EXÁMENES POLÍTICOS EN EUROPA A LA SOMBRA DE LAS GUERRAS

 

25 de marzo de 2026

La guerra de Irán se complica, la de Ucrania se pudre y Europa no tiene apenas con quien entenderse. Ni siquiera consigo misma. Las crisis bélicas y sus inevitables consecuencias económicas ya están contribuyendo a ahondar las crisis políticas internas preexistentes, como se ha puesto de manifiesto en las últimas citas con las urnas, aunque en intensidad y con efectos dispares. Los partidos en el gobierno sufren, por lo general, castigos notables, con escasas excepciones.

LA CLAVE ALEMANA

Alemania ha celebrado este mes dos elecciones regionales: en Baden-Wurtemberg y en Renania-Palatinado. Los dos partidos de coalición gobernante, democristianos y socialdemócratas han tenido suertes opuestas: favorable, los primeros; negativa, los segundos. Lo que indica de nuevo el negocio ruinoso que el SPD emprendió con esta fórmula política, agravadas en contextos de crisis internacional.

El Canciller Merz  ha sacado partido de su política cautelosa hacia Trump. Esto se explica en parte por su trayectoria personal. La carrera profesional del Canciller está muy ligada a los intereses del capitalismo financiero norteamericano y difícilmente gustará de adoptar posiciones críticas por intemperante que sea su interlocutor. Pero es la posición exterior alemana de fondo (el indestructible vínculo transatlántico) lo que fundamente su conducta. Aunque el genocidio de Gaza y ahora esta guerra ilegal contra Irán haya exacerbado la incomodidad de Berlín con este Washington de gatillo fácil y lengua suelta, Merz evitará crear más crispación.

El electorado del Canciller ha revalidado esta conducta. En las elecciones regionales de Baden-Würtemberg la CDU ganó cinco puntos y medio y 14 diputados. A punto estuvo de quitarle la hegemonía a los Verdes. Y este fin de semana pasado acabó con 35 años de dominio socialdemócrata en Renania-Palatinado, después de ganar tres puntos y 8 escaños más.

Por el contrario, el SPD sigue cosechando fracasos electorales en su vinculación poco comprensible con la fórmula de la Gross Koalition. Sus líderes, defensores de la política de rearme más radical de Europa, no parece sacar las conclusiones. ¿A quién beneficia esta sangría socialista? Naturalmente a la extrema derecha, que sube como la espuma.

DINAMARCA: FRENAZO A METTE

En Dinamarca la primera ministra, Mette Frederiksen, dirigente socialista de moda en los medios liberales, ha sufrido un frenazo importante en las elecciones del 24 de marzo. El Partido Socialdemócrata sigue siendo el más votado, pero ha perdido más de cinco puntos y doce de los 50 escaños que tenía en el Folketing (Parlamento). Se trata de los peores resultados de los socialistas desde 1901. Frederiksen tendrá de nuevo que pactar para seguir gobernando, ya que, junto con los otros partidos de izquierda (bloque rojo), dispondrá de 84 diputados, seis menos de la mayoría absoluta. La derecha (bloque azul) se ha quedado en 77. Decidirán los 14 escaños de los Moderados, que ahora eran compañeros de viaje de la izquierda.

Los resultados pinchan un poco el globo de Mette (como la llama todo el mundo en el país). La líder danesa ha visto cómo su estatura política se elevaba interna y externamente por la firmeza ante las claras amenazas de Trump de hacerse con el continente helado de Groenlandia, parte integrante del territorio nacional danés. Aunque Frederiksen no pretendió nunca ser una heroína y no cayó en la tentación populista de las declaraciones altisonantes, lo cierto es que fue lo bastante firme para que los medios liberales ensalzaran su coraje político.

La biografía política y personal de Mette también ha ayudado. Hija de un dirigente sindical y ella misma activista desde muy joven, ha ido construyendo un perfil muy popular a lo largo de estos últimos años. No ha disfrutado nunca del privilegio de una mayoría absoluta, pero ha sido muy hábil en muñir acuerdos de gobierno con partidos incluso conservadores. En este empeño le ha ayudado mucho su política migratoria muy restrictiva, que le ha acercado a los discursos de la derecha liberal e incluso del nacionalismo conservador, sin llegar a la xenofobia. Frederiksen le ha ido dando a cada franja electoral lo que más necesitaba o esperaba.

La supuesta eficacia de esta política ha quedado duramente ahora cuestionada. El xenófobo Partido del Pueblo danés se ha recuperado de manera un tanto sorprendente al pasar de 5 a 16 escaños. Su resultado electoral es matemáticamente inverso al cosechado por los socialistas, en votos y diputados.

Mette intuía que el apoyo que podía cosechar por la derecha no compensaría el castigo que podía recibir desde su base social. Por eso, para recuperar parte de su electorado natural, ofertó una propuesta impositiva que grava las grandes fortunas e intereses empresariales. No ha sido suficiente.

HUNGRÍA: ¿FIN A TRES LUSTROS DE ORBÁN?

La cita electoral en Hungría, el 12 de abril, se espera con gran interés. Por primera vez en tres lustros, el primer ministro nacional-conservador, Viktor Orbán, puede resultar derrotado. Peter Magyar lidera la amplia y heterogénea coalición opositora Tisza. En realidad, Magyar es un derivado de Orbán es decir, un disidente que ha compartido sus políticas derechistas, pero se distanció de él por no  estar de acuerdo con su discurso antieuropeo y prorruso. Orbán ha bloqueado los sucesivos programas de ayuda financiera a Ucrania aduciendo comportamientos poco amistosos de Kiev hacia su país, lo cual es más bien efecto que causa. Las últimas revelaciones pueden ser definitivas. Se ha denunciado que el ministro de exteriores filtraba a su colega ruso los debates en el Consejo europeo, imputación que Peter Szijjarto ha negado vehementemente. En Europa hay dudas  sobre hasta dónde puede llegar Orban para impedir su derrota.

ESLOVENIA: BLOQUEO POLÍTICO

La buena sintonía de Orban con Putin  es compartida con otros dirigentes de los países excomunistas de Europa Central que han vuelto al gobierno de sus países (República Checa y Eslovaquia) o que han estado a punto (Eslovenia). En esta República exyugoslava ha habido elecciones el pasado fin de semana y el liberal Robert Golob, al frente de una coalición con los socialdemócratas, ha obtenido sólo un diputado más que el partido nacionalista conservador (SDS) de Janez Jansa. Seguramente éste hubiera ganado, de no destaparse durante la campaña un escándalo de los que dejan huella. El gobierno esloveno de centro-izquierda fue uno de los más críticos de la campaña bélica de Israel en Gaza. Ahora se ha sabido que una empresa israelí se ha dedicado a urdir operaciones de espionaje del gobierno esloveno, con la participación de empresas nacionales, bajo el impulso y control de Jansa. 

No le será fácil a Golob armar un gobierno tras haber perdido diez diputados en la Asamblea Nacional. El líder ultranacionalista puede intentar una incierta colaboración con otro grupo de ultraderecha. RESNI.CA, populista anticorrupción, antiélites y antivacunas, entra en el Parlamento con 5 diputados, tras haber recogido parte del voto perdido por Jansa, debido a sus turbias operaciones. El exjefe de Gobierno, uno de los líderes más radicales de la revuelta contra Yugoslavia en 1991, comparte con Orban cierto entendimiento con Putin. Si accede de nuevo al poder ejecutivo, habrá temblores en Bruselas y otras capitales comunitarias.

FRANCIA: CON LA VISTA YA EN EL ELISEO

Atención aparte merecen las municipales en Francia. Se ha confirmado el fin del macronismo político. Renaissance se torna en Decadence. El centrismo liberal que encarna el Presidente (suave en las formas, duro en el fondo) se deshace. Sólo uno de sus reticentes aliados, Edouard Philippe (Horizons) sale con ciertas, no muchas, posibilidades de competir por el Eliseo el año que viene.

La derecha dura se polariza en torno al dilema de acuerdo con Rasamblement National. El gaullismo clásico es ya un recuerdo. Los atlantistas pierden peso frente a los nacionalistas duros, que asumen gran parte del discurso lepenista, pero desprovisto de su retórica interclasista. Les Republicains han salido tocados pero no hundidos de las municipales: han perdido algunos feudos, como Niza, a favor del escindido Eric Ciotti, escorado a la extrema derecha, pero han conquistado a sus rivales progresistas otras plazas notables (Clemont-Ferrand, Estrasburgo, Besançon, Burdeos, Poitiers).

En la izquierda, los dispares resultados han recrudecido las viejas cuitas de siempre, ahora infectadas por el falso virus del antisemitismo. Pese a los intentos de Macron de forjar un entendimiento en la sombra entre todas las derechas en París, los socialistas han conservado el Hôtel de Ville de la capital. También han salvado Marsella y Lille, y sus aliados ecologistas mantienen Lyon. Pero el entendimiento del Primer Secretario socialista, Olivier Faure, con los Insumisos para evitar males mayores ha sido ambiguo, contradictorio y ha arrojado malos resultados en las urnas. Las rencillas en el PSF, siempre latentes, han aflorado con ruido y fuerza en las reuniones internas de evaluación de los resultados. Se perfila un año de recriminaciones y ataques feroces dentro de cada partido y entre las dos principales fuerzas de la izquierda francesa.

ITALIA: RESBALÓN DE MELONI

Dejamos para el final Italia. Georgia Meloni ha sufrido un buen varapalo con el rechazo en referéndum de su reforma de la Justicia. El Palacio Chiggi parecía inexpugnable hasta hace sólo unos días. Pero la primera ministra neofascista ha ido demasiado lejos, al cuestionar ciertos equilibrios que la ciudadanía no quiere ver alterados. Su propuesta sonaba demasiado a interferencia en la separación de poderes y purga de togas rojas. A Meloni le irritó que algunos magistrados le chafaran su proyecto xenófobo de los campos de detención de inmigrantes en Albania. Un 53,7% de los italianos le ha dicho NO en el referéndum y Meloni tendrá que recoger velas. Tampoco le ha ayudado el ambiente general de su entendimiento con Trump, del que ella ha presumido sin disimulos.

La mala noticia para la nebulosa de la izquierda política italiana es que la campaña contra los propósitos de Meloni no la han liderado los partidos asentados sino un amplio movimiento ciudadano de base, sin liderazgo claro, pero con fuerte empuje, que conecta con las manifestaciones a favor de los derechos palestinos, amén del malestar social por una economía declinante que sólo puede ir a peor con esta guerra, ya que Italia es uno de los países más afectados por la crisis energética. Se perfila una contestación en la que convergen sectores de izquierda y católicos progresistas.

 

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