DEL PUÑO DE HIERRO AL GUANTE DE SEDA

 18 de febrero de 2026

La Gran Misa anual de la Seguridad Occidental en Munich se ha oficiado con una resignación apenas barnizada de una esperanza forzada en la supervivencia del Orden Liberal Internacional. Después del puñetazo del año pasado, propinado por el Vicepresidente norteamericano, D. J. Vance, ahora le tocó el turno al Jefe de la diplomacia, Marco Rubio, que aplicó una palmadita paternalista en guante de seda.

Rubio no es un liberal al uso, o sólo lo es en materia económica; en geopolítica, pertenece al ala dura del Partido Republicano, entregada a Trump, a la fuerza, por instinto de supervivencia o por oportunismo. Producto del exilio cubano, el actual Secretario de Estado ha sido siempre un reaccionario en política exterior. Aspiró a la Presidencia en 2016, pero fue vapuleado por Trump, como otra media docena de aspirantes que pretendían enterrar el modesto legado de Obama. Luego hizo el camino de Damasco hacia las grutas trumpistas, y el Jefe máximo lo acogió con una mezcla de condescendencia y desdén, para que, con su verbo esquinado, esparciera su evangelio ultraconservador.

Ahora Rubio se ha ganado cierta confianza en el mundo MAGA, porque se ha empeñado en demostrar que ha dejado atrás la ortodoxia republicana del orden liberal. En Munich, Rubio no ha corregido el discurso de Vance: lo ha hecho más tragable, pero sólo para los predispuestos del consenso centrista europeo, que quieren ver brotes verdes donde sólo hay, en realidad, cardos y espinas.

La exposición de Rubio no dejó lugar a dudas. La civilización occidental está en peligro y Estados Unidos no está dispuesto a gestionar su decadencia, sino a combatir por su recuperación. Si Europa se une en este empeño, estupendo; en caso contrario, seguirá sola y con una implacable defensa de sus intereses.  Los mensajes de Vance y Rubio son “las dos caras de una misma moneda”, resume la directora del Instituto Italiano de Relaciones Exteriores, Nathalie Tocci (1). O la táctica del “poli bueno y el poli malo”, que parecen distintos pero trabajan para el mismo fin, como prefiere caracterizarlo el profesor de Harvard Stephen Walt (2).

Prueba de que esta suavización de Washington es un espejismo fue el resto de la agenda de Rubio en Europa. Después de Munich visitó Bratislava y Budapest, donde gobiernan los principales exponentes del nacionalismo patriótico europeo tan apreciados por esta administración norteamericana. Hungría vive vísperas electorales y Rubio dejó claro a Orban, en su momento político más delicado en tres lustros, que Trump quiere que siga en el poder.

Pese a todo, los políticos alemanes de la gross koalition han preferido ver el vaso de Munich medio lleno; otros líderes europeos no se engañan y dicen que está a punto de vaciarse. Las sensibilidades europeas tienen que ver con la historia y con las urgencias políticas, pero sobre todo con el peso de las dependencias.

¿HACIA UNA ALEMANIA HEGEMÓNICA?

El canciller Merz cabecea con nostalgia ante el debilitamiento de la protección americana de las últimas ocho décadas. La gratitud por la victoria sobre el nazismo es comprensible en la derecha y el centro-izquierda alemán. Pero pesa tanto o más el dique estratégico levantado frente a la “amenaza” del estalinismo durante la guerra fría. Ahora, como ya advirtiera Merkel, Alemania debe prepararse para asumir responsabilidades, durante 80 años enterradas. El país más poblado y rico de Europa se dispone a convertirse, otra vez, en el más musculoso. Un fantasma resurge de nuevo: el de la Alemania hegemónica.

Sobre este temor empiezan ya a reflexionar analistas occidentales como Liana Fix. Esta experta en temas germánicos del Consejo de Relaciones Exteriores, sanedrín estratégico de Washington, presenta cifras contundentes. “En 2025, [Alemania] gastó más en defensa que cualquier otro país europeo en términos absolutos. Su presupuesto militar  se sitúa en el cuarto puesto del ranking mundial, después del de Rusia. Se espera que el gasto militar anual ascienda a 189 mil millones de $ en 2029, más del triple del que se registró en 2022” (3).

En la OTAN están seguros de que, en tan sólo unos años, el presupuesto militar alemán duplicará los de Francia y Gran Bretaña juntos. La Bundeswehr volverá a ser un ejército de soldados profesionales si la actual campaña de atracción de voluntariado no arroja resultados satisfactorios.

Un zeitewende (cambio histórico), como lo definió el anterior Canciller, Olaf Schol) que tendrá un impacto enorme en todo el continente y, en particular, en los vecinos de la potencia renacida, resalta Fix.

Esta es la paradoja de Europa. Obsesionada con el miedo a Rusia, desengañada por el desinterés americano, se encomienda a una militarización que va a condicionar el pulso económico de los próximos años y despertar viejos temores que se creían superados.

LA APRENSIÓN FRANCESA

Francia encabeza ese grupo de países que se esfuerza desesperadamente por  controlar el desbarajuste de la seguridad europea. Ahora cuenta con algo que no existía ni en 1914 ni en 1939: la exclusividad nuclear, sólo compartida con Gran Bretaña. No por casualidad, el discurso del Presidente francés en Munich ha sido tanto el más escéptico por el guante de seda de Rubio como el más activo en la promoción de un proyecto comunitario de defensa. De momento, en París no se hace explicita la desconfianza hacia esa potencia militar alemana en ciernes, pero las divergencias con Berlín son palpables.  Macron es un pato cojo, pero quiere dejar un legado, y no hay otro mayor que diseñar una nueva seguridad europea que impida sustituir una hegemonía por otra (4).

La editorialista en asuntos exteriores del diario LE MONDE, Sylvie Kauffmann, considera “revelador” que fueran tres dirigentes alemanes quienes dieron la señal de aplaudir al término del discurso de Rubio en Munich: el ministro de defensa, Pistorius (socialdemócrata); el de exteriores, Wadephul (cristiano-demócrata); y, a la derecha, el social-cristiano Marcus Söder, líder en Baviera, länder anfitrión de la reunión (5).

Alemania quiere una autonomía relativa de Estados Unidos, suave, que eluda cualquier ruptura, que le garantice un lugar de privilegio en la nueva arquitectura de la seguridad europea. Francia es más ambiciosa: ¿por recelos hacia Estados Unidos o por temor a una Alemania demasiado fuerte? Este dilema no aparecerá en los discursos públicos, pero ya está en los cenáculos privados, y no sólo en París, sino también en Varsovia, en Riga, Tallín, Vilnus y muchas capitales más.

El otro gran actor de la alternativa al orden occidental actual es Gran Bretaña. Pero si Berlín es reticente a una separación radical de Washington, Londres permanece atado al vínculo transatlántico: por necesidad y por vocación. El actual Premier, un hombre que vive en estado de premura política permanente,  fue cauteloso al máximo en Munich. Aunque Starmer ha ido mucho más lejos que sus antecesores en el fortalecimiento de las relaciones con Europa hasta llegar a una coordinación de los arsenales nucleares de Londres y París, no está dispuesto a la renuncia del “imperativo estratégico del vínculo transatlántico”, como le ha dicho Sophie Gastón, del King College londinense a Katia Adler, de la BBC (6).

Trump no aprecia estas sutilezas estratégicas, pero los postureos europeos de resistencia a sus exigencias en materia comercial y militar no le van a disuadir de afirmar un nuevo liderazgo americano más exigente y determinante. El actual Presidente no persigue seguramente un nuevo Orden, como dicen sus exégetas dentro y fuera de Estados Unidos, sino simplemente una satisfacción vanidosa en forma de claudicación amable de Europa. 

Mejor por las buenas que por las malas. Esa ha sido la divisa de Trump en los amagos de las guerras de los aranceles, y todo indica que será la que aplique en el apartado de la seguridad. Rubio está más dotado que Vance para ese propósito de la sumisión dulce. Otra cosa es lo que dure el anterior senador por Florida es esa posición de privilegio que supone aunar la Secretaría de Estado y el pilotaje de Seguridad Nacional. Sólo Kissinger disfrutó de ella (1973-1975), en la época convulsa del ocaso de Nixon y el efímero mandato de Ford. En los Estados (des)Unidos de Trump sólo importa él.

El movimiento MAGA cuenta con otro apoyo reforzado fuera de Europa. En Japón, la derechista Sanae Takaichi ha conseguido la victoria electoral más contundente desde 1946 (7). Aparte de su duro discurso antiinmigración, se ha atrevido a desafiar a Pekín, al comprometerse en la defensa de Taiwán en caso de invasión china. No sólo eso: Tokio invertirá medio billón de dólares en EE.UU, fruto del reciente acuerdo/chantaje comercial (8). Takaichi puede ser para Trump lo que Thatcher fue para Reagan.


NOTAS

(1) “Why Marco Rubio’s ‘reassuring’ speech to Europe was nothing of the kind”. NATHALIE TOCCI. THE GUARDIAN, 16 de febrero.

(2) “Trump Is Playing Good Cop/Bad Cop With Europe”. STEPHEN M. WALT. FOREIGN POLICY, 17 de febrero.

(4) “Europe’s next hegemon. The perils of German Power”. LIANA FIX. FOREIGN AFFAIRS, 6 de febrero “America offers Europe warmer words, but a deep chill remains”. THE ECONOMIST, 14 de febrero.

(5) “A la Conférence de Munich sur la sécurité, le message de Rubio était le même, sur le fond, que celui de Vance”. SYLVIE KAUFFMANN. LE MONDE, 16 de febrero.

(6) “Trump's new world order has become real and Europe is having to adjust fast”. KATY ADLER. BBC, 14 de febrero.

(7) “Japon: le raz-de-marée Takaichi et le nouveau visage du pouvoir”. CÉLINE PAJON. INSTITUT FRANÇAIS DES RELATIONS INTERNATIONALES, 11 de febrero.

(8) “Trump Hails Japan’s First Batch of U.S. Investments”. RIVER AKIRA DAVIS & ANA SWANSON. THE NEW YORK TIMES, 17 de febrero.

 

 

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