25 de febrero de 2026
Una
guerra se enquista, la de Ucrania, y otra se dibuja en el horizonte, la de Irán.
¿O ésta se trata en realidad de un espejismo o una artimaña?
En
Ucrania, cuando se entra en el quinto año de conflicto bélico, los frentes
están cerca de la congelación. Los avances rusos son menores a 100 metros por
día. En 2025, Rusia sólo ha conquistado un 0,83% del territorio ucraniano. A un
precio terrible: cerca de 400.000 muertos, tres veces más que sus rivales (1).
La destrucción se traslada a las ciudades e infraestructuras energéticas. Con
la predominancia de los drones, ambos bandos han modificado sus tácticas de
combate, como describe Michael Kofman, analista de la Fundación Carnegie (2). Las
operaciones militares son escasamente influyentes en las llamadas negociaciones
de paz, ahora reducidas a los contactos bilaterales ruso-americanos, ante la
renuencia de Ucrania y la desconfianza de Europa.
En
Irán, el régimen negocia también con Washington sin que se sepa exactamente lo
que cada parte pretende. Los ayatollahs querrían conservar lo que aún permanece
en pie de su programa nuclear, destruido
parcialmente -aunque se ignora en qué grado- en los bombardeos israelíes y
norteamericanos del pasado junio. Eso es lo que se admite, pero es evidente que
los líderes de la República Islámica pretender asegurar su supervivencia, en el
momento quizás más delicado en sus 47 años de turbulenta trayectoria.
Como
siempre ocurre con el libreto de Trump en los conflictos internacionales, domina
la confusión. El despliegue militar en las cercanías de Irán es el mayor desde
2003, cuando Bush (W) ordenó atacar a Irak para derribar a Saddam Hussein. En
las aguas de Golfo se encuentra ya un tercio de la fuerza naval estadounidense
y unos 200 aviones. Trump dispone de un arsenal apabullante en orden de combate
(3). Dicen los expertos que el coste inmenso de este despliegue se convertiría
en un despilfarro de no llevarse a término. Pero es evidente que para forzar la
claudicación de Teherán, Trump tiene que transmitir el mensaje de que el ataque
es no sólo posible sino casi inevitable.
El
presidente norteamericano no es muy respetuoso con la verdad o con el rigor
para apoyar sus tretas tácticas, de ahí que haya malinterpretado o manipulado
al Jefe de Estado Mayor Conjunto, el General Dan Caine, al poner en su boca que
una eventual operación militar sería ejecutable con un altísimo porcentaje de
éxito. Sin embargo, las fuentes del Pentágono que han sido consultadas por los
corresponsales acreditados no ofrecen esa visión, ni mucho menos. Más bien Caine
habría señalado las dificultades a las que se enfrenta la actual fuerza
expedicionaria norteamericana. Dicho de otra manera: Irán no es Venezuela.
Eliminar al Guía Supremo Jamenei -o extraerlo del país- no sería comparable a
lo que se hizo con Maduro (4).
EL
MÉTODO TRANSACCIONAL
El
estilo Trump ya no sorprende a nadie, pero eso no quiere decir que las opciones
se puedan manejar con un nivel aceptable de certidumbre. Y no sólo por la
volatilidad de sus decisiones. A estas alturas, parece que el negociante
convertido en Presidente tan sólo pretende obtener ganancias económicas en estos
dos conflictos.
En
Ucrania, esta interpretación no puede considerarse especulativa. Los
participantes lo han admitido parcialmente, aunque sin ofrecer detalles. Trump
quiere que la guerra acabe cuanto antes, sin preocuparse demasiado por las
exigencias de Ucrania. Le resulta más cómodo asumir las pretensiones rusas,
porque, pese a una aparente dureza, no está dispuesto a presionar a su colega
del Kremlin.
Trump
quiere acceder a las tierras raras rusas -igual que a las chinas- y asegurarse
condiciones favorables y prometedoras para inversiones norteamericanas. De ahí
que la dupla negociadora estadounidense esté integrada por su amigo y exsocio
Steve Witkoff y su yerno, Jared Kushner, un financiero especulador. Ni el
Departamento de Estado ni el Pentágono juegan un papel destacado en las
negociaciones (5).
En
Irán, Trump juega con varias barajas: la israelí, que quiere que se complete ya
el trabajo iniciado en junio y acabar de una vez por todas con la supuesta
amenaza iraní; la de sus aliadas monarquías del Golfo, que no quieren ahora una
operación militar a gran escala, que provocaría un alto riesgo de
desestabilización en la zona; y finalmente, la de los sectores sociales y
políticos iraníes que confían en que Washington se decida por fin a forzar la
caída de un régimen para ellos oprobioso.
Esta
amalgama contradictoria de intereses abona la cautela instintiva de Trump, al
que sólo le gustan las operaciones bélicas cortas y espectaculares, pero
abomina de las que acarrean implicarse a fondo. Tampoco parece que el
presidente norteamericano haya optado por una alternativa al régimen islámico.
Para decepción de los monárquicos, no ha recibido al heredero de los Pahlavi en
el despacho oval, ni ha apoyado su pretensión de convertirse en el futuro
dirigente del país, para pilotar una supuesta transición a la democracia. Da la
impresión de que Trump quiere repetir la fórmula Venezuela; es decir,
seleccionar alguna figura manejable del régimen actual y negociar una evolución
que convenga a sus intereses y los de sus aliados.
El
problema es que los ayatollahs están muy constreñidos por sus limitadas
opciones de supervivencia y una retórica de resistencia que tiene poco que ver
con la practicada por el poschavismo. Si renuncia al programa nuclear, quedará
muy desacreditado en el interior y en el exterior. Según algunos expertos, los grandes
clérigos no tendrán más remedio que librar una batalla necesariamente
existencial. La declaración del Guía Jameini prediciendo que el portaaviones
Gerald Ford será hundido si Estados Unidos ataca es, evidentemente, una
bravuconada, pero también una señal de que el régimen está dispuesto a morir
matando (6)
Aún
en el supuesto de que la operación militar norteamericana pudiera decapitar a
la República Islámica y, eventualmente, conducir a su eliminación, no está
claro que la actual administración de Washington pueda controlar y orientar la
situación a favor de sus intereses. Lo más probable, según buena parte de los
especialistas, es el caos; es decir, un alto riesgo de desintegración por la
presión de grupos regionales y étnicos en varias partes del país. Este tipo de
predicciones han resultado exageradas en el pasado, pero no del todo privadas
de fundamento. En el antecedente de Irak, si bien no se produjo una catástrofe
generalizada, el país sufrió un periodo de enorme inestabilidad y de
enfrentamiento entre las distintas facciones armadas de las confesiones sunní y
chií, durante largo tiempo hostiles (7).
Un
analista versado en cuestiones mediorientales como March Lynch, de la
Universidad de George Washington, dibuja cuatro escenarios: una República
Democrática, débil y sin muchos apoyos exteriores; la restauración de la
Monarquía, sólo apoyada por Israel y por ciertos sectores de Estados Unidos; el
derrumbamiento general y un periodo más o menos prolongado de tensiones étnicas
y territoriales que sumirían el país en el caos; y, finalmente, la más probable
según el autor, una dictadura militar bajo el mando de la Guardia
Revolucionaria, pero privada de su actual carácter más desafiante, parecido a
las Repúblicas autoritarias de la región en sus aspectos institucionales, pero
cercana a las vecinas monarquías del Golfo y abierta a cierta cooperación con
Estados Unidos (8). Esta última versión
agradaría a Trump, por lo similar a la solución venezolana, pero se antoja
demasiado forzada.
Otro
experto en Irán, Ross Harrison, éste de Middle East Institute, considera
que para derribar al régimen no bastaría con “cortar la cabeza de la
serpiente”; es decir, eliminar a Jamenei, ya que el aparato institucional y de
seguridad es muy complejo y tupido y podría resistir un duro trauma como ese
(9).
De
hecho, una periodista como Farnaz Fassihi, que lleva décadas cubriendo Irán
para THE NEW YORK TIMES, asegura, basada en numerosas entrevistas con
conspicuos miembros del sistema, que la cúpula islámica ha diseñado un “plan de
supervivencia”. El sustituto de Jameini, si éste muere, sería Ali Larijani,
actual jefe del Consejo de Seguridad, expresidente del Parlamento y en su día
negociador del programa nuclear en las fases de mayor dureza de Teherán.
Larijani no podría ser el nuevo Guía, porque carece de las credenciales
religiosas imprescindible, pero si la figura de autoridad para la travesía del
desierto, hasta que el régimen recompusiera sus mecanismos de poder. De hecho, Larijani ya está ejerciendo de
facto el poder civil supremo, oscureciendo al Presidente de la República,
Massud Pezeshkian, un médico de perfiles vagamente reformistas, cuyo autoridad
no se aleja mucho de su residencia en Teherán (10).
En ambos
conflictos, Trump actúa movido por los negocios y seducido por imponer la ley de
la fuerza. Pero los actores necesarios para lograr sus propósitos son esquivos
y contradictorios. Su método transaccional podría ser insuficiente.
NOTAS
(1) “How Russia’s fatalities compare with Ukraine’s”. THE
ECONOMIST, 23 de febrero.
(2) “Ukraine’s War of Endurance. The Fight for
Advantage in the Conflict’s Fifth Year”. MICHAEL KOFMAN. FOREIGN AFFAIRS, 16
de febrero.
(3) “U.S. Military in the Middle East: Numbers Behind
Trump’s Threats Against Iran”. MARC CANCIAN & CHRIS PARK. CENTER FOR
STRATEGIC INTERNACIONAL STUDIES, 20 de febrero.
(4) “Trump Says Top General Predicts Easy Victory Over
Iran; He Says Otherwise in Private”. THE NEW YORK TIMES, 23 de febrero; “Trump’s
top general foresees acute risks in an attack on Iran”. THE WASHINGTON POST,
23 de febrero.
(5) “La Russie et les Etats-Unis négocient des accords
économiques bilatéraux massifs, en marge des pourparlers de paix”. MARIE JÈGO. LE
MONDE, 19 de febrero.
(6) “For Iran’s Rulers, Refusing U.S. Demands Is a
Risk Worth Taking”. ERIKA SOLOMON. THE NEW YORK TIMES, 23 de febrero.
(7) “The United States Is Dangerously Misreading
Iran”. ALI HASHEM. FOREIGN POLICY, 23 de febrero.
(8) “Four Scenarios for a Postwar Iran”. MARC
LYNCH. FOREIGN POLICY, 20 de febrero.
(9) “Même si le Guide
suprême est l’autorité centrale, “couper la tête du serpent” ne suffirait pas à
faire tomber le régimen”. Entrevista con ROSS HARRISON (MIDDLE EAST
INSTITUTE). LE MONDE, 21 de febrero.
(10) “Inside Iran’s Preparations for War and Plans for Survival”. FARNAZ FASSIHI. THE NEW YORK TIMES, 22 de febrero.
