LA ERA DE LA INCERTIDUMBRE

21 de enero de 2021

Bajo un estado de máxima vigilancia, Joseph Biden ha tomado posesión del cargo de 46º presidente de Estados Unidos. Unidad, verdad, respeto y generosidad fueron los valores que articularon el mensaje inaugural a una ciudadanía sobrecogida. Un discurso grave y solemne pero compensado con el optimismo tradicional de una nación que se proclama indispensable, convencida de que siempre saldrá adelante por pavorosas que sean las dificultades, con la ayuda de Dios. Invocación a la democracia, frágil pero que ha vuelto a prevalecer a pesar de las amenazas que la acechan.

Más allá de la grandilocuencia, de la emotividad del momento y el alivio por el final de la pesadilla Trump (gran ausente de la ceremonia por decisión propia), el nuevo presidente no ha dejado pasar un solo día para enviar un claro mensaje de cambio de rumbo.  

Biden ha firmado un primer paquete de 17 órdenes ejecutivas y declaraciones presidenciales que revierten algunos de los desmanes de su antecesor, estructuradas en cinco paquetes: sanidad (medidas de urgencia para afrontar el COVID), inmigración (paralización del muro en la frontera sur, anulación de la deportación de menores,  cancelación de la espera obligatoria de los centroamericanos en México, eliminación de los vetos de entrada a ciudadanos de países musulmanes), igualdad (directivas contra la discriminación racial),  ecología (reincorporación al Acuerdo de París sobre el cambio climático, revocación del permiso de construcción del oleoducto Keystone XL ) y social (suspensión de desahucios y ejecución de hipotecas, moratoria en el pago de préstamos estudiantiles, etc).Decisiones concretas y de impacto relativamente rápido para generar confianza (1). Pero la incertidumbre reinante no desaparecerá de la noche a la mañana.

LAS TURBULENCIAS INTERIORES

En el frente interno, los desafíos son enormes y las bazas para afrontarlos no parecen del todo sólidas. Estados Unidos vive estas semanas bajo el shock del 6 de enero (comparado ya con el 11S o el 7-D). Por mucho que los distintos agentes del sistema (políticos, mediáticos y sociales) traten de invocar la capacidad de la nación para sobreponerse a todos los momentos difíciles, la fractura es enorme. La sombra de la violencia acecha.

Los sectores conservadores tradicionales, avergonzados,  pueden rechazar el asalto al Congreso, pero una buena parte, no inferior al 50%, si no más (según qué encuestas se citen), sigue pensando, sin fundamento alguno, que hubo fraude en las elecciones de noviembre. La mayoría entona estos días el Good riddance (¡hasta nunca!) a Trump, pero no olvida que 70 millones de electores lo respaldaron aún después de haber contribuido con su inepcia y su arrogancia a que el COVID haya matado a 400.000 ciudadanos, degradado la dimensión moral del país, situado a EEUU por debajo de China en la consideración internacional y debilitado notablemente su influencia en el mundo. 

CAUTELA Y DEBILIDAD DE EUROPA

El resto del mundo aguarda a la nueva administración con una mezcla de esperanza e inquietud (2). En Europa se teme que Biden sea consumido por unos problemas domésticos tan  abrumadores. El America first puede dejar de ser la consigna en Washington, pero nadie espera que EE.UU. se limite a ser un primus inter pares y, por muy buena voluntad que se le atribuya a Biden, que despliegue una diplomacia generosa sin contrapartidas (3). La protección a bajo coste se ha esfumado para siempre. Hay que reinventar el vínculo atlántico (4).

Prueba de esta desconfianza europea ha sido el acuerdo sobre inversiones con China, suscrito el penúltimo día de 2020, tras siete años de negociaciones. Momento que se antojaba inoportuno. El Consejero de Seguridad de Biden, Jake Sullivan, había pedido a los europeos que esperaran a que se instalara la nueva administración para coordinar la política hacia China, pero no se le escuchó. Primer tropiezo que ha generado malestar. En algunas capitales europeas, paradójicamente, también se considera que ha habido apresuramiento (5).

La debilidad europea transpira con fuerza. Las mutaciones del virus se suceden, el  proceso de vacunación parece vacilante, el dilema entre seguridad sanitaria y actividad económica y/o social se agudiza, las tensiones entre las administraciones centrales y locales aumenta y la depresión ciudadana no deja de crecer. Por si no fuera poco, la UE afronta un nuevo ciclo electoral en estado depresivo.

- En Alemania se vota a comienzos del otoño, ya sin Merkel como referencia totémica. La CDU ha designado al jefe del gobierno de Renania-Westfalia, Armin Laschet, como nuevo líder del partido, en un esfuerzo por garantizar la continuidad centrista y pactista. Pero ni siquiera hay seguridad de que él sea el candidato a la cancillería. El líder de la CSU bávara, Marcus Söder, derechista y menos conciliador, aparece mejor situado en los sondeos. Con el cierre de colegios, restaurantes, bares y centros culturales hasta mediados de febrero, el ánimo social es cada vez más sombrío (6). Nadie se acuerda de los éxitos iniciales ante el COVID.

-  En Italia, el primer ministro Conte ha superado in extremis una moción de confianza, tras la defección de Mateo Renzi, que dejó hace unos meses su militancia en el PDI para crear una fracción denominada Italia Viva, alineada en Europa no con los socialdemócratas, sino con los liberales. El gambito macrónico del exjefe de gobierno puede propiciar el regreso de la derecha al Palacio Chiggi y devolver el control de Interior a su homónimo Salvini, después de haberlo desalojado, en 2018, tras un audaz entendimiento con el populista M5S. Una muestra más de la locura política italiana, donde los gobiernos duran, como media, apenas un año (7).

 - En Holanda, una falsa acusación oficial de fraude fiscal a 20.000 familias ha obligado a dimitir al gobierno de coalición de centro-derecha (8). En realidad, las elecciones se adelantarán sólo dos meses y no parece que la actual fórmula de gobierno tenga muchos problemas para asegurarse la continuidad.

 - En Francia, las elecciones presidenciales y legislativas serán en 2022, pero este año previo se promete agitado, como siempre, pero más. Macron ha visto como el quinquenato se le consume entre protestas sociales, incomprensión y aislamiento exterior y desafección en sus filas, apresuradamente organizadas al calor del poder y deshilachadas ahora que se acumulan las vacas flacas. La pandemia está causando estragos políticos, aparte de los sanitarios.

LOS RIVALES TOMAN POSICIONES

China alardea de recuperación económica tras el COVID (crecimiento previsto en torno al 8% este año), en contraste con la depresión que domina al resto del mundo, atrapado aún, y por mucho tiempo, en las oscilaciones de la pandemia. El antiguo “imperio del medio” se prepara para celebrar el centenario del Partido Comunista en plena campaña de reforzamiento del control sobre todos los dominios de la sociedad y la economía y con el claro horizonte de confirmar su hegemonía mundial cuando se alcance la siguiente efemérides: los cien años de la República Popular, en 2049. La consigna del momento es el salto tecnológico y científico (9).

En Rusia, la justicia encarcela a Navalny, el opositor faro, más apreciado en Occidente y en algunos barrios acomodados de Moscú que en la Rusia profunda. Putin aguarda vientos gélidos de Washington, con la sensación de que ha extraído poco provecho de su aparente entendimiento con el presidente hotelero. Colaboradores de Obama ofrecen recetas para un nuevo tiempo con la potencias euroasiática, a la que no se debe subestimar, aconsejan. (10)

El Irán de los ayatollahs respondió a la espantada de Trump acelerando su programa nuclear. Ha enriquecido uranio doce veces por encima del límite estipulado en el acuerdo internacional (JCPOA). Mantiene el desafío hasta comprobar si el nuevo presidente regresa a la concordia y levanta las sanciones, pero también para tener más bazas en caso de que la Casa Blanca quiera revisar lo pactado, como recomiendan veteranos de la anterior administración demócrata (11), y abordar el espinoso asunto de los nuevos misiles iraníes.

 Los israelíes, que volverán a las urnas en primavera, después de tres intentos fallidos por asentar un gobierno estable, afinan sus planes militares, sabedores de que en la Casa Blanca no van a tener un valedor tan servicial. El nuevo sendero de entendimiento con las monarquías árabes se afianzará por canales visibles y secretos, por lo que pueda ser de utilidad en su lucha existencial contra la teocracia persa.

Estados Unidos, en definitiva, ya no es el mismo. Ni el mundo, tampoco.


NOTAS

(1) “On day 1, Biden moves to undo Trump’s legacy”. MICHAEL SHEAR. THE NEW YORK TIMES, 20 de enero.

(2) “What to expect in Biden’s first 100 days in Foreign Policy”. FOREIGN POLICY, 19 de enero.

(3) “Europa ha dejado de confiar en Estados Unidos”. Encuesta del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, publicada por LA VANGUARDIA y otros medios europeos, 20 de enero.

(4) “How to kick-start a new Trans-Atlantic era”. Entrevista con José Borrell. FOREIGN POLICY, 10 de diciembre.               

(5) “The ackward timing of Europa’s deal with China”. ISAHAN THAROOR. THE WASHINGTON POST, 6 de enero; “China’s challenge year in Europe”. CENTER FOR STRATEGIC AND INTERNATIONAL STUDIES;  “La Chine tisse sa toile commerciales à travers le monde”. JULIEN BOISSOU. LE MONDE, 17 de enero ( ).

(6) “Getrieben von der mutante: Das sind die corona-regeln”. FRANKFURTER ALLGEIMEINE ZEITUNG, 19 de enero.

(7) “Crisi di goberno: 66 esecutivi in 75 anni. Quanto ci costa l’inestabilità política”. MILENA GABANELLI. CORRIERE DE LA SERA, 19 de junio.

(8) “Dutch government resigns over child benefits scandal”. THE GUARDIAN, 15 de enero.

(9) “La Chine, bulldozer de la croissance mondial. L’empire du Milieu accélère” (Serie de cinco artículos sobre el poderío económico y tecnológico chino). LE MONDE, 12-16 de enero.

(10) “How to contain Putin’s Russia. A strategy for countering a rising reviosionist power”. MICHAEL MCFAUL [embajador en Moscú con Obama]. FOREIGN AFFAIRS, 19 de enero.

(11) “Biden doesn’t need to rush back into the Iran nuclear deal to defuse tensions”. DENIS ROSS. THE WASHINGTON POST, 19 de enero.

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