LA GUERRA DE TRUMP: RETÓRICA, CRÍMENES Y AISLAMIENTO

 8 de abril de 2026

El alto el fuego acordado en la noche del martes sobre la bocina del enésimo ultimátum de Trump es tan incierto como todo el desarrollo de este conflicto bélico disparatado y caótico. Los bombardeos cesarán, de momento, se suavizarán las sanciones a Irán y se abrirá el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz para que circule el petróleo y otros productos vitales para el funcionamiento de la economía mundial. Se aleja, por ahora, el fantasma de la recesión. Al final, de eso se trataba.

Pakistán se apunta un tanto diplomático, aunque no se sabe aún si la clave del `”éxito” ha sido los buenos oficios del país indostánico, la intervención in extremis de China, el instinto de supervivencia de Irán, después de llevar al límite su capacidad de resistencia, o la desesperación de Trump por encontrar una salida del embrollo en que se había metido hasta tener que amenazar con arrasar “toda una civilización”, según dejó escrito en esas píldoras de su red social susceptibles de análisis psico-políticos.

Trump parecía visiblemente nervioso los últimos días. Es bien sabido que le puede la impaciencia. La guerra es un negocio mucho más delicado que aquellos que él ha practicado, con poca finura y mucho barro, a lo largo de su trayectoria empresarial. Le cuesta entender lo que es el poder, cómo utilizarlo decentemente y, últimamente, hasta observar reglas básicas de educación y compostura.

Los términos empleados para hacer claudicar al maltrecho régimen iraní constituyen n reflejo muy vívido de su estilo. Uno de sus últimos post (“Abrid el puto estrecho [de Ormuz], locos bastardos o el infierno os espera”), quizás el más replicado de los últimos años, refleja con brutal claridad la personalidad de su autor.

Un profesor de historia de la Universidad de Texas, Gregory A. Daddis, autor de un libro con un sugerente título (“Fe y Miedo: las relaciones de América con la guerra desde 1945”) ha dado algunas claves sobre este lenguaje muy belicoso de Trump. “En la guerra, la retórica importa (...) y se pudo ver también en las incursiones militares de Ronald Reagan y  and George W. Bush. Pero, señala Daddis, “Trump y sus principales lugartenientes han elevado el uso del discurso beligerante y amenazante”. Pese a que “las amenazas pueden a veces obtener resultados, el lenguaje de Trump socavará los objetivos de la política exterior de EEUU a largo e incluso medio plazo” (1). 

A este tono guerrerista se une un lenguaje tabernario impropio de alguien que ostenta una responsabilidad semejante. Más allá de la excitación mediática, a casi nadie impresiona ya esta exhibición de mal gusto y zafiedad. Medios y exponentes de la sociedad civil norteamericanos se han liberado del debido respeto al sillón presidencial y comienzan a llamar a las cosas por su nombre. Empieza a hablarse ya con claridad de crímenes de guerra. La amenaza postrera de bombardear y arrasar centrales eléctricas, puentes y otras infraestructuras de Irán, hasta hacer “retroceder a Irán a la Edad de piedra” si el gobierno de este país no se plegaba a sus exigencias, disparó las alarmas.

Un centenar de expertos legales expresó su “seria preocupación por las violaciones de la ley humanitaria internacional, incluyendo potenciales crímenes de guerra”, en una carta publicada en el sitio especializado Just Security. Una de las firmantes, la profesora de Derecho Internacional en Yale, Oona Hathaway, ha dicho al NEW YORK TIMES, que “es difícil comprender hasta qué punto se han ignorado por completo las reglas”, en referencia a la destrucción ocasionada hasta la fecha (2).

La sombra de los crímenes de guerra oscurece aún más una campaña militar a todas luces ilegal, sangrienta y confusa en cuanto a objetivos y criterios de salida. De ahí la intemperancia más subida de lo habitual, que es ya decir, de un Presidente cada día más hundido en los índices de popularidad, incluso entre sus ardientes partidarios, los ultra del universo MAGA  (3).

La comunidad diplomática, académica y burocrática de Estados Unidos ha llegado a una conclusión semejante. Incluso los altos cargos militares han dejado de estar a salvo, después del paso fulminante a la reserva del Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra. El Secretario de Defensa (de Guerra, según el guiño raramente coherente de Trump) es uno de los miembros más incompetentes del Gobierno, pero precisamente por eso uno de los que puede estar más tranquilo sobre su continuidad en el puesto.

La deriva de la guerra había ahondado la fosa ya existente entre Trump y sus aliados en el mundo occidental. Ni W. Bush y su cohorte de neocons (con sus ofensivos comentarios sobre la vieja Europa) se atrevieron a tanto para justificar otra guerra ilegal como la de Irak.

En los desencuentros con sus aliados se ha sobrepasado el nivel de las discrepancias políticas o estratégicas (que siempre han existido) hasta vulnerar las reglas básicas de la cortesía personal. La salidas de tono de Trump no han respetado siquiera a las familias de sus colegas. Se ha llegado a una fase de congelación política y diplomática que quizás deje poco espacio a otra cosa que no sea control de daños.

EL ÚLTIMO GOBERNANTE AMIGO

Promotor oportunista de la extrema derecha en Europa, el empresario neoyorquino cada vez tiene menos gobernantes que le bailen el agua. El último aliado que le queda en un gobierno europeo, el húngaro Víktor Orbán, podría ser obligado a bajarse del pedestal autoritario en el que se instaló hace tres lustros largos. Ante las elecciones legislativas de este domingo, las encuestas predicen un final abrupto -y hasta hace pocos meses inesperado- del control férreo que el promotor de la llamada democracia iliberal ha ejercido sobre las instancias políticas, sociales e institucionales del país (4).

Para echarle una mano salvadora de última hora, Trump ha enviado a Budapest a su Vicepresidente y protector de los ultraderechistas europeos. Exponente de la derecha religiosa militante, J. D. Vance es el miembro más ideologizado de la corte presidencial. Con el primer ministro húngaro comparte su discurso sobre la combatividad cristiana para “defender la civilización occidental” de los peligros que le acechan. Retórica tramposa y reaccionaria que puede resultarle útil en la fidelización de ese universo sinuoso de la derecha evangélica para fortalecer sus opciones presidenciales en 2028.

Peter Magyar, el presentido líder del recambio político en Budapest, es cuña de la propia madera orbanista. Se trata de un antiguo colaborador que desertó de las filas del FIDESZ para encabezar una plataforma política que abarca desde la derecha al centro-izquierda, denominada TISZA (Respeto y Libertad).  Magyar es muy conservador y nacionalista, pero quiere restablecer el diálogo y la cooperación con la UE, incorporarse a la estrategia de presión contra Rusia y acabar con la situación de excepcionalidad de Hungría en el concierto europeo. Eso sería un revés para Trump y para sus potenciales sucesores en el espectro ultraconservador.

En caso de ganar, Magyar no lo tendrá fácil. Tiene lealtades que cuidar. Liberales y socialdemócratas han aceptado el liderazgo de Magyar más por necesidad que por vocación. Es muy probable que las tensiones surjan en cuanto empiece a gobernar. Pero, sobre todo, Orban ha tejido tenazmente un ecosistema político y social para perpetuarse en el poder (5).

Ni siquiera es seguro que Orbán acepte deportivamente su derrota, si ésta se produce. La semana pasada acusó a Ucrania de intentar plantar unos explosivos para destruir el gas ruso que llega a Hungría a través de la vecina Serbia, país gobernando por un régimen nacionalista autoritario, alineado con el húngaro. Orbán presentó el incidente como una muestra de lo que espera a Hungría en caso de victoria de Magyar. “Hungría se verá empujada a la guerra en Ucrania”, ha venido a decir (5). El candidato de la oposición aseguró que todo se trataba de un montaje desesperado para evitar su victoria electoral.

“Hungría, el país menos libre y más corrupto de la UE, es también el más amistoso con Putin”, según THE ECONOMIST (6). La hostilidad de Orban hacia Kiev es notoria desde el principio, por las vinculaciones que mantiene con Putin desde hace años. Este papel de  caballo de troya del Kremlin en la UE ha provocado fuertes tensiones en Bruselas. El ministro de exteriores húngaro telefoneaba a su colega ruso para tenerle al corriente de las deliberaciones en los consejos europeos. Budapest acaba de bloquear un empréstito a Kiev, vital para continuar manteniendo el esfuerzo de guerra.

Una Hungría conservadora pero respetable debilitaría las posiciones del trumpismo en Europa. El FIDESZ formó parte de la bancada popular en el Europarlamento, hasta que sus protectores alemanes de la CDU-CSU no tuvieron más remedio que  forzar su expulsión del grupo. Después de un periodo de soledad política, Orbán se integró en la extrema derecha europea menos hostil a Rusia (los Patriotas), junto a Marine Le Pen, Matteo Salvini, Alice Weidel y Santiago Abascal. Está por ver donde se integrarán los de TISZA en el Parlamento europeo cuando haya próximas elecciones, si es que esta fórmula se mantiene en el tiempo venidero (7).

NOTAS

(1) “Trump’s rhetorical terror”. GREGORY A. DADDIS. FOREIGN POLICY, 6 de abril.

(2) “Trump Revels in Threats to Commit War Crimes in Iran”. EDWARD WONG. THE NEW YORK TIMES, 5 de abril.

(3) “Joe Rogan and the influencers who built Maga are revolting over Iran. Was this an alliance doomed to fail? JASON OKUNDAYE. THE GUARDIAN, 5 de abril.

(4) “Hungary elections: what is at stake and who is likely to win? JOHN HENLEY. THE GUARDIAN, 3 de abril.

(5) “En Hongrie, vent d’inquiétude dans le capitalisme de connivence de Viktor Orban”. JEAN-BAPTISTE CHASTAND. LE MONDE, 6 de abril.

(6) "Defeating Viktor. Lessons for the world from tiny Hungary". THE ECONOMIST, 1 de abril.

(7) ”Hungary’s Orban Visits Military Near Border as Serbia Denies Explosives Find Staged”. BALKAN INSIGHT, 6 de abril.

(8) “Face au cas Orban, jugé trop proche du Kremlin, les Européens restent démunis”. VIRGINIE MALINGRE. LE MONDE, 1 de abril.

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