28 de enero de 2026
Europa
está empeñada en su particular pivot to Asia (giro hacia Asia), término
que empleó Obama al comienzo de su mandato para indicar un cambio estratégico
de preferencias en la política exterior y económica de los Estados Unidos. Para
el primer presidente afroamericano, Europa seguía siendo un aliado valioso y
esencial para el mantenimiento del orden liberal internacional, pero dejaría
pronto de ser la joya de la corona del sistema de alianzas creado durante y
después de II Guerra Mundial.
En
apenas tres lustros ese pivot to Asia se ha quedado parcialmente
detenido, pero no debido a una vuelta a la apuesta preferencial europea de
Estados Unidos, sino por la confusa visión de Trump que algunos asimilan al
arcaico sistema de competencia entre las grandes potencias (great-power
competition).
Europa
tiene miedo de Estados Unidos. O esa es al menos la percepción en medios
políticos, diplomáticos y estratégicos. A la espera de un restablecimiento de
la normalidad en la era post-Trump, el liderazgo europeo parece decidido a
adoptar decisiones a largo plazo que preserven los intereses generales de
Europa. O de las élites que gestionan el futuro de Europa.
Más
fácil proclamarlo para tranquilizar los ánimos que hacerlo efectivo, debido al
alto grado de dependencia de Europa con respecto a Estados Unidos en sectores
clave del poderío internacional: militar, comercial, energético, tecnológico,
etc.
LA
DEPENDENCIA EUROPEA DE EEUU
Con
motivo de la crisis artificial de Groenlandia, aún lejos de estar resuelta, el diario
francés LE MONDE publicó un largo y documentado informe sobre las claves de la
debilidad europea en un hipotético pulso recrudecido con Estados Unidos (1).
Las cifras resultan más que inquietantes. Condensamos las más significativas:
-
la tasa de dependencia armamentística supera el 50% y se acerca al 66% si se
excluye a Francia, el país europeo con el sistema de armamento propio más
potente.
-
las importaciones de armamento en Europa han aumentado un 155% en el periodo
2020-2024, con respecto a los cinco años anteriores; más de la mitad de ese
montante (53%) procedieron de Estados Unidos, en gran parte debido a la guerra
de Ucrania.
-
el acceso al Espacio y la vigilancia espacial europea depende en un 90% de los
datos suministrados por el Comando militar espacial de Estados Unidos; la
dependencia de la compañía, Starlink, es completa, como se ha comprobado en la
guerra de Ucrania.
-
11 de los 21 cables submarinos que conectan ambos lados del Atlántico
pertenecen a actores norteamericanos.
-
las compañías de servicios digitales de EEUU absorben el 83% de los 265 mil millones
de € anuales, gastados en software y la nube de uso profesional en
Europa.
-
en materia de energía, el Gas natural licuado (GNL) de Estados Unidos ha
sustituido al gas ruso en al aprovisionamiento europeo; ya supone el 60% de las
importaciones europeas y, si no hay alteraciones dramáticas, alcanzará el 80%
en tanto sólo tres o cuatro años (otro factor esperable de la guerra económica
contra Rusia).
-
el sistema de pagos internacional, por tarjetas y en línea, también deja a
Europa a merced de Estados Unidos: VISA y Mastercard aseguran más del 60% de
las compras con dinero de plástico de los europeos y Pay Pal, Google Pay,
Amazon Pay y AliPay dominan las transacciones en línea.
Este
arsenal de datos ofrece un panorama desalentador, en caso de que el actual
clima de acritud en las relaciones
transatlánticas empeore aún más; y aunque no
llegara la sangre al río, la capacidad de presión/extorsión de una
administración imprevisible no es desdeñable.
Por
eso, Europa pretende profundizar en vías alternativas hacia el Este lejano,
zona del mundo con mayor dinamismo económico. Al final de ese movimiento
oriental se encuentra China, la superpotencia en ciernes, el desafío más
importante para el orden liberal occidental, antes de que Trump lo pusiera
patas arriba.
En
este giro se han incorporado Canadá, el país de la OTAN más expuesto por el
cambio de vientos en su vecino del sur. El discurso de su premier, Mark
Carney, en el foro de Davos quizás sea algún día comparado, mutatis mutandis,
con el famoso discurso de Churchill en la Universidad de Missouri, en 1946,
cuando pronunciara aquel famoso vaticinio del telón de acero.
Carney
dijo lo que muchos colegas suyos occidentales llevan en la punta de la lengua y
sólo dejan que se les escape a cuentagotas: el orden que ha organizado el mundo
y la hegemonía occidental en las últimas ocho décadas ha terminado, es hora de
construir un nuevo sistema multipolar que no gravite en torno a la órbita hegemónica
de los Estados Unidos (2). Carney llegaba a esa tribuna sagrada del pensamiento liberal procedente de China
donde había suscrito una serie de acuerdos comerciales y de inversión, aún muy
modestos en cifras, pero ambiciosos en propósitos.
Otros
dirigentes europeos han hecho el viejo camino de Marco Polo, con espíritu
similar y objetivos aún más amplios. La cooperación occidental en la contención
del creciente poderío chino ha saltado por los aires y se impone una dinámica
europea, a la que está asociada Canadá, pero sin ataduras políticas o
institucionales.
Con
sus visitas a Pekín, Macron, Merz y Starmer, las primeras espadas del
nuevo directorio informal europeo (E3), han empezado el año intentando recomponer
las relaciones con el gigante asiático sobre bases puramente pragmáticas. No se
pretenden cambios geoestratégicos dramáticos, pero si asegurarse una pacífica y
hasta fructífera rivalidad.
LA
CARTA INDIA
En
este giro hacia Asia, Europa ya ha cimentado acuerdos comerciales con Indonesia,
Japón, Malasia o Filipinas. Pero la estación más significativa es la India, una
potencia que muy pronto desbancará a la nipona como cuarta economía mundial
(después de EE.UU, China y Alemania) y aspira a convertirse en actor esencial
de un nuevo equilibrio internacional.
La
visita que esta semana han realizado dirigentes comunitarios europeos (Ursula Von
der Leyen y Antonio Costa) ha consagrado un acuerdo de reducción casi total de
las tarifas comerciales que ahorrará 4 mil millones de € anuales y otros
compromisos de cooperación económica que llevaban veinte años en la cocina de
las negociaciones técnicas. En el sector
del automóvil los aranceles bajarán del 110% al 10% para una cuota de 250.000
vehículos (3).
La
dimensión en términos cuantitativos de este nuevo eje es menor. En la
actualidad, India es sólo el noveno socio comercial de la UE, con sólo un 2,4% del
total de los intercambios comunitarios, frente al 17,3% con EE.UU y el 14,6%
con China. Con un valor total de 50 mil millones de dólares, las exportaciones
europeas a la India son equivalentes a las dirigidas hacia los países
latinoamericanos del Mercosur, con los que se acaba de cerrar también un
trabajoso y polémico acuerdo de libre cambio relativo.
Para
la India, el alcance y las dimensiones de esta iniciativa estratégica es mucho
más importante. En 2024, el valor de sus exportaciones de bienes y servicios a
la UE (105 mil millones de €) fué similar al de las ventas a Estados Unidos
(129 mil millones de €). En todo caso, no estamos ante un liberalización sin
limitaciones. Hay muchos sectores que seguirán sometidos a ciertas limitaciones
normativas proteccionistas.
Aunque
la expresión de Von der Leyen (“este es la madre de todos los acuerdos”) suene
un tanto hiperbólica, al gusto de Trump, no se puede minimizar su alcance. El
comercio India-UE representa el tercio de los intercambios mundiales, las economías
de ambas partes reúnen el 25% del PIB mundial y sus poblaciones suman 2 mil
millones de personas (4).
Más
allá del campo estrictamente comercial y económico, India y la UE “intentan
preservar su autonomía estratégica como actores secundarios en sus respectivas
esferas, India vs. China en el Indo-Pacífico y Europa vs América en el
Atlántico”, dice el especialista de la Chatham House británica (5).
Nueva
Delhi contempla esta nueva iniciativa exterior como una ampliación de su
estrategia de diversificación en la que lleva tiempo empeñado. Durante décadas,
la URSS y luego Rusia fueron los principales clientes de la India. Ésta se
abastecía de petróleo, gas y armamento rusos y vendía productos manufacturados,
tecnología digital y servicios ofimáticos.
Estados
Unidos aprovechó el cambio político arrastrado por la liberalización de los
primeros años noventa para meter una cuña entre Delhi y Moscú y ofrecer a la
nueva generación de dirigentes ultranacionalistas indios de este siglo la
atractiva cooperación en materia nuclear y de seguridad. Trump ha alterado los
términos del acercamiento, con su política mercantilista de tarifas
intimidatorias. A India le impuso un 25% complementario por continuar comprando
petróleo ruso. Pero los imperativos estratégicos y la afinidad ideológica con
el nacionalismo autoritario de Modi mantienen abiertos los cauces de diálogo y
colaboración (5).
India
se ha movido entre Rusia y Estados Unidos como pivotes de apoyo frente a Pekín.
Pero la modificación de los tiempos y al acercamiento ruso-chino ante la
asertividad de Estados Unidos ha estimulado esta apertura de India fuera de la
región Indo-Pacífico.
Esto
no quiere decir que el nacionalismo indio pretenda romper con Moscú, Por el
contrario, como se ha visto en los últimos años, el nacionalismo autoritario en
ambas potencias ha permitido mantener los ámbitos de cooperación, como se ha
visto en la elusión india de las sanciones norteamericanas a Moscú por la
guerra de Ucrania. Las diferencias políticas y de valores y los reproches por las
tradicionales conexiones indias con Rusia (energéticas y militares) quedan
opacadas por la necesidad de este pivot to Asia europeo.
NOTAS
(1) “De la défense aux
systèmes de paiement, les multiples dépendances de l’Europe à l’égard des
Etats-Unis”. LE MONDE, 24 de enero.
(2) “Canada Flexes on Global Stage With an Eye to Its
Own Survival”. MARTINA STEVIS-GRIDNEFF & IAN AUSTEN. THE NEW YORK TIMES,
20 de enero.
(3) https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/en/qanda_26_185
(4) “India,
EU clinch long-delayed trade deal”. FOREIGN POLICY, 27 de enero.
(5) “Europe is aiming to sign a long-awaited
free-trade deal with India”. THE ECONOMIST, 25 de enero.
(6) “America Must Salvage Its Relationship With India.
Or risk losing a global swing state”. RICHARD FONTAINE. FOREIGN AFFAIRS, 16
de enero.
