EE.UU: LA VICTORIA DEMÓCRATA ES SÓLO EL PRIMER PASO

 4 de noviembre de 2026

Los medios se han apresurado a titular la victoria del Partido Demócrata en las elecciones legislativas de medio mandato como una “gigantesca oleada azul” o un “tsunami azul” y una “derrota” de Donald Trump.

No hay duda de que los resultados son contundentes y que el Presidente de los Estados Unidos ha quedado seriamente debilitado. Pero aún es pronto para augurar las consecuencias para el país y para el mundo. Trump dispone aún de mucho poder desde el control del Ejecutivo para contrarrestar la presión de los demócratas para que rectifique algunas de sus políticas y para limitar posibles derivas que el Jefe del Estado pueda emprender de ahora en adelante.

Procede primero efectuar un repaso a los resultados, aún provisionales, para centrar la dimensión del cambio legislativo.

Los demócratas invierten la balanza de poder en el Senado, la Cámara más influyente (no por casualidad, la menos democrática): tendrán a partir de enero 53 o 54 escaños (falta por dilucidar el puesto en Alaska), frente a los 47 que contaban hasta ahora; a la inversa, los republicanos pierden seis puestos, de 53 a 47 o 46 cuando se reabra el Senado. Lo más relevante ha sido el triunfo demócrata no sólo en estados bisagra como Ohio, Georgia. Maine o Carolina del Norte, donde Trump ganó fácil en 2024, sino también en feudos republicanos como Texas (desde 1932), Iowa, Kansas o Carolina del Sur.

En la Cámara de Representantes, elegida por criterios de proporcionalidad mayor (con los matices a que obligan la manipulación de las circunscripciones), los resultados conocidos a la hora de escribir estas líneas señala una victoria mucho más notable de los demócratas: apuntan a un incremento de hasta 30 escaños, lo que les situaría en  los 245, 26 por encima de la barrera (219) que necesitaban para reunir la mayoría. Los republicanos, por el contrario, perderían más de 80 y estarían en la frontera de los 190 asientos.

Desde los años de Obama no disfrutaba el partido del burrito de una ventaja tan amplia sobre sus rivales del elefante, aunque se fuera reduciendo en las pruebas electoras de cada mitad de mandato respectivo.

 

CÁMARA REPRESENTANTES

SENADO

 

PºRepublicano

PºDemócrata

PºRepublicano

PºDemócrata

2008

178 (-24)

257 (+24)

41 (-8)

57 (+8)

2010

242 (+64)

193 (-64)

47 (+6)

51 (-6)

2012

234 (-8)

201 (+8)

45 (-2)

53 (+2)

2014

247 (+13)

188 (-13)

54 (+9)

44 (-9)

LA DIMENSIÓN DEL CAMBIO

La primera pregunta que se hacen los norteamericanos ahora es qué cambios reales cabe esperar tras estos resultados. Y las respuestas hay que encuadrarlos en varios planos: jurídico-políticos y político-psicológicos o propagandísticos.

Jurídicamente, el legislativo puede limitar el poder del Presidente, no anularlo. En el siguiente cuadro, construido a partir de las predicciones de politólogos consultados por Foreign Policy, se resumen las acciones que los demócratas tienen en sus manos para frenar o hacer retroceder a Trump en política exterior, defensa y desarrollo tecnológico vinculado al complejo militar-industrial (1).

 

General

Modificar los gastos en Defensa y ayuda exterior.

Control legislativo más exigente a altos cargos del Gobierno y sus
políticas

Corrupción

Lucha contra la mezcla de intereses nacionales y privados en los
acuerdos con gobiernos extranjeros


Guerra Irán

Recorte de los fondos para financiar las operaciones militares

Escrutinio más estrecho mediantes audiencias e investigaciones
sobre víctimas, coste bélico, daños materiales, estado de los arsenales,
 riesgo de las tropas en Oriente Medio



Ucrania

Presionar para restablecer la convergencia con Europa

Forzar a la Casa Blanca a proporcionar las armas necesarias

Acelerar la provisión de ayuda en días o semanas, no meses





Caribe

Obstaculizar las operaciones militares contra el narcotráfico,  mediante restricción de fondos

Incrementar la vigilancia de la Administración mediante
control parlamentario y comisiones de investigación

Exigir y eventualmente paralizar acuerdos sobre explotación
petrolera en Venezuela

Presionar a favor de la democratización en Venezuela





Inteligencia
Artificial

Frenar su desarrollo hasta garantizar la seguridad:

Ilegalizar el uso de falsedades (deepfakes) en política

Imponer marcas de agua en el contenido generado por IA

Prohibir los compañeros IA (bots friendship)

Procesos de aprobación para nuevos modelos avanzados
 antes de su lanzamiento

A esto se podrían añadir las políticas en materia económica, migración y social, que son las más contestadas por la mayoría de la población en los últimos meses. A saber: medidas activas para reducir el coste de la vida, limitación de las actuaciones de la policía migratoria, restablecimiento del refuerzo económico del sistema sanitario (Obamacare) y otras.

Como señalan los profesores norteamericanos Daniel Drezner y Elisabeth Sanders, los Presidentes, cuando se convierten en “pato cojos” (lame duck), es decir, en la fase final de sus mandatos, “tienden a centrarse en política exterior donde los poderes del cargo les permiten actuar sin las molestar restricciones de la política interna” (2). Así que es muy posible que asistamos a ciertas batallas sobre el relato de la guerra y la paz, la necesaria restauración del Orden liberal y la sanación de las alianzas en Europa y Asia.

La experiencia nos dice que el Congreso, salvo en momentos muy concretos, se lo piensa mucho antes de enfrentarse a un Presidente en ejercicio, quien, no olvidemos, dispone del arma política del veto para oponerse a decisiones legislativas. Conviene matizar esta afirmación. Generalmente, los demócratas son más cautelosos que los republicanos, aunque no siempre. Clinton, Obama y en menor medida Biden sufrieron el acoso de representantes y senadores del GOP (Great Old Party). En contraste, los Presidentes Republicanos después de Nixon afrontaron una oposición menos severa.

Se puede alegar ahora que Trump es diferente. Y es verdad. Pero el actual Presidente tiende al gobierno directo como ningún otro de la era reciente; es decir, establecer, por instinto y por oportunismo, un vínculo directo con la población a través de las redes sociales y de la televisión. Puede decirse que, hasta cierto punto, para entablar batallas políticas con sus rivales no necesita tanto a sus aliados supuestos republicanos, a los que, en muchos casos, desprecia.

A partir de enero, si no antes, el Presidente se dedicará presumiblemente a inundar el país de interpretaciones falsarias de la realidad, en su línea habitual, pero con energías renovadas, dictadas por la venganza política, que con tanto entusiasmo ejerce, o por la necesidad narcisista de cuidar su legado. Como dice la sentencia: un animal (político) herido puede ser más mucho más peligroso.

No es descartable, sin embargo, que Trump adopte un hipócrita rumbo conciliador, si consigue seducir al segmento más centrista (conservador) de los legisladores azules de  la conveniencia de un gran pacto nacional o zarandajas de esa naturaleza. Al cabo, como se sabe, Trump carece de convicciones que no sean las dictadas por su interés personal (generalmente económico) o su vanidad. Igual que hasta ahora ha cultivado su imagen de agitador, se ha erigido en defensor de valores ultraconservadores que eran difícilmente incompatibles con su trayectoria personal y empresarial, ahora puede encontrar su salvación en muñidor de una gran encuentro nacional.

En este empeño no le resultará difícil encontrar la complicidad de decenas de políticos demócratas que pueden estar más preocupados (como los donantes de sus campañas políticas) en frenar a los progresistas de su partido que en deconstruir a Trump.

Esta es, sin duda, la incógnita política más interesante del actual momento político. En los últimos años no se ha asistido sólo a la degradación del sistema de poder de los Estados Unidos (de cual Trump es síntoma, no causa). También se ha podido apreciar, por primera vez desde los años sesenta, la emergencia de una corriente renovadora que puede acabar con el bipartidismo desde dentro, al anidar en el Partido Demócrata un sector menos conformista que pueda converger con la sociedad civil contestaria.

En el proceso de primarias previo a las elecciones se ha comprobado que candidatos claramente críticos con el sistema, aunque no partidarios de una ruptura radical, han derrotado a sus colegas más conservadores y sumisos. En Michigan, uno de los laboratorios del cambio, una candidata convencional, en su disgusto, se negó a respaldar al candidato demócrata que la había derrotado en las primarias, Abu Al-Sayyed, y compareció junto al rival republicano para pedir que lo votaran a él. No le valió de nada. El político progresista de perfil socialista será el primer senador musulmán en la historia de los EEUU.

El control partidista en Estados Unidos no tiene nada que ver con la disciplina de hierro que se practica en Europa, lo que hace que las fracturas políticas, adobadas con estímulos personales convenientes, estén a la orden del día. Pero estas deslealtades son más habituales entre los demócratas que en las filas republicanas, cuyas candidaturas suelen estar mejor lubricadas por el dinero que impera sobre los mecanismos políticos.

Será interesante escrutar la nueva nomenclatura del Capitolio para poner disponer de una estimación fidedigna sobre el giro a la izquierda en el nuevo Legislativo. Uno de los sitios progresistas más destacados ha hecho una primera aproximación de urgencia: “los recién elegidos son notablemente más progresistas que los que renuevan, la mayoría por encima del 40-60%. En el Senado [renovado sólo en un tercio] se observa la misma tendencia: los recién llegados progresistas también superan el 40%” (3).

Un examen más detallado debe permitir augurar hasta donde pueden presionar estos demócratas progresistas para imprimir un giro a la izquierda en el Congreso. La atención pública suele centrarse en los políticos más mediáticos o a los que se atribuye un futuro más prometedor en la escala de poder norteamericano, no tanto en las convicciones de transformación que acreditan. También conviene señalar que el término progresista es poco preciso, porque depende de qué agente lo emplee. Los medios conservadores ven izquierdistas por todas partes, mientras los grupos más auténticamente críticos son mucho más exigentes con estas etiquetas.

En todo caso, algo parece claro: los demócratas socialistas, quizás la corriente más cohesionada y mejor organizada de la izquierda demócrata, ha obtenido el mejor resultado de la historia (4). Habrá más representantes que se denominan socialistas en el Capitolio a partir de 2027. Si a ellos se suman los candidatos electos en las cámaras de los estados y en los municipios, se puede hablar ya del germen de un futuro partido socialista democrático con capacidad para ejercer cierta influencia en la política norteamericana.


NOTAS

(1) “5 Foreign-Policy Priorities for Democrats After the Midterms”. FOREIGN POLICY, 26 de octubre.

(2) “The danger of a lame-duck Trump. How Far Will He Go to Make Peace—and War? DANIEL W. DREZNER & ELISABETH N. SAUNDERS. FOREIGN AFFAIRS, 4 de noviembre.

(3) https://progressivecongress.net/

(4) https://2026.electoral.dsausa.org/

UN FRENAZO RELATIVO A LA ULTRADERECHA

29 de octubre de 2026 

Tres elecciones, tres frenazos a ultraderechas nacionalistas, distintas y distantes, pero unidas por vinculaciones, de distinta naturaleza e intensidad, con el movimiento MAGA de Estados Unidos y el propósito de transformar sus respectivos sistemas políticos en democracias autoritarias y fuertemente conservadoras.

Derrota de la derecha nacionalista heredera del régimen de Milosevic (aunque mucho más pragmática), en Serbia; fiasco, polémica de corto vuelo y huida de Flávio Bolsonaro, hijo del patriarca (Jair); y en el más confuso caso de Israel, notable retroceso del bloque ultranacionalista genocida, pero sin que la alternativa liberal de centro disponga de los apoyos para gobernar, salvo dificultosa alianza con los árabes.

BRASIL: ACTO 2º DE UNA LARGA CONFRONTACIÓN

La victoria in extremis y un tanto sorpresiva de Lula en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil no zanja el peligro de la extrema derecha.

La primera reacción de Flavio Bolsonaro, inmediata e instintiva, fue seguir los pasos de su padre: no aceptar el resultado, pedir la anulación y exigir la repetición electoral, argumentando la nulidad de la decisión de un juez federal que autorizó la prolongación en dos horas de la jornada electoral debido a problemas de tráfico y movilidad.

Luego, un juez del Tribunal Supremo ordenó a la policía que le retirara el pasaporte por estar incurso en investigaciones sobre blanqueo de dinero y otros casos de corrupción. Después de horas de confusión e incertidumbre, Bolsonaro Jr. apareció en Florida, el estado donde Trump tiene su residencia más emblemática (Mar-e-Lago) y feudo de los exiliados ultraderechistas latinoamericanos. Desde allí se ha proclamado Presidente electo y ha vuelto a denunciar fraude electoral.

Vodevil político aparte, lo más inquietante es la división del país por la mitad. Lula ha superado a su rival por menos de 4 millones de votos, 3,5 puntos porcentuales. El octogenario exdirigente sindical ha dominado en el norte amazónico y el nordeste costero y el líder ultraderechista en el Oeste agrario y en el interior de los estados orientales costeros del sur.

 
Elecciones Presidenciales de Brasil (1ª Vuelta) 

Elecciones Presidenciales de Brasil (2ª Vuelta)

 

La escisión geográfica del voto indica que el apoyo de los trabajadores organizados en las grandes ciudades le ha dado el triunfo a Lula, pero no así en el conjunto de los Estados (Sao Paulo, Río de Janeiro y Rio Grande do Sul), donde se ha impuesto el segundo de la saga Bolsonaro.  Las regiones del nordeste, donde nació la leyenda del aquel menudo luchador contra la explotación de los trabajadores agrícolas, siguen siendo fieles a Lula.

Al final, el único cambio, pero decisivo, se ha producido en Minas Gerais, que se ha inclinado también por el centro-izquierda, pese a que algunos pronósticos auguraban un triunfo del candidato ultra.

Por el contrario, las poblaciones rurales controladas por los propietarios agrarios, como los Mato Groso, Goiás y otras, y algunos capas urbanas de ciudades  han preferido optar por un personaje oscuro como Flavio Bolsonaro.

Los análisis de las últimas semanas predecían casi por unanimidad la derrota de Lula, basándose en una premisa discutible: el abandono de las clases medias. La tesis se apoyaba en una paradoja: los programas de lucha contra la pobreza (Bolsa Familia y otros) han creado una masa ingente de ciudadanos que habían visto inicialmente mejoradas sus condiciones de vida, pero posteriormente esas ganancias se las había comido el alza inclemente de los precios de productos básicos (1). Esta inversión social habría producido un nivel de desafección suficiente para impedir la cuarta victoria electoral del viejo líder de la izquierda brasileña, que ha ido evolucionado desde un obrerismo cristiano reivindicativo hasta el centro-izquierda actual.

Parece claro que los votantes de otras opciones de izquierda, y de parte de la derecha moderada se han movilizado para respaldar a Lula, ya que éste ha ganado 6,5 puntos en el porcentaje de votos, mientras su rival extremista sólo ha logrado aumentar 1 punto. La abstención no ha llegado al 20%, la cifra más baja de las últimas elecciones.  

Lula tendrá que afrontar su mandato gubernamental más complicado, con un Congreso dominado por el Partido Liberal de los Bolsonaro y sus aliados, que venderán muy cara cualquier iniciativa presentada por el Presidente de la República.

El mundo de los negocios y los portavoces de la derecha ya se han pronunciado: caída de la Bolsa en un 14% y 8% de pérdida del real con respecto al dólar. La campaña para reducir la deuda pública (ahora en el 9% del PIB) y recortar gasto ya está en marcha.

BLOQUES

PARTIDOS

CONGRESO

SENADO

 

PT +ALIADOS
(CON LULA)

 

124

15

 

PL+ ALIADOS
(OPOSICIÓN A LULA)

      

286

51

En sus anteriores mandatos, Lula tuvo que renunciar a promesas y compromisos con los movimientos sociales que lo habían respaldado para llegar o continuar en Planalto: una reforma agraria más ambiciosa, el abandono de los recortes sociales, el cambio del sistema que ata la política al dinero y el reforzamiento de las medidas anticorrupción.

Por no si no fuera poco, este Brasil progresista a medias verá complicado su liderazgo natural en el subcontinente, rodeado de gobiernos ultras en Argentina, Chile, Perú, Ecuador y Colombia (junto al más moderado de Bolivia). Sólo podrá contar como socio progresista, con Uruguay. Y lo que es más inquietante, el nuevo gobierno en Brasilia tendrá que batallar con la animadversión de un Trump en caída libre, cada vez más aislado en Washington y deseoso de asegurarse el mayor botín familiar posible.  

Esta por ver si Lula, ante este entorno desfavorable, adopta una posición combativa y de movilización de sus erosionadas bases sociales; o si toma un rumbo más centrista, presionado por un legislativo que no contaba con su continuidad.

En política exterior, intentará preservar sus vínculos con Europa, pero sin poner en riesgo sus relaciones pragmáticas con China. La noche del triunfo electoral, en medio de una euforia no prevista, Lula proclamó: “Brasil no será el patio trasero de nadie”, en clara alusión a Estados Unidos.

SERBIA: LA DERROTA DEL EQUILIBRISTA VUCIC

La derrota de Alexander Vucic, el líder del Partido Progresista serbio (nombre equívoco como casi todos los de las formaciones nacionalistas radicales), se había anticipado, debido a la pujanza que había adquirido el movimiento de protesta estudiantil.

El origen de la movilización juvenil fue la indignación ciudadana provocada por el derrumbe de una marquesina en la estación ferroviaria de Novi Sad, la segunda ciudad del país, en 2016, que causó 16 muertos. Las protestas fueron in crescendo debido a la ausencia de responsabilidades y el desprecio de las autoridades.

En sus catorce años en el poder, Vucic ha utilizado el viejo libreto del régimen de Milosevic, en el que participó como Ministro de Información (más bien, propaganda): ignorar el contenido político de las demandas y mostrar una cínica actitud compasiva por las víctimas. El Presidente serbio ha jugado estos años con varias barajas:

-Ha tratado de mantener el diálogo con la Union Europa sobre el proceso de adhesión, aunque desde Bruselas recibiera fríos mensajes de aplazamientos y condicionantes.

-Ha preservado la relación prioritaria con Moscú, haciendo honor a la fortaleza de vínculo eslavista, reforzado por la proximidad ideológica de los respectivos proyectos nacionales.

-Ha fomentado la penetración económica de China en el país, con proyectos que, en ocasiones, han sido contestados por su muy negativo impacto ecológico y contrarios a los derechos laborales.

-Pero, sobre todo, ha forjado una nueva relación con Estados Unidos, tras la irrupción de Trump, siempre con un componente privado y personal: Belgrado ha favorecido los negocios familiares del Presidente norteamericano, lo que ha dado nuevas alas al movimiento contestatario de los estudiantes.

Vucic ha sufrido algunos reveses recientes que habían debilitado su posición política internacional, nunca saludable. Con la derrota electoral de su gran aliado en Europa, el primer ministro húngaro, Viktor Orban, se quedó sin abogado en la esfera comunitaria. El líder serbio trató de fortalecer su posición en los Balcanes, a través de formaciones  nacionalistas, para justificar un rearme ideológico y la formación de un frente informal ante las exigencias de Bruselas,con el objetivo de allanar las negociaciones de adhesión.

Vucic percibió la convergencia autoritaria entre Trump y Putin como una oportunidad, que luego se fue complicando por la prolongación de la guerra de Ucrania. Los gestos de equilibrista entre Occidente y el eje China-Rusia y el aprovechamiento de las tensiones transatlánticas no han sido suficientes para desactivar un movimiento de protesta que ha terminado por convertirse en una verdadera alternativa de poder. Está por ver si el nacionalismo serbio, tantas veces reconstruido, aceptará su derrota, más allá de las amables palabras de concesión de Vucic, nada más conocerse los resultados.

En todo caso, no debe esperarse un giro muy radical de Serbia en política exterior. La idea de Serbia como víctima está muy arraigada en la sociedad. El movimiento estudiantil se ha centrado en política interna (derechos humanos, libertad de expresión, independencia institucional) y nivel de vida. La falta de un liderazgo claro abona la incertidumbre sobre el rumbo del país (2).

ISRAEL: VUELVE EL CAOS POLÍTICO

Y, finalmente, Israel. quizás la elección más equívoca de este ciclo de contraste de la ultraderecha global. Con el  90% de los votos escrutados, el resultado, como se esperaba, no arroja luz sobre el futuro político interno del país.

 

PARTIDOS

ORIENTACIÓN

ESCAÑOS 2026

ESCAÑOS 2022



BLOQUE
ULTRA

Likud

Ultraconserv.

26

(32)

Tkuma (Pº Sionista Relig.) + Zehut

Ultraderechista radical

6

(7)

Oztma Yehudit (Poder Judío)

Ultraderechista radical

7

(7)

Shas

Ultraortodoxo

7

(11)

Yahadut Hatorah (Unión Torah)

Ultraortodoxo

7

(7)

Total

 

 

53

(64)



BLOQUE DE CENTRO

Yashar (Honestidad)

Centro liberal

21

(12)*

Yeish Atid+Yamina (Juntos)

Centro-derecha

12

(24)

Ysrael Beitenu (Hogar Israel)

Derecha

7

(6)

Demócratas (Laboristas y als.)

Centro-izquierda

8

(4)

Total

 

 

48

(46 )**


ÁRABES

Ra’am (Lista árabe unida)

Islamista conservador

7

(5)

(Lista conjunta)

Progresista

12

(5)

Total

 

 

19

(10)

* En 2022, el centrismo lo ocupó Unión Nacional (otro partido encabezado por un exgeneral, Benny Gantz).
** Se suman los escaños obtenidos por Unión Nacional y Hogar Israel.

Para gobernar, una coalición debe reunir en su favor la mitad más uno (61) de los diputados de la Knesset (Asamblea legislativa). Las dos opciones que se dibujan son:

- Coalición del Bloque Opositor con los partidos árabes, que han sido los que han experimentado el mayor crecimiento electoral. Esa combinación sumaría 67 escaños, suficiente para gobernar). Opción muy forzada. Gadi Eisenkot, militar de carrera y líder centrista, ha sido esquivo durante la campaña sobre esa colaboración. Sus aliados de derecha lo han rechazado. En el clima actual, el acuerdo con los partidos árabes mancha y desgasta, por su proximidad a los palestinos.

- Ruptura del bloque antigubernamental por la derecha, para asegurar la continuidad del actual gobierno. No es probable en el caso de Avigdor Lieberman, líder de Ysrael Beitenu (histórico partido de la inmigrantes rusos), incompatible con Netanyahu. Un poco más factible podría ser la opción de Naftalí Bennet, aunque éste también ha tenido choques ásperos con al actual Primer Ministro: Pero su socio en Juntos, Yair Lapid, tiene una trayectoria liberal que hace muy improbable su alianza con el bloque ultra.

Frente a estas cuadraturas del círculo solo caben tres salidas:

- Gobiernos alternos de la actual coalición ultra y del bloque de centro-derecha. Se trata de una fórmula de emergencia ensayada en el pasado, cuando no hubo combinación viable posible, para eludir una nueva convocatoria electoral.

- Gobierno de unidad nacional. Una variable inverosímil a priori, pero no descartable.

- Repetición de las elecciones, según la pauta del periodo 2019-2022, cuando Israel celebró cinco comicios antes de encontrar una fórmula estable de gobierno. 

Lo esperable es que el Presidente Herzog encargue a Netanyahu, como líder del partido más votado, la formación de un gobierno. Las negociaciones se pueden prolongar semanas, incluso meses, y es seguro que el líder conservador se lo tomará con calma. Cuando ya no sea reglamentariamente posible la demora sin que salgan las cuentas, Herzog pasará el testigo a Einsekot, que tampoco lo tendrá fácil. Si falla también en el empeño, se convocarán de nuevo elecciones, salvo que un acuerdo de alternancia o rotación emerja a última hora para eludir las urnas.

En todo este periodo, nada cambiará. Israel seguirá con su política agresiva-represiva en los territorios palestinos ocupados, ejecutará operaciones militares contra Irán y  sus aliados tras las elecciones legislativas en los Estados Unidos y continuará practicando el victimismo despectivo en sus deterioradas relaciones con Europa.

Ni siquiera en el caso de un hipotético gobierno del centro-derecha habrá giros de importancia. Eisenkot no está a favor de volver a la fórmula de “dos Estados” para gestionar el problema palestino, aunque frenará algo el expansionismo colonizador en la  Cisjordania. En la guerra de Irán, tratará de moderar actuaciones, pero sin renunciar a liquidar el programa nuclear de la República islámica. El investigador norteamericano Steven Cook recordaba recientemente que Eisenkot fue el autor de la Doctrina Dahiya, la estrategia de guerra masiva sin límites contra Hezbollah en Líbano en 2006 (3). El exmilitar intentará poner en marcha una investigación sobre las responsabilidades del fiasco del 7 de octubre (él perdió un hijo en el ataque de Hamas), similar a la que impulsó Golda Meir, tras la guerra del Yom Kippur, en 1973.  En Israel, el frenazo a la ultraderecha se puede quedar en espejismo.


NOTAS

(1) “Pourquoi les classes moyennes ont tourné le dos à Lula”. ANNE-DOMINIQUE CORREA. LE MONDE, 23 de octubre.

 (2) “Student List preparing for talks on forming government despite no clear leader”. ANA MILOSAVLJEVIC & JOHN HENLEY. THE GUARDIAN, 26 de octubre.

 (3) “Dramatic Changes Are Unlikely in Israel, Even if Netanyahu Is Ousted”. STEVEN A. COOK. FOREIGN POLICY, 27 de octubre.