prolongada de ciudadanos expulsados o huidos de sus países, por razones económicas o políticas. Pero unos y otros deberían haber manejado sus reservas con mayor discreción. Al final, se impone una sensación deplorable de que cada cual aparta groseramente de sí esta 'carga'.
                
La propuesta de la Comisión puede ser discutible, por supuesto, y seguramente presenta algunos fallos o insuficiencias en la consideración de criterios y realidades, pero como sostiene LE MONDE, las quejas del primer ministro Valls son muy discutibles. Francia no resulta tan generosa como su tradición exigiría, aunque invoque la recepción de personas desplazadas por las guerras de Siria e Irak. Algo parecido puede aplicarse a las observaciones escuchadas en Londres, Varsovia o Madrid. Gran Bretaña cuestiona crecientemente el principio fundamental y, de hecho, ésta ha sido una de las bazas fuertes en el triunfo electoral de Cameron. A la postre, Alemania y Suecia, aunque presionados también por fuerzas antiinmigración cada vez más pujantes, mantienen el liderazgo en el esfuerzo de solidaridad (1).
                
Hace unas semanas explicábamos las razones de la incomodidad europea hacia el fenómeno de la creciente presión migratoria. No hay que responsabilizar sólo a los dirigentes. Las sociedades, o sus líderes, intérpretes o portavoces más activos, viven atrapados por contradicciones nada fáciles de resolver. No hay una mayoría social en Europa que apoye una respuesta justa, solidaria y progresista.
                
ALGUNAS CIFRAS DE LA INFAMIA
                
La ONU estima que el actual flujo de emigrantes que intenta llegar a Europa desde las costas libias sustenta una negocio de 170 millones de dólares anuales. El corresponsal en Egipto del NEW YORK TIMES, David Kirkpatrick, se desplazó recientemente a Libia y elaboró un sensacional trabajo (2) que desgranaba la contabilidad de este tráfico contemporáneo de personas. Éstas son, resumidas, las cifras de la infamia:
                
-el incierto viaje hacia la ‘prosperidad’ europea le cuesta de media a un emigrante africano unos 1.600 $ (5.000 durante los años de Gaddafi)
                
-si establecemos una media de 200 ‘pasajeros’ por esos barcos cerberianos, el ingreso para estos negreros de hoy en día asciende a unos 320.000 $.
                
-en el camino al puerto, durante el traslado en carretera, las milicias que se han adueñado del país tras la ‘revolución ‘, cobran un ‘peaje’ de unos 100 $ en cada puesto de control que franquea el autobús con los viajeros (en torno a unos veinte por vehículo).
                
-los edificios en que los negreros hacen esperar a los viajeros mientras se prepara el barco que los arroja al Mediterráneo cuestan unos 5.000 $ mensuales, más una especie de prima que se paga al casero o dueño en concepto de compensación por el riesgo de una intervención policial.
                
-los guardias que protegen estos edificios de esos riesgos y que aseguran el inicio de la partida hacia los puntos de embarque cuestan unos 20.000 $ mensuales.
                
-el flete de la embarcación que efectúa la travesía con capacidad para 250  personas se eleva a unos 80.000 $ y el bote fuera borde que traslada a los viajeros, de veinte en veinte, hasta el barco mayor cuesta no menos de 4.000 $.
                
-los honorarios de  los capitanes rondan los 7.000 $ (según nacionalidades: los hay con más o menos caché).
                
-luego están las ‘minucias’ para el recorrido: un teléfono con conexión por satélite que el capitán utilizar para avisar a la Cruz Roja cuando se llega a aguas internacionales cuesta 800 $; un chaleco salvavidas se vende por 40$.
                
-si los aspirantes a viajar no tienen la ‘suerte’ de llegar al mar, porque son detenidos por las ‘autoridades’ libias, se ven recluidos en miserables centros de retención donde son tratados literalmente como esclavos; se puede escapar de allí, siempre y cuando dispongan de entre 500 y 1.000 $, que es lo que cuesta sobornar a uno de los guardianes sin escrúpulos que los vigilan (el precio incluye toda una familia, si ése es el caso).
                
La Eunavfor Med, es decir, el dispositivo militar de persecución y destrucción de las infraestructuras mafiosas que arroja por miles y miles a los desesperados al Mediterráneo, se ha establecido con relativa rapidez. Pero no termina de verse claro que tal solución vaya a resultar efectiva, mientras Europa no incremente su capacidad de influir positivamente en el control de las crisis que expulsa a las personas de sus lugares de origen. Lo han puesto claramente de manifiesto los guardacostas italianos, que se encuentran en primera línea del drama (3). Proponen que, en vez de 'soluciones' militares de impacto se refuercen las operaciones civiles de búsqueda y rescate; es decir, que se recupere una estrategia más paciente, menos llamativa, quizás más cara (esto es dudoso), pero, a la postre más eficaz en el empeño de salvar vidas.



(1)  "Ce qui se cache derrière les quotas européens de réfugiés". LE MONDE, 17 de Mayo.

(2 ) Before dangers at sea, African migrants face perils of a lawless Lybia”. DAVID KIRPATRICK. THE NEW YORK TIMES, 27 de abril.


(3) "Italian coastguards: military action will not solve Mediterranean migrant crisis". THE GUARDIAN, 19 de mayo.

GRAN BRETAÑA: EL ENGAÑOSO TRIUNFO DE CAMERON

14 de Mayo de 2015

                
El primer ministro británico, David Cameron, disfruta estos días de su inesperado éxito por mayoría absoluta, propiciado por el sistema electoral menos equilibrado de Europa. Más que la obtención de un margen amplio para gobernar, el gran mérito de Cameron ha sido mejorar los resultados de los anteriores comicios, contrariamente a lo que es tendencia en Europa desde el comienzo de la crisis. La canciller Merkel repitió triunfo pero se debilitó y tuvo que pactar con los socialdemócratas.
                
UNA AFORTUNADA ESTRATEGIA
                
Cameron sale fortalecido de una gestión discutida, en absoluto brillante, privada de un discurso convincente, pero eficaz en el momento oportuno. El líder conservador parece haber acertado en confundir a la mayoría del electorado inglés mixtificando la estrategia laborista de conquista del poder.Cameron insistió una y otra vez durante la campaña en que Miliban pactaría con los nacionalistas escoceses para ocupar el 10 de Downing Street, poniendo así precio a la unidad nacional frente al separatismo del norte.           
                
Cameron explotó las contradicciones laboristas sin desfallecer. Prefirió recuperar los ecos del "capitalismo popular" de Margaret Thatcher y el repudio al gasto social excesivo como generador de presión fiscal, y apeló a una falsa irresponsabilidad de los laboristas en este terreno. En realidad, el laborismo asumía en su programa la necesidad de seguir recortando el déficit público, pero de forma más suave y escalonada.
                
En política, importa tanto lo que es como lo que parece. Cameron aprovechó la coincidencia de laboristas y nacionalistas escoceses en las críticas a la austeridad para explotar una discordia latente entre ambos partidos, sabiendo que uno u otro, o los dos, saldrían dañados. Y como la emergencia del SNP era palpable, la derrota del laborismo en Escocia, aún a costa de reforzar el independentismo, estaría garantizada. El patriotismo retórico de Cameron no dudó en reforzar al independentismo por motivos partidistas.
                
El líder tory no sólo ha neutralizado una victoria laborista, como pretendía, sino que ha logrado lo que ni los más optimistas en su entorno podían esperar. La mayoría absoluta le permite ordenar el juego sin molestos acomodos con los lib-dem, reducidos de nuevo a la insignificancia parlamentaria y al limbo político, en castigo a una coalición equivocada.
                
DESCONFIANZA EUROPEA         
                
Algunos analistas destacan, sin embargo, que la euforia tory por el triunfo del 7 de mayo puede pronto revelarse efímera. David Cameron dispone de un margen de siete escaños en el Parlamento. La dureza de la tarea que tiene por delante no le permite afrontar con garantías una posible rebelión de partidarios. Los motines conservadores no son extraños cuando la situación política o económica se torna complicada. Le ocurrió a la todopoderosa Thatcher y a su débil heredero Major, como antes le había sucedido al malhadado Heath.
                
El temido motín contra Cameron tiene plazo fijo: 2017, año del prometido y ahora ineludible referéndum sobre la permanencia en la Unión Europa. El primer ministro propuso esa iniciativa precisamente para sofocar una presentida erupción en el alma de los tories y limitar el crecimiento de los escépticos ya desgajados del Partido Conservador. Con esa maniobra consiguió tranquilizar las aguas en la bancada azul pero se comprometió a una apuesta arriesgada para la siguiente legislatura, en caso de renovar mandato. ¿Por cuánto tiempo? Los analistas políticos cifran en unos sesenta los diputados tories euroescépticos, más que en la legislatura anterior. La amenaza de revuelta se mantiene.

Quizás por esta razón, Camerón se está planteando adelantar el referéndum, para aprovechar el rebufo de su triunfo electoral. Pero no se ve muy bien cómo el primer ministro –cuya victoria no ha sido acogida de forma calurosa precisamente en Europa- puede conseguir arrastrar a sus socios continentales hacia esa visión insular que muy pocos comparten. La fricción registrada estos días por la nueva política migratoria es buena prueba de ello.

DOS PINZAS Y MEDIA

El otro referéndum, el de la independencia de Escocia, pudo ser neutralizado a comienzos del otoño pasado, pero también a un precio no menor: el de prometer la ampliación de las atribuciones autonómicas. Sin esa oferta de última hora, cuando las encuestas no descartaban el triunfo separatista, no puede saberse qué resultado hubiera arrojado la consulta.

La emergente dirigente nacionalista escocesa, Nicola Sturgeon, ya le ha recordado estos días a Cameron que no se conforma con la “devolución” (en nuestro lenguaje, el paquete de competencias) que los conservadores tienen preparado para aplacar las reivindicaciones de aquella parte de la debilitada Unión Jack.
                
De esta forma, Cameron se mueve entre Brexit y Scotxit, es decir, entre dos impulsos separatistas, interno y externo, que puede anegar su flamante éxito en un drama político. El líder conservador intentará explotar su brillante victoria electoral para conseguir concesiones de sus socios europeos, pero no tiene garantizado el éxito.
               
Cameron tiene que hacer muchas cuentas para reducir el déficit en 40 mil millones de euros. Sus colaboradores manejan varias propuestas para minimizar el impacto. Pero será difícil cuadrar el círculo. No podrán salvarse del todo la atención sanitaria, las pensiones, el subsidio  por desempleo y otras prestaciones sociales. El tijeretazo va a hacer sangre.
                
pesar de su derrota y de la presión del ala centrista a favor de un regreso a las tesis de Blair, no es previsible que los laboristas se inhiban o se muestren tibios ante los recortes conservadores. A esa pinza, que al menos sería de mediana presión, habrá que añadir las dos más contundentes que  aplicarán los nacionalistas escoceses: la social y la nacional o territorial. En Downing Street se acabó el tiempo del champagne.


EL GRAN ERROR ESTRATÉGICO DEL PARTIDO LABORISTA

 9 de Mayo de 2015
                
La catástrofe laborista en las elecciones británicas del 7 de mayo resulta sorprendente si se atiende a las encuestas electorales, que predecían un resultado mucho más ajustado, aunque nunca apuntaron con claridad al cambio en Downing Street.
                
Sin embargo, en el ánimo y en la maquinaria electoral de los laboristas se presentía la tragedia política como una sombra insidiosa. Los nubarrones cargados de presagios oscuros soplaban fuertemente desde el norte (Escocia) sin que la siembra realizada en el sur de Inglaterra y Gales terminara de resultar convincente. El Partido Laborista ha sido destrozado por una contradicción ideológica que se ha materializado en una hostilidad territorial.
                
LA SANGRÍA ESCOCESA
                
La oposición a la política austeridad del gobierno conservador-liberaldemócrata sólo parece haber prendido clara y rotundamente en Escocia. Pero en este territorio el giro a la izquierda no le ha servido al laborismo para capitalizar el descontento social, porque la fuerza emergente, como se esperaba, han sido los nacionalistas. El SNP no es el típico partido nacionalista de derechas, conservador, apegado a tradiciones sociales o religiosas. Aunque su gestión en el gobierno local ha sido moderada, su discurso político ha ido claramente evolucionando hacia la izquierda. No es de extrañar que desde hace años, muchos laboristas cambiaran de bando, abandonaran su partido de toda la vida y recalaran en el SNP.
                
Tras la derrota en el referéndum de independencia de septiembre, los nacionalistas no se derrumbaron ni se desanimaron. Por el contrario, emprendieron una concienzuda tarea de fortalecimiento orgánico y rearme ideológico. La militancia se ha duplicado con creces. Mientras, la confianza en los laboristas, entre trabajadores y sectores populares, disminuía.
                
Los laboristas sabían que iban a perder en Escocia. Incluso se contaba con un resultado similar al finalmente registrado. La nueva líder nacionalista escocesa, consciente de su fortaleza, ofreció reiteradamente a los laboristas un pacto para impedir un nuevo mandato conservador en Londres. Pero Miliban lo rechazó, incluso de forma intemperante, con una arrogancia que ha resultado ruinosa.
                
Algunos estrategas laboristas confiaban en que esta estrategia de rechazo del pacto con quienes siguen aspirando a romper la unión nacional podía resultar provechosa en otras regiones del país, en particular aquellas de Inglaterra donde más negativamente se han sentido las políticas de austeridad de los tories. No ha sido así. Los laboristas no han ganado a los conservadores prácticamente en ninguna de las circunscripciones en las que parecían tener opciones. Incluso han perdido algunas que parecían seguras.
                
El gran error de Miliban ha sido proclamar un discurso ideológico de giro a la izquierda, de superación del centrismo o 'nuevo laborismo' de Tony Blair y luego desplegar una estrategia de rechazo de alianza con la única fuerza progresista alternativa, el SNP, por una cuestión de unidad nacional o de nacionalismo inverso.
                
La paradoja es que fue precisamente un líder laborista, precisamente el denostado Blair, quien cambió la dinámica centralista que durante siglos había reprimido la aspiración nacionalista escocesa. Tras su aplastante victoria, en 1997, el flamante primer ministro laborista hizo uso de su amplia mayoría parlamentaria para aprobar la ley que instituyó, dos años después, un Parlamento y un Gobierno autónomos en aquel territorio. Esa iniciativa, de gran audacia política, propició la consolidación del liderazgo laborista en Escocia. No pocos dirigentes del partido eran originarios de Escocia, entre ellos el segundo de Blair y luego su rival y sucesor, Gordon Brown.       Posteriormente, las políticas económicas y sociales de tinte neoliberal  y su alianza desventurada con Bush en la guerra de Irak arruinó la popularidad de Blair en Escocia y arrastró al partido hacia la decadencia.
                
El SNP llenó el vacío político que las políticas de Blair habían creado. La independencia no se planteó sólo como una cuestión nacionalista, sino como una respuesta política frente a la austeridad y las recetas neoliberales. Los laboristas no lo entendieron o creyeron que la expresión de simpatía con la tendencia secesionista les costaría cara en el resto del país y optaron por oponerse tajantemente. Se aferraron a la opción autonomista expresada en el lema Better Togheter (Mejor juntos). Ganaron el referéndum al precio de aliarse con los conservadores.      Esa estrategia, que pareció exitosa a corto plazo porque sirvió para neutralizar el "peligro separatista", ha resultado  fatal a la postre, porque los laboristas han perdido ahora gran parte de su base social en Escocia, en beneficio de los nacionalistas.
                
Ciertamente, no puede afirmarse con rotundidad que si el Partido Laborista hubiera sido menos beligerante con la tendencia de autogobierno reforzado en Escocia habría conseguido retener parte de sus apoyos políticos y aplacar el auge nacionalista.
                
NI EL VOTO OBRERO NI EL DE LA CLASE MEDIA
                
La estrategia patriótica y la recuperación de un discurso más tradicional de izquierda no han servido para recuperar por completo la confianza del voto trabajador en el centro y sur del Reino Unido.  En efecto, muchos obreros y empleados se han sentido atraídos por el mensaje anti europeo y anti-inmigración del UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido), aunque esta opción no esté tan consolidada como en Francia con el Frente Nacional. En todo caso, los resultados son engañosos, porque aunque el partido el ultra Nigel Farage sólo haya obtenido un escaño, debido al sistema electoral mayoritario por circunscripciones pequeñas, este partido ha obtenido el 13% de los votos, no mucho menos del registro consolidado de Marine Le Pen. Por otro lado, al afianzar ese giro programático a la izquierda, el laborismo ha perdido el respaldo de ciertos sectores de las clases medias que se sintieron confortadas o más identificadas con el discurso de Blair.
                
Otros factores han influido, sin duda, en la derrota laborista. La debilidad del liderazgo de Miliban ha sido muy analizada antes y en el arranque de la campaña, pero la mayoría de los observadores creen que a medida que se acercaba la cita electoral el papel del candidato fue mejorando y sus propuestas parecían más convincentes. En todo caso, no ha sido suficiente.

                
El proceso de soul-searching, es decir, de búsqueda de la identidad ya ha comenzado. Se habla de aspirantes al liderazgo, pero sobre todo se pone el acento en la necesidad de encontrar un modelo de partido y una propuesta de gobierno que conecte de nuevo con la base social. La gran pregunta es: ¿está identificada la base social del laborismo?

GRAN BRETAÑA: EL COMPROMISO DE ED MILLIBAN

6 de Mayo de 2015

¿Habrá un giro a la izquierda en Gran Bretaña? El resultado de las elecciones es aún incierto. La diferencia que anuncian los sondeos entre los dos principales partidos -conservador y laborista- se encuentra dentro de los márgenes de error demoscópico y, por tanto, no resulta concluyente. Sin mayoría absoluta, se impondrán los pactos. Tarea ardua.
                
TRUCOS DE CAMPAÑA
                
Los tories confían en poder repetir la coalición con los liberales-demócratas, si éstos confirman la tendencia a la recuperación apuntada en la última fase de la campaña. Pero es un wishfull thinking, por dos motivos: ni siquiera la conjunción de los dos partidos asegura la mayoría parlamentaria y, aún en ese caso, tampoco está claro que el socio menor de esa coalición quiera repetir la experiencia, a la vista del tremendo desgaste sufrido en los últimos cinco años. Numerosas voces lib-dem se han pronunciado ya claramente en contra.
                
Los laboristas rechazan firmemente la coalición con los nacionalistas escoceses, pero se entiende mal cómo pueden formar gobierno, puestos que el acercamiento a los liberal-demócratas tampoco sería suficiente, incluso sumando apoyos de los verdes y otros grupos menores. El pacto entre laboristas y nacionalistas escoceses ha sido una de las armas de campaña del premier conservador Cameron para desalentar el voto a los primeros, aireando el riesgo de desgarro en la unidad nacional. El rechazo laborista a esa coalición responde al intento de desactivar esta estratégica tory. Pero lo cierto es que no hay mucha simpatía entre laboristas y nacionalistas escoceses porque compiten por segmentos electorales cercanos.
                
La nueva líder escocesa, Nicola Sturgeon, se encuentra mucho más a la izquierda que su antecesor, Alex Salmond. Pese a su desconfianza del socialismo clásico británico por su postura centralista, Sturgeon cree prioritario impedir la continuidad del neoliberalismo pálido de Cameron. Por eso, insiste en el pacto de conveniencia con los laboristas. Esta opción podría abrirse paso no en forma de coalición de gobierno, sino de apoyo parlamentario. Pero Milliban sabe que eso sería comprar inestabilidad y restar inerme ante cualquier presión escocesa.
                
La peor pesadilla de los laboristas es que los nacionalistas se lleven la gran mayoría de los 59 escaños que se juegan en Escocia. Esta parte del Reino Unido ha sido uno de sus feudos históricos, pero la emergencia nacionalista le ha ido debilitando en los últimos años. El debate sobre el referéndum de independencia fue decisivo en la decadencia laborista en Escocia. El triunfo del "no", lejos de hacer retroceder al independentismo, le abrió otros caminos.
                
UN PROGRAMA DE GOBIERNO
                
Con estas limitadas e inquietantes perspectivas, Ed Milliban ha intentado construir un propuesta electoral mucho más a la izquierda de lo que ofreció durante la década anterior el llamado "nuevo laborismo", liderado por Tony Blair. No se trata en todo caso de volver al "viejo laborismo", sino de ensayar una vía progresista sin renunciar a los principios. La propuesta laborista se 'codifica' en diez leyes que Milliban pretende desarrollar en el denominado "discurso de la Corona"; es decir, el programa del nuevo gobierno, si la Reina le encargara la misión de dirigir el país, a la vista de los resultados electorales. Estos son los asuntos más relevantes:
                
- Una nueva ley sanitaria que desmonte los recortes y las reformas restrictivas de los conservadores (éste quizás haya sido el asunto de mayor peso en la campaña).
                
- Un nuevo código fiscal que revierte los privilegios otorgados por Cameron a las grandes fortunas (incremento de cinco puntos en la presión impositiva) y los beneficios del capital, tras un periodo de incremento de la desigualdad sólo comparable al periodo thatcherista (Gran Bretaña es hoy el país desarrollado más desigual del mundo, junto con Estados Unidos).
                
- Una reforma energética que modifica la regulación del mercado e incluye la congelación de precios.
                
- Una apuesta por la ampliación de oportunidades educativas, que establece la reducción de las tasas universitarias en un 33%.
                
- Una política laboral más favorable a los intereses de los trabajadores, con el aumento del salario mínimo. En términos reales, los salarios han disminuido todos los años desde 2010.
                
- Un giro completo en la política de inmigración, en el que prevalece la integración y la protección de los más vulnerables y no actuaciones de rechazo o repulsión.
               
- Una batería de medidas de protección y promoción social, al más clásico estilo social-demócrata, pero sin excesos, ya que se afirma el principio de la "responsabilidad fiscal" y la garantía de control del gasto público, que ejercerá una Oficina presupuestaria del Parlamento (los laboristas plantean recortes de sólo mil millones de libras, frente a los doce mil millones que prometen los conservadores).
                
- Una política exterior que rompe con el "aislacionismo" tory y afirma un nuevo liderazgo británico comprometido con Europa, frente a un Cameron atrapado por la promesa de someter a referéndum la permanencia en la Unión, para apaciguar a su ala eurófoba.
                
UNA NECESARIA CAUTELA
                
Milliban, apodado hace años el "rojo" por sus enfrentamientos públicos con el "nuevo laborismo", cree poder liderar este giro a la izquierda en el laborismo, pese a que las dudas sobre la fortaleza de su liderazgo no han sido despejadas. Durante la campaña, y en los meses anteriores, ha protagonizado un marcado contraste de posiciones con sectores empresariales y financieros a los que se había acercado su partido en la década anterior, durante el mandato de Tony Blair. De hecho, la financiación de los laboristas se ha visto perjudicada por este motivo. Los sindicatos han recuperado el puesto de contribuyentes principales del partido.
                
No está claro ni que Milliban pueda pronunciar "el discurso de la Corona", ni que, aún en ese caso pueda aplicar este programa de tintes keynesianos. La experiencia francesa, aunque con rasgos, referencias culturales y planteamientos diferentes, aconseja prudencia y rebaja las expectativas. En todo caso, el alejamiento definitivo de los años blairistas otorga a los laboristas un crédito progresista. Los pactos post-electorales determinarán el verdadero alcance del prometido giro a la izquierda.

                               

ARABIA SAUDÍ: EL 'VIAJE AL FUTURO' Y LA TRAMPA DE YEMEN

3 de Mayo de 2015
                
El 'nuevo' rey saudí ha dado un aparente golpe de autoridad, ha roto la línea sucesoria y ha promocionado a los principales puestos de mando del Estado-familia a dos de los exponentes de la 'nueva' generación. Por primera vez, el heredero y el heredero del heredero no serán ya hijos del patriarca Abdulazziz. El último hijo que quedaba vivo, el príncipe Muqrin, ha sido desplazado. Ya no será el último bin Abdelazziz que reinará. Con el actual monarca, Salman, se cerrará la primera generación de herederos.
                
El desplazamiento de Muqrin puede obedecer a varias causas, no necesariamente contradictorias entre ellas. El último hijo de Abdelazziz no es sudairi,  es decir, no es hijo de la favorita del fundador, sino de una esclava yemení que supo hacerse su sitio en el harem de la Corte. Durante decenios, los sudairis han ejercido una cierta hegemonía, pero no absoluta. Por ejemplo, el anterior monarca, Abdallah, tampoco era sudairi, pero supo ejercer su derecho al trono y luego su mandato con autoridad contrastada.  Salman, el último sudairi en el trono, no ha respetado la voluntad en vida de su antecesor y se ha desprendido de Muqrin. Esta lucha palaciega entre clanes familiares puede haber influido en el desbaratamiento del orden sucesorio establecido. Pero otros analistas apuestan por motivos más prácticos.
                
LOS DOS MOHAMMED
                
Al abrir paso anticipadamente a los hijos de los hijos, a los nietos, Salman, ya casi octogenario, procede a un relevo generacional que las circunstancias supuestamente demandan. Los dos promovidos, Mohammed Bin Nayef y Mohammed Bin Salman, primos entre sí, son de la rama sudairi, por supuesto. Pero más importante que sus orígenes familiares maternos es que gozan de fuertes anclajes en la estructura de poder saudí. Otro cambio sonado es la jubilación del ministro de exteriores, Saud Al Faisal, cuatro décadas en el cargo, y el ascenso del actual embajador en Washington, Al Jubeir, externo a la familia saudí.
                
Bin Nayef ha sido nombrado heredero primero, es decir, sería el siguiente Rey, a la muerte de Salmán, su tío. Heredó de su padre, el sudairi Nayef, el mando de las fuerzas de seguridad e inteligencia. Mantiene excelentes relaciones con Estados Unidos. Se le considera un duro en los asuntos antiterroristas. Pasa por ser el hombre fuerte de la cúspide de poder saudí. Su elección no ha sido una sorpresa. Su perfil y el de Salman pueden reflejar cierta contradicción, ya que el rey actual es conocido por su orientación ultraconservadora, muy apegado a la tradición wahabbi (la corriente saudí del islam, rigorista), pero sobre todo protector de ciertas organizaciones caritativas a las que se han atribuidos conexiones con núcleos cercanos a Al Qaeda en el pasado. Esta duplicidad no es extraña en el universo saudí.
                
Bin Salman, el primogénito del rey, ha experimentado un ascenso meteórico. Fué una sorpresa su promoción al Ministerio de Defensa y al frente de importantes comisiones económicas y sociales, cuando su padre accedió al trono. Ahora, con el desplazamiento de Muqrin, se convierte en el heredero del heredero. Entre sus primeras responsabilidades de importancia, sin duda, destaca el pilotaje de la operación militar saudí en Yemen. Si esta aventura saliera bien, se consolidaría su posición en la estructura de poder estatal-familiar. Pero, de momento, tal resultado positivo no parece garantizado, ni mucho menos.
                
LA INCIERTA AVENTURA EN YEMEN
                
Yemen, por el contrario, puede convertirse en una pesadilla para la familia real. Las palabras amenazantes de Suleiman, el temido general iraní que manda la Guardia de la Revolución, el cuerpo pretoriano de los ayatollahs, en las que afirmaba que Yemen anuncia la decadencia y derrumbamiento de Arabia, ha sonado a muchos como el anuncio de una confrontación más directa entre las dos gran potencias regionales.
                
Lo cierto es que no resulta convincente la estrategia que supuestamente el joven Bin Salman habría aplicado en el vecino país. El apoyo al depuesto Presidente Hadi no ha resultado suficiente para hacer retroceder a los houthis, que siguen una línea local del chiismo y, por tanto, cuentan con la simpatía y el apoyo material de Irán. Los rebeldes son una etnia resistente y profundamente enraizada en el país, lejos de la imagen de agentes exteriores como Riad quiere hacer creer. La alianza de los houthis con el anterior presidente, Saleh, sunní, responde a necesidades pragmáticas de ambas partes.
                
El mando saudí anunció la detención de los bombardeos hace más de una semana. Oficialmente, se habían logrado los objetivos propuestos. Pero sobre el terreno, nada de eso podía confirmarse. Pese a la potencia de fuego empleada, los houthis mantenían el cerco a Aden, la segunda ciudad del país. La pausa pareció provocada, más bien, por las presiones de la Casa Blanca, ante la pavorosa situación humanitaria en Yemen. Los mil muertos y 300.000 de desplazados, el colapso de los servicios básicos, incluidos los sanitarios, la falta de alimentos y medicinas y el desamparo de millones de personas obligaron a suspender los bombardeos. Sin embargo, sólo días después, los saudíes volvieron a la carga, quizás temerosos de que sus rivales pudieran aprovechar la tregua para mejorar sus posiciones. La Cruz Roja Internacional y otras organizaciones no se cansan de advertir de la catastrófica situación humanitaria.
                
A mediados de mayo, Obama ha convocado en Camp David una cumbre con las monarquías petroleras del Golfo Pérsico para redefinir una alianza de décadas. El acuerdo nuclear con Irán y un eventual acercamiento posterior entre Washington y Teherán (que algunos jeques ya dan por hecho) es el principal asunto de una agenda que no se ha cerrado. El presidente tratará de aplacar inquietudes y tensiones, pero necesitará de algo más que promesas para conseguirlo. El apoyo brindado a Arabia en la operación de Yemen va en esa misma línea de amortiguar los resquemores ante el acercamiento a Irán. A Obama no parece convencerle esa última guerra regional, pero no podía permanecer completamente al margen, debido a la implicación iraní, en todo caso, muy exagerada por los saudíes para forzar una reacción de Washington favorable a sus intereses. El presidente norteamericano podría contentar un poco más a los jeques, abriéndoles el bazar de las armas. Una 'golosina' letal con la que aliviar el pánico a Irán. La veterana corresponsal en el Pentágono del NEW YORK TIMES, Helene Cooper, cree que podrían acceder a la nueva vedette de la tienda, el supersofisticado F-35. Eso sí, tres años después de que lo adquiriera Israel, por aquello de la ventaja estratégica.

                
El complicado tablero regional podría, pues, originar peligros severos en este viaje al futuro que se ha iniciado en la corte saudí. La aventura exterior puede hacer naufragar el relevo generacional, desprestigiar a uno de los dos protagonistas del futuro (o a los dos) y hacer parcialmente realidad el mal de ojo del gran enemigo iraní.

BALTIMORE: LA FORMA DOMÉSTICA DEL ‘TERRORISMO’

30 de abril de 2015
                
Después del enésimo estallido de violencia urbana por motivaciones policiales, raciales y/o  sociales, en este último caso en la explosiva ciudad portuaria de Baltimore, el Presidente Obama pidió a la nación un “examen de conciencia” sobre las causas profundas de esta lacra.
                
Tal empeño nunca se cumplirá o, en el mejor de los casos, no valdrá para nada. Lo más tremendo del asunto es que a nadie mínimamente informado le ha podido sorprender ni mínimamente lo ocurrido.
                
Hay cientos casos como el de Baltimore en los Estados Unidos, pero esta ciudad del estado de Maryland tiene además sobre sí el haber sido magistralmente expuesta en la serie THE WIRE, una de las favoritas del Presidente, precisamente por todos esos factores que la han llevado estos días a las portadas noticiosas. Esta producción televisiva presentaba un paraíso de estupefacientes, de narcotraficantes arrogantes, de fortunas ilegales lavadas, de policías corruptos o directamente criminales, de políticos pervertidos, de periodistas descuidados o comprados, de ciudadanos desengañados y cínicos.
                
Para que se produjera un estallido de violencia en la ciudad sólo hacía falta una “chispa”, dice el corresponsal de LE MONDE (1). En realidad, chispas saltan a diario. Lo que desencadena el infierno es que esa chispa sea transmitida. Y para eso ya no es preciso una cámara profesional de televisión: con el video escuálido de un teléfono móvil es más que suficiente.
                
Los últimos disturbios con motivaciones policiales/raciales/ sociales (Ferguson, North Charleston, Baltimore) pueden dar una sensación de que el problema se ha agravado, que hay una degradación de las prácticas policiales, un empeoramiento de la convivencia. No parece ser así. Obama lo dijo certeramente el otro día: lo que ocurre no es “nuevo”, se ha estando gestando durante mucho tiempo, es casi imposible que no enseñe la cara de vez en cuando. Una chispa propalada por cualquier medio electrónico es el principio del caos.
                
Con respecto a la brutalidad policial, los antecedentes de Baltimore son pavorosos. THE WIRE no descubrió nada: lo enseñó al país y al mundo. Un diario local, THE BALTIMORE SUN, publicó en otoño pasado unas cifras escalofriantes sobre la conducta de las fuerzas locales de seguridad. En los últimos cuatro años, se han producido un centenar de sentencias o resoluciones judiciales condenatorias de la policía por malos tratos, brutalidad y violación de derechos civiles.  El catálogo de consecuencias es pavoroso: huesos quebrados, órganos dañados, traumas cerebrales e incluso fallecimientos (2).
                
Esta realidad, apabullante en Baltimore, encuentra réplica en otros muchos lugares de del país.  El Departamento de Justicia ha abierto 21 expedientes de investigación por presuntas conductas delictivas de cuerpos de policía local y en quince de ellos se ha visto obligado a establecer programas pactados de reformas. Pero como han denunciado numerosas publicaciones progresistas e incluso moderadas en Estados Unidos, no existe la voluntad política suficiente o los recursos no parecen los adecuados para conseguir resultados de forma más rápida y contundente.
                
Para entender lo ocurrido, conviene combinar la perspectiva racial con la social. La realidad de estos suburbios urbanos norteamericanos no distan mucho de la de algunos europeos donde se agolpan inmigrantes y marginales. La capacidad (y en algunos casos, la voluntad) de las autoridades no son muy diferentes a uno y otro lado del Atlántico. La cuestión racial es decisiva pero no exclusiva. Como sostiene un periodista de la radio pública norteamericana, de gran calidad, esta explosión de Baltimore es más un conflicto de clase que un conflicto racial, porque la policía y el Ayuntamiento están dirigidos por negros (3).

Muy cierto. No obstante, un reciente estudio titulado “Beyond Discrimination: Racial Inequality in a post-racist Era” (4) analiza el peso de las instituciones  en la conformidad de una mentalidad discriminatoria incluso sin pretenderlo directamente. Uno de autores es o ha sido un alto responsable de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad John Hopkins, una de de los orgullos de Baltimore, de esas joyas que apenas si aparecen citadas de pasada en el sórdido mundo real que magistralmente retrató THE WIRE.
                
EL PELIGRO ESTÁ EN CASA
                
En un país durante años traumatizado por un atentado, cuya gravedad, indiscutible, fue desproporcionadamente amplificada por un impacto visual directo y un tratamiento mediático y político desbocado, la violencia cotidiana transcurre con increíble normalidad.
                
El principal enemigo de Estados Unidos no es exterior, en este momento, el ‘terrorismo yihadista”, como propalan políticos, especialistas y medios más o menos cómplices de un sistema de propaganda engañoso. El terrorismo que vive cada día el norteamericano medio (aunque ‘técnicamente’ no adquiera tal nombre) habla inglés, consume hamburguesas, se divierte en el fútbol o en el béisbol y reza en las iglesias. Y, en muchos de los casos, viste uniforme pagado por los contribuyentes.
                
La apelación a la calma después de conocerse el último episodio de  bestialidad policial en Baltimore (el joven fallecido tenía rota el 80% de su columna, unos daños que no pueden ocasionarse sin un maltrato descontrolado) es una reacción lógica, necesaria y sensata. Pero no debe extrañarnos su futilidad. Los espasmos de revancha perjudican sobre todo a la comunidad afro-americana más pobre porque consolida visiones prejuiciosas no sólo sobre su conducta en un momento y un lugar concretos, sino acerca de su “naturaleza” o "condición".

                
En lo visto estos días, hay otros elementos secundarios pero también inquietantes. En particular, el tratamiento de heroína que le he dado la prensa sensacionalista a la madre que golpea a su hijo en público para llevarlo a casa, después de haberlo visto en televisión participando en los disturbios. El diario NEW YORK POST, del magnate Murdoch no tuvo empacho en titular que  mejor que la Guardia Nacional, lo que habría que desplegar son estas madres. Al cabo, otra forma de hacer apología de una violencia familiar, de baja intensidad. Se manipula sin escrúpulos el enfado o el nerviosismo de una madre para presentarlo como un ejemplo de firmeza. Por supuesto, las causas que originan los disturbios quedan minimizadas.