IRÁN: LA “REVUELTA DE LOS HUEVOS”.

3 de enero de 2018

No se trata, por supuesto, de una vulgar referencia al coraje de miles de jóvenes que se han echado a la calle en Irán para protestar por la carestía de la vida, las desigualdades en el reparto de los recursos y el hartazgo ante una situación insostenible. Los huevos, uno de los alimentos básicos en el país, han subido de manera escandalosa. Algunos manifestantes han hecho de la rabia motivada por el alza del precio de los huevos el emblema de su protesta.

Aún es pronto para calibrar el alcance de la revuelta. Pero por su origen, extensión, contexto político y efectos inevitables en el interminable pulso que se libra en el interior del régimen, ya puede asegurarse que estamos ante el escenario más delicado desde las protestas acaecidas en torno a las elecciones de 2009. De proseguir la inestabilidad, estaríamos ante el mayor desafío interno de la República Islámica, cuando falta algo más de un año para cumplir su cuadragésimo aniversario. Estos son los rasgos distintivos fundamentales de la “revuelta de los huevos”.

1) El origen. - Contrariamente a 2009, o a la propia revolución que propició la caída del Sha, las protestas se han iniciado en ciudades de la periferia, no en Teherán. Si bien, el escenario de las mayores manifestaciones ha sido Marshad, la segunda ciudad del país, la mayoría de las villas sacudidas por las protestas han sido urbes de tamaño medio o pequeño. 

2) Los motivos. - Si en ocasiones anteriores las protestas se habían distinguido por la denuncia de la falta de libertades individuales, políticas y sociales, en esta ocasión el factor fundamental del malestar ha sido las condiciones de vida en los ámbitos rurales próximos a las villas donde se han registrados las manifestaciones. Desde hace años, una profunda sequía y el envejecimiento de las infraestructuras han motivado un brusco descenso de la producción agrícola y un incremento masivo de la emigración hacia las urbes próximas.

3)  Los actores. – No resulta extraño, por tanto, que hayan sido los jóvenes de estos entornos rurales los principales actores de la revuelta. En los movimientos contestatarios anteriores –de diferente naturaleza y amplitud- habían sido jóvenes urbanos instruidos, universitarios y pertenecientes a clases más acomodadas, y en particular los residentes en Teherán, más politizados, los que iniciaron las protestas. La juventud lidera la resistencia democrática en Irán. La mitad de la población tiene menos de 30 años y más de un tercio (quizás el 50%) se encuentra sin trabajo.

4) La respuesta desigual de las autoridades. – La respuesta de duros y moderados a las protestas ha puesto en evidencia, las distintas sensibilidades políticas que fracturan el establishment político iraní. Si bien unos y otros han condenado la violencia y han denunciado injerencias exteriores y manipulaciones interesadas, los moderados han admitido que los manifestantes no carecen de motivos para expresar su malestar, mientras los duros han puesto el acento en la interpretación conspirativa (“los enemigos externos”) y en el recrudecimiento de la represión y el recorte de libertades (bloqueo de las redes sociales y otras medidas restrictivas).

5) El contexto político. - Éste puede ser el elemento clave de la presente crisis. Algunas informaciones indican que notables figuras del sector duro del régimen habrían alentado las primeras protestas en Marshad, para debilitar la posición del gobierno, controlado por el Presidente Rohani, líder más visible de los moderados. Los manifestantes se alzaron contra el proyecto de presupuesto elaborado por el Gobierno, que contempla la reducción de los subsidios de productos básicos y la consecuente elevación de los precios.

De ser cierta, la maniobra tenía las alas muy cortas, porque provocó tanta o mayor indignación que en las cuentas públicas del Estado para este años se incrementaran las cantidades destinadas a operaciones militares exteriores o las dotaciones a entidades religiosas, por presión de los sectores más conservadores.

No puede asegurarse aún que las protestas hayan estado manipuladas, al menos inicialmente. Lo que parece claro es que, si fue así, el asunto se habría ido de las manos a los supuestos instigadores: a medida que crecía, la protesta no se focalizó en el gobierno, sino que se dirigió contra el resto de la compleja red de instituciones que componen la República Islámica y, en particular, la autoridad máxima, el Guía Jamenei.

Que los duros hayan querido explotar el descontento social por las medidas de austeridad a las que parece empujado el gobierno para debilitar a sus rivales en una encarnizada lucha por el control del poder es más que plausible. Estos sectores radicales han defendido siempre que acuerdo nuclear con Occidente no iba a ser a propiciar la recuperación económica, porque los enemigos de Irán nunca iban a permitir la consolidación de la República Islámica. Ciertamente, el dividendo del acuerdo ha resultado demasiado modesto y no ha permitido la mejora del nivel de vida de la mayoría de la población, entre otras cosas porque el levantamiento de las sanciones responde a un proceso gradual y está sometido a la desconfianza entre las partes.

6) La reacción exterior. – Como era de esperar, el tuiteador en jefe Trump se ha apresurado a hacer una lectura simplista y precipitada de los acontecimientos, con mensajes agresivos en los que se insinúa el respaldo de su gobierno a los contestatarios, pero sin especificar en qué puede consistir esa ayuda y hasta donde está dispuesto a llegar. Los líderes europeos, en cambio, han sido mucho más prudentes, resaltando la necesidad de contención de la fuerza y el necesario respecto por las libertades de expresión y manifestación, sin las alharacas del molesto aliado norteamericano.

7) Las consecuencias. – A primera vista, ante la amenaza de una amplia desestabilización, es posible que las distintas tendencias del régimen se pongan de acuerdo para sofocar la revuelta. Pero si no pudieran controlarla o se desencadenaran episodios de violencia represiva, no es descartable que las tensiones internas pudieran agudizarse. Este escenario es sumamente inquietante porque no está claro cuál podría ser el resultado. Desde hace tiempo, dentro y fuera de Irán se elaboran hipótesis sobre una eventual superación del régimen (1). Los especialistas no se ponen de acuerdo sobre el escenario más plausible: reacción, reforma o revolución. De momento, Irán hierve, en un momento en que su entorno exterior inmediato vive un periodo de extraordinaria y peligrosa convulsión.


NOTAS


(1) “Iran’s Path to Democracy: ¿Reform or Revolution?”. HALEH ESFANDIARI. FOREIGN AFFAIRS. Enero-febrero.

EMPRESARIOS PRESIDENTES

20 de diciembre de 2017               
El conservador Sebastián Piñera, un hombre de negocios seducido desde hace tiempo por la política, volverá a ser Presidente de Chile, a partir de marzo del año que viene. El triunfo obtenido en las elecciones del domingo pasado confirma el giro a la derecha en la región. Sin sables o sermones. Ahora es la empresa, el éxito privado, lo que marca tendencia.        
En Chile, como en Argentina o como en Perú, la ciudadanía otorga la confianza a quien parece haber demostrado que sabe hacer dinero. Por si pudiera replicar la eficacia económica a escala nacional. Es la nueva propuesta ilusoria en una región que parece moverse por bandazos: golpes militares en los setenta, rectificaciones neoliberales autoritarias en los ochenta, década perdida generalizada en los noventa, respuesta progresista con el cambio de siglo y ahora esta apuesta por el espejismo de los negocios como fórmula salvadora.                
SEGUNDA OPORTUNIDAD PARA PIÑERA
Piñera ya probó suerte cuando el desgaste de la Concertación y el fracaso de las políticas sociales niveladoras alejó de las urnas a millones de electores en 2010. A pesar de los vientos favorables que supuso el alto precio del cobre en los mercados internacionales y de otros factores coyunturales positivos, la gestión del empresario multifacético chileno no fue demasiado brillante. La fórmula del centro izquierda post-pinochetista volvió a ganar las elecciones siguientes. Piñera encajó como pudo la frustración y se propuso obtener una segunda oportunidad. No ha tardado mucho en conseguirla.
Todo indica que ese modelo que ofreció a Chile cierta estabilidad política y niveles de crecimiento económico muy por encima de la media regional está agotado. La gran coalición de centro-izquierda, desde los democristianos a los comunistas más o menos pactistas, ha cumplido su recorrido histórico. En estas elecciones hubo un momento en que, ante la perspectiva del giro a la derecha, podía reeditarse ese gran pacto contra cualquier forma de herencia (política, económica, social o cultural) de la dictadura.
El gran fracaso del segundo mandato de Bachelet ha sido el preludio de la derrota de su heredero, Alejandro Guillier. Dos han sido los factores que han condenado al centro-izquierda: el efecto negativo de la crisis internacional, que generó un nuevo ciclo bajista en el precio de las materias primas (en Chile, el cobre) y algunos sonoros casos de corrupción en el propio entorno familiar de la presidenta. Aunque la honestidad de ella nunca se ha puesto en duda (como la de Dilma Roussef en Brasil) las manchas le salpicaron desde muy cerca
Chile es un caso muy singular en América, porque los resultados económicos, de las últimas décadas, deberían haber permitido logros más ambiciosos en la reducción de la desigualdad. No ha sido así. Ese ha sido el principal fracaso del centro-izquierda.
Los movimientos sociales, en particular el estudiantil, ha sacado los colores a esa coalición que ha gobernado en Chile casi ininterrumpidamente en el país (salvo el interregno fallido de Piñera) en las últimas (casi) tres décadas. La Concertación empezó a resquebrajarse por el tramo más a la izquierda, como era de esperar. La constitución de un Frente Amplio (resonancias uruguayas), no fue suficiente para contener el giro a la derecha. El pacto interclasista y multipartidista, con remotas evocaciones de la transición española, se había acabado hace mucho tiempo. Las rivalidades y enfrentamientos no preludiaban nada bueno. A nadie le pueden haber sorprendido los resultados electorales.
El candidato apoyado por el centro-izquierda en la segunda vuelta, un periodista televisivo de orientación socialdemócrata, Alejandro Guillier, no pudo explotar su popularidad entre los ciudadanos para revertir una tendencia perdedora. Ahora toca autocrítica y preparar el futuro. Pero la fórmula, todo el mundo está de acuerdo, ya no puede ser la Concertación.
Piñera tampoco lo va a tener fácil. No dispone de mayoría en el legislativo y, aunque se presenta ahora con un discurso más moderado y ha prometido favorecer acuerdos con la oposición, está por demostrar que pueda conseguirlo. Los estudiantes se la tienen jurada por el desprecio con el que los trató en su primera etapa presidencial. Los sectores populares más activos no se fían de su conversión y aguardan en orden de combate.
MISMAS INTENCIONES, DIFERENTE DISCURSO
El otro presidente-empresario por antonomasia en la región es el argentino Julio Macri. Con el fútbol como banderín de enganche y objeto de seducción (Boca Juniors o Colo-Colo), ambos empresarios/políticos deben más sus triunfos a los goles en propia meta de sus adversarios que a los suyos propios. Macri se aprovechó de la descomposición del kichnerismo y la enésima división peronista. Piñera ha cabalgado sobre la decadencia de la Concertación.             
Era cosa de tiempo, de poco tiempo, que las políticas liberales de Macri generaran rechazo. A las movilizaciones del año anterior se añade ahora una protesta que gana fuerza día a día, en este caso contra la propuesta de reforma de privatización del sistema de pensiones. Es un tema explosivo éste en la región. Sin ir más lejos en Chile, pionero de este enfoque neo-liberal que el pinochetismo tardío impuso, inspirado en el capitalismo popular thatcherista.    
Piñera tendrá que gestionar una agenda opuesta en ese capital asunto. Los partidos del centro-izquierda y los movimientos sociales no le darán tregua si no cumple con su promesa de enterrar el pernicioso sistema de fondos privados de pensiones, que ha añadido más desequilibrios en una sociedad ya de por si muy desigual. El otro reto que tendrá será apaciguar al movimiento estudiantil. En campaña se comprometió a ampliar y reforzar la educación universitaria en un sentido opuesto al que promovió en su primer mandato. Los estudiantes no olvidan uno de sus lemas más conocidos: la educación es una mercancía más.             
El dilema de Piñera es que si se acerca al centro y hace guiños a la izquierda y a los sectores sociales más activos se enajenará el apoyo de la derecha más dura. Los pinochetistas andan en retirada, pero el presidente retornante los sigue necesitando para sumar. Como le está ocurriendo a Macri, la renta del cansancio o del rechazo de las fórmulas agotadas no son suficientes para garantizar la estabilidad de unas reformas liberales, aunque el término, muy impopular en la región, se oculte bajo un espeso manto de marketing y propaganda.        
El otro caso de empresario achicharrado en los pasillos del poder político ha sido el de Perú. El Congreso ha iniciado el proceso de destitución del Presidente Kuczynski por un asunto de corrupción. El triunfo por la mínima sobre la hija de Fujimori ha resultado ser de muy corto vuelo. Ahora soplan vientos inciertos, después de un fallido mandato izquierdista, que se quedó a medio camino entre el populismo chavista y el social-liberalismo del APRA.                   
América Latina parece abocada a unos años de inestabilidad, de espejismos liberales, de nuevos ajustes duros para clases populares, disfrazados de reformas. Después de aquella feroz década pérdida, esa región a la que prestamos incomprensiblemente tan poca atención los españoles, parece encaminada a otro periodo de confusión y desatinos.

TRUMP SE DILUYE EN SU PROPIA CARICATURA

13 de diciembre de 2017
                
Los análisis y comentarios en torno a las salidas de tono de Trump, sus anuncios dudosamente legales e incluso constitucionales, los planes fiscales que apadrina, favorables de forma desvergonzada no ya a los ciudadanos más ricos del país sino a sí mismo en tanto empresario de dudoso respeto por las normas vigentes, y finalmente sus escopetadas en materia exterior empezaron a ser cansinamente repetitivas ya hace tiempo.
                
No puede girar el interés internacional en torno al más incompetente inquilino en la historia de la Casa Blanca. No puede convertirse la anécdota en categoría ni el twit que no cesa en sinónimo de política oficial. Pero, por exigencias del guion, el caso es que es así.
                
Trump es un personaje de comedia bufa, de reality show en horas bajas, en perdida acelerada de capacidad imaginativa. Pero aún y todo, hay bufonadas presidenciales que superan la paciencia de propios y extraños.
                
LA MASCARADA DE JERUSALÉN
                
El precipitado, inconsistente, innecesario y perturbador anuncio del reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel ha sido la última mascarada del no-presidente norteamericano y quizás una de las que pueden comportar peores consecuencias, en un momento de especial incertidumbre sobre la estabilidad en la región de Oriente Medio.
                
Es bien sabido que el estatus de Jerusalén era uno de los asuntos más delicados de las siempre estancadas negociaciones de paz, la piedra de toque más sensible de cualquier acuerdo. Había consenso entre los actores externos comprometidos en el proceso de no tocar esa pieza antes de avanzar con las otras, también importantes, pero quizás menos volátiles. Incluso el establisment político y diplomático norteamericano compartía esa prevención desde hace décadas.
                
Nada más estimulante para un personaje de diván como Trump que azotar un manotazo a ese castillo de naipes protegido bajo una campana de cristal. Mientras encargaba a su yerno la tarea más complicada de la diplomacia internacional desde el Tratado de Versalles, es decir, la conclusión de un acuerdo estable de paz en Palestina, el infatigable no-presidente se encargaba de segarle la hierba bajo sus pies, por pura incompetencia (1).
                
Por mucho que se hable del compromiso de Trump con la derecha dura israelí, o con los fanáticos evangélicos que se han convertido en el mejor abogado/financiador de los judíos más recalcitrantes, lo cierto es que es el impulso irresistible de sus caprichos más que la convicción profunda de sus ideas es lo que ha determinado su decisión de la semana pasada.
                
En el departamento de Estado y en la propia Casa Blanca, en la ONU y en los think-tank que asesoran al gobierno se repite insistentemente que el anuncio trumpiano tendrá pocas repercusiones prácticas. No veremos la bandera de la embajada norteamericana ondear en el cielo sacralizado de Jerusalén antes de dos años, si es que la vemos entonces. Ni se ha modificado la posición norteamericana sobre las fronteras de la ciudad santa, ni sobre el estatus de ese territorio intocable para cristianos, musulmanes y judíos. O sea, todo seguirá más o menos igual, excepto el dolor de la caprichosa patada en el estómago a los palestinos (3) y, más retóricamente, a los árabes en general, o el bofetón a los propios socios occidentales. Que 14 de los 15 miembros del actual Consejo de Seguridad de la ONU hayan criticado la ocurrencia del magnate norteamericano vestido con toga presidencial indica bien a las claras la magnitud de la torpeza.
                
LAS INTENCIONES DEL PRESIDENTE
                
Muchos se preguntan qué pretendía Trump con esto, ahora que habían reconstruido las relaciones con los saudíes, bien es verdad que sobre bases más que dudosas, con el objetivo de aislar a Irán, o por lo menos de frenar la secuencia de éxitos de los ayatollahs en toda la región, desde sus fronteras hasta el Mediterráneo. Tras la derrota del ISIS llegaba el tiempo de construir y no romper barajas muy antiguas y apreciadas.
                
Algunos analistas responden que el llamado presidente ha querido distraer la atención del cerco que lenta pero pacientemente se cierne sobre sus turbios manejos preelectorales. El trabajo sistemático y eficaz del investigador especial Mueller en torno a los vínculos de la campaña presidencial con el Kremlin y sus asociados avanza y va derribando o poniendo en clara evidencia a los principales colaboradores de Trump. Que su malogrado, efímero y patético Consejero de Seguridad Nacional (el puesto más importante de un gabinete presidencial) se avenga a colaborar con el equipo de Mueller indicaría la consistencia de las acusaciones.
                
UNA CASA BLANCA DISPARATADA
                
¿Puede decirse que el insólito líder de Occidente esté nervioso? Tal vez. Pero más bien debemos de pensar que es inasequible a ese tipo de consideraciones. El domingo pasado, el NEW YORK TIMES publicaba un extenso trabajo de investigación (3) , basado en el testimonio de unas setenta personas del entorno presidencial en el que se expone con bastante nivel de aproximación y detalle el perfil, los rasgos, reflejos y manías del personaje público, pero sobre todo privado. El trabajo periodístico no tiene desperdicio, aunque no revele secretos fabulosos ni sorprenda a los lectores más familiarizados con la actualidad política de los Estados Unidos.
                
La obsesión de Trump por los programas de televisión, su dependencia de Twitter y su adicción a la Coca-Cola zero, la propensión a rodearse de quien le viene en gana, su resistencia a seguir el asesoramiento sensato de los consejeros que él mismo ha elegido o ha dejado vivos tras una especie de purga sin fin y sin un claro propósito, el caprichoso manejo de la agenda y otras muchas circunstancian que hacen de la Casa Blanca una réplica insuperable de cualquier serie de ficción televisiva hacen pensar seriamente de nuevo si este hombre puede no ya ser reelegido, sino concluir su actual mandato. El artículo mencionado recoge, no obstante, su aparente ambición de competir en 2020 y se permite dispararse a sí mismo, y desde ya mismo, en la caza, captura, acoso y derribo de sus potenciales o presentidos adversarios.
                
Ya sea ofendiendo a millones de musulmanes, inmigrantes o mujeres, ya jugando a un pulso de testosterona con el líder norcoreano, ya haciendo mofa de derechos sociales o de libertades públicas, ya defendiendo prácticas de dudoso gusto o de cuestionable legalidad, Trump desafía la capacidad de asombro de la clase política, de los medios que le han bailado demasiado el agua, de las entidades civiles extremistas o defensoras de causas claramente antidemocráticas y/o peligrosas. Ha conseguido que no importe demasiado lo que diga, siempre que los equipos de rescate de sus sandeces sean capaces de neutralizar las consecuencias de sus actos o declaraciones.

                
El Trump real se transforma cada día más en su caricatura. Y en la irrealidad e inconsistencia de esta mutación radica que su presidencia sea más una anécdota que un trágico paréntesis en la historia de los Estados Unidos. 

(1) “Jerusalem. After 30 Years of Hope and Failure, What’s Next for Israel/Palestine. HADY AMR. FOREIGN POLICY, 11 de diciembre.

(2) “How Trump’s Jerusalem Announcement Will Shape Palestinian Politics”. GAITH AL OMARI. FOREIGN AFFAIRS, 6 de diciembre.


(3) “Inside Trump’s Hour-by-Hour Battle for Self-Preservation”. THE NEW YORK TIMES, 10 de diciembre.

YEMEN: EL FIN DE LA DANZA SOBRE LA CABEZA DE LAS SERPIENTES

5 de diciembre de 2017
    
Hay pocos asuntos del panorama internacional que revistan una enorme gravedad y merezcan tan poca atención como el de Yemen.

Ese país, al que los romanos denominaron la “Arabia Félix”, por el regalo que suponía ser bendecido por las aguas suaves del Mar Rojo en contraposición a la aridez inclemente que se extendía más al norte, se encuentre sumido en una pavorosa guerra interna (incivil) de sectas, facciones, ambiciones personales y potencias regionales apoyadas por la complicidad y/o la pasividad occidental.

La ONU considera Yemen como un caso claro de catástrofe humanitaria. Sin paliativos. Las causas de la crisis se remontan a varias décadas atrás. Pero pueden rastrearse con claridad las responsabilidades con sólo remontarnos a 2011, cuando se desata la mal llamada primavera árabe, en 2011.

MÁS QUE PRIMAVERA, ESPEJISMO

Aquella revuelta, justificada pero ambigua, espontánea en su origen pero manipulada inmediatamente desde dentro y desde fuera, le costó el cargo al entonces Presidente Ali Abdallah Saleh, un autócrata más de los que hacían y deshacían a su antojo en la región, con el aprovechamiento personal, familiar y tribal como único objetivo claro de su mandato. Occidente se había acomodado a este jerifalte por la única y sencilla razón de ofrecerse como correa de transmisión de la estrategia antierrorista.

El patrón de Saleh era el vecino poderoso saudí. Al percatarse de que la suerte de su protegido estaba echada, se optó rápidamente por un recambio, en la persona de un hombre más limpio, menos gastado, Abed Rabbo Mansur Hadi.

El depuesto líder no se conformó fácilmente. Cualquier cosa le podía valer para pagar caro su destino. El desorden del momento propició una revuelta de una minoría de orientación shií en el sur del país conocidos como los houthies, apoyados por Irán.

Saleh había reprimido a modo a los houthies durante años, como enemigos sectarios que eran, frente a la hegemonía sunni que él encabezaba hasta 2011. Pero, bajo el principio de que los enemigos (tradicionales) de mis (recientes) se pueden convertir en mis amigos (convenientes), el tornadizo líder en desgracia apañó una alianza con los houthies.

Con la excusa de la interferencia iraní, los saudíes y algunos de sus aliados del Golfo participaron activa y masivamente en la guerra para favorecer a su nuevo protegido, Hadi. Lo que vino después fue una guerra horrible, que ha martirizado a la población, destruido casi toda la infraestructura del país e hipotecado su futuro.

A pesar de los impresionantes recursos y los nulos escrúpulos demostrados, la Casa Saud ha sido incapaz de doblegar la resistencia houthi. Obama prestó ayuda de inteligencia, logística y armamentista a Ryad, aunque la ineficacia y la brutalidad de la campaña militar le generó muchas dudas.
  
CAMBIOS EN EL TABLERO REGIONAL

Trump no se ha andado con tantas dudas. De inmediato le dio un cheque en blanco a la petromonarquía, convertidos en amigos íntimos por obra y gracia de su primera, extravagante e inconsistente gira por Oriente Medio. Restaurada una alianza muy deteriorada tras el acuerdo nuclear con Iran, la carta saudí se ha convertido en uno de los principales pilares de la improvisada y errática visión exterior de la Casa Blanca. Trump ha puesto a su yerno al timón de una diplomacia desnortada y desmoralizada, en detrimento del propio secretario de Estado, el petrolero Tillerson, a quien todo el mundo da por acabado antes de Navidad o en el primer aniversario de la inauguración del presidente, a finales de enero.
            
Estos días, el presidente palestino, Mahmud Abbas (otro zombi de los muchos que habitan en la región) se ha escandalizado al comprobar que los saudíes están dispuestos a lanzar una iniciativa diplomática que favorece los intereses israelíes hasta un extremo que nunca habían osado llegar en cualquier capital árabe desde hace 7 años. El eje Washington-Tel Aviv-Ryad está en el horno.

El trasfondo de este reordenamiento estratégico tiene mucho que ver con lo que se percibe como “avances de Irán” en la región. No en vano, la República islámica ha conseguido un corredor de aliados que le asegura acceso al Mediterráneo mediante su influencia creciente en Irak, Siria y Libano (a través de Hezbollah).

Consciente de estos movimientos y de la fortaleza que sus aliados temporales houthies han ido adquiriendo estos años, bajo una protección distante y difusa de los ayatollahs iraníes, el malogrado Saleh consideró llegado el momento de cambiarse de nuevo de lado el fusil. Gajes del oficio de maniobrero. En una ocasión dijo que su tarea política consistía en “danzar sobre la cabeza de las serpientes”. O sea, en roman paladino, pasar de un bando a otro al ritmo de la percepción de sus intereses.
                     
Pero como ese juego es siempre incierto y muchas veces peligroso, algunas de esas serpientes se han revuelto contra el que pretendía jugar con ellas y le ha mordido mortalmente. El pasado lunes, los houthies, que no le habían condonado la pena de muerte dictada contra él hace años, aunque la hubieran aplazado en beneficio de unas ventajas temporales, se han cobrado la venganza. De esta forma, los houthies golpean antes de ser traicionados de nuevo. O mejor dicho, nada más ser traicionados de nuevo, porque el giro de Saleh era ya más que claro (4).
           
Los saudíes aprovecharán este ajuste de cuentas para intentar estrechar el cerco. Lo que significa más sufrimiento de la población, entre los ignorantes tuits del inquilino de la Casa Blanca.



NOTAS.

(1) “How humanitarian crisis began, and how to end it”. ORKABY. FOREIGN AFFAIRS, 23 de noviembre.

(2) “The Human Toll of a unending War”. FAITE. FOREIGN POLICY, 22 de julio.

(3) “Talk of a peace plan that snunbs palestinians roils Middle East”. THE NEW YORK TIMES, 3 de diciembre.

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(4) “The death of Yemen’s strongman sets the stage for even more caos”. ISHAAN THAROOR. THE WASHINGTON POST, 5 de diciembre.