LA PISTOLA HUMEANTE DE LA FILTRACIÓN

29 de Julio de 2010

El efecto de la filtración de los documentos clasificados del Pentágono sobre la guerra de Afganistán no es desdeñable. No tanto por lo que éstos descubren –nadie medianamente informado se habrá asombrado-, ni por el daño político o diplomático colateral –que ya está amortizado hace tiempo-, aunque si, quizás por el riesgo añadido a muchas personas sobre el terreno, como ha destacado Obama.
DE UNA FILTRACION A OTRA
La comparación de esta filtración con los legendarios “Pentagono Papers” (“documentos del Pentagono”) de la guerra de Vietnam era inevitable. Las valoraciones han sido muy dispares. No son pocos quienes, como el analista militar Fred Kaplan, consideran que esa comparación es “descabellada”, puesto que por alcance, profundidad, y potencial revelador los dos paquetes documentales son muy distintos y su valor difiere enormemente.
Los documentos del Pentágono revelados en 1972 por el analista Daniel Ellsberg (por cierto, al principio, un apologético apasionado de la intervención que terminó amargado por la decepción), constituían un trabajo finalizado y estructurado. Pero, sobre todo, dieron a conocer lo que no se sabía o sólo se intuía: los errores y horrores de sucesivas administraciones y la concatenación de falsedades, mentiras, intoxicaciones y manipulaciones para encubrirlos.
En cambio, la filtración de Wikileaks simplemente proporciona casuística a lo que ya se sabía, y en algunos casos con razonable conocimiento de detalle, sobre estos otros errores y horrores y falsedades. Efectivamente, ya sabíamos que en Afganistán: 1) Se ha matado a tanta gente inocente –o más- que a cabecillas extremistas. 2) Se apoya a gobiernos corruptos o indolentes; 3) Se trata como aliado a quien organiza redes que conspiran contra los intereses norteamericanos; 4) Se paga por servicios de protección a bandas que colaboran con aquellos a los que se combate; 5) Se tolera o consiente a los narcotraficantes siempre que lubrifiquen la causa occidental; 6) Se ocultan o maquillan los acontecimientos más negativos, ya sean los errores fatales o las fortalezas del enemigo…. Y etcétera.
Pero tambien tienen razón los que aseguran que el conocimiento público de esta acumulación de telegramas, análisis rápidos, impresiones (a veces, sólo especulaciones) influirá en las próximas decisiones del liderazgo político de los Estados Unidos sobre el futuro de la guerra En Afganistán (y en áreas fronterizas de Pakistán). Lo que le otorga mayor valor es precisamente que no constituye una novedad. Que los propios encargados de conseguir la victoria militar nos demuestren su escaso convencimiento en lo realizable de la tarea. De ahí que la insistencia de la mayoría de la clase política y del estamento uniformado en mantener la guerra para privar al “terrorismo islámico” de un santuario privilegiado resulte cada vez más dificil de aceptar a muchos norteamericanos y a un número creciente de aliados.
SEGURAMENTE HABRÁ MÁS FILTRACIONES….
El presidente Obama, en su primer comentario público sobre la filtración, ha señalado que los documentos ahora revelados son anteriores a que su administración aprobara una revisión de la estrategia en Afganistán. “Muchas cosas han cambiado allí desde entonces”, ha dicho en refuerzo de esta línea de argumento, el Almirante McMullen, su Jefe de Estado Mayor interarmas. El responsable de Wikileaks, Julian Assange, asegura que están examinando y preparando otros 15.000 documentos adicionales antes de darlos a conocer. ¿Se referirán a acontecimientos posteriores a la revisión de Obama? Es presumible que sí, de forma que podremos comprobar si las cosas realmente han cambiado. Es de temer que no.
….Y QUIZÁS NO SERAN BUENAS
Sabemos, porque la administración actual lo ha reconocido, que las operaciones de los aviones pilotados a distancia (drones) se han incrementado durante la administración Obama, y sus actuaciones son las principales causante de victimas cíviles no deseadas.
Sabemos, por las propias denuncias públicas de los principales asesores del Presidente y de él mismo, que la colusión del gobierno Karzai con las mafias locales se han consolidado y reforzado en los últimos meses; y, sin embargo, se le ha revalidado política y diplomáticamente en reiteradas ocasiones, la última durante la reciente Conferencia en Kabul.
Sabemos que las operaciones de fidelización de los dirigentes tribales han fracasado estos últimos meses, porque el dimitido/cesado General McChrystal no pudo decirlo más claro en su extemporánea contribución al famoso artículo de la revista Rolling Stones.
Sabemos que se mantiene e incrementa la ayuda económica y militar a Pakistán mientras se lamenta, en privado y en público, su escaso compromiso contra el terrorismo e incluso la complicidad de sus aparatos de inteligencia con los insurgentes afganos. ¿Acaso no se incurre en la misma duplicidad que se denuncia?
La revisión estratégica de Obama podrá cosechar mejores resultados militares. Tal vez, aunque se hace dificil admitirlo a priori. Podrá mejorar la información, o dignificarla. Concedamos que es posible, pero ya no se pueden firmar cheques en blanco. Lo que no ocurrirá, no podrá ocurrir, es que las condiciones e intereses que han conducido a América a esta guerra generen políticas muy distintas a las conocidas. Los errores y horrores de hoy son producto inevitable de las decisiones consecuentes de ayer: el apoyo a los entonces “combatientes de la libertad” y hoy “terroristas”; la complicidad de gobiernos no sólo no democráticos sino abierta y perdurablemente autoritarios y represivos, sólo porque se confíaba en que garantizasen los intereses norteamericanos; la dificil cohabitación entre la seguridad interior de Estados Unidos y la inseguridad, incomprensión, dolor y muerte de aquéllos alos que se dice defender subsidiariamente.
UNA LÓGICA PERVERSA
Después de la invasión y ocupación de Irak, un grupo de periodistas e intelectuales norteamericanos produjeron un excelente documental basado en un libro de Norman Solomon, titulado “War Made Easy” (que podríamos traducir como “La guerra hecha aceptable”). En este trabajo, no emitido en España, no sólo se analizan más de medio siglo de intervenciones militares norteamericanas y del arsenal de encubrimientos, mentiras, medidas verdades, manipulaciones y técnicas de relaciones públicas para hacerlas comprensibles, aceptables y hasta necesarias para la opinión pública (y publicada). También ponía en evidencia –en línea con las posiciones de Chomsky- la complicidad necesaria de la mayoría de los medios de comunicación en la implantación social de las sucesivas imposturas bélicistas. Lamentablemente, la mayoría de la población norteamericana (y, por extensión, occidental) no ha visto ese documental, ni otros similares. De lo contrario, estos nuevos “papeles del Pentágono” sonarían a “déjà vu”.
Las filtraciones no constituyen traición, ni siquiera desconsideración hacia los intereses nacionales. En eso, los medios escogidos para su propagación han actuado correctamente y no parecían necesarias algunas aclaraciones. Las filtraciones son puros síntomas de que hay imposibles cuadraturas del círculo. Ya no podrá acusarse de irresponsables o antipatrióticos a los que llevan mucho tiempo, en el Congreso, en las calles o en los medios críticos, exigiendo una corrección radical y no un simple cambio de estrategia. Y para los que han venido defendiendo, de una u otra forma, la intervención militar, estos 92.000 fragmentos pueden convertirse, por cansancio, por cálculo de desgaste político o por simple oportunismo, en la “pistola humeante” que necesitaban para bajarse del barco.

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