LA LECCIÓN DE LAMPEDUSA

10 de octubre de 2013

Tardía e insuficiente. Así cabe considerar a la reacción oficial e institucional europea a la (última) tragedia de Lampedusa. Durante los próximos días, se continuarán rescatando cadáveres del naufragio de la semana pasada. Más de trescientos muertos, y en alza. Así lo entendió este miércoles buena parte de la población de la isla, abucheando e increpando al Primer ministro italiano y al Presidente de la Comisión Europea, cuando acudían a rendir homenaje a los muertos rescatados del naufragio.

El malestar de los lugareños es comprensible por el abandono denunciado por su alcaldesa, Giuseppina Nicolini, y por las organizaciones de defensa de los derechos de los inmigrantes y aspirantes a refugiados. El propio Papa Francisco, que hizo una visita a la isla el pasado mes de julio, urgió a los poderes responsables a realizar un esfuerzo de prevención de futuras tragedias. Como tantos otros llamamientos, también cayó en saco roto.   

CAUSAS ANTIGUAS Y RECIENTES

Lampedusa, con sus 20 kilómetros cuadrados y sus 6.000 habitantes, es el epicentro de la convulsión que vive el Mediterráneo desde hace años. Estos años, la pequeña isla ha hecho un esfuerzo encomiable. La presión migratoria africana, debido a las pavorosas condiciones de vida en el continente, se ha visto agravada recientemente por la inestabilidad en los países árabes ribereños.

La revolución y posterior crisis en Túnez, la revuelta contra Gaddaffi y la intervención de la OTAN, que provocó el cambio de régimen y el caos actual en Libia y, más recientemente, la guerra en Siria, sin olvidarnos de la interminable sangría en Somalia y la menos conocida de Eritrea, ha provocado un incremento dramático del éxodo de una población desesperada. En el año de las revoluciones árabes, 2011, perecieron en aguas mediterráneas más de un millar y medio de personas, según la propia oficina de refugiados de las Naciones Unidas. Otras organizaciones como Fortress Europe elevan la cifra a más de dos millares. Sesenta mil personas consiguieron llegar a las costas, aterrorizadas y exhaustas, pero vivas. En lo que va del presente año, ya se han contabilizado, según fuentes oficiales de la UE, más de 30.000 personas arribadas por esta ruta del Mediterráneo central, con Lampedusa como lugar de recalada preferente, aunque no exclusivo. Calabria y Plugia también ha recibido un número importante de desesperados. Malta también se encuentra desbordada.

Hasta ahora, la respuesta europea ha sido más policial que humanitaria. Los golpes de pecho y las lágrimas de cocodrilo no esconden el fracaso o, mejor dicho, la ausencia total de una política de acogida solidaria y eficiente. Peor aún, las medidas claramente xenófobas e insensibles del anterior gobierno italiano de derechas interpusieron más obstáculos que soluciones. Una ley de 2009 criminalizó a los inmigrantes ilegales que no demandaran asilo.

Tras la revolución tunecina, y con la deliberada intención de sacarse de encima a los que llegaron por miles a costas italianas, el entonces ejecutivo de Berlusconi y la Liga Norte decidieron darles visados para que circularan durante seis meses por territorio europeo, contrariando los acuerdos de Schengen. Sarkozy se alarmó y acordó con Berlusconi mover los mecanismos de actuación en Bruselas. Llegó la respuesta. Pero fué policial. Solamente.

LOS LÍMITES DE FRONTEX

Se reforzó FRONTEX, el dispositivo de vigilancia de las fronteras exteriores, en este caso meridionales, de la Unión. Debido a la situación en Siria y la persistencia de otros focos de inestabilidad en Somalia, Eritrea y Libia, la agencia europea había desplegado cuatro navíos y dos aeronaves adicionales en la ruta del Mediterráneo central. Ahora, tras la última tragedia de Lampedusa, se insiste en lo mismo y se anuncian más patrullas. La Comisaria de asuntos interiores ha pedido a los ministros 50 millones de euros para un refuerzo suplementario.

Algunos analistas cuestionan la efectividad de estas medidas. Joanna Parkin, una especialista en migración del Centro para Estudios Políticos europeos, con sede en Bruselas, recordaba estos días al NEW YORK TIMES que FRONTEX no tiene poderes operacionales. Pero, en todo caso, es dudoso que esta agencia pueda ser responsable de algo que es de naturaleza política y no operativa: la protección de los que llegan.
El asunto, por tanto, no es sólo económico o de recursos. Es conceptual. AMNISTÍA INTERNACIONAL, en un comunicado emitido estos días, pone el dedo en la llaga al señalar que los Estados "han dedicado cada vez más recursos al control policial de las fronteras de la Unión Europea, en vez de a salvar vidas y proteger a las personas". AI y otras organizaciones de derechos humanos reclaman que se revisen las políticas migratorias y de asilo, no sólo porque resultan insensibles sino también ineficaces. La restricción migratoria no impide la llegada. Sólo empuja a los desesperados a intentar vías de entrada más arriesgada y con menos garantías. Menos vivos en los centros de acogida, más muertos en las playas o en el mar.
               
UN NECESARIO DEBATE SOCIAL

Obviamente, lo esencial es combatir las causas y no sólo responder a las consecuencias, aunque esto último suele ser perentorio. Las razones por la que se producen estas corrientes migratorias son complejas y muy difíciles de abordar, porque responden a desequilibrios profundos, a conflictos enquistados y a políticas abusivas prolongadas contra los derechos humanos y las libertades. Los intentos de prevenir flujos desordenados y masivos de personas con los responsables políticos de los países de origen se convierten en puras operaciones de imagen, para los de aquí y para los de allá, con escasos resultados prácticos.
               
Para ser rigurosos, la indignación por las tragedias como Lampedusa no puede ocultar un sentimiento de malestar en amplias capas sociales por la presión migratoria. En ese caldo de cultivo han crecido los partidos xenófobos o de extrema derecha, hasta convertirse en elementos decisivos para formar coaliciones de gobierno o en factores de desestabilización política. Y ello ocurre en países con una sólida tradición de acogida como Noruega, Suecia, Dinamarca u Holanda, tanto o más que en otros menos solidarios. El último triunfo del Frente Nacional en Francia, aunque parcial y limitado, responde a este clima.

Las consecuencias ya se dejan ver. Según datos de EUROSTAT de esta misma semana, el número de peticionarios de asilo en Europa se ha incrementado en un 50% en el segundo trimestre de 2013 con respecto al mismo periodo del año anterior. Pero la gran mayoría de estas demandas, más de las dos terceras partes, han sido rechazadas.

Esta respuesta restrictiva no puede imputarse sólo a la derecha europea. Para ser justos, la mayoría de la izquierda socialdemócrata muestra signos de indecisión y desconcierto. En Francia se han denegado el 80% de las peticiones. Las declaraciones sobre los gitanos realizadas por el ministro socialista francés del Interior, Manuel Valls (de origen español, por cierto), que obligaron a la intervención correctora del propio Hollande, han contribuido a  enturbiar el debate.
                 
A petición precisamente de París, la cumbre europea de finales de mes abordará la cuestión migratoria. Pero no hay muchos motivos para ser optimista. Domina la impresión de que falta impulso político. El 'papelón' de Letta y Barroso en Lampedusa no anticipa cambios mayores. 

SICOFANTES POLÍTICOS

 3 de Octubre de 2013

Pregunta de un inventado juego de trivial político: ¿Qué tienen en común Berlusconi y el sector más radical del Partido Republicano de Estados Unidos?

Respuesta tentativa: Son una especie actualizada de sicofantes políticos.

Para los que no lo recuerden, en la antigua Grecia, a falta de fiscales, ciudadanos particulares, supuestamente virtuosos, hacían el papel de acusadores. Era denunciantes voluntarios que actuaban, por cuenta propia o ajena, supuestamente para defender el bien común, la moral o la seguridad públicas. Se les denominó sicofantes. El uso y abuso de esta práctica terminó fabricando intrigantes, chantajistas y delatores que dejaron de vigilar los intereses de la comunidad en beneficio de los suyos propios, de su enriquecimiento ilícito, mediante la amenaza y la intimidación.

FALACIAS EN EL D.C.

La estrategia de elaborar casos falsos para defender supuestas causas justas bien podría considerarse como un ejercicio de impostura política.  Eso es exactamente lo que ha ocurrido con el bloqueo parcial del funcionamiento del gobierno, privándole de los fondos necesarios para el ejercicio efectivo y cotidiano de sus funciones, con el propósito declarado de impedir que empiece a aplicarse la ley de reforma sanitaria ('Affordable Health Care Act').

En este sentido, podríamos considerar sicofantes, al uso de nuestros tiempos, a los legisladores republicanos de Estados Unidos, que contemplan la mínima intervención del poder público para corregir desequilibrios sociales como una amenaza para la libertad individual. Se arropan en confusas resonancias 'jeffersonianas' de protección del individuo ante la voracidad intrínseca de cualquier gobierno.
No sólo pretende la facción extremista del Partido Republicano neutralizar la aplicación de una ley aprobada legítimamente y revalidada constitucionalmente en el Tribunal Supremo. Más aún, se trata de seguir impidiendo que el 15% de la población de Estados Unidos carente de atención sanitaria pueda acceder a ella, no de forma gratuita, sino bajo unos esquemas que aquí en Europa rechazaríamos por tímidos e insuficientes.

Decía Obama el otro día que el chantaje operado por estos republicanos recalcitrantes tiene una motivación ideológica. El Presidente ha respondido adecuadamente al desafío opositor, manteniendo la línea junto a sus correligionarios demócratas. Pero es discutible la invocación ideológica. La ideología es casi siempre sospechosa en Estados Unidos. Contrariamente al pragmatismo y la eficacia, que son rasgos muy valorados en la política norteamericana. Una cosa son los principios, que casi nunca se discuten, porque todos los enarbolan, a veces con notoria hipocresía; y otra, la ideología, ya sea conservadora o liberal. Generalmente no es bienvenida porque se cree que dificulta la cultura del pacto, la negociación, el chalaneo.

Estos días hemos visto mucho de esto en los pasillos del Congreso. La supuesta emergencia nacional que constituía la aplicación de la reforma sanitaria era objeto de mercadeo, mediantes propuestas y contrapropuestas legislativas para salvar la cara y eludir el coste político que suponía la privación de fondos para agencias gubernamentales. En voz alta se mantenía el discurso de los principios, pero los sicofantes parecían dispuestos a aceptar un pacto que atendiera conveniencias a corto plazo.
Finalmente, no funcionó el pragmatismo. Los republicanos se han visto atrapados por su facción más extremista. Así llevan desde el triunfo de Obama, e incluso antes, convencidos de que la crisis resultaba un momento más que propició para canalizar el malestar ciudadano contra todo lo que suponga administración, fiscalidad, gestión pública, nivelación de rentas...

En 1994, cuando sus antecesores radicales rumiaban la ruina de la presidencia de Clinton, provocaron un auténtico boomerang político. Hasta el punto de que el presidente demócrata obtuvo en 1996 una de las victorias más aplastantes de la posguerra. Pero entonces no disponían de un aparato político convenientemente preparado y madurado. Ahora, pese a la derrota en 2012, los republicanos siguen fatalmente atrapados en el mensaje mesiánico y tramposo del 'Tea Party', aunque esta corriente errática se haya disuelto en la inconsistencia.

La supuesta "ideología" que denuncia Obama no es, efectivamente, más que ejercicio de impostura. Denuncia falsa de un crecimiento excesivo del poder del Gobierno, en este caso en un área tan sensible como la salud. Cuando lo que verdaderamente constituye un escándalo merecedor de una denuncia pública constante y tenaz es el estado lamentable en que se encuentra la salud de decenas de millones de ciudadanos norteamericanos. La 'Obamacare' es un parche, como mucho una mejora. No es una iniciativa 'socialista', como se ha llegado a oir y leer en los opúsculos de los sicofantes.

BERLUSCONI SE DISPARA EN EL PIE

Un caso análogo existe en Italia, por cuenta del gran sicofante por excelencia de la política local. Silvio Berlusconi llegó al poder en el mismo año en que sus afines políticos norteamericanos boicoteaban la administración Clinton. Aupado en una 'denuncia' pública de la inoperancia, el despilfarro y la corrupción que habían destruido la Primera República italiana, cosechó un éxito rotundo. Hubo quién lo creyó a pies juntillas, y no sólo los electores italianos, desengañados y cínicos. Las propuestas 'liberales' y 'reformistas' de 'Il Cavalieri' encontraron cierto respaldo en los oráculos políticos de esos años, en que se consolidó la destrucción del modelo social europeo.

No tardó mucho en ponerse en evidencia la falacia de la denuncia 'berlusconiana'. Ejemplo casi perfecto del sicofante moderno, Berlusconi incurrió en todo aquello que denunciaba antes incluso de ejercer la función pública. La regeneración institucional se convirtió en el aprovechamiento más escandaloso de la función pública en beneficio propio.  Berlusconi reinventó la corrupción, porque no la utilizó para enriquecerse, sino para proteger su enriquecimiento previo, coincidente y posterior.

Eso mismo es lo que hay detrás de su última mascarada política. El sicofante italiano ha utilizado una subida del IVA para acusar al gobierno, al que teóricamente apoyaba, y del que formaba parte su formación política con seis ministros, de ahogar fiscalmente a los italianos. Detrás de esta falsa denuncia, apenas se escondió su desesperado intento de disolver las Cámaras y paralizar así el proceso de su destitución como senador, tras la última sentencia judicial por delito de fraude fiscal. Unas elecciones generales anticipadas podrían, calculaba el sicofante, mejorar sus posiciones y colocarlo en posición de seguir blindándose contra la actuación de la justicia.

Tan burda 'acusación' al jefe del gobierno, Enrico Letta, provocó una incomodidad indisimulable en sus propios ministros, incluso en los más acérrimos seguidores. Se abre paso el convencimiento creciente de que al sicofante italiano le ha llegado la hora del retiro. Su maniobra de última hora en favor de otorgar la confianza al gobierno sólo ha reforzado la percepción de ridículo e impotencia. El desprestigio de 'Il Cavalieri' es tan hondo que casi resulta imposible que no termine su carrera política en la ignominia.

                

IRÁN: UN CAMINO SEMBRADO DE MINAS

25 de septiembre de 2013

El primer paso hacia una resolución pacífica del conflicto originado por el rechazo occidental al proyecto nuclear iraní se ha escenificado en Nueva York, que se convierte en capital del mundo en estos primeros días de otoño, con motivo de las sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El entorno del nuevo presidente iraní, Hassan Rohaní ha desarrollado una intensa actividad diplomática y de relaciones públicas desde hace varios días, con una intención clara: cambiar la dinámica de las relaciones con Estados Unidos y propiciar un proceso negociador.

La perspectiva de un acuerdo ha creado una gran excitación en dirigentes políticos, diplomáticos y expertos de todas las partes interesadas. Se han perfilado posiciones previas, a favor, en contra o desde cierta neutralidad escéptica.

En lo que coinciden todos, sin embargo, es en la motivación iraní: conseguir que se levanten las sanciones que ya han perturbado significativamente el funcionamiento económico del país. Especialmente lesivo está resultando el bloqueo de las transferencias de dinero.

LA BENDICIÓN DEL GUÍA

En su momento, ya comentamos que la elección de Rohaní pudo haber sido menos sorpresiva, pero más calculada de lo que parecía. Esa impresión se evoca de nuevo ahora, al señalar algunas voces autorizadas iraníes que el Presidente no actúa como llanero solitario sino con el aval, e incluso el impulso, del Guía Supremo, el Ayatollah Jamenei.

En Occidente se tiene una idea una percepción a veces un poco simplista del sistema político e institucional iraní, extraordinariamente complejo y  contradictorio. La innegable hegemonía de la jerarquía religiosa no excluye oscuras luchas de poder e influencia, más o menos encauzados en consejos, comités y organismos de distinta índole y competencia.
Pero más allá del laberinto institucional, se tiende a señalar dos sensibilidades fundamentales: una moderada, pragmática, inclinada a encontrar acomodo con Estados Unidos y el resto del mundo occidental (con la excepción de Israel); y una radical, convencida de que los ‘infieles’ sólo pretenden destruir la revolución iraní, que nunca aceptaron. 

El anterior presidente, Mahmud Ahmadineyad, era percibido en estas latitudes como ‘radical’ por el tono frecuentemente incendiario de sus discursos, su hostilidad manifiesta hacia Israel y su negativa contumaz del Holocausto. Y, sin embargo, este participante en la toma de rehenes de la embajada norteamericana en Teherán, tenía muy poderosos enemigos en el ‘establishment’ iraní, incluido el propio Jamenei.
Por el contrario, su antecesor, Mohamed Jatami, un moderado y reformista declarado, en su condición de clérigo eminente y hombre culto y prudente, contaba con el respaldo de la élite religiosa del país. Lo mismo puede decirse de su programa de acercamiento y conciliación con Occidente contó con el respaldo, que difícilmente pudo iniciarse sin ese consentimiento. Lo que hizo caer en desgracia a Jatamí y a su equipo reformista fue la presión de los ‘radicales’ ante la falta de resultados prácticos, tanto en la agenda interna como externa.

Eso mismo es lo que los analistas prevén ahora que pueda ocurrirle a Rouhaní, en su momento un hombre vinculado a Jatamí. “Los presidentes iraníes cuenta con espacio de maniobra en su primer año y luego declinan”, le ha dicho iraní el veterano Dennis Ross (asesor de varios presidentes norteamericanos en Oriente Medio e Irán) a THE NEW YORK TIMES, a cuenta de las posibilidades de Rouhaní.

OBAMA, PRECAVIDO

Obama se ha mostrado activo, pero cauto ante la apertura iraní. En su discurso ante la Asamblea General ha dejado claro que está dispuesto al ‘engagement’; es decir, a establecer un diálogo constructivo, a negociar. Se cuidó mucho de no dar rienda suelta a las expectativas y afirmó que “la vía diplomática merecía ser ensayada”. Es lo que siempre ha sostenido Obama, antes incluso de sentarse en el Despacho Oval. La elección de Ahmadineyad, en junio de 2009 no fue la causa del fracaso de la vía diplomática, sino una manifestación más de la falta de confianza de la élite iraní en un acuerdo satisfactorio con Washington.
La presión de Israel ha jugado también un papel poco positivo en esta situación de bloqueo. Los dirigentes conservadores israelíes han utilizado todos los elementos de tensión a su alcance para provocar una resolución de Obama a favor de la opción militar. Lo intentaron con Bush y no consiguieron. El enrarecido clima de las relaciones bilaterales, debido a los desencuentros sobre los conceptos básicos del dossier palestino, no facilitó la concertación de entre ambos socios.

No es extraño, por eso, que las percepciones más negativas sobre este nuevo intento de apertura iraní provengan de Israel. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha encabezado la línea crítica al calificar las declaraciones de Rohaní a varios medios de comunicación norteamericanos de “pura propaganda”. Muy en su línea, Netanyahu tildó al presidente iraní de “lobo vestido de cordero”. Lo apoyan, y más que lo harán, no sólo el famoso lobby judío norteamericano, sino numerosos republicanos ávidos de explotar cualquier oportunidad de poner contra las cuerdas al Presidente. Diplomáticos y expertos más templados comparten este escepticismo y consideran que Teherán quiere ganar tiempo, abonar las discrepancias que pudieran existir entre norteamericanos e israelíes, hacer algunas concesiones menores para obtener al menos un aligeramiento de las sanciones y mantener intacta la capacidad de recuperar su proyecto nuclear.

En la Casa Blanca se comparten las aprensiones, pero no la respuesta que la oportunidad merece. Por eso razón, se ha elaborado ya una lista de actuaciones concretas que esperan de Irán, en relación con el desarrollo técnico del programa atómico, para confirmar que su posición negociadora es seria. Sin entrar en lo específico de la materia, lo que se pretende, básicamente, es que Irán retroceda al punto en que no quepan sospechas de deriva militar de su capacidad nuclear. Cuando se empiecen a dar pasos significativos en ese sentido es cuando se podrá contemplar la cancelación progresiva de las sanciones ahora en vigor.

Ambas partes actúan con una cautela comprensible. Obama no puede permitirse un ‘gatillazo’ diplomático más, después de las experiencias en la crisis de Egipto y Siria -y la más que dudosa perspectiva de las negociaciones palestinas. Rohaní tiene el tiempo medido, y su ‘controlador’, el Ayatollah Jamenei no podrá cargar sobre el Presidente toda la responsabilidad del fracaso. 

MERKEL, TRICANCILLER

23 de septiembre de 2013

Ángela Merkel ya se ha ganado un lugar en el Olimpo político conservador alemán. Con el 41,5% de los votos, la CDU, Unión Cristiano-Demócrata (más la Unión Social Cristiana, de Baviera), mejora en casi ocho puntos el resultado de 2009 y se queda rozando la mayoría absoluta, según datos preliminares.  Podrá gobernar en solitario o en una coalición a su gusto.

Ella sólo tenía tres años cuando, expiados  los demonios de un país devorado por el resentimiento y el odio, un partido  de orden, conservador, la democracia cristiana alemana, se consagraba, en 1957, como el artífice de la reconstrucción  de posguerra. Entonces, la figura fue Adenauer.  En 1990, dos meses después de completada una reunificación acelerada del país derrotado y dividido en 1945, Helmut Kohl obtenía el resultado más aplastante de posguerra.  Merkel recoge ahora la antorcha y se consagra como la indiscutible líder de la tercera generación federal. Adenauer, por la reconstrucción. Kohl, por la reunificación. ¿Por qué recordaremos a la actual canciller alemana?

DESGASTE DE LOS RIVALES

Durante el tramo final de la campaña se habían formulado especulaciones sobre el agotamiento de la Canciller, e incluso sobre una fórmula alternativa de gobierno, mediante el esfuerzo concertado de la oposición. El voto oculto, si lo había, estaba refugiado bajo el manto de la señora. Nuevamente, su cautela le ha reportado réditos indiscutibles.

Una de las claves de su abrumadora victoria ha sido el derrumbamiento liberal. Este partido, últimamente cada vez más pequeño, que en los tiempos finales de la guerra fría fue decisivo para asegurar el gobierno a la derecha y a la izquierda, ha pagado caro su discutible liderazgo y un radicalismo ocasional neoliberal que no conecta con la tradición socio-política del país. Por vez primera en la historia de la República Federal, el FPD no llega al umbral del 5% de los votos y no tendrá escaños en el Bundestag. Los euroescépticos del AfD han avanzado, quizás a costa de los liberales, pero no lo suficiente para franquear las puertas del Parlamento.

Los socialdemócratas han maquillado su derrota con un resultado mejor que en 2009. Pero esos apenas tres puntos adicionales lo colocan cerca del 26%, a todas luces insuficiente para conducir una alternativa. Se ha criticado mucho la debilidad de su candidato, Steinbrück, su estilo hosco, sus propuestas confusas, su estrategia errática. Quizás fuera un gran error rechazar de antemano un bloque de centro-izquierda, la única forma de participar en el futuro gobierno. Sólo un retroceso notorio de Merkel le hubiera permitido negociar una ‘gran coalición’ en condiciones dignas. Pura ilusión, a la vista de los resultados. Por lo demás, la caída de los ‘verdes’ refleja el desgaste de sus contradicciones y la esclerosis de sus propuestas. La izquierda poscomunista también retrocede. Ambas formaciones no llegan al 9%.

Los que confiaban en el freno al ‘merkelismo’ se equivocaban en algo cardinal: el alemán medio está de acuerdo con su canciller, porque aprecia antes que nada la estabilidad. El modelo ‘merkeliano’ de prosperidad no entusiasma, pero tranquiliza. Se prefiere que haya empleo, aunque sea precario y parcial, que los niveles de paro europeos. O que los salarios más bajos sean irrisorios y casi un insulto para la tradición social del país, pero parecen más aceptado que el subsidio de desempleo.

ALEMANIA EUROPEA VS. EUROPA ALEMANA

No menos importante en este éxito ha sido la valoración positiva  que los alemanes han hecho de la forma en que Merkel ha llevado las riendas europeas: la prosperidad alemana dependerá mucho de la recuperación europea, porque es allí donde vende el 60% del valor de sus exportaciones. De ahí el rechazo a los liberales, los mayores enemigos de los rescates de los países del sur.

Con este sensacional triunfo en la mano, la tricanciller pisará aún con más fuerza en Bruselas, pero seguirá sin hacer demasiado ruido. Los ‘dossieres’ congelados de la política europea serán ‘alemanizados’ más que nunca. O, dicho de otra forma, el método inter-gubernamental seguirá reforzándose frente al comunitario. A muchos no les gusta esto. Pero, al menos, sostienen otros, se acabará la incertidumbre de los últimos meses, cuando la estrella de la líder democristiana parecía engañosamente palidecer.

En Francia, socio imprescindible para reanudar la tarea de reconstrucción europea, se daba casi por descontado el triunfo de Merkel, pero no de forma tan estrepitosa. Fuentes próximas al Eliseo, citadas por LE MONDE, confiaban en lo contrario: que la victoria de la canciller no fuera tan clara y que se viera obligada a proponer la gran coalición con los socialdemócratas, lo que revalorizaría las propuestas ahora desinfladas de Hollande.  Esta ‘Gran Merkel’ pincha estos globos de la ilusión francesa.

Cabe esperar, no obstante, que la prudencia siga presidiendo la política alemana y que los asuntos que esperan una resolución más urgente, en especial la unión bancaria, se solventen con fórmulas de consenso. No hay que temer, pues, una ‘alemanización’ de Europa, sino la afirmación discreta de una Alemania europea. Sin radicalismo ni estridencias. Pero quizás sea demasiado esperar un ‘giro social’ o una suavización de la austeridad. El discurso ya cambió en tiempos de menos bonanza para Merkel: a la austeridad se la vistió de compromiso de ahorro, de responsabilidad, de medidas compensatorias para fomentar el empleo juvenil.

“Angie” será, si completa su mandato (lo cual parece más que probable), la mujer europea más longeva al frente de un gobierno continental, superando en casi cien días a Margaret Thatcher (que también disfrutó de tres mandatos, pero más corto y traumático el último). 

Un pie de foto para una noche triunfal. La Canciller alemana sonreía el domingo, pero no explotaba ruidosamente su aplastante victoria, sabedora de que los problemas no son menores porque las victorias sean más amplias.


MERKELISMO

19 de septiembre de 2013

Salvo sorpresa mayúscula, Ángela Merkel revalidará su cargo de canciller alemana el próximo domingo. Está por dilucidar la fórmula de su gobierno: en solitario (poco probable), con sus socios liberales (dudoso, a tenor de los sondeos), o en gran coalición con los social-demócratas (la opción preferida por los alemanes, pero no tanto por el SPD).

Más Merkel, por tanto. ¿Eso quiere decir más austeridad, más rigidez en las políticas europeas, más penurias para los países más afectados por la crisis? Aparentemente, sí. Pero cada día se escuchan más opiniones sobre la confirmación de un cambio, si no de rumbo, sí de intensidad, de énfasis. En todo caso, la 'ausencia' de Europa en la campaña electoral aconseja no anticipar en exceso lo que ocurrirá a partir del otoño.

Ángela Merkel resulta un personaje político paradójico. Convertida por las víctimas de la austeridad en la encarnación de todos sus males, su imagen fuera de Alemania es de intransigencia, dureza, falta de empatía y severidad. A su pesar, se la compara habitualmente con Margaret Thatcher, la primera ministra británica que lideró el asalto al modelo social europeo surgido de la reconstrucción de posguerra. Pero cuando  se investiga en la percepción pública de la figura de Merkel en su país, el diagnóstico es bien distinto.

Ángela no es Maggie. No es la "dama de hierro" de este comienzo de siglo. La supuesta afinidad ideológica de una y otra es aparente e incluso engañosa. El liberalismo doctrinario de Thatcher tiene elementos de proximidad con el liberalismo de contable de Merkel. Pero ambos responden a impulsos y objetivos distintos. El enfoque de la británica era acérrimamente individualista; el de la alemana está más teñido de comunitarismo.

A estas diferencias ideológicas, políticas o culturales, se añaden las de carácter o personalidad. Thatcher era una apasionadora, tenía poca atención a los matices y gustaba de apabullar y despreciar a sus adversarios. Merkel practica un estilo suave, ambiguo, cauto. No descalifica a sus oponentes, los escucha -o parece que lo hace- y, lejos de ningunearlos se apropia a veces de sus opiniones, consejos y propuestas, con una habilidad sorprendente. Lo mismo ocurre con sus socios europeos. Maggie irritaba por su aspereza. Ángie desespera por su tenacidad amable. Eso dicen quienes la conocen en tales lides.

De las lecturas recientes, destacamos algunas valoraciones agudas o inteligentes sobre el proyecto político y el estilo personal de la Canciller.

'MERKIAVELO'

El sociólogo Ulrick Beck encuentra notables analogías entre Merkel y Maquiavelo, hasta el punto de construir este guiño lingüístico: "Merkiavelo". Beck ve en Merkel una hábil interprete de las enseñanzas de 'El Príncipe', en el manejo de las contradicciones entre soberanía nacional y construcción europea, en su temple para alargar la toma de decisiones hasta que los asuntos maduran y caen por sí solos. Combina seducción y coacción. Pese a la percepción de conducta impositiva, la legión de tecnócratas merkelianos  ha desarrollado una notable capacidad para convencer a sus socios de la necesidad de la austeridad, hasta  convertirla en una política europea y no simplemente alemana. Ahora que parece haberse tocado fondo, ya no hablan de 'austeridad', sino de 'solidaridad'. Juego de palabras.

Comparte Beck la idea de que resulta absurdo hablar de IV Reich, ni de amenaza teutona, porque el gran logro de "Merkiavelo" ha consistido en lograr una Europa alemana sin "lanzar las tropas". Más aún: sin caer en la tentación de presumir de liderazgo. Alemania mantiene un comportamiento inhibido, una modestia de discurso que no se corresponde con su poderío real.

Merkel es el símbolo de esa potencia discreta. Este público perfil bajo contrasta con el esfuerzo de los sucesivos presidentes franceses a no admitir, en la liturgia de las grandes ceremonias internacionales, la pérdida de peso nacional. O con la astucia británica de cultivar el poder de los símbolos imperiales. Alemania ha enterrado las manifestaciones públicas de sus viejos demonios de dominación. Sigue combatiendo con ellos de puertas adentro, con más o menos fortuna, como hemos visto recientemente con la actividad neonazi.

UNA POTENCIA DISCRETA

El reconocido intelectual crítico Jünger Habermas califica de "durmiente" la hegemonía alemana en Europa. En un artículo reciente para DER SPIEGEL, consideraba que detrás de esta estrategia se confundían tanto el deseo de no despertar viejos temores europeos como la falta de un auténtico proyecto político para fundamentar un liderazgo continental. "Ángela Merkel carece de un núcleo normativo", escribió Habermas. Este adormecimiento de las situaciones conflictivas hasta lograr lo que se pretende sin levantar polvo, esta práctica del antihéroe, tan propio de la narrativa oficial alemana de posguerra, no es lo que ahora necesita Europa, ni lo que cabe exigirle a Alemania en su papel real de estos tiempos, sostiene el intelectual.

Esta noción de "aburrimiento político" como táctica de gobierno es empleada también por el director del SUDDEUTSCHE ZEITUNG, Stefan Kornelius, en un artículo publicado por THE NEW YORK TIMES. Incide en esa discrepancia entre la Merkel real y la Merkel pública. Destaca su paciencia, su tesón, su capacidad de escucha, su búsqueda de consenso. Incluso su simpatía en las distancias cortas. Su reflejo de tortuga aflora en las campañas, en los actos públicos, en las ceremonias mediáticas: se hace lejana, distante, antipática, aburrida.

No debería contemplarse estas señales como carencia de habilidades políticas. Por el contrario, siguiendo a Ulrick Beck, quizás se trate de cálculo maquiavélico. Después de todo, esa actitud de administradora prudente le ha reportado éxitos políticos sucesivos. Uno de los esloganes de campaña de la CDU es revelador: "Mantén la cabeza fría: Vota por la canciller".

LAS SOMBRAS DEL PASADO

En esta celosa discreción puede tener algo que ver la oscuridad que reina sobre gran parte del pasado de Merkel. Este año se publicó un libro que causó una gran polémica en Alemania sobre los orígenes políticos de la Canciller. Aunque nació en Alemania Occidental, su padre, un pastor protestante, se trasladó voluntariamente a la República Democrática, debido a sus convicciones socialistas. Ángela militó activamente en la juventud comunista, y llegó a ser responsable de "agitación y propaganda". A esta militancia contribuyó mucho, al parecer, su pasión por la cultura rusa, a la que la joven Ángela consideraba "plena de sentimiento".

Los autores no atribuyen a Merkel las habituales veleidades delatoras que se han descubierto, al cabo, en destacadas figuras de la intelectualidad germano oriental (o de otros países del Este). Pero recuerdan que ella nunca pretende pasar por una disidente. En todo caso, mostró su respaldo a la 'perestroika' y la 'glasnost' de Gorbachov. De hecho, Merkel no estuvo presente en las movilizaciones del otoño de 1989, ni fue una de las primeras dirigentes del periodo de transición. Helmut Kohl la descubrió cuando la unificación ya era un hecho.


Tal vez estas pinceladas arrojen una imagen más contrastada, menos estereotipada y superficial de la dirigente europea más impopular fuera Alemania, pero suavemente temida y desapasionadamente querida en su país.  

SIRIA: TIEMPO MUERTO PARA EVITAR UNA DOBLE DERROTA

12 de Septiembre de 2013

Los relojes de la operación militar norteamericana contra Siria se han detenido. La propuesta rusa de suspender los planes de ataque y acordar la entrega del arsenal químico sirio a la ONU para su destrucción ha sido aceptada como hipótesis de trabajo por Washington.

Aún sigue sin estar claro si se ha tratado de una argucia rusa o si quien realmente ha forzado la pausa ha sido la Casa Blanca. Como se sabe, la propuesta de Moscú surgió de un comentario previo, se supone que no intencionado, del Secretario de Estado Kerry, valorando positivamente una iniciativa que aún nadie había formulado.

Tanto Assad como Obama se enfrentaban a sendas derrotas. El primero corría el riesgo de encajar un severo castigo que, por “limitado y medido” que fuera, debilitaría seriamente su capacidad militar frente al bando rebelde. El segundo afrontaba un más que probable voto negativo  en el Congreso. No sólo en la Cámara de Representantes, sino también últimamente en el Senado, los partidarios de rechazar la intervención militar reunían una sólida mayoría, debido a la postura crítica de algunos demócratas. Obama se habría visto obligado a actuar en solitario. Ambas partes tenían motivos, por tanto, para parar el reloj.

Rusia, por interés propio, no ha sido un actor secundario. Si el ataque acarreaba el debilitamiento fatal de Assad, la pérdida geoestratégica para Moscú sería dolorosa. Lo último que quiere Moscú es un fortalecimiento sunní, por los efectos que pudiera tener en su patio trasero (Cáucaso), como dice en LE MONDE Arnaud Dubien, director del Observatorio franco-ruso. En orden menor, la humillación del régimen sirio pondría de nuevo en evidencia la inferioridad abrumadora de su material militar frente al estadounidense.

Para los reticentes aliados de Estados Unidos, esta “oportunidad diplomática” arrancó suspiros de alivio, porque permite albergar esperanzas de evitar otro sobresalto bélico que añadiría más tensiones al mercado petrolero y, por tanto, nuevos obstáculos en el tortuoso camino de la recuperación económica.

De momento, los más disgustados por la pausa en la cuenta atrás son los rebeldes sirios, que ya contaban con ganar posiciones, e incluso soñaban con el “comienzo del fin”, la batalla final contra el clan Assad. Ahora tendrán que esperar. Como ha esperado hasta la desesperación, durante días, el líder militar de la coalición opositora siria, General Salim Idriss, una llamada de la Casa Blanca para desplazarse a Washington D.C. y participar en las sesiones de concienciación de los congresistas a favor del ataque militar.

OBAMA COGE AIRE

En el rincón del ring político que para él se ha convertido el Capitolio, Obama ha hecho virtud de la necesidad. Pero como la propuesta rusa es escurridiza como el aceite –como luego veremos- se ve obligado a cuestionarla al tiempo que la acepta. O dicho de otro modo, a exigir que se concrete de manera fiable. La oferta del ministro Lavrov, se apresuró a decir el locuaz Kerry, debe ser “rápida, real y verificable, no una táctica dilatoria”. Y, paradójicamente, eso último es precisamente lo que ahora le conviene a su jefe, el Presidente.

Quizás para contrapesar esta impresión de que, con esta pausa diplomática, unos salvan el pellejo y otros la cara, Obama insistió en las condiciones para aceptar la propuesta rusa, durante su mensaje de cuarto de hora a la nación y al mundo. Pero, sobre todo, cargó las tintas emocionales, con referencias dramáticas al sufrimiento terminal de las víctimas. Se trató también de un esfuerzo por no añadir farsa a la tragedia: la suspensión temporal del ataque no podía acarrear la sensación de que faltaban razones para realizarlo.

¿UNA PROPUESTA INVEROSÍMIL?         

En estos últimos días, los medios especializados han consultado a expertos en armamento químico para explorar si la propuesta rusa es puro truco o tiene visos de ser aplicada. Los escépticos dominan por goleada.

La detección, localización, recogida, traslado y destrucción del arsenal químico es una de las operaciones de desarme más complejas que existen.

El arsenal químico sirio es uno de los mayores del mundo (se habla de no menos de cuarenta instalaciones), tras años de paciente acumulación, ante cierta pasividad internacional y el aprovechamiento sin escrúpulos de no pocas empresas occidentales que han vendido productos perfectamente conscientes del doble uso (civil y militar) al que podían estar destinados, como documentaba en su edición del pasado domingo THE NEW YORK TIMES, con datos proporcionados en su día por Wikileaks.

Que las operaciones de desarme tengan que hacerse en un escenario de guerra, con dos adversarios poco inclinados a colaborar, en particular los rebeldes, incrementa las dificultades exponencialmente. Hasta el punto de que algunos técnicos como Cheryl Rofer, colaboradora en su día del laboratorio de Los Álamos, en California, citada en FOREIGN POLICY, considera imprescindible un alto el fuego previo. Algo altamente improbable, por no decir imposible a corto plazo.

Por otra parte, parece acreditado que los militares sirios han movido algunos de sus arsenales recientemente; por tanto, es probable que no sea conocido el lugar actual de algunos de ellos, por no hablar de aquellos que han permanecido siempre fuera del alcance de los servicios occidentales de inteligencia.

De la envergadura de la operación da cuenta el personal que, según una estimación del Pentágono, pudiera necesitarse: decenas de miles de soldados e inspectores, sometidos a un riesgo permanente. Dicho de otra forma: “boots on the ground”; es decir, “botas en tierra” o personal militar sobre el terreno. Justo una de las cosas que Obama ha querido siempre evitar.

La operación de desarme, en todo caso, será necesariamente prolongada : dos décadas llevan en Irak los encargados de destruir el viejo arsenal de Sadam Hussein y aún no han concluido.

Y, para añadir un toque irónico, no ha faltado quien ha recordado que Estados Unidos, pese a firmar, contrariamente a Siria, la Convención de Prohibición de armas químicas (1993), aún dispone, veinte años después, de parte de ese arsenal.


En definitiva, que todo invita a pensar, efectivamente, que la propuesta rusa es una elegante estratagema para salvar la cara. Después de los primeros tanteos –fallidos- en el Consejo de Seguridad, los jefes diplomáticos de los dos grandes afinan la vía diplomática. A la hora de cerrar este comentario, Kerry y Lavrov cruzan argumentos y ofertas en Ginebra. Pronto sabremos si la oportunidad diplomática es sólo una pausa o la anulación ‘in extremis’ de un ataque anunciado.

SIRIA: EL ATAQUE SE COMPLICA

5 de Septiembre de 2013

El debate en el Congreso norteamericano -en Comisiones y en pasillo, a la espera de la puesta en escena solemne de la semana que viene- ha puesto en evidencia las complicaciones y dudas que rodean una de las decisiones más arriesgadas de Barack Obama. Y no sólo en política exterior. Lo que se está viendo no es la típica polarización rojo-azul (republicanos vs. demócratas), sino una creciente desafección de las bases políticas y sociales del Presidente, que prefieren ver a su líder concentrado en la agenda interior de recuperación económica, mejora de los derechos sociales y fortalecimiento de derechos civiles, y no en guerras de difícil comprensión.

Las intervenciones del jefe de la diplomacia, John Kerry, en la Comisión de Relaciones exteriores del Senado, las matizaciones del jefe de la cúspide militar, el general Martin Dempsey, y de su inmediato jefe político, el Secretario de Defensa, Chuck Hagel,y las opiniones y valoraciones, públicas y privadas , de representantes y senadores, se deduce que esa élite a la que llamamos Washington refleja bastante fielmente la división profunda con la que el país está viviendo el pre-ataque contra otro país árabe puesto en el índex de los 'rogue states'.

LOS ARGUMENTOS DEL DEBATE

Los argumentos a favor y en contra de la intervención se cruzan y entrecruzan y clarifican tanto como confunden.

Los que apoyan esgrimen las siguientes razones básicas:

- El régimen sirio se ha autoexcluido de los países civilizados al gasear a su propia población por razones políticas;  dejar pasar sin castigo esta agresión inhumana implica cobardía, bajeza moral.

- La pasividad supondría un estímulo para que otros tiranos usen armas de destrucción masiva contra sus pueblos o contra otras naciones enemigas (véase Irán y su supuesto arsenal nuclear, argumento habilidoso para persuadir a los republicanos que llevan meses reclamando a Obama más firmeza contra los ayatollahs).

- El prestigio que se perdería por no actuar no sería sólo el de Obama, una vez que el Presidente ha trasladado el problema a los representantes de la nación (a pocos legisladores le gusta pasar por tipos que escurren el bulto cuando se trata de izar la bandera).  

- El ataque no implica hundir al país en una nueva guerra en aquella endiablada zona, puesto que se trataría de una operación limitada y medida, sino que, por el contrario, podría ayudar a prevenir una intervención mayor al no dejar que los malvados se crezcan.

Los que se oponen replican así:

- Las pruebas de la responsabilidad de la cúspide del régimen en el ataque químico no son definitivas ni concluyentes (aunque son pocos los que sostienen esta postura, algunas contradicciones entre los informes de los servicios de inteligencia de varios países han abonado ciertas dudas).

- En la guerra interna siria no están comprometidos intereses nacionales serios, al menos no de momento, y no se puede actuar de 'garante moral ' del mundo permanentemente (o de 'gendarme', según los más críticos, en el ala izquierda demócrata)

- No está claro que una operación limitada disuada a Assad de volver a gasear a los opositores, lo que obligaría a ampliar y prolongar el ataque, con el riesgo de meter al país en otra guerra de larga duración en la zona (otro Irak), porque, como ironizaba un congresista demócrata, las guerras tienden a "salirse de madre". Contribuyó a este resquemor que el propio Kerry, enredado en las vicisitudes de la operación, no descartará que pudiera ser necesarias  "botas americanas" (tropas de tierra), afirmación luego desmentida con desesperada firmeza.

- De nada servirá a Assad si con eso se aumentan las opciones de otros 'chicos malos' enemigos del actual régimen, nada menos que los 'jihadistas' hijos de Bin Laden, que sí nos han atacado y nos siguen atacando, y que se comen corazones de sus rivales y otras lindezas publicadas estos días en los medios estadounidenses.

MÁS ALLÁ DEL RUIDO POLÍTICO

Por encima, o por debajo, del debate político, de argumentos sólidos y de descarados sofismas, se imponen algunas realidades.

- Ya es muy improbable una vuelta atrás. Puede darse por seguro el ataque, limitado o no, breve o más prolongado, de eficacia difícil de evaluar, puesto que el régimen sirio ha tenido tiempo de esconder, camuflar o hacer inalcanzable parte de su arsenal (acomodado en núcleos civiles inatacables).

- El ataque no se limitará a privar al clan Assad de volver a emplear armas químicas. No por cinismo, sino porque al destruir aeródromos, cuarteles, centros de mando y comunicación, vehículos más o menos expuestos, se debilitará su capacidad militar operacional global. Estados Unidos intervendrá en la guerra siria, lo declare o no, lo admita o lo niegue.

- Esta inflexión tendrá repercusiones regionales indudables. El debilitamiento de los Assad y su cohorte alawí puede beneficiar a la oposición moderada o a los oponentes radicales. Para que ocurra lo primero, Washington se tendrá que implicar más. Si no lo hace, triunfarán los segundos, lo que, en cualquier caso, obligará a una intervención norteamericana, menos deseable, porque será tardía y más costosa. Kerry aseguraba el otro día a un senador preocupado por el reforzamiento indeseado de los radicales que la administración tiene ascendiente suficiente para convencer a sus aliados árabes de la necesidad de frenar a los 'jihadistas'. Casi nadie quedó convencido. La lógica de la espiral es difícilmente replicable.

- Aún en el dudoso caso de un triunfo de los moderados en Damasco, resulta más que improbable que asistamos a una Siria estable, unificada y en paz. Los derrotados pueden conservar poderío, apoyo y aliento de supervivencia suficientes para hacerse fuertes en ciertos sectores de la costa, en el sur y en otros enclaves (los feudos alawies) para reproducir un nuevo Irak, plagado de sectarismo y violencia.

- En este proceso de transición hacia otra Siria, es imposible que los actores regionales asistan pasivamente a los acontecimientos. Todos presionaran para que la recomposición  del tablero sea más favorable a sus intereses. Israel sólo ve positiva la desestabilización de la actual Siria, si sirve para aislar a Irán y obligarlo a claudicar en sus proyectos nucleares. Turquía quiere ver un nuevo país muy atento a sus intereses de renacida potencia regional. Irak no querrá una Siria dominada por el 'sunnismo' militante y revanchista. Las monarquías del Golfo parecen las más acomodadas a los planes norteamericanos, pero se opondrán a una política demasiado conciliatoria con el 'alawismo', versión siria del 'chiismo'.

FUERA DE ESTADOS UNIDOS

Las complicaciones en Estados Unidos tienen un efecto indudable en otros lugares. En Francia, Hollande se ve obligado a atemperar su entusiasmo por la acción. El equipo del Presidente ha dicho que esperará al resultado de las deliberaciones en Washington para plantear un posible voto en la Asamblea Nacional, ya que Francia no podría ejecutar sola la operación de castigo contra Siria. En realidad, Hollande gana tiempo para gestionar el rechazo de una opinión pública muy contraria a sus planteamientos en este asunto.

También ha sido cogido en falta el Presidente de Rusia. Vladimir Putin sigue empeñado en no dar facilidades a Obama, incluso reprochándole mentiras a Kerry en su comparecencia ante el Senado. Pero se cubre ante el ataque norteamericano, asegurando que no se opondrá a ello si se prueba con toda claridad que Assad gaseó a su población. Es la típica jugada rusa, que ya ha visto antes: hacer pasar la impotencia por aquiescencia o condescendencia.

¿Qué decir de la propia Siria?  Las declaraciones de Assad a LE FIGARO recuerdan al Saddam Hussein anterior a sus dos derrotas. Aparente el Presidente sirio una confianza y una tranquilidad (bravuconería, incluso,) engañosas. Pretende que Obama ha forzado el debate en el Congreso para esconder una rectificación. Pero familiares de los jerifaltes del régimen dejan el país a paso forzado. Un antiguo colaborador decía estos días que todo se debe a esa actitud de resignación tan habitual en la cultura árabe: si todo está perdido, mejor es actuar con dignidad.


Assad cumple la semana que 48 años. Los 'tomahawk' que dentro de unos días lluevan sobre sus instalaciones militares llevarán impresa simbólicamente esta dedicatoria: "Feliz cumpleaños, señor Presidente!