UNA PRESIDENCIA DESCARADAMENTE IMPERIAL

 22 de octubre de 2025

Estados Unidos ha actuado desde su confirmación como potencia mundial de primer orden, a mediados del siglo XIX, con una lógica en cierto modo imperial, por mucho que sus representantes políticos y sus agentes económicos lo hayan siempre negado.

Es muy discutible que Estados Unidos haya sido y sea una democracia que defiende un orden internacional liberal, basado en el respeto de las normas y el Estado de Derecho, logrado por acuerdo consentido con otros países que comparten esta visión de la geopolítica internacional.

NARRATIVA LIBERAL Y CRUDA REALIDAD

Después de la Segunda Guerra Mundial, EE.UU confirmó y afianzó su condición de líder máximo e indiscutible del bloque occidental, en competencia con la otra superpotencia que nacía por entonces, la Unión Soviética, expresión de una vocación revolucionaria comunista. Con el transcurrir de la guerra fría y la eclosión de no pocas guerras calientes periféricas (los llamados conflictos de baja intensidad, porque supuestamente no tenían entidad para provocar una conflagración planetaria), surgió el mundo bipolar. Las dos superpotencias impusieron un orden de afiliación y sumisión a esta lógica del reparto del poder internacional. La ONU, como proyecto universal de resolución pacífica de conflictos, alumbrado en 1945, ha sido siempre un organismo subsidiario del pulso entre las dos superpotencias y sus principales aliados. 

La desintegración de la Unión Soviética hizo concebir a algunos el alumbramiento de un nuevo Orden Internacional. O para ser más exactos, la extensión del Orden Liberal a todo el planeta, sin resistencias ni conflictos. Todos sabemos en que quedó eso.

La narrativa liberal dominante es que la actitud revisionista de la Rusia, que se impuso tras el periodo de confusión y turbulencia de los primeros años posteriores a la URSS, y la irrupción de China como potencia aspirante a discutir la hegemonía mundial de Estados Unidos han trastocado esa evolución planetaria del Orden Liberal. O, en palabras de Fukuyama, el arribo al “fin de la Historia”.

Lo que los exégetas del Orden Liberal se resisten a admitir es que ese Orden no estaba tan ordenado y que no era tan liberal. Muy al contrario. En la periferia del sistema internacional apadrinado por Occidente, primaron durante décadas gobierno con prácticas e ideologías políticas no sólo autoritarias, sino directamente antidemocráticas dictatoriales y ferozmente represivas.

Y, por el contrario, experiencias políticas que respetaban el sistema de valores occidentales fueron boicoteadas, combatidas o directamente derribadas con el concurso imprescindible de quien pretendidamente ostentaba, entonces y ahora, la bandera de ese Orden Liberal Internacional.

 

AMÉRICA LATINA, PATIO TRASERO PERPETUO

Si en algún lugar tal comportamiento ha sido especialmente escandaloso y persistente, ha sido en América Latina. Desde comienzos de siglo XX, con la proclamación de la ‘Doctrina Monroe’ y la política de las cañoneras, Estados Unidos luego sólo ha aceptado la lógica liberal si ésta era sumisa a los intereses norteamericanos o a los del capitalismo internacional, del que se convertía en portavoz privilegiado.

No hay tiempo  aquí para relacionar las sucesivas intervenciones o las estrategias estadounidenses que han funcionado en contra de los principios que desde Washington se ha querido imponer a otros países en otros lugares del mundo. Un diario español, no sospechoso de hostilidad hacia EE.UU recordaba esos casos esta misma semana (1).

La frecuencia y brutalidad con la que Estados Unidos ha apoyado, financiado y armado a agentes antidemocráticos para derribar democracias es impresionante. Sólo comparable con la lista de dictaduras a las que ha respaldado económica, política, diplomática y militarmente, una vez derribados los regímenes precedentes.

A lo largo de todas estas décadas, Estados Unidos se ha resistido a admitir su participación directa en actuaciones de esa naturaleza o, cuando no era posible hacerlo, se ha empeñado en justificarlo con todo tipo de argumentos espurios.

TRUMP: IMPERIO SIN MÁSCARA

Así hemos llegado al tiempo actual, en el que el ocupante de la Casa Blanca no tiene empacho alguno en pregonar su gusto por la “política de las cañoneras”, aunque también se ampare en el engaño y la mentira, cuando pretende justificar su desembozado imperialismo por la necesidad de combatir el “narcotráfico y la delincuencia común”, sin prueba alguna.

La agresiva política de Trump contra Venezuela y Colombia, dos países gobernados por dirigentes de distintas adscripciones izquierdistas, nos recuerda otra actitud más taimada pero no menos destructiva implementada hace medio siglo en el subcontinente, siguiendo un libreto previamente aplicado en Guatemala (con éxito) y en Cuba (con estrepitoso fracaso). Luego vinieron otras intervenciones sonoras (en Granada, en Panamá) o sordas (en Haití y otros países a los que se impidió seguir por una vía contraria a los intereses defendidos por Washington).

De lo que Trump presume ahora es de su voluntad para actuar sin complejos, sin respeto siquiera formal por esas normas del derecho internacional, ni apego algunos a los principios del Orden Liberal. Estados Unidos derribará el régimen de Venezuela, si puede hacerlo (2) con argumentos tan “sólidos” como lo fueron el peligro del totalitarismo marxista en Chile en 1973. O subvertirá el gobierno moderadamente progresista de Colombia, asfixiándolo económicamente, inventando supuestas conexiones con las bandas criminales del narcotráfico y denigrando a su actual Presidente, simplemente por no comulgar con las mentiras y caprichos del mandatario estadounidense (3).

Los incidentes de las últimas semanas (ataques militares a embarcaciones supuestamente propiedad de narcotraficantes) forman parte del libreto de intervenciones de agencias  e instituciones del poder imperial de Estados Unidos. Ahora se ha sabido que la CIA ha sido autorizada a realizar acciones encubiertas de sabotaje en Venezuela. Nada en absoluto novedoso.

Si Trump ha jugado a “pacificador” en Oriente con un falso Plan de Paz para Gaza, en América Latina no tiene ni siquiera necesidad de camuflar sus auténticos propósitos: eliminar cualquier brote de resistencia al poder imperial de Estados Unidos y, si es necesario, eliminar a cualquiera que se oponga a sus designios.

Ya sabemos los dirigentes que gustan a Trump: el golpista Bolsonaro en Brasil, que actuó a su imagen y semejanza, atribuyendo falsamente el triunfo de su oponente a unas elecciones “amañadas”; o el ultraderechista Milei en Argentina, al que se ha visto obligado a “rescatar” ahora mediante un doble crédito económico con el que no están de acuerdo ni siquiera los sectores más ultras de EE.UU (4) .

Bolsonaro fracasó en Brasil, pero él o su familia no escatimarán esfuerzos hasta volver a intentar otro golpe de Estado (5). A Milei seguramente no le alcanzará con la lluvia (insuficiente) de dólares norteamericanos para impedir la enésima quiebra del país y, lo que es peor, la destrucción implacable de un sistema económico quizás fallido pero menos pernicioso que el que tiene en su cabeza. De momento, la lucha contra la corrupción, uno de los “ganchos” con los que engañó a sectores sociales desesperados, se ha convertido en aprovechamiento descarado de la corrupción sistémica (5).

Poseído de una egolatría maníaca, el actual Presidente de los Estados Unidos está convencido de que puede hacer lo que quiera, teniendo en cuenta esta actitud de amedrentamiento y pasividad que se observa en sus socios y adversarios, con sólo un puñado de nobles excepciones.

Y mientras se erige en Emperador de un sistema internacional en bancarrota, que sólo su genialidad puede rescatar, se dedica a socavar los fundamentos democráticos de su propio país, ya de por si bastante deteriorados desde hace décadas. Está pervirtiendo el uso de las fuerzas de seguridad y militares para fines extraños y hasta contrarios a la Constitución. Está provocando un confrontación institucional inédita en EE. UU. Ante la falta de respuesta del otro Partido del sistema, el Demócrata, están surgiendo en las calles, en los campuses y en los lugares de trabajo una protesta social creciente (6).

Esta Presidencia Imperial no evoca las maneras de Julio César o de Augusto, el primer emperador romano, gobernantes sobre la ruinas de una República, sino las de Calígula, una caricatura posterior de sus antecesores.

NOTAS

(1) “La actividad de la CIA contra el chavismo resucita el intervencionismo de EE UU en América Latina”. MARÍA ANTONIA SÁNCHEZ-VALLEJO Y FRANCESCO MANETTO. EL PAÍS, 19 de octubre.

(2) “What’s the U.S. Endgame in Venezuela? Three possible scenarios for Trump and Caracas. GEOFF RAMSEY. FOREIGN POLICY, 16 de octubre.

(3) “Colombia’s Leader Accuses U.S. of Murder, Prompting Trump to Halt Aid”. SIMON ROMERO, GENEVIEVE GLATSKY y ZOLANKANNO-YOUNG. THE NEW YORK TIMES, 19 de octubre.

(4) “Brazil’s Historic Conviction. Can the country’s democracy heal from the Bolsonaro era while resisting U.S. intimidation?”. OLIVER STUENKEL. FOREIGN POLICY, 12 de septiembre.

(5) “Trump’s Argentina gambit is not ‘America First’”. ISHAAN THAROOR. WASHINGTON POST,  22 de octubre; “Trump Offered a Helping Hand to Argentina. It Backfired”. THE NEW YORK TIMES, 15 de octubre de 2025;

(6) “‘No More Trump!’: Protesters Denouncing the President Unite Across the Country”. CORINA KNOLL. THE NEW YORK TIMES, 18 de octubre; “Mouvement No Kings face à Donald Trump : des manifestations joyeuses et massives, mais un aveu d’impuissance”. NICOLAS CHAPUIS & ARNAUD LEPARMENTIER. LE MONDE, 19 de octubre.

 

 

LA FARSA DE GAZA

15 de octubre de 2025

Se ha consumado la farsa de Gaza. El punto final (por ahora) de la masacre de la población palestina es, sin duda, un alivio. Pero difícilmente puede hablarse de “paz”, como hace la gran mayoría de los medios en sus titulares. Con casi setenta mil muertos, la gran mayoría civiles, y núcleos de población arrasados, lo que espera a los que han sobrevivido y/o regresado es una vida mucho más miserable aún que la que soportaban antes del 7 de octubre. Lamentablemente, la propaganda se impone al rigor en la consideración mediática.

LA CONFUSIÓN MEDIÁTICA

¿Por qué este tratamiento tan candoroso de lo “conseguido” en Gaza? Sin duda, hay un confuso reflejo de esperanza ante un aparente final de la narrativa del horror. A lo que se añade lo que algunos profesionales de elevada conciencia definieron en los años noventa como la “fatiga de la compasión”. Las guerras generan una gran atención entre el público general, pero sólo durante un tiempo; luego, “cansan”. La compasión se transforma en fatiga y, al cabo, en desinterés, antesala del olvido.

Hay otra consideración que invalida el término “paz” para referirse a la actual situación en Gaza. La paz es algo que llega después de la guerra. Pero en Gaza no ha habido una guerra. Lo que ha acontecido durante los últimos dos años ha sido una operación de exterminio. De genocidio, según no pocos expertos y juristas internacionales que llevan décadas estudiante estos fenómenos de la aniquilación física y moral.

Convendría que los medios fueran menos seguidistas de los grandes poderes políticos y económicos al etiquetar y valorar los conflictos mundiales y sus consecuencias. Pero la experiencia profesional no aconseja ser demasiado optimista al respecto.

Al margen de estas dolencias informativas, en absoluto inocentes, el análisis geopolítico no puede ser muy venturoso. Es curioso cómo, junto a esos titulares “esperanzadores” de la mayoría de los medios liberales, se pueden leer análisis de especialistas que ponen muy en duda la solidez y alcance del Plan Trump (otro embuste: ni es de Trump, ni es un Plan). Menos impresionados por las imágenes del júbilo comprensible de parte de la población palestina y de los familiares y allegados de los rehenes, los analistas avizoran los enormes obstáculos de las siguientes fases de lo que algunos han llamado, también equívocamente, “hoja de ruta norteamericana”.

Más allá de la visión estricta de este último apaño estadounidense para Oriente Medio, todos ellos fracasados total o parcialmente, quizás lo más conveniente ahora sería una visión de conjunto de lo que han sido décadas de “errores”, o más bien de enfoques fallidos, de visiones sesgadas, de propósitos poco consistentes con un proyecto verídico de paz justa, comprensiva y duradera, concepto éste que se repite invariablemente en la tenazmente incumplidas resoluciones de las Naciones Unidas y de los sucesivos “planes de paz” acumulados desde 1947.

“MAÑANA ES AYER”

Es altamente recomendable, para quienes aspiren a comprender por qué la paz es una quimera en Oriente Medio, y en particular entre Israel y los palestinos, el libro recientemente publicado por Robert Malley y Hussein Agha, titulado “Mañana es ayer”. El primero es un politólogo judío norteamericano , veterano miembro de los equipos negociadores y jefe de la misión que logró el acuerdo de control nuclear con Irán en 2015. El segundo es palestino y ha sido asesor de las delegaciones palestinas en las tratativas diplomáticas durante las últimas décadas. Los avatares profesionales y académicos los han llevado a forjar una amistad sólida y una visión compartida de los llamados procesos de paz.

Ya demostraron una meridiana clarividencia cuando anticiparon el destino de los acuerdos de Oslo: el inevitable fracaso del proceso debido a sus fallos estructurales y de raíz. Por la elegancia con la que resumen la desventura de la que la mayoría de analistas presentamos en su día como la gran oportunidad de la reconciliación histórica entre israelíes y palestinos, entresacamos este párrafo de su libro, no publicado aún en su versión traducida al castellano:

“La violencia inherente en las relaciones israelo-palestinas, manifiesta en muy dispares maneras -desde la continua opresión israelí, la captura de tierras, las demoliciones de hogares y el trato deshumanizado de los palestinos y su recurso periódico a la violencia- no va a desaparecer en virtud de un texto negociado. Que Oslo finalmente fracasara a nadie debía haber sorprendido, teniendo en cuenta el engaño sobre el que fue construido. Algunos compromisos pueden ser escritos sobre un papel, pero no sobrevivir en el mundo real”.

Esta sentencia puede ser perfectamente aplicable a ese farragoso, incompleto, sesgado y tramposo “Plan Trump”. Peor aún: esta última manifestación del proyecto de pax americana en Oriente Medio es quizás la pieza menos prometedora de todas las que se amontonan en los cajones de las cancillerías. Dicen Malley y Agha de esta última pirueta trumpiana en un artículo para THE GUARDIAN:

“Israel ha demostrado su intención de acabar con la voluntad de los palestinos, de aplastar su resistencia. Pero en lugar de eso, más allá de las memorias sobre atrocidades, crímenes masivos y destrucción generalizada, pueden brotar elementos más radicales que busquen venganza y recurran a actos desesperados. Las imágenes de 1948 ayudaron a impulsar a la Organización para la Liberación de Palestinas; lo ocurrido en estos dos últimos años puede dar lugar a actuaciones más letales. Quizás lleve algún tiempo, pero si escuchamos a los palestinos en general y a los gazatíes en particular, sentiremos una ominosa inevitabilidad: que la historia se está preparando para la venganza. Mañana, en efecto, podría ser ayer”.

 

DIPLOMACIA O INTIMIDACIÓN

A lo que hemos asistido en las últimas semanas ha sido a un ejercicio de la “diplomacia de la intimidación”, un oxímoron divisa de la actuación de Trump en la escena internacional. Su pretensión de ser un “pacificador” que consigue, sólo con su genio, resolver los conflictos en los que otros invariablemente han fracasado, se basa en una narrativa falaz e hiperbólica de unos acuerdos apresurados que las partes implicadas suscriben para no ser blanco del instinto vengativo del Presidente norteamericano.

Esta misma reacción defensiva ha operado en el acuerdo sobre Gaza, que no es otra cosa que una imposición a Hamas, endulzada con la liberación de buena parte de sus milicianos presos en las cárceles israelíes. El movimiento islámico palestino ha sacrificado decenas de miles de muertos para conseguir tan solo rescatar a una parte de su base social y militar, en una inútil ensoñación de reconstruir su aparato de poder y presión sobre la población palestina. Pero todo el mundo sabe que el desarme al que será obligado, por las buenas o por las malas, convierte este intento propagandístico en una artimaña de pura supervivencia.

Netanyahu, por su parte, ha llegado hasta donde ha podido. Su gran error fue atacar a Hamas sobre suelo de Qatar, un emirato fielmente aliado de Estados Unidos y, últimamente, terreno propicio para los negocios de la familia Trump. La ira del Presidente norteamericano obligó al primer ministro israelí a llamar públicamente al emir Al Thani para disculparse por la operación militar, en uno de esos actos de humillación y vasallaje que tanto gustan al actual ocupante de la Casa Blanca.

Ahora la gran preocupación de Netanyahu será seguir eludiendo la acción de la justicia por su trayectoria de corrupción y abuso de poder. Para ello, alentará ese clima de guerra en la que se mueve con tanta destreza. Y no tendrá freno de Washington, siempre que no traspase determinadas líneas rojas.

Lo más significativo de este mal llamado “Plan Trump” es su inaplicabilidad (quizás deliberada. Esta primera fase, lejos de ser un logro, ha sido una consecuencia del puro agotamiento de las opciones militares. Los festejos y fastos de estos días se diluirán pronto en el olvido, en el mejor de los casos. La violencia, como indicaron Malley y Agha en su análisis de Oslo, no tardará en reaparecer.

La presencia de una veintena de dirigentes árabes y occidentales en el resort turístico egipcio de Sharm-el Seij, junto al Mar Rojo, ha sido una mezcla de relaciones públicas y mera pleitesía a este emperador que hace gala de su “liderazgo a través de la fuerza”.

El papel que ese texto -destinado a ser un papel mojado más- reserva a países como Egipto, Jordania y algunas petromonarquías del Golfo no es muy distinto de los asignados en inviables ejercicios de paz anteriores. Con el resultado conocido.

Pero, como ya se ha apuntado, Gaza deja un rastro mucho más destructivo para la parte invariablemente perdedora, que es la palestina. Si Oslo dibujaba una visión poco realista de las aspiraciones palestinas, Gaza reduce éstas a unas referencias vagas, condicionadas y contradictorias. El acta de rendición palestina se consuma.

El mantra de los “dos Estados” que intenta rescatar el plan alternativo diseñado por Francia y Arabia Saudí, bajo el amparo inane de las Naciones Unidas, no augura algo más prometedor. Después de su cruel y vengativa campaña en Gaza, Israel ha dejado claro que no aceptará nunca esa solución, a la que agarra, como  un sediento a un espejismo, la diplomacia europea.

Sin duda, en Oriente Medio, el “mañana es el ayer”.

 

NOTAS

(1) “Tomorrow is yesterday. Life, death and the pursuit of Peace in Israel/Palestina”. HUSSEIN AGHA & ROBERT MALLEY. FARRAR, STRAUS AND GIROUX, septiembre 2025.

(2) “Life in Gaza may go from utter hell to mere nightmare”. HUSSEIN AGHA & ROBERT MALLEY. THE GUARDIAN

LAS REBELIONES JUVENILES EN ASIA Y ÁFRICA

 8 de octubre de 2025

Los jóvenes se rebelan en Asia y en algunos países de África con un propósito común: acabar con la corrupción, los privilegios y el autoritarismo de unas élites insaciables.

En Asia han derribado los gobiernos en Sri Lanka, Bangladesh y Nepal en los tres últimos años y han puesto en aprietos a los de Indonesia y Filipinas (1) . En África, han aflorado de manera sorprendente en Marruecos, un país en el que la Corona ejerce un control férreo sobre las instituciones y la sociedad, han colocado contra las cuerdas al Presidente de Madagascar y han sacudido las estructuras de poder en Kenia, este último un país hasta hace años estable pero debilitado por la crisis económica, agravada por los efectos de la afluencia de refugiados sudaneses.

ASIA: LA CAÍDA DE LAS AUTOCRACIAS

En Sri Lanka, la caída de la dinastía Rajapaksa supuso una llamada de alerta para todos los autócratas asiáticos. Los estudiantes que lideraron la protesta (Aragalaya) en 2022 tenían un programa más ambicioso de lo que hasta ahora se ha desarrollado en el país, pero se han registrado avances. La economía se restablece poco a poco, bajo el liderazgo del pensador izquierdista Dissanayake, elegido Presidente el año pasado.

En Bangladesh, el ocaso de la generación de dirigentes anclados en la independencia, hace 50 años, resultó sangriento (millar y medio de muertos) y estrepitoso, por la huida vergonzante de Skeikh Hasina, la hija del padre de la nación, Mujibur Rahman. Un gobierno de transición bajo el liderazgo del Premio Nobel  Muhammad Yunus no termina de avanzar en las promesas abiertas por la revolución juvenil. El riesgo de la frustración se agranda.

Nepal ha vivido más de tres lustros de intensa inestabilidad política, desde la caída de la monarquía en 2008, tras una larga y cruenta guerra civil. Inicialmente se impuso un gobierno propulsado por la guerrilla comunista, pero desde entonces se han ido sucedido una docena de ejecutivos, sin capacidad para tomar efectivamente las riendas. Las últimas protestas fueron brutalmente reprimidas y murieron más de 70 personas, pero no pudieron ser acalladas. Finalmente, el gobierno cayó, exhausto y abandonado por las fuerzas armadas, que ayudaron al movimiento juvenil promotor de la rebelión a organizar una elección popular de un gobierno transitorio a través de la plataforma digital Discord.

Fue elegida Primera Ministra una jueza de cierto prestigio. Sushila Karki, después de un intenso debate, con una participación masiva de la población. Una primicia política en toda regla. Pero esta suerte de democracia electrónica podría quedarse corta ante los retos que afronta el país. Harán falta más que eslóganes y proclamas para no decepcionar a una población por debajo de los 30 años que no parece conformarse con cambios cosméticos.

MARRUECOS: EL FINAL DE LA TRANQUILIDAD DEL RÉGIMEN

En África, la amplitud, dimensión y naturaleza de la revuelta juvenil es diferente. De momento, ha sido en Marruecos donde se han las protestas callejeras de mayor importancia, en torno a la plataforma Gen Z 2012 (código telefónico del país).

Los jóvenes han criticado el gasto excesivo que el poder está asignando a la construcción y adecuación de estadios e infraestructuras para albergar el Mundial de Fútbol de 2030, con España y Portugal. Reclaman más inversión social y una mejora sustancial de los servicios públicos básicos (3).

Algunos lemas escuchados en las manifestaciones recuerdan a la primavera árabe de hace 15 lustros, que en Marruecos fue abortada de inmediato por Palacio, con el concurso de una policía todopoderosa y omnipresente. El país se encuentra en un ambiente de suspensión política debido a los rumores sobre la salud de Mohamed VI, cuyas continuas “desapariciones” de la vida pública, sus constantes viajes al extranjero y ciertas amistades polémicas, han abonado las especulaciones (4).

Los éxitos diplomáticos obtenidos en los últimos años en el muy prioritario asunto del reconocimiento internacional  de la soberanía efectiva sobre el Sahara Occidental no han servido para aplacar el descontento social. Durante años la reivindicación permanente de la excolonia española en disputa fue el motor de la adhesión al régimen de amplias capas sociales. Hoy ya no es suficiente.

LA OLA EXPANSIVA SE EXTIENDE POR ÁFRICA

En Madagascar, el autoritarismo ha tocado fondo. Los jóvenes crearon a mediados de septiembre su Gen Z Madagascar para protestar pacíficamente por los continuos cortes de suministro de agua y luz, provocadas por el deficiente funcionamiento de la energía hidroeléctrica tras una prolongada sequía, pero también por la mala gestión.

Ante la falta de respuesta y la arrogancia de las autoridades, se convocó una manifestación para el día 25, que fue desautorizada. Pese a ello, se celebró, con la participación de miles de personas. La intervención policial provocó una veintena de muertos. La espiral de la protesta creció, obligando al Presidente Andry Rajoelina a cesar a cinco de sus ministros. Esta medida, ya claramente defensiva, no ha apaciguado a los jóvenes, que exigen la dimisión del máximo líder del país (5).

Kenia ha sido uno de los países más importantes de la estrategia occidental en África, debido a su ubicación en el corazón del continente, próximo tanto al Sahel, por el oeste, como a la zona de los grandes lagos y el cuerno, por el Este. Este activo le ha permitido jugar cierto papel de mediador e impulsor en la negociación de conflictos regionales. Pero de unos años a esta parte, la crisis económica interna y el desgaste de las élites políticas herederas de la independencia han erosionado su posición como modelo de un desarrollo político y económico (6).

La guerra del vecino Sudán, terrible y ferozmente destructiva, ha empujado a cientos de miles de personas a buscar refugio en las regiones fronterizas del oeste de Kenia, tensionando aún más los caudales públicos y soliviantando el ánimo de protesta en la población juvenil, la más activa contra la corrupción del gobierno de William Ruto. El régimen reaccionó con dureza para intentar yugular este ambiente de revuelta creciente. A comienzos de este mes, setenta jóvenes comparecieron ante los tribunales acusados de supuestos delitos de terrorismo, algo inédito en el país. 

La juventud europea, que parece seducida en un número cada vez mayor por las propuestas demagógicas y falsarias de la extrema derecha, haría bien en conocer un poco más los ejemplos que nos llegan de la periferia, donde regímenes autoritarios, generalmente amparados por Occidente están siendo desafiado por la población en la que está depositado el futuro de sus países.


NOTAS

(1) “En Asie, la génération Z à l’assaut des vieilles élites politiques”. LE MONDE, 29 de septiembre.

(2) “Nepal’s Discord Vote Might Be the Future of Protest”. AJA ROMANO. FOREIGN POLICY, 22 de septiembre.

(3) “Le Maroc secoué par la fronde de la génération Z: «Nous sommes la jeunesse, nous ne sommes pas des parasites». ALEXANDRE AUBLANC. LE MONDE, 3 de octubre.

(4) “Au Maroc, une atmosphère de fin de règne pour Mohammed VI”. CHRISTOPHE AYAD y FRÉDÉRIC BOBIN. LE MONDE, 24 de agosto.

(5) “Madagascar’s Youth Won’t Back Down, Demanding President’s Resignation”. THE NEW YORK TIMES, 2 de octubre.

(6) ”Au Kenya, la police réprime violemment les manifestations en hommage au mouvement de 2024, faisant huit morts et au moins 400 blessés”. LE MONDE, 25 de junio.

 

RUIDOS EN LOS CIELOS, APAÑOS EN LA TIERRA

  1 de octubre de 2025    

“Europa no está en guerra con Rusia, pero desde ahora tampoco en paz”, ha dicho el Canciller germano Friedrich Merz. La sentencia es más que discutible. Europa emprendió una guerra económica y vicaria con Rusia después de la invasión de Ucrania y en ello sigue, y cada vez con más intensidad. La guerra moderna no se libra solamente con soldados y banderas sobre el terreno. La guerra indirecta simplemente es menos arriesgada, al menos hasta cierto punto.

Lo que quería decir Merz es que las supuestas vulneraciones del espacio aéreo de países europeos por aviones y drones rusos constituía un acto de hostilidad que situaba la relación con Moscú en un plano distinto. Estos incidentes, cuya autoría el Kremlin niega, activaron el artículo 4º del Tratado de la Alianza Atlántica, que contempla consultas entre los aliados ante una amenaza de agresión. Es la antesala del siguiente artículo, el 5º, que precipita una acción conjunta de todos los aliados frente enemigo agresor.

El manejo de estos incidentes refleja el espíritu de guerra fría que se ha implantado en las relaciones con Rusia. Los medios han contribuido activamente a expandirlo. Una publicación que presume de ser rigurosa como el semanario THE ECONOMIST, biblia del pensamiento liberal, aseguraba esta semanas que sus primeras valoraciones sobre la autoría rusa fueron quizás precipitadas. El analista de asuntos bélicos, Shashansk Joshi señalaba este lunes que “siendo honesto, aún queda mucho por conocer”. A renglón seguido reconocía que “no estaba tan seguro de que la incursión de drones rusos en Polonia, dos semanas antes, hubiera sido intencional”, como había escrito días antes. Tampoco estaba ya tan claro, según fuentes “bien informadas” que citaba pero no identificaba, que el episodio de Estonia se pudiera atribuir a una política oficial  y aventuraba que podía tratarse de un “error de navegación” de fuerzas aéreas rusa poco profesionales, cuya calidad “se ha degradado en los últimos tres años” (1).

Esta fe interpretaciones precipitadas no se correspondía con otro artículo de la misma revista, en cuyo titular se leía: “Rusia está violando los cielos europeos con impunidad”. El artículo, en cambio, deslizaba interpretaciones no coincidentes de los aliados sobre la intencionalidad de estas incursiones y se extendía en ofrecer datos sobre la “guerra híbrida” que Moscú ha intensificado en Europa en los últimos años, sin relacionarlos con la guerra económica europea y la ayuda militar y financiera europea a Ucrania (2).

Esta obstinación europea en negar que se esté en una guerra con Putin empieza a ser insostenible, y de ahí que Merz haya dado un paso en el reconocimiento de la realidad al asegurar que “ya no estamos en paz” con Rusia.  El juego de palabras, el desconcierto sobre la amplitud de las provocaciones rusas y la información confusa y militante de los medios liberales reflejan un cierto nerviosismo de los dirigentes europeos, que no saben a que atenerse. Ni con Putin ni con Trump.

En parte es lógico. Trump sigue dando bandazos, no por estrategia sino por frivolidad, por estado de ánimo, por despecho con Putin, que no le hace el caso que él esperaba, o por presión de algunos altos cargos de su equipo de Seguridad Nacional, que son intuitivamente hostiles al Kremlin. Que ahora Trump diga que “Ucrania puede aún ganar la guerra” mereció un generoso tratamiento en la prensa liberal, aunque el confuso discurso del egocéntrico Presidente no invitaba al optimismo (3).

No resulta racional que Putin quiera correr el riesgo de una confrontación directa con la OTAN, si quiere consolidar las posiciones conquistadas en Ucrania. ¿Qué puede obtener de esas supuestas incursiones aéreas en países europeos? Testar la cohesión aliada, dicen los analistas que se acogen al libreto clásico de la Kremlinología. O intentar provocar fracturas entre los aliados, añaden. Es evidente que esos actos han precipitado lo contrario, al menos de palabra. La credibilidad de la Alianza exige respuestas formalmente firmes, no riñas por aspectos secundarios. Ciertamente, no ha habido acuerdo sobre la intencionalidad de las supuestas actuaciones rusas, pero esas dudas se han quedado enquistadas en las discusiones técnicas. Los dirigentes salieron en tromba a advertir a Putin de que estaba jugando con fuego. De cajón (4).

La OTAN se activa para proteger los cielos y se desmarca de cualquier acción en tierra. Nada ha cambiado en eso, haga lo que haga Putin y avancen lo que avancen las tropas rusas, que llevan semanas estancadas. El otoño y sus lluvias no presagian cambios significativos en el frente en el tiempo cercano, salvo sorpresa mayor. La campaña rusa se orienta a erosionar la moral de la población con la destrucción de infraestructuras en las grandes ciudades. La guerra de atricción se consolida. Hasta que parezca que ha dejado de ser una guerra y se convierta en una especie de castigo intermitente. Es el pudrimiento militar que puede interesar a Putin, si tiene recursos para permitírselo (5) y las élites rusas siguen apoyando su estrategia (6).

Esta situación ha gangrenado la vía diplomática, hasta hacerla irrelevante. Trump, al que sólo le preocupan los conflictos internacionales si le sirven para engrandecer su  protagonismo, le ha dado la espalda al de Ucrania y se ha vuelto de nuevo al de Gaza.

NI PLAN, NI PAZ

El mal llamado y mejor publicitado “plan de paz” es, en realidad, un papel farragoso, desestructurado y poco trabajado documento que consiste, básicamente, en la secuenciación de la rendición de Hamas (7). No se puede presentar como paz algo que viene acompañado de una intimidación expresa. Más que un “plan” es un diktat. Se han fijado plazos perentorios a Hamas para aceptarlo, para desarmarse, para huir, para desaparecer de Gaza. La organización islamista tratará de suavizar un poco estas exigencias. No es muy probable que lo consiga. Por lo demás, en los puntos supuestamente constructivos, todo se deja a la fluidez del tiempo propio de Oriente Medio. Con este papel, es posible que el Primer Ministro israelí no tenga muchos problemas para apaciguar a sus fanáticos socios.

Si, al final Hamas firma, no será por conformidad, sino por necesidad. Para salvar el pellejo de su mermado ejército: obtendrán la liberación de 250 militantes condenados de por vida en Israel por “actos de terrorismo” y un aparente derecho de “escape” de los guerrilleros aún presentes en la franja. Simple consolación, mínimo alivio. Su proyecto político quedará sepultado en los túneles, que serán cegados para siempre.

Las referencias al futuro palestino son confusas y, en general, constituyen un paso atrás con respecto al acervo internacional acumulado en las últimas décadas. No hay reconocimiento alguno de la autoridad política. La participación se constriñe al ámbito técnico. Se establece un apresurado tutelaje egipcio y jordano. La ambigüedad es deliberada. La invocación al Estado palestino se reduce a un veremos casi irónico.

Netanyahu quizás le sobre este “plan”, pero tampoco puede tensar más la cuerda, puesto que se ha convertido en un líder político denostado ampliamente en el exterior y altamente dependiente del fanatismo enloquecido de sus aliados en el interior. El primer ministro israelí sabe que no es rentable decirle que no a Trump, y más en esto, con lo que el Presidente espera ganar crédito para que se le conceda el Nobel de la Paz. A esto se reduce este hipócrita ejercicio “diplomático”: cultivar la vanidad del político más poderoso del planeta. Un epítome de la deriva del orden liberal internacional.

En Europa se han resignado a pronunciarse “positivamente” sobre el “plan”, sabedores también sus dirigentes de que poner demasiadas pegas sólo excitará el instinto vengativo de su autor. Para más detalle, que le pregunten a Comey (8). En un momento en que empiezan a notarse los efectos económicos negativos de la “guerra comercial” impulsada desde la Casa Blanca, los líderes europeos no quieren abrir otro frente de discordia con su desvariado aliado.  Los franceses, que se las dan de expertos con voz propia en los asuntos de Oriente Medio, han dicho que “se puede trabajar” en este Plan. Lo que quiere decir, sin los trucos del lenguaje diplomático, que hay que empezar a tachar y a añadir, de arriba abajo. Si Europa puede intervenir en esa tarea, la huella de Trump en ese plan se reducirá al nombre. Pero no es probable que eso sea lo que ocurra. Al cabo, el “plan” puede fracasar por sus propia inconsistencia.

De la “favorable” acogida de los regímenes árabes e islámicos proamericanos, no cabía esperar otra cosa: no osan disgustar a quien puede alterar su estabilidad. Otra cosa será que arrimen el hombro cuando Trump se lo reclame.

Poco a poco, Israel irá incumpliendo los escasos compromisos que le solicita el documento. Tras su monumental error estratégico de desafiar frontalmente a su enemigo, Hamas tratará de reactivar su simbólica resistencia y volveremos, en el mejor de los casos, a la situación anterior al 7 de octubre de 2023. Si las cosas se escapan de nuevo de las manos o Netanyahu es presionado por los colonos más radicales y sus agentes políticos, la salvajada militar se impondrá de nuevo. Trump se olvidará del asunto y esperará a que se despejen las ruinas para participar, si acaso, en alguna promoción inmobiliaria en la “reconstruida franja”.


NOTAS

(1) “Is Putin testing Europe’s mettle?” SHASHANSK JOSHI. THE ECONOMIST, 29 de septiembre.

(2) “Russia is violating Europe’s skies with impunity”. THE ECONOMIST, 28 de septiembre.

(3) “In a Sudden Shift, Trump Says Ukraine Can Win the War With Russia”. DAVID SANGER. THE NEW YORK TIMES, 23 de septiembre; “Trump Makes U-Turn on Ukraine Rhetoric”. SAM SKOVE. FOREIGN POLICY, 23 de septiembre.

(4) “Le virage des nouvelles règles d’engagement de l’OTAN face aux incursions russes”. CLOÉ HOOMAN & ELISE VINCENT. LE MONDE, 29 de septiembre.

(5) “Russia’s besieged economy is clinging on”. THE ECONOMIST, 21 de septiembre:

(6) “Unas élites rusas divididas sobre el levantamiento de las sanciones estadounidenses”. ALEXÉI SAJNÍN & BORIS KAGARLITSKI. LE MONDE DIPLOMATIQUE, agosto de 2025.

(7) “Hamas reviewing Trump peace plan as Netanyahu says Israel will 'forcibly resist' Palestinian statehood”. BBC, 29 de septiembre.

(8) “Former FBI director James Comey indicted amid Trump push to prosecute foes”. THE WASHINGTON POST, 25 de septiembre.

PALESTINA: LOS ESPEJISMOS DIPLOMÁTICOS

 24 de septiembre de 2025    

La ONU celebra su feria anual de solemnes declaraciones y justificación de frustraciones. Pero este año la agenda esta más cargada de lo habitual por la matanza de Gaza y el espejismo de iniciativas diplomáticas múltiples.

Mientras en la franja se despliega la que se anuncia como definitiva ofensiva israelí, multiplicando la muerte, el dolor y la ruina, algunas capitales occidentales (Reino Unido, Canadá, Australia, Portugal y otras) se han sumado al reconocimiento del Estado palestino, medida que se admite simbólica sin efecto práctico mayor.  

Paralelamente, Francia y Arabia Saudí han lanzado una suerte de Conferencia Internacional descafeinada para promover la reanimación de la moribunda solución de los dos Estados, Israel y Palestina. Se trata de un remedo del enésimo plan de paz destinado a acumular polvo en los cajones de las cancillerías.

Espejismos diplomáticos que, a efectos prácticos, nada harán por detener el genocidio cometido por Israel: 65.000 civiles muertos, un territorio devastado hasta los cimientos y la siembra de resentimiento y desesperanza.

Esta realidad paralela de palabras y supuestas buenas intenciones apenas puede subsanar la irrelevancia de la ONU como institución llamada a garantizar la paz mundial y la justicia internacional,  en el año del 80º aniversario de su fundación, en San Francisco, en un momento de esperanza tras la derrota de las fuerzas del Eje.

La masacre en Gaza ha dado la puntilla a la ONU, cuyos trabajadores sobre el terreno denuncian la insoportable realidad de la población palestina. Los responsables de las agencias jurídica, de ayuda y de derechos humanos se han liberado de corsés diplomáticos y han roto a denunciar el genocidio. El director de la UNRWA ya dijo en voz alta  lo que millones de personas piensan: que “los Estados disponen de una panoplia enorme para detener las atrocidades cometidas” en Gaza (1).

Estados Unidos se opone al reconocimiento del Estado palestino. Lógico, porque ha tolerado y facilitado los planes destructivos de Israel. Alemania se desmarca de sus socios europeos mayores, presa de sus fantasmas e intereses. Así las cosas, el espejismo diplomático, sin otras medidas de presión, resulta, en estas circunstancias, una medida hipócrita, justificativa y sobre todo estéril.

UN ESTADO DE PAPEL

¿Qué se está reconociendo? ¿Hay voluntad de que ese Estado sea viable, tenga un territorio en unas fronteras reconocidas y una seguridad fiable? En absoluto. Si se trata de una iniciativa simbólica, no sólo es inservible, sino que se asemeja a un ultraje. ¿Después del reconocimiento británico, francés, canadiense, australiano y etc, qué vendrá? A tenor de lo visto, nada que sirva de algo (2).

El gobierno de la Autoridad Nacional Palestina, presidida por un anciano de 90 años, cuya legitimidad expiró hace años, no puede tomar decisión relevante alguna.  Ni siquiera es “el alcalde de Ramallah”, como se decía irónicamente de Arafat en los noventa, cuando los acuerdos de Oslo se diluían en la insustancialidad. Ese invisible gobierno palestino está desacreditado y ridiculizado por el ocupante.

Hoy, la otra parte de ese supuesto Estado palestino que no ha sido pulverizado, se encuentra sometido a una violencia atroz del gobierno, del Ejército y de los colonos incontrolados (o más bien alentados y apoyados desde el Poder). La creación de nuevas colonias ilegales se incrementa día a día y se dan a conocer continuamente proyectos que harán inviable la continuidad territorial de ese Estado palestino que ahora las grandes potencias occidentales vacuamente reconocen (3). La privación de tierras a los palestinos se agrava con operaciones policiales y militares en unas condiciones de impunidad sin precedentes. La intimidación de la población es asfixiante. La excusa de la amenaza “terrorista” justifica todo tipo de atropellos y persecuciones. Los sectores más extremistas del Gobierno (en realidad habría que decir vociferantes, porque extremista es todo el Ejecutivo) se jactan de actuar sin limitación y a su gusto (4).

LA COMPLICIDAD DE ESTADOS UNIDOS

Desde Washington, se deja hacer con una complacencia que supera todos los registros conocidos, que ya es decir. Trump se mofa de la legalidad internacional, ridiculiza a la ONU en su propia sede y, aparte de anunciar resorts de ensueño en una nueva Gaza “limpia de terroristas”, alienta a adoptar decisiones expansionistas de Israel y amenaza a sus socios europeos por el reconocimiento del Estado palestino.

En la nueva mayoría social que se dibuja en Estados Unidos bajo el liderazgo de la ultraderecha cristiana, la “causa de Israel” es intocable. Trump ha aprovechado la marea provocada por el asesinato del charlatán ultra Charlie Kirk, para desatar sus instintos autoritarios más feroces. Ya se permite amenazar sin disimulos a los que se le oponen, siquiera tímidamente, y a proclamar que los odia (5). Promueve el silenciamiento de espacios informativos críticos, para desviar la atención de unas encuestas que reflejan el hundimiento de su aceptación en la ciudadanía (6). En realidad, le importa poco: cuenta con la parálisis de la oposición sistémica y un creciente miedo social.

La kermesse funeraria ultra de Arizona, un espectáculo de hipocresía monumental, ha hecho emerger las corrientes más oscuras de la sociedad americana: intolerancia, racismo, xenofobia y otras perversiones más acorde a estos tiempos. Si el Ku-Klus-Klan fue una pústula minoritaria en los estados del sur derrotados en la guerra civil, esta ultraderecha cristiana de hoy, fervientemente aliada de Israel, aspira a conquistar la cúspide del poder en Washington. Ya tenían al Vicepresidente J.D. Vance como ariete avanzado. Ahora, confían en poder fidelizar el respaldo de Trump, que se apuntó a la representación con su oportunismo de costumbre (7).

EL SINIESTRO DESIGNIO ISRAELÍ

Todo esto lo sabe positivamente el primer ministro israelí, de ahí que se sienta fuerte para lanzar insinuaciones intimidatorias dirigidas a París y a Londres, en un tono no muy diferente al que antes ha hecho con España o Bélgica, más comprometidos con la causa palestina, aunque con eficacia similar. Las bravatas de Netanyahu pueden ser un farol, pero él no se siente constreñido ni preocupado en modo alguno por un fantasmal “aislamiento internacional”.

En otras latitudes más templadas del panorama político israelí, nadie se atreve a adoptar una posición firmemente contraria al Gobierno. Los llamados “centristas” de Yaïr Lapid también han condenado el reconocimiento del Estado palestino. Sólo grupos de izquierda crítica u organizaciones pacifistas y de defensa de los derechos humanos se atreven a colocarse en la oposición y a denunciar no sólo la barbaridad de Gaza sino también los atropellos y actos violentos en Cisjordania. No pasará mucho tiempo antes de ser considerados traidores.

En este ambiente depresivo y crecientemente autoritario, las opciones de una mejora efectiva de la situación se antoja imposible. La llamada “pax americana” (engañosa siempre y manifiestamente desequilibrada en su concepción) va camino de convertirse en un camino hacia una guerra de exterminio que consolide la condición de Israel como un hegemon en la zona. 

Así lo han entendido los propios estados árabes, incluso los más cercanos al estado judío. El ataque contra la sede de Hamas en Qatar ha constituido una llamada de atención que se han tomado muy en serio las petromonarquías del Golfo y otros países de la región.  Los acuerdos Abraham no están enterrados, entre otras cosas porque Trump ve en ellos una oportunidad para crear un ecosistema de negocio personal. Pero han sido metidos en el congelador (8). Liquidar el “problema palestino” es ahora la prioridad indiscutible. Y la palanca más eficaz para que Netanyahu escape al acoso de la justicia. Este príncipe de las tinieblas israelí nunca ha tenido tantas cartas juntas a su favor, y no es de los que las desaprovechan.

 

NOTAS

(1) Entrevista con Philippe Lazzarini, jefe de la UNRWA. LE MONDE, 8 de septiembre; “Legal analysis has accused Israel of committing genocide in four out of five categories as defined by 1948 convention”. JASON BURKE. THE GUARDIAN, 16 de septiembre.

(2) “What does recognising a Palestinian state mean?”. PAUL ADAMS. BBC, 22 de septiembre.

(3) “La colonisation israélienne en Cisjordanie s’accélère depuis le 7 octobre 2023”. PIERRE BRETEAU. LE MONDE, 1 de septiembre.

(4) “With Arson and Land Grabs, Israeli Settler Attacks in West Bank Hit Record High”. THE NEW YORK TIMES, 14 de agosto.

(5) “Even without formal charges, Trump’s DOJ can punish critics”. THE WASHINGTON POST, 23 de septiembre;  “In Assault on Free Speech, Trump Targets Speech He Hates”. PETER BAKER. THE NEW YORK TIMES, 21 de septiembre.

(6) “Tracking the Presidency, Donald Trump’s approval ratings”. THE ECONOMIST, 18 de septiembre.

(7) “L’hommage de l’Amérique trumpiste au «martyr» Charlie Kirk, moment de confusion entre politique et religión”. PIOTR SMOLAR. LE MONDE, 22 de septiembre.

(8) “The Fallacy of the Abraham Accords”. KHALED ELGINDY. FOREIGN AFFAIRS, 22 de enero.

 

EL PROTAGONISMO DE LA CALLE EN EUROPA

 17 de septiembre de 2025

La calle vuelve a ser protagonista destacado del debate político en Europa. Nunca dejó de serlo por completo, naturalmente, pero en los últimos años se había reducido su influencia, por varios motivos.

La contestación desde los márgenes de los sistemas políticos proviene desde la izquierda, pero sobre todo desde la derecha, según qué casos. En los países en que la ultraderecha ha gozado de un significativo ascenso electoral, el recurso de la presión callejera ha disminuido. Lo hemos visto en Francia, en Alemania, en los países nórdicos y en los meridionales. En Gran Bretaña, donde hasta ahora la ultraderecha tenía pocas o ninguna perspectiva de alcanzar el poder, la movilización extramuros del sistema ha sido intermitente: recuérdese la protesta xenófoba del año pasado.

Por el contrario, desde la izquierda crítica se ha incrementado de manera palpable la actuación en la calle. Sin duda, la persistencia de desigualdades sociales y la falta de respuesta desde los partidos del consenso centrista han favorecido la recuperación de las protestas. Pero un factor decisivo de activación ha sido el genocidio en Gaza. Aunque las manifestaciones de los últimos días en España han sido especialmente concurridas, es importante recordar las movilizaciones en Gran Bretaña, los conatos de disenso en Alemania y focos de indignación y repulsa en otros lugares.

FRANCIA, LA CALLE ES DE LA IZQUIERDA MÁS DURA

En la actualidad, Francia está en el epicentro de las movilizaciones sociales europeas. La persistencia de Macron de blindarse en el Eliseo sacrificando a políticos de su mayor o menor confianza ha irritado por igual a los partidos hasta ahora fuera de la responsabilidad histórica de gobierno, en la derecha radical y en la izquierda crítica. Pero mientras la ultraderecha prosigue en su desgaste institucional de la base política del Presidente, exigiendo una nuevas elecciones, los Insumisos, desde la izquierda, no dejan de reclamar la dimisión de Macron.

Se entiende muy bien esta diferenciación de estrategias. El Reagrupamiento Nacional (RN) sabe que, constitucionalmente, el Jefe del Estado puede disolver de nuevo la Asamblea Nacional, porque ha pasado un año desde que lo hiciera por última vez, tras los sucesivos fracasos de Borne y Attal de reconducir la crisis. Ese regate presidencial no sirvió de nada; al revés: ha quemado a otros dos jefes de gobierno, Barnier y Bayrou, y ahora se ha visto obligado a acudir a uno de sus colaboradores más próximos, Sébastien Lecornu, otro potencial sucesor en el Eliseo, como lo fuera Attal, que sigue siendo el líder del partido presidencial.

El RN no está interesado en la anticipación de las elecciones presidenciales, como piden los Insumisos, porque hasta enero la Justicia no decidirá sobre el recurso contra la inhabilitación de Marine Le Pen por el escándalo de los asistentes en su grupo del Parlamento europeo (1). El refuerzo parlamentario es la prioridad del momento.

La izquierda crítica mantiene insistentemente que el Presidente debe dimitir y acabar con la actual farsa de una mayoría inexistente. Al frente de los Insumisos. Jean-Luc Mélenchon libra en realidad tres batallas: las dos frontales contra el macronismo y contra el ascenso imparable del lepenismo; y tácticamente también contra la izquierda que él considera dócil al poder, con la que ha pactado un programa y una coalición (el Nuevo Frente Popular), pero a la que no puede manejar sin resistencia. Ante las reticencias de socialistas (a los que Macron amagó con cortejar en esta última crisis), ecologistas y comunistas, Mélenchon parece decidido a seguir luchando en solitario. Y es ahí donde entra la calle, las movilizaciones populares.

Hay un palpable descontento acumulado durante los años macronistas, por el incremento de las desigualdades y la negativa del liberal Presidente a aliviar el déficit y la deuda mediante un incremento de la presión fiscal a los ricos, como reclama la izquierda, en distintos grados. En las jornadas de protesta sindicales que comienzan este jueves, las centrales sindicales llaman a combatir las medidas presupuestarias “brutales” del gobierno dimisionario y del que viene a sucederle (2). Pero hay otros grupos contestatarios, fuera de la disciplina sindical, como el Movimiento 10 de septiembre, que recuerdan mucho a los chalecos amarillos (3).

La ultraderecha no se suma a esta presión desde abajo, o lo hace con otros agentes: comunas y poderes locales y corporativos cercanos a sus ideas. La contestación nacionalista xenófoba adopta perfiles institucionales, propios de los que se sienten a las puertas del poder. Aunque militen en parcelas distintas de la ultraderecha europea, Le Pen ha sacado buen provecho de la experiencia de Meloni en Italia. Si alguna vez gobierna, la dirigente francesa tendrá que parecerse mucho a su par transalpina.

GRAN BRETAÑA: LAS ÍNFULAS DE LOS ULTRAS

La calle puede alcanzar un protagonismo mucho más intenso en Gran Bretaña. Ya está ocurriendo. Este fin de semana pasado ha tenido lugar la manifestación ultra más numerosa en la historia reciente del país. Más de cien mil personas han protestado por la inmigración, pese a que las cifras de ingreso de extranjeros en el país se ha reducido notablemente (4). Es sabido que los ultras no cabalgan a lomos de la verdad, sino de una realidad percibida, alterada y/o manipulada. El movimiento Tommy Robinson, un líder xenófobo que inspira estas movilizaciones británicas, se siente reivindicado, alentado y propulsado por el éxito del MAGA (Make America Great Again) al otro lado del Atlántico. Este fin de semana eran numerosas las pancartas y los eslóganes que sintonizaban, en ocasiones de forma expresa, con ese grupo de presión identificado con la actual Casa Blanca. Todo ello en vísperas de la visita de Trump a Londres (5).

Los xenófobos británicos, paradójicamente, pueden resultar un incordio para Nigel Farage, el líder de Reform UK, el líder del Brexit a ultranza, antieuropeo y recolector de todos los malestares políticos del consenso centristas (tories y laboristas). Nunca antes un partido fuera del bipartidismo (o incluso de la tercera vía liberal) se había encontrado en posición de ganar unas elecciones. Las encuestas son chocantes. La mayoría laborista, a decir de ese termómetro socio-político, se ha esfumado en sólo un año. Farage le come base social al laborismo y a los conservadores, sin un programa preciso, evasivo y demagógico sin disimulo.

Es tal el desconcierto en el laborismo que ya se habla abiertamente de iniciativas y hasta de conspiraciones para desafían el liderazgo de Starmer. El “regreso” de Gran Bretaña a Europa, vía concertación de políticas para responder a Trump, pero desde una autonomía perceptible, no ha servido para sostener la imagen pública de su liderazgo. Otros dirigentes creen que deben cambiarse las estrategias de comunicación de la gestión realizada y de consolidar la dimensión social. Pero resulta difícil cuando, para reducir el déficit, se recortan prestaciones sociales y no se avanza lo suficiente en una fiscalidad progresista. El laborismo perdió la calle hace tiempo, demasiado. No es factible la movilización social frente al peligro pardo.

ALEMANIA: CONTRA EL CORDÓN SANITARIO

En Alemania, las cosas están todavía peor. La izquierda sistémica (participante del consenso centrista) se encuentra de nuevo atrapada en el recurso salvavidas de la Grosse Koalition por voluntad propia, por no querer renunciar a parcelas de poder. El canciller Merz, impopular como sus pares europeos mayores, procede de una cultura política, social y económica refractaria a cualquier enfoque progresista. Era la alternativa más derechista a Merkel, y sus apoyos en la CDU no parecen dispuestos a tolerar un giro centrista. De hecho, sus tímidas y posturales regañinas a Israel han generado una respuesta crítica desde sus filas más conservadoras (6).

Para aplacar estas suspicacias derechistas, Merz se ha visto obligado a arriesgar su entendimiento con sus socios socialdemócrata. Ha dicho con claridad en el Bundestag que la “protección social ya no es financiable en su estado actual”, y ha anunciado un “otoño de reformas”. O sea, recortes.

Los gastos sociales suman alrededor de 1,3 billones de euros, un 60% de los cuales se los llevan las pensiones, la cobertura sanitaria y las prestaciones por invalidez y discapacidad, según el Instituto IFO. Y el panorama a corto y medio plazo es aún peor, debido a las débiles perspectivas de crecimiento económico y al envejecimiento galopante de la población (el 57% de la población tiene más de 40 años). En 2045 las pensiones podrían drenar hasta el 40% del presupuesto (7).

Aunque el SPD coincide en el diagnóstico, discrepa sobre el tratamiento. Los portavoces del partido quieren priorizar el incremento de la imposición a los más ricos, frente a la extensión de la edad de jubilación de los democristianos. Pero, como les ocurre a los laboristas, no es previsible que los socialdemócratas alemanes convoquen a la calle, que hoy es terreno propicio para la ultraderecha.

Alternativa por Alemania (AfD) progresa en cada cita electoral, la última en los comicios municipales de Renania del Norte-Westfalia, el más poblado del país (8). Pero sabe que el cordón sanitario es más potente que el francés o que el sistema electoral bipartidista británico y el camino al poder por esa vía está bloqueado. De ahí que a calle sea una herramienta cada vez más frecuente, a medida que la situación socioeconómica se deteriore.

Todo esto en un contexto de ansiedad belicista y de presión de ciertos intereses industriales a favor de un incremento del gasto en defensa, que perjudicará indudablemente cualquier apaño social tacticista del consenso centrista.


NOTAS

(1) “Marine Le Pen, menacée par l’inéligibilité, obtient l’accélération de son calendrier judiciaire”. CORENTIN LESUEUR. LE MONDE, 9 de septiembre.

(2) “Mobilisation du 18 septembre: une journée de grève contre l’austérité sur tous les fronts, des écoles aux transports”. LE MONDE, 17 de septiembre.

(3) “Mouvement du 10 septembre: pourquoi une grève massive est incertaine, malgré une profonde colère”. ALINE LE CLERC. LE MONDE, 3 de septiembre.

(4) “What do the immigration figures for the UK really show? Official figures indicate net migration is falling, yet concern among Britons is close to the highest it has been since polling began in 1974”, MICHAEL GOODIER. THE GUARDIAN, 14 de septiembre;

(5) “How huge London far-right march lifted the lid on a toxic transatlantic soup”. THE GUARDIAN, 16 de septiembre; Donald Trump is unpopular in Britain. Trumpism is thriving. THE ECONOMIST, 15 de septiembre; “Massive nationalist rally shows MAGA-fueled movement’s appeal in U.K.”. LEO SANDS. THE WASHINGTON POST, 14 de septiembre.

(6) “Germany’s Israeli Dogma Lives On. The German government has changed its tone on Israel policy—but not much else”. JOHN KAMPFNER. FOREIGN POLICY, 20 de agosto.

(7) “En Allemagne, la protection sociale n’est «plus finançable dans sa forme actuelle», prévient le chancelier”. CÉCILE BOUTELET. LE MONDE, 10 de septiembre.

(8) “Far-right AfD’s vote triples in elections in German bellwether state” KATE CONNELLY. THE GUARDIAN, 14 de septiembre.

 

EL OTOÑO DE LOS LÍDERES POLÍTICOS

10 de septiembre de 2025

Otoño es la estación en la que caen las hojas y los árboles se quedan desnudos. No sería forzado emplear este símil para dibujar el panorama político en casi todo el orbe occidental. Los dirigentes amarillean en los troncos de sistemas tensionados por las insatisfacciones sociales y el avejentamiento institucional.

Desde los años setenta, se solía emplear la fórmula “otoño caliente” para describir el clima político tras la engañosa pausa estival. En esta época, en la que las movilizaciones sociales son menos numerosas e intensas, el otoño ha dejado de ser caliente, aunque siempre hay excepciones que confirman la regla. Como en Francia, que vive este miércoles una jornada de “bloqueo”, convocada por grupos políticos y sociales minoritarios pero activos, que recuerda al movimiento Que se vayan todos, de la Argentina transmilenial. Es la respuesta de la desesperación social, de la negatividad completa ante el fracaso sistémico.

Por lo general, los nuevos cursos políticos de este tiempo prefiguran una frialdad social: de incredulidad, de desánimo. Lo que los politólogos han venido en llamar desafección. Es un término muy acorde con el psicologismo de los tiempos, pero conceptualmente dudoso. Para haber desafección, primero ha tenido que haber afecto. Y no es la política una pulsión sentimental, precisamente.

En este regreso de unas vacaciones políticas que en realidad no han existido (por las guerra de Ucrania y sus teatrales intentos de negociación, por el espantoso genocidio de Gaza, por los sobresaltos provocados desde un Despacho Oval entregado al capricho), los líderes occidentales van cayendo lentamente de los árboles que componen el sistema político occidental: el liberal y el neoautoritario.

EL ENVEJECIMIENTO LIBERAL

En Francia, ha caído un gobierno moribundo antes de florecer (el cuarto en dos años). El tronco principal está corroído por plagas endémicas, pero ya se sabe que el árbol se mantiene en pie mientras no lo talen agentes externos, léase sociales, económicos o de otra naturaleza. Macron ha confiado la gestión cotidiana del poder a otro de sus fieles, Sébastien Lecornu, hasta ahora Ministro de Armas. Otro delfín destinado a la pira funeraria de la V República. Macron, con un índice de aceptación del 15%, se ha convertido en un Nerón con talante patricio. La Nación se quema con sus decisiones, pero él se atrinchera en el Eliseo a la espera de que se consuma su tiempo (1). Luego, como muchos de sus pares, volverá a la vida privada. Es decir, a ganar dinero, a multiplicar su fortuna.

La vida política en Francia es propia de zombies. Los problemas estructurales se acumulan, los desequilibrios sociales sólo se alteran para profundizarse, las tensiones sociales se metastizan  y los políticos que interpretan el orden liberal se aplican en la supervivencia personal y de casta. Y, mientras, el árbol se pudre.

No pasa algo distinto en otros países europeos. En Gran Bretaña cae del árbol la vicepremier Angela Rayner, que pasaba por ser la rama sindical en el Gabinete de Starmer. Pero, somo suele ocurrir, le tocó encabezar recortes en el capítulo social del Presupuesto, para escarnio de diputados y militantes laboristas crédulos. A falta de una movilización organizada y estructurada, lo que le ha costado el puesto a Rayner no han sido sus decisiones políticas sino la conducta personal. Se la acusa de haber eludido compromisos fiscales en la compra de una vivienda. El caso es dudoso, pero, en los tiempos actuales, lo personal arrolla a lo político en la suerte de los dirigentes (2).

Convertida el leña su segunda, Starmer recompone su equipo y se atrinchera en el 10 de Downing Street, a la espera de que escampe. Pero las tormentas que vienen de Atlántico no auguran nada bueno, aunque se hayan levantado de nuevo puentes con el continente del que hace sólo unos pocos años se quería huir sin mirar atrás. La aceptación del Primer Ministro británico es deprimente, otoñal.

En Alemania, el sistema político blinda superficialmente los gobiernos, pero no fabrica apoyo popular. El canciller Merz es más impopular que sus predecesores. Anda enredado en la guerra de Ucrania y la insostenible complicidad germana con el genocidio en Gaza. Pero se muestra sordo y ciego por una crisis interna (3). De ahí que se le denomine ya el “Canciller de los asuntos exteriores”.

Los tres mosqueteros del orden europeo (Macron, liberal; Starmer, laborista; Merz, democristiano conservador) juegan a una suerte de Directorio continental, pero en realidad están al albur de lo que se decida en Washington, en Moscú. O incluso en Pekín.

El amigo americano se ha convertido en un pariente fastidioso. Se le escucha, y nada; se le aconseja, y nada; se le adula, y tampoco. Los ciudadanos no han comprado esta táctica de apaciguamiento del adolescente norteamericano: tres de cada cuatro europeos de los cinco grandes países considera que sus dirigentes han acordado un “trato humillante” con Trump. No exageran.  

LA PLAGA AUTORITARIA, DEBILITADA

El neoautoritarismo, pulgón corrosivo en el bosque liberal, también afronta un otoño depresivo. Pese a su exhibición de arrogancia sin rumbo, al Presidente de Estados Unidos no le van mejor las cosas. Los árboles que pueblan los jardines de la Casa Blanca otoñean con mal color. Las encuestas indican un rechazo social incontestable: los que censuran su gestión superan en 13 puntos a los que la aprueban (4). Ninguno de sus predecesores tuvo un arranque de mandato tan deprimente. Al apóstol de la posverdad le da lo mismo. No tiene alternativa política en un sistema binario y fallido. Si él pasa por horas bajas, qué decir de los demócratas, un árbol que no tendrá primavera, vale decir, que a estas alturas sigue sin avistar un líder claro, único recurso político cuando faltan ideas y programas.

Más al sur del continente, el argentino Milei sufre el primer revolcón en las urnas, después de su llegada a la Casa Rosada. Cierto que la provincia de Buenos Aires, donde vive casi la mitad de la población, es terreno hostil, eterno feudo peronista. Pero la derrota por 13 puntos es mayor de lo que el mago de la motosierra y sus secuaces esperaban (5). La corrupción, que el prometió erradicar con su herramienta infalible, se la ha instalado en el corazón familiar. Su hermana está en entredicho por un turbio asuntos de mordidas relacionadas con los subsidios a personas con discapacidad. Muy argentino todo.

No nos olvidemos de Japón, el pilar asiático del orden liberal, venido a menos desde hace décadas, pero referente vetusto del sistema al otro lado del mundo. El primer ministro Ishiba, debilitado hace meses en las urnas, ha tirado la toalla, pero asegura que siente haber cumplida su misión, después de reducir del 30% al 15% el castigo arancelario de Trump. Para todo hay un relato autocomplaciente. La decadencia japonesa precipita el síndrome de vacío de poder, como sostiene Mireya Solís, experta en el país, en la nómina de la Brookings Institution (6).

EL INVIERNO ULTRA

Los politólogos contemplan este y otros otoños como premonitorios de un invierno azotado por vientos y fríos ultraderechistas. Los mapas de isobaras parecen acreditarlo.

En Gran Bretaña, por primera vez, un partido ultra, Reform UK, domina las encuestas de intención de voto. Le come electorado sobre todo a los laboristas, algunos de cuyos dirigentes le han exigido a su líder que se deje de equivocar (7). La singularidad bipartidista británica podría dejar de serlo, aunque la neblina en la que está envuelta la opción Farage es reveladora. Si la ultraderecha europea, por lo general, adolece de verdaderos programas de gobierno, Reform UK se lleva la palma (8).

En Francia, el beneficiario de la corrosión macronista es Reagrupamiento Nacional, por mucho que su líder esté en la nevera judicial y no sepa hasta enero si se le levantara el castigo para intentar de nuevo el asalto electoral al Eliseo. El partido de Le Pen exige elecciones legislativas inmediatas tras la derrota de Bayrou en la moción de confianza del lunes, para seguir macerando la conquista del poder (9).

Le Pen parece aproximarse a Meloni y alejarse del trumpismo tan impopular en Europa. Pero la dirigente italiana se alimenta más de la inanidad de sus rivales que del éxito de sus propuestas. Sus atropellos a los inmigrantes cabalgan con viento favorable, pero no dejan resultados económicos sólidos.  A la neofascista italiana le vale, de momento, para exhibir su condición de dirigente europea más estable. Italia siempre ha sido el reino de lo inverosímil en la política europea, el árbol que resiste en los entornos menos propicios. Un árbol de hojas perennes.  


NOTAS

(1) “Emmanuel Macron, un président vulnérable après une dissolution et deux échecs de gouvernement”. MARIAMA DARME & NATHALIE SEGAUNES. LE MONDE, 9 de septiembre.

(2) “After a tax scandal, Britain’s government gets a shake-up”. THE ECONOMIST, 5 de septiembre.

(3) After a torrid 100 days, Germany’s Friedrich Merz is mocked as a ‘dead man walking’”. JOHN KAMPFNER. THE GUARDIAN, 11 de agosto.

(4) “Tracking the presidency”. THE ECONOMIST, 10 de septiembre.

(5) “Tras la derrota, la reacción no avanza”. MELISA MOLINA. PÁGINA 12, 10 de septiembre.

(6) “Tokyo’s Leadership Vacuum”. MIREYA SOLIS. FOREIGN AFFAIRS, 1 de septiembre.

(7) “Senior Labour figures tell Keir Starmer to stop making mistakes”. ROWENA MASON & ALETHA ADU. THE OBSERVER, 7 de septiembre.

(8) “The hard right’s plans for Europe’s economy”. THE ECONOMIST, 4 de septiembre.

(9) “Marine Le Pen, menacée par l’inéligibilité, obtient l’accélération de son calendrier judiciaire”. CORENTIN LESUEUR. LE MONDE, 9 de septiembre.