4 de febrero de 2026
Desde su llegada al poder hace trece años, el máximo (y único) líder chino, Xi Jinping, ha demostrado que no le tiembla el pulso a la hora de purgar y supuestamente sanear los aparatos del Estado o más bien eliminar políticamente a sus rivales. En las sucesivas destituciones, reestructuraciones y promociones nunca se ha sabido bien si se trata de eliminar la corrupción y mejorar la eficiencia de la administración (discurso oficial) o de desembarazarse de potenciales enemigos políticos, ante su intención de convertirse en líder vitalicio, como Mao.
La
última purga ha sido sonada. Xi ha puesto bajo investigación al general Zhang
Youxia, que hasta ahora era su mano derecha en la Comisión Militar Central del
Partido Comunista. Este organismo es más poderoso de lo que su denominación da
a entender. De hecho, Deng Xiao Ping dirigió desde ahí el cambio de rumbo de
China, a finales de los 70, después de las purgas que acabaron con los maoístas
(la denominada “banda los cuatro”) que pretendían prolongar la herencia del
fundador del nuevo Estado.
La
caída de Zhang es tanto más llamativa cuanto que era amigo personal de Xi.
Ambos pertenecen a la dinastía de los ‘príncipes rojos’, es decir, hijos de
veteranos combatientes de la Revolución y la “larga marcha”. Además, el ahora
defenestrado general era el único de los militares en la cúspide de las Fuerzas
Armadas que atesoraba experiencia de combate: en la guerra contra Vietnam
(1979) y posteriores campañas fronterizas (1984).
La
sensación dominante en el círculo de reputados analistas es que la caída de
Zhang es la culminación de la tercera fase de purgas de Xi en el Ejército, que
han acabado con la carrera profesional (y en algunos casos con la libertad) de
un centenar del altos cargos militares. La última fase se inició en 2023, con
motivo del Congreso del Partido: desde entonces más de 60 jefes, oficiales y
altos responsables de la industria de Defensa han sido eviscerados. Sólo el año
pasado, casi un millón de militares han sido objetos de sanciones
disciplinarias.
POR
QUÉ LA PURGA?
Los
expertos le dan vuelta a los motivos que han provocado esta decisión de largo
alcance del Presidente chino. Hay cuatro teorías principales, no excluyentes
entre sí:
a)
Lucha contra la corrupción (línea oficial). No es descartable, aunque opere
como cajón de sastre y cortina de humo para enmascarar conflictos políticos
internos. Zhang había sido director del Departamento de Desarrollo
armamentístico, muy afectado por corruptelas desde hace tiempo; como
consecuencia de estas malas prácticas, las ventas de los ocho productores
chinos de armas habían descendido un 10% en 2024. Se sabe que desde 2007 hasta
la llegada al poder de Xi, en 2012, la CIA sobornó a buen número de militares
que fueron ascendiendo en la escala jerárquica hasta que muchos de ellos fueron
descubiertos por la Inteligencia china.
b)
Espionaje. En algunos medios norteamericanos se ha publicado que se tenían
sospechas de que Zhang habría pasado información al Pentágono sobre los
sistemas y planes de la disuasión nuclear.
c)
Rivalidad política. Pese a su aparente amistad y carrera compartida, se
especula con que el depuesto militar hubiera creado un círculo de oposición
uniformada a las pretensión de “poder sin límites” de Xi y su pretensión de
optar a un cuarto mandato en el próximo Congreso del Partido, que se celebrará
el año que viene.
d)
Desavenencias sobre Taiwán. Según esta interpretación, el dirigente militar
creía que el Ejército Popular de Liberación (EPL) no estaba todavía en
condiciones de lanzar una operación de asalto y conquista de la isla, mientras
Xi sigue aferrado a su objetivo de completar la unificación nacional en 2027,
conforme a la propaganda vigente.
En
cada una de estas tesis hay elementos de contestación o interrogantes sin
resolver.
El
latiguillo de la corrupción es recurrente, pero no se entiende bien que Xi haya
esperado tanto para proceder a la purga. De hecho, de todos los altos cargos
del estamento militar en la Comisión Militar Central, sólo permanece el
encargado de disciplina, es decir, el agente anticorrupción, Zhang Shengmin.
La
tesis del espionaje parece poco consistente y suele ser abonada por grupos
disidentes del exilio. Ha sido publicada en el The Wall Street
Journal, el diario de los negocios neoyorquinos, propiedad de los Murdoch.
La
rivalidad política tampoco parece convincente, ya que la avanzada edad del
purgado (75 años) y su perfil
estrictamente militar le alejan de camarillas en el partido. Por otro lado, si
ese fuera el caso, a Xi le hubiera resultado más cómodo esperar al año que
viene cuando Zhang ya no pudiera acceder a una nueva prórroga que retrasara más
su ya dilatada jubilación.
En
cuanto a las discrepancias sobre la actuación en Taiwán, tampoco se dispone de
datos que lo avalen con suficiente seriedad. Como se verá más adelante, la
sustitución de Zhang no tiene por qué ser tan perjudicial para los planes del
Presidente.
CONSECUENCIAS
Además
de las causas, los análisis de los últimos días se extienden sobre las
consecuencias de este último terremoto en la cúspide del poder.
Con
respecto a la más evidente, es decir, la sustitución de los destituidos, tras
las sucesivas limpias en las Fuerzas Armadas, hay división de opiniones: unos
piensan que Xi tendrá problemas para reponer los huecos con jefes y oficiales
de solvencia, mientras otros, entre ellos muchos exponentes del Pentágono,
creen que en las nuevas generaciones puede hallarse personal no sólo preparado,
sino más leal y agradecido por su promoción.
Pero
el aspecto que más interesa a los analistas occidentales es el del efecto sobre
el dossier Taiwán. La idea predominante es que podrían retrasarse los
planes. Pero supuestos conocedores del Ejército y del Partido, como el analista
y exagente de la CIA Christopher Johnson aconseja cautela al respecto, por
varias razones.
En
primer lugar, porque, aun cuando Xi se hubiera sentido impaciente ante las
recomendaciones prudentes de su examigo Zhang, eso no quiere decir
necesariamente que el máximo líder desconfiara de la lealtad de los más altos
mandos de las Fuerzas Armadas. La reunificación nacional es cuestión de Estado
y no se perciben quiebras.
Segundo,
el ascenso de una nueva hornada de jefes y oficiales podría garantizar un mayor
entusiasmo, si cabe, por la operación militar más importante del Ejército
Popular desde la guerra de liberación.
Y
finalmente, en todo caso, la decisión de ocupar la isla renegada nunca será
militar, sino política, y las circunstancias actuales son particularmente
favorables, debido al desinterés de Trump por mantener el compromiso de defensa
de Taiwán que han mantenido sus antecesores en la Casa Blanca.
Lo
que parece fuera de toda duda es que Xi está decidido a que se cumpla uno de los
axiomas de la revolución y del sistema chinos: que el Partido tiene que ejercer
un liderazgo sin limitaciones ni dudas sobre las Fuerzas Armadas. “El partido
manda sobre las armas, las armas nunca mandan sobre el partido”, decía un
editorial del periódico del Ejército en octubre. En esta línea, Xi se autodesignó, ya en 2016, comandante en
jefe, asumiendo no sólo el control administrativo, sino también el mando
operacional. El máximo líder no quiere que en China ocurra lo que en los países
comunistas europeos a finales de los 80: los partidos resultaron sobrepasados,
cuando sus aparatos de seguridad cedieron ante los movimientos de contestación
político-social.
REFERENCIAS
- “The unsettling implications of Xi’s military
purgue”. CHRISTOPHER JOHNSON. FOREIGN AFFAIRS, 30 de enero.
- “Xi, the destroyer”. JONATHAN A. CZIN & JOHN
CULVER. FOREIGN AFFAIRS, 2 de febrero.
- “Why Xi keeps gutting his own army”. SHASHANKS
JOSHI. THE ECONOMIST, 2 de febrero.
- “China’s disappearing Generals”. AMY CHANG &
ALAS. THE NEW YORK TIMES, 2 de febrero.
- “Xi’s military purgue may set back his Taiwan
ambitions”. CHRIS BUCKLEY. THE NEW YORK TIMES, 29 de enero.
- “L’enigme et le onde de
choc de la purgue des plus haut gradés de l’armée par Xi Jingpin”. HAROLD THIBAUT. LE MONDE, 30 de enero.
- “Why are China’s generals so quiet as Xi purgues
them? The PLA is a politically neutered army. DENG YUWEN. FOREIGN POLICY, 30
de octubre.

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