GUERRAS Y NEGOCIOS

25 de febrero de 2026

Una guerra se enquista, la de Ucrania, y otra se dibuja en el horizonte, la de Irán. ¿O ésta se trata en realidad de un espejismo o una artimaña?

En Ucrania, cuando se entra en el quinto año de conflicto bélico, los frentes están cerca de la congelación. Los avances rusos son menores a 100 metros por día. En 2025, Rusia sólo ha conquistado un 0,83% del territorio ucraniano. A un precio terrible: cerca de 400.000 muertos, tres veces más que sus rivales (1). La destrucción se traslada a las ciudades e infraestructuras energéticas. Con la predominancia de los drones, ambos bandos han modificado sus tácticas de combate, como describe Michael Kofman, analista de la Fundación Carnegie (2). Las operaciones militares son escasamente influyentes en las llamadas negociaciones de paz, ahora reducidas a los contactos bilaterales ruso-americanos, ante la renuencia de Ucrania y la desconfianza de Europa.

En Irán, el régimen negocia también con Washington sin que se sepa exactamente lo que cada parte pretende. Los ayatollahs querrían conservar lo que aún permanece en pie  de su programa nuclear, destruido parcialmente -aunque se ignora en qué grado- en los bombardeos israelíes y norteamericanos del pasado junio. Eso es lo que se admite, pero es evidente que los líderes de la República Islámica pretender asegurar su supervivencia, en el momento quizás más delicado en sus 47 años de turbulenta trayectoria. En cuanto a Estados Unidos, no se sabe si Trump se conformara con la cancelación del proyecto atómico. Ya que este objetivo no parece probable, la fase diplomática sería sólo el preludio de una operación militar que concluya el trabajo de junio, destruya los misiles iraníes más peligrosos y degrade a la Guardia Revolucionaria.

Como siempre ocurre con el libreto de Trump en los conflictos internacionales, domina la confusión. El despliegue militar en las cercanías de Irán es el mayor desde 2003, cuando Bush (W) ordenó atacar a Irak para derribar a Saddam Hussein. En las aguas de Golfo se encuentra ya un tercio de la fuerza naval estadounidense y unos 200 aviones. Trump dispone de un arsenal apabullante en orden de combate (3). Dicen los expertos que el coste inmenso de este despliegue se convertiría en un despilfarro de no llevarse a término. Pero es evidente que para forzar la claudicación de Teherán, Trump tiene que transmitir el mensaje de que el ataque es no sólo posible sino casi inevitable.

El presidente norteamericano no es muy respetuoso con la verdad o con el rigor para apoyar sus tretas tácticas, de ahí que haya malinterpretado o manipulado al Jefe de Estado Mayor Conjunto, el General Dan Caine, al poner en su boca que una eventual operación militar sería ejecutable con un altísimo porcentaje de éxito. Sin embargo, las fuentes del Pentágono que han sido consultadas por los corresponsales acreditados no ofrecen esa visión, ni mucho menos. Más bien Caine habría señalado las dificultades a las que se enfrenta la actual fuerza expedicionaria norteamericana. Dicho de otra manera: Irán no es Venezuela. Eliminar al Guía Supremo Jamenei -o extraerlo del país- no sería comparable a lo que se hizo con Maduro (4).

EL MÉTODO TRANSACCIONAL

El estilo Trump ya no sorprende a nadie, pero eso no quiere decir que las opciones se puedan manejar con un nivel aceptable de certidumbre. Y no sólo por la volatilidad de sus decisiones. A estas alturas, parece que el negociante convertido en Presidente tan sólo pretende obtener ganancias económicas en estos dos conflictos.

En Ucrania, esta interpretación no puede considerarse especulativa. Los participantes lo han admitido parcialmente, aunque sin ofrecer detalles. Trump quiere que la guerra acabe cuanto antes, sin preocuparse demasiado por las exigencias de Ucrania. Le resulta más cómodo asumir las pretensiones rusas, porque, pese a una aparente dureza, no está dispuesto a presionar a su colega del Kremlin.

Trump quiere acceder a las tierras raras rusas -igual que a las chinas- y asegurarse condiciones favorables y prometedoras para inversiones norteamericanas. De ahí que la dupla negociadora estadounidense esté integrada por su amigo y exsocio Steve Witkoff y su yerno, Jared Kushner, un financiero especulador. Ni el Departamento de Estado ni el Pentágono juegan un papel destacado en las negociaciones (5).

En Irán, Trump juega con varias barajas: la israelí, que quiere que se complete ya el trabajo iniciado en junio y acabar de una vez por todas con la supuesta amenaza iraní; la de sus aliadas monarquías del Golfo, que no quieren ahora una operación militar a gran escala, que provocaría un alto riesgo de desestabilización en la zona; y finalmente, la de los sectores sociales y políticos iraníes que confían en que Washington se decida por fin a forzar la caída de un régimen para ellos oprobioso.

Esta amalgama contradictoria de intereses abona la cautela instintiva de Trump, al que sólo le gustan las operaciones bélicas cortas y espectaculares, pero abomina de las que acarrean implicarse a fondo. Tampoco parece que el presidente norteamericano haya optado por una alternativa al régimen islámico. Para decepción de los monárquicos, no ha recibido al heredero de los Pahlavi en el despacho oval, ni ha apoyado su pretensión de convertirse en el futuro dirigente del país, para pilotar una supuesta transición a la democracia. Da la impresión de que Trump quiere repetir la fórmula Venezuela; es decir, seleccionar alguna figura manejable del régimen actual y negociar una evolución que convenga a sus intereses y los de sus aliados.

El problema es que los ayatollahs están muy constreñidos por sus limitadas opciones de supervivencia y una retórica de resistencia que tiene poco que ver con la practicada por el poschavismo. Si renuncia al programa nuclear, quedará muy desacreditado en el interior y en el exterior. Según algunos expertos, los grandes clérigos no tendrán más remedio que librar una batalla necesariamente existencial. La declaración del Guía Jameini prediciendo que el portaaviones Gerald Ford será hundido si Estados Unidos ataca es, evidentemente, una bravuconada, pero también una señal de que el régimen está dispuesto a morir matando (6)

Aún en el supuesto de que la operación militar norteamericana pudiera decapitar a la República Islámica y, eventualmente, conducir a su eliminación, no está claro que la actual administración de Washington pueda controlar y orientar la situación a favor de sus intereses. Lo más probable, según buena parte de los especialistas, es el caos; es decir, un alto riesgo de desintegración por la presión de grupos regionales y étnicos en varias partes del país. Este tipo de predicciones han resultado exageradas en el pasado, pero no del todo privadas de fundamento. En el antecedente de Irak, si bien no se produjo una catástrofe generalizada, el país sufrió un periodo de enorme inestabilidad y de enfrentamiento entre las distintas facciones armadas de las confesiones sunní y chií, durante largo tiempo hostiles (7).

Un analista versado en cuestiones mediorientales como March Lynch, de la Universidad de George Washington, dibuja cuatro escenarios: una República Democrática, débil y sin muchos apoyos exteriores; la restauración de la Monarquía, sólo apoyada por Israel y por ciertos sectores de Estados Unidos; el derrumbamiento general y un periodo más o menos prolongado de tensiones étnicas y territoriales que sumirían el país en el caos; y, finalmente, la más probable según el autor, una dictadura militar bajo el mando de la Guardia Revolucionaria, pero privada de su actual carácter más desafiante, parecido a las Repúblicas autoritarias de la región en sus aspectos institucionales, pero cercana a las vecinas monarquías del Golfo y abierta a cierta cooperación con Estados Unidos (8).  Esta última versión agradaría a Trump, por lo similar a la solución venezolana, pero se antoja demasiado forzada.

Otro experto en Irán, Ross Harrison, éste de Middle East Institute, considera que para derribar al régimen no bastaría con “cortar la cabeza de la serpiente”; es decir, eliminar a Jamenei, ya que el aparato institucional y de seguridad es muy complejo y tupido y podría resistir un duro trauma como ese (9).

De hecho, una periodista como Farnaz Fassihi, que lleva décadas cubriendo Irán para THE NEW YORK TIMES, asegura, basada en numerosas entrevistas con conspicuos miembros del sistema, que la cúpula islámica ha diseñado un “plan de supervivencia”. El sustituto de Jameini, si éste muere, sería Ali Larijani, actual jefe del Consejo de Seguridad, expresidente del Parlamento y en su día negociador del programa nuclear en las fases de mayor dureza de Teherán. Larijani no podría ser el nuevo Guía, porque carece de las credenciales religiosas imprescindible, pero si la figura de autoridad para la travesía del desierto, hasta que el régimen recompusiera sus mecanismos de poder.  De hecho, Larijani ya está ejerciendo de facto el poder civil supremo, oscureciendo al Presidente de la República, Massud Pezeshkian, un médico de perfiles vagamente reformistas, cuyo autoridad no se aleja mucho de su residencia en Teherán (10).

En ambos conflictos, Trump actúa movido por los negocios y seducido por imponer la ley de la fuerza. Pero los actores necesarios para lograr sus propósitos son esquivos y contradictorios. Su método transaccional podría ser insuficiente.


NOTAS

(1) “How Russia’s fatalities compare with Ukraine’s”. THE ECONOMIST, 23 de febrero.

(2) “Ukraine’s War of Endurance. The Fight for Advantage in the Conflict’s Fifth Year”. MICHAEL KOFMAN. FOREIGN AFFAIRS, 16 de febrero.

(3) “U.S. Military in the Middle East: Numbers Behind Trump’s Threats Against Iran”. MARC CANCIAN & CHRIS PARK. CENTER FOR STRATEGIC INTERNACIONAL STUDIES, 20 de febrero.

(4) “Trump Says Top General Predicts Easy Victory Over Iran; He Says Otherwise in Private”. THE NEW YORK TIMES, 23 de febrero; “Trump’s top general foresees acute risks in an attack on Iran”. THE WASHINGTON POST, 23 de febrero.

(5) “La Russie et les Etats-Unis négocient des accords économiques bilatéraux massifs, en marge des pourparlers de paix”. MARIE JÈGO. LE MONDE, 19 de febrero.

(6) “For Iran’s Rulers, Refusing U.S. Demands Is a Risk Worth Taking”. ERIKA SOLOMON. THE NEW YORK TIMES, 23 de febrero.

(7) “The United States Is Dangerously Misreading Iran”. ALI HASHEM. FOREIGN POLICY, 23 de febrero.

(8) “Four Scenarios for a Postwar Iran”. MARC LYNCH. FOREIGN POLICY, 20 de febrero.

(9) “Même si le Guide suprême est l’autorité centrale, “couper la tête du serpent” ne suffirait pas à faire tomber le régimen”. Entrevista con ROSS HARRISON (MIDDLE EAST INSTITUTE). LE MONDE, 21 de febrero.

(10) “Inside Iran’s Preparations for War and Plans for Survival”. FARNAZ FASSIHI. THE NEW YORK TIMES, 22 de febrero.

DEL PUÑO DE HIERRO AL GUANTE DE SEDA

 18 de febrero de 2026

La Gran Misa anual de la Seguridad Occidental en Munich se ha oficiado con una resignación apenas barnizada de una esperanza forzada en la supervivencia del Orden Liberal Internacional. Después del puñetazo del año pasado, propinado por el Vicepresidente norteamericano, D. J. Vance, ahora le tocó el turno al Jefe de la diplomacia, Marco Rubio, que aplicó una palmadita paternalista en guante de seda.

Rubio no es un liberal al uso, o sólo lo es en materia económica; en geopolítica, pertenece al ala dura del Partido Republicano, entregada a Trump, a la fuerza, por instinto de supervivencia o por oportunismo. Producto del exilio cubano, el actual Secretario de Estado ha sido siempre un reaccionario en política exterior. Aspiró a la Presidencia en 2016, pero fue vapuleado por Trump, como otra media docena de aspirantes que pretendían enterrar el modesto legado de Obama. Luego hizo el camino de Damasco hacia las grutas trumpistas, y el Jefe máximo lo acogió con una mezcla de condescendencia y desdén, para que, con su verbo esquinado, esparciera su evangelio ultraconservador.

Ahora Rubio se ha ganado cierta confianza en el mundo MAGA, porque se ha empeñado en demostrar que ha dejado atrás la ortodoxia republicana del orden liberal. En Munich, Rubio no ha corregido el discurso de Vance: lo ha hecho más tragable, pero sólo para los predispuestos del consenso centrista europeo, que quieren ver brotes verdes donde sólo hay, en realidad, cardos y espinas.

La exposición de Rubio no dejó lugar a dudas. La civilización occidental está en peligro y Estados Unidos no está dispuesto a gestionar su decadencia, sino a combatir por su recuperación. Si Europa se une en este empeño, estupendo; en caso contrario, seguirá sola y con una implacable defensa de sus intereses.  Los mensajes de Vance y Rubio son “las dos caras de una misma moneda”, resume la directora del Instituto Italiano de Relaciones Exteriores, Nathalie Tocci (1). O la táctica del “poli bueno y el poli malo”, que parecen distintos pero trabajan para el mismo fin, como prefiere caracterizarlo el profesor de Harvard Stephen Walt (2).

Prueba de que esta suavización de Washington es un espejismo fue el resto de la agenda de Rubio en Europa. Después de Munich visitó Bratislava y Budapest, donde gobiernan los principales exponentes del nacionalismo patriótico europeo tan apreciados por esta administración norteamericana. Hungría vive vísperas electorales y Rubio dejó claro a Orban, en su momento político más delicado en tres lustros, que Trump quiere que siga en el poder.

Pese a todo, los políticos alemanes de la gross koalition han preferido ver el vaso de Munich medio lleno; otros líderes europeos no se engañan y dicen que está a punto de vaciarse. Las sensibilidades europeas tienen que ver con la historia y con las urgencias políticas, pero sobre todo con el peso de las dependencias.

¿HACIA UNA ALEMANIA HEGEMÓNICA?

El canciller Merz cabecea con nostalgia ante el debilitamiento de la protección americana de las últimas ocho décadas. La gratitud por la victoria sobre el nazismo es comprensible en la derecha y el centro-izquierda alemán. Pero pesa tanto o más el dique estratégico levantado frente a la “amenaza” del estalinismo durante la guerra fría. Ahora, como ya advirtiera Merkel, Alemania debe prepararse para asumir responsabilidades, durante 80 años enterradas. El país más poblado y rico de Europa se dispone a convertirse, otra vez, en el más musculoso. Un fantasma resurge de nuevo: el de la Alemania hegemónica.

Sobre este temor empiezan ya a reflexionar analistas occidentales como Liana Fix. Esta experta en temas germánicos del Consejo de Relaciones Exteriores, sanedrín estratégico de Washington, presenta cifras contundentes. “En 2025, [Alemania] gastó más en defensa que cualquier otro país europeo en términos absolutos. Su presupuesto militar  se sitúa en el cuarto puesto del ranking mundial, después del de Rusia. Se espera que el gasto militar anual ascienda a 189 mil millones de $ en 2029, más del triple del que se registró en 2022” (3).

En la OTAN están seguros de que, en tan sólo unos años, el presupuesto militar alemán duplicará los de Francia y Gran Bretaña juntos. La Bundeswehr volverá a ser un ejército de soldados profesionales si la actual campaña de atracción de voluntariado no arroja resultados satisfactorios.

Un zeitewende (cambio histórico), como lo definió el anterior Canciller, Olaf Schol) que tendrá un impacto enorme en todo el continente y, en particular, en los vecinos de la potencia renacida, resalta Fix.

Esta es la paradoja de Europa. Obsesionada con el miedo a Rusia, desengañada por el desinterés americano, se encomienda a una militarización que va a condicionar el pulso económico de los próximos años y despertar viejos temores que se creían superados.

LA APRENSIÓN FRANCESA

Francia encabeza ese grupo de países que se esfuerza desesperadamente por  controlar el desbarajuste de la seguridad europea. Ahora cuenta con algo que no existía ni en 1914 ni en 1939: la exclusividad nuclear, sólo compartida con Gran Bretaña. No por casualidad, el discurso del Presidente francés en Munich ha sido tanto el más escéptico por el guante de seda de Rubio como el más activo en la promoción de un proyecto comunitario de defensa. De momento, en París no se hace explicita la desconfianza hacia esa potencia militar alemana en ciernes, pero las divergencias con Berlín son palpables.  Macron es un pato cojo, pero quiere dejar un legado, y no hay otro mayor que diseñar una nueva seguridad europea que impida sustituir una hegemonía por otra (4).

La editorialista en asuntos exteriores del diario LE MONDE, Sylvie Kauffmann, considera “revelador” que fueran tres dirigentes alemanes quienes dieron la señal de aplaudir al término del discurso de Rubio en Munich: el ministro de defensa, Pistorius (socialdemócrata); el de exteriores, Wadephul (cristiano-demócrata); y, a la derecha, el social-cristiano Marcus Söder, líder en Baviera, länder anfitrión de la reunión (5).

Alemania quiere una autonomía relativa de Estados Unidos, suave, que eluda cualquier ruptura, que le garantice un lugar de privilegio en la nueva arquitectura de la seguridad europea. Francia es más ambiciosa: ¿por recelos hacia Estados Unidos o por temor a una Alemania demasiado fuerte? Este dilema no aparecerá en los discursos públicos, pero ya está en los cenáculos privados, y no sólo en París, sino también en Varsovia, en Riga, Tallín, Vilnus y muchas capitales más.

El otro gran actor de la alternativa al orden occidental actual es Gran Bretaña. Pero si Berlín es reticente a una separación radical de Washington, Londres permanece atado al vínculo transatlántico: por necesidad y por vocación. El actual Premier, un hombre que vive en estado de premura política permanente,  fue cauteloso al máximo en Munich. Aunque Starmer ha ido mucho más lejos que sus antecesores en el fortalecimiento de las relaciones con Europa hasta llegar a una coordinación de los arsenales nucleares de Londres y París, no está dispuesto a la renuncia del “imperativo estratégico del vínculo transatlántico”, como le ha dicho Sophie Gastón, del King College londinense a Katia Adler, de la BBC (6).

Trump no aprecia estas sutilezas estratégicas, pero los postureos europeos de resistencia a sus exigencias en materia comercial y militar no le van a disuadir de afirmar un nuevo liderazgo americano más exigente y determinante. El actual Presidente no persigue seguramente un nuevo Orden, como dicen sus exégetas dentro y fuera de Estados Unidos, sino simplemente una satisfacción vanidosa en forma de claudicación amable de Europa. 

Mejor por las buenas que por las malas. Esa ha sido la divisa de Trump en los amagos de las guerras de los aranceles, y todo indica que será la que aplique en el apartado de la seguridad. Rubio está más dotado que Vance para ese propósito de la sumisión dulce. Otra cosa es lo que dure el anterior senador por Florida es esa posición de privilegio que supone aunar la Secretaría de Estado y el pilotaje de Seguridad Nacional. Sólo Kissinger disfrutó de ella (1973-1975), en la época convulsa del ocaso de Nixon y el efímero mandato de Ford. En los Estados (des)Unidos de Trump sólo importa él.

El movimiento MAGA cuenta con otro apoyo reforzado fuera de Europa. En Japón, la derechista Sanae Takaichi ha conseguido la victoria electoral más contundente desde 1946 (7). Aparte de su duro discurso antiinmigración, se ha atrevido a desafiar a Pekín, al comprometerse en la defensa de Taiwán en caso de invasión china. No sólo eso: Tokio invertirá medio billón de dólares en EE.UU, fruto del reciente acuerdo/chantaje comercial (8). Takaichi puede ser para Trump lo que Thatcher fue para Reagan.


NOTAS

(1) “Why Marco Rubio’s ‘reassuring’ speech to Europe was nothing of the kind”. NATHALIE TOCCI. THE GUARDIAN, 16 de febrero.

(2) “Trump Is Playing Good Cop/Bad Cop With Europe”. STEPHEN M. WALT. FOREIGN POLICY, 17 de febrero.

(4) “Europe’s next hegemon. The perils of German Power”. LIANA FIX. FOREIGN AFFAIRS, 6 de febrero “America offers Europe warmer words, but a deep chill remains”. THE ECONOMIST, 14 de febrero.

(5) “A la Conférence de Munich sur la sécurité, le message de Rubio était le même, sur le fond, que celui de Vance”. SYLVIE KAUFFMANN. LE MONDE, 16 de febrero.

(6) “Trump's new world order has become real and Europe is having to adjust fast”. KATY ADLER. BBC, 14 de febrero.

(7) “Japon: le raz-de-marée Takaichi et le nouveau visage du pouvoir”. CÉLINE PAJON. INSTITUT FRANÇAIS DES RELATIONS INTERNATIONALES, 11 de febrero.

(8) “Trump Hails Japan’s First Batch of U.S. Investments”. RIVER AKIRA DAVIS & ANA SWANSON. THE NEW YORK TIMES, 17 de febrero.

 

 

EPSTEINGATE

11 de febrero de 2026

El escándalo que sacude Occidente por las relaciones entre miembros de las élites políticas, económicas e institucionales  (norteamericana y europeas) con el delincuente sexual Jeffrey Epstein, suicidado en su celda de Nueva York en 2019, está dejando un rastro fétido que está causando una crisis política y de confianza en algunos países.

El asunto es tanto más corrosivo cuanto que su esclarecimiento se está dilatando en demasía debido a las obstrucciones y manipulaciones de Donald Trump, el líder que fue salpicado en primer lugar por las actividades salaces y delictivas del personaje. Sólo cuando fue presionado por sus teóricos correligionarios republicanos, el magnate-Presidente se decidió a publicar millones de documentos de los archivos de Epstein. Pero hay serias sospechas de que se haya guardado lo más comprometedor de sus contactos y relaciones con el depredador sexual (1).

Desde 2005, los tentáculos de esa peligrosa amistad acosan a miembros de la realeza británica (el Príncipe Andrew) y noruega, a un expresidente norteamericano (Bill Clinton),  y a políticos de notable notoriedad (como el gurú laborista de Tony Blair), el ministro de Cultura de Mitterrand, Jack Lang, y el exprimer ministro israelí Ehud Barak.

Pero éstos son solo algunos. Numerosos empresarios, financieros, asesores políticos, diplomáticos, actores y famosos de la vida social, de todo tipo y condición, se encuentran en la maraña de las orgías y servicios más o menos a la carta de Epstein. En algunos casos, sólo se han podido documentar contactos, relaciones epistolares, visitas, participación en eventos, etc. No todos ellos pueden ser considerados sospechosos de actos sexuales delictivos, pero tan peligrosa y desaconsejable compañía o bien pueden arruinar sus carreras, o enturbiar su prestigio.

Quizás el caso de mayor alcance hasta la fecha sea el que afecta al premier británico, Keir Starmer, no personalmente, pero si por sus decisiones. El nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos cuando ya sabía de sus relaciones con Epstein lo coloca ahora en una posición insostenible para muchos colegas de su propio partido. Lo más peligroso para Starmer es que Mandelson, cuando era ministro, compartió con el depredador sexual informes confidenciales durante la crisis financiera y comentarios despectivos sobre Gordon Brown, el entonces PM. De momento, su jefe de gabinete y hombre de confianza, Morgan Mac Sweeney, ya ha dimitido, como inspirador de ese envenenada  designación (2).

La bajísima popularidad del líder laborista por su pésima gestión socio-económica, las renuncias de la agenda social y los conflictos o fricciones con miembros de su equipo de gobierno ha convertido su continuidad en 10, Downing Street en un mar de dudas. Nunca, desde que hay registros, cualquiera de sus predecesores ha aparecido tan hundido en las encuestas de aceptación, al año y medio del inicio de su mandato.

Pese a todo, Starmer parece dispuesto a luchar por su puesto y su proyecto político (3). Pero en el sistema británico, una vez que la discordia se instala en el corazón de cada partido, los rivales expresos o potenciales del rival empieza a oler a sangre, la cacería difícilmente remite. Las elecciones parciales de mayo dictarán sentencia.  El cabecilla laborista en Escocia, Anar Sarwar, ha sido uno de los primeros en retar a sir Keir.

Otra que aparece entre bastidores en la anterior número dos del Gobierno Starmer, Angela Reyner, cabeza de fila del ala centro-izquierdista del Labour. El incumplimiento de la promesa de no subir los impuestos a la clase trabajadora y los recortes sociales, debido a la pésima situación económica del Reino le costaron el puesto. Aunque Reyner no se ha posicionado formalmente como alternativa a su antiguo jefe, muchos creen que, de no poder frenarse la sangría actual, su candidatura será inevitable (4).

Otra figura que aparece en el horizonte como posible challenger es el alcalde de Manchester, Andy Burham, éste en el otro lado del espectro laborista. Es un aspirante desde hace años, pero cuando Starmer lidero la defenestración del izquierdista Jeremy Corbyn, hoy en día al frente de una formación diferente, con más problemas que opciones serias de ser una alternativa para el electorado laborista más crítico.

El drama del Labour es que, como ya ocurriera en Francia con el hundimiento de la izquierda a favor del Frente Nacional, el debilitamiento vertiginoso y contundente del histórico partido de Attlee y Wilson está engordando a la ultraderecha nacionalista, xenófoba y brexiter radical de Reform UK, que acaricia el 30%.

Aunque este partido hecho de remiendos de tories insatisfechos y outsiders políticos empieza a convertirse en atractivo para muchos políticos conservadores desconcertados, el electorado que lo ha llevado a la cúspide de los sondeos no procede solamente de latitudes derechistas. Grandes masas de la clase media trabajadora se dejan seducir por un mensaje simplista y nacionalista, ante la falta de vigor del Labour, su pésima gestión económica y la mediocridad de sus dirigentes.

La crisis provocada por las conexiones entre Epstein y Mandelson, quizás el exponente más destacado de la tercera vía o Nuevo Laborismo de Blair, es lateral, una especie de venganza del pasado. Pero en estos tiempos convulsos, cualquier cosa sirve para hundir aún más a Starmer y a su desorientado gobierno. Como dice THE ECONOMIST, “el Primer Ministro es un enfermo que no se puede permitir coger un resfriado” (5).

El escándalo Epstein empieza a ser algo parecido al de la pederastia para la Iglesia, aunque su extensión y amplitud no pueda compararse. Ha causado estupor la cantidad de celebridades que se apuntaban a esas depravaciones de bajos vuelos.  La atención pública no sólo responde al habitual e imparable reflejo del morbo, sino también a la demostración, una vez más, de la hipocresía social de unos dirigentes o personajes influyentes que pontifican sobre los valores occidentales, mientras hacen de su vida privada un lodazal repugnante o miran para otro lado.

TRUMP ATRAPADO EN SUS FALSEDADES

Trump es un ejemplo de la mentira descarada de sus proclamas propagandísticas. Aunque era un secreto a voces sus amistades peligrosas desde su irrupción en el famoseo de los noventa y su desapego a cualquier forma de moral pública, en los últimos años había tratado de cimentar su carrera política aproximándose a los grupos religiosos ultraconservadores. Se trataba de una operación falsaria de beneficio mutuo. La agenda extremista se aprovecha de tener un aliado en la Casa Blanca y de la posible continuidad, desde 2029, en la figura del Vice Presidente Vance (ese sí, genuinamente uno de los suyos), a cambio de los millones de votos que los movimientos de bases y las plataformas religiosas de recolección de dinero e influencia social y mediática le aseguraban a Trump.

Las relaciones más que estrechas entre el magnate neoyorquino y el libertino agente de pretendidos placeres inconfesables supone una complicación en un momento de estancamiento de su proyección presidencial por la caída libre de sus índices de popularidad y la acumulación de fracasos domésticos e internacionales. Sus cacareados éxitos diplomáticos se esfuman o se enredan, sus órdagos quedan reducidos a faroles, y sus amigos activos o pasivos empiezan a cuestionarse la rentabilidad de sus alianzas.

Trump dispone aún de un amplio margen de maniobra y de una cuota de atención mediática desproporcionada para remontar el vuelo, según los cabecillas de sus huestes más fieles. Pero está tocado y quizás en el momento más delicado de su segundo mandato.

 

NOTAS

(1) “How Trump Appears in the Epstein Files”. THE NEW YORK TIMES, 1 de febrero.

(2) “Starmer’s Chief of Staff Resigns, Citing Role in Hiring Friend of Epstein”. MICHAEL SHEAR. THE NEW YORK TIMES, 8 de febrero.

(3) “Keir Starmer says he is ‘not prepared to walk away’ after call for resignation”. PIPPA CRERAR Y JESSICA ELGOT. THE GUARDIAN, 9 de febrero.

(4) ”‘Rayner for leader’ site proves race to succeed Starmer is well under way”. KIRAN STACEY. THE GUARDIAN, 9 de febrero.

(5) “Keir Starmer: a sick man who can’t afford to catch a cold”. THE ECONOMIST, 9 de febrero.

 

CHINA: UNA PURGA ENIGMÁTICA

  4 de febrero de 2026    

Desde su llegada al poder hace trece años, el máximo (y único) líder chino, Xi Jinping, ha demostrado que no le tiembla el pulso a la hora de purgar y supuestamente sanear los aparatos del Estado o más bien eliminar políticamente a sus rivales. En las sucesivas destituciones, reestructuraciones y promociones nunca se ha sabido bien si se trata de eliminar la corrupción y mejorar la eficiencia de la administración (discurso oficial) o de desembarazarse de potenciales enemigos políticos, ante su intención de convertirse en líder vitalicio, como Mao.

La última purga ha sido sonada. Xi ha puesto bajo investigación al general Zhang Youxia, que hasta ahora era su mano derecha en la Comisión Militar Central del Partido Comunista. Este organismo es más poderoso de lo que su denominación da a entender. De hecho, Deng Xiao Ping dirigió desde ahí el cambio de rumbo de China, a finales de los 70, después de las purgas que acabaron con los maoístas (la denominada “banda los cuatro”) que pretendían prolongar la herencia del fundador del nuevo Estado.

La caída de Zhang es tanto más llamativa cuanto que era amigo personal de Xi. Ambos pertenecen a la dinastía de los ‘príncipes rojos’, es decir, hijos de veteranos combatientes de la Revolución y la “larga marcha”. Además, el ahora defenestrado general era el único de los militares en la cúspide de las Fuerzas Armadas que atesoraba experiencia de combate: en la guerra contra Vietnam (1979) y posteriores campañas fronterizas (1984).

La sensación dominante en el círculo de reputados analistas es que la caída de Zhang es la culminación de la tercera fase de purgas de Xi en el Ejército, que han acabado con la carrera profesional (y en algunos casos con la libertad) de un centenar del altos cargos militares. La última fase se inició en 2023, con motivo del Congreso del Partido: desde entonces más de 60 jefes, oficiales y altos responsables de la industria de Defensa han sido eviscerados. Sólo el año pasado, casi un millón de militares han sido objetos de sanciones disciplinarias.

POR QUÉ LA PURGA?

Los expertos le dan vuelta a los motivos que han provocado esta decisión de largo alcance del Presidente chino. Hay cuatro teorías principales, no excluyentes entre sí:

a) Lucha contra la corrupción (línea oficial). No es descartable, aunque opere como cajón de sastre y cortina de humo para enmascarar conflictos políticos internos. Zhang había sido director del Departamento de Desarrollo armamentístico, muy afectado por corruptelas desde hace tiempo; como consecuencia de estas malas prácticas, las ventas de los ocho productores chinos de armas habían descendido un 10% en 2024. Se sabe que desde 2007 hasta la llegada al poder de Xi, en 2012, la CIA sobornó a buen número de militares que fueron ascendiendo en la escala jerárquica hasta que muchos de ellos fueron descubiertos por la Inteligencia china.

b) Espionaje. En algunos medios norteamericanos se ha publicado que se tenían sospechas de que Zhang habría pasado información al Pentágono sobre los sistemas y planes de la disuasión nuclear.

c) Rivalidad política. Pese a su aparente amistad y carrera compartida, se especula con que el depuesto militar hubiera creado un círculo de oposición uniformada a las pretensión de “poder sin límites” de Xi y su pretensión de optar a un cuarto mandato en el próximo Congreso del Partido, que se celebrará el año que viene.

d) Desavenencias sobre Taiwán. Según esta interpretación, el dirigente militar creía que el Ejército Popular de Liberación (EPL) no estaba todavía en condiciones de lanzar una operación de asalto y conquista de la isla, mientras Xi sigue aferrado a su objetivo de completar la unificación nacional en 2027, conforme a la propaganda vigente.

En cada una de estas tesis hay elementos de contestación o interrogantes sin resolver.

El latiguillo de la corrupción es recurrente, pero no se entiende bien que Xi haya esperado tanto para proceder a la purga. De hecho, de todos los altos cargos del estamento militar en la Comisión Militar Central, sólo permanece el encargado de disciplina, es decir, el agente anticorrupción, Zhang Shengmin.

La tesis del espionaje parece poco consistente y suele ser abonada por grupos disidentes del exilio. Ha sido publicada en el The Wall Street Journal, el diario de los negocios neoyorquinos, propiedad de los Murdoch.

La rivalidad política tampoco parece convincente, ya que la avanzada edad del purgado (75 años)  y su perfil estrictamente militar le alejan de camarillas en el partido. Por otro lado, si ese fuera el caso, a Xi le hubiera resultado más cómodo esperar al año que viene cuando Zhang ya no pudiera acceder a una nueva prórroga que retrasara más su ya dilatada jubilación.

En cuanto a las discrepancias sobre la actuación en Taiwán, tampoco se dispone de datos que lo avalen con suficiente seriedad. Como se verá más adelante, la sustitución de Zhang no tiene por qué ser tan perjudicial para los planes del Presidente.

CONSECUENCIAS

Además de las causas, los análisis de los últimos días se extienden sobre las consecuencias de este último terremoto en la cúspide del poder.

Con respecto a la más evidente, es decir, la sustitución de los destituidos, tras las sucesivas limpias en las Fuerzas Armadas, hay división de opiniones: unos piensan que Xi tendrá problemas para reponer los huecos con jefes y oficiales de solvencia, mientras otros, entre ellos muchos exponentes del Pentágono, creen que en las nuevas generaciones puede hallarse personal no sólo preparado, sino más leal y agradecido por su promoción.

Pero el aspecto que más interesa a los analistas occidentales es el del efecto sobre el dossier Taiwán. La idea predominante es que podrían retrasarse los planes. Pero supuestos conocedores del Ejército y del Partido, como el analista y exagente de la CIA Christopher Johnson aconseja cautela al respecto, por varias razones.

En primer lugar, porque, aun cuando Xi se hubiera sentido impaciente ante las recomendaciones prudentes de su examigo Zhang, eso no quiere decir necesariamente que el máximo líder desconfiara de la lealtad de los más altos mandos de las Fuerzas Armadas. La reunificación nacional es cuestión de Estado y no se perciben quiebras.

Segundo, el ascenso de una nueva hornada de jefes y oficiales podría garantizar un mayor entusiasmo, si cabe, por la operación militar más importante del Ejército Popular desde la guerra de liberación.

Y finalmente, en todo caso, la decisión de ocupar la isla renegada nunca será militar, sino política, y las circunstancias actuales son particularmente favorables, debido al desinterés de Trump por mantener el compromiso de defensa de Taiwán que han mantenido sus antecesores en la Casa Blanca.

Lo que parece fuera de toda duda es que Xi está decidido a que se cumpla uno de los axiomas de la revolución y del sistema chinos: que el Partido tiene que ejercer un liderazgo sin limitaciones ni dudas sobre las Fuerzas Armadas. “El partido manda sobre las armas, las armas nunca mandan sobre el partido”, decía un editorial del periódico del Ejército en octubre. En esta línea,  Xi se autodesignó, ya en 2016, comandante en jefe, asumiendo no sólo el control administrativo, sino también el mando operacional. El máximo líder no quiere que en China ocurra lo que en los países comunistas europeos a finales de los 80: los partidos resultaron sobrepasados, cuando sus aparatos de seguridad cedieron ante los movimientos de contestación político-social.


REFERENCIAS

- “The unsettling implications of Xi’s military purgue”. CHRISTOPHER JOHNSON. FOREIGN AFFAIRS, 30 de enero.

- “Xi, the destroyer”. JONATHAN A. CZIN & JOHN CULVER. FOREIGN AFFAIRS, 2 de febrero.

- “Why Xi keeps gutting his own army”. SHASHANKS JOSHI. THE ECONOMIST, 2 de febrero.

- “China’s disappearing Generals”. AMY CHANG & ALAS. THE NEW YORK TIMES, 2 de febrero.

- “Xi’s military purgue may set back his Taiwan ambitions”. CHRIS BUCKLEY. THE NEW YORK TIMES, 29 de enero.

- “L’enigme et le onde de choc de la purgue des plus haut gradés de l’armée par Xi Jingpin”. HAROLD THIBAUT. LE MONDE, 30 de enero.

- “Why are China’s generals so quiet as Xi purgues them? The PLA is a politically neutered army. DENG YUWEN. FOREIGN POLICY, 30 de octubre.