21 de octubre de 2026
Una de las incógnitas de la
campaña electoral en España es si, de ganar, como indican algunas encuestas, el
PP tendría que gobernar con VOX, a dónde estaría dispuesto a llegar para
conseguirlo y qué líneas rojas interpondría. Los acuerdos de gobierno
autonómicos nos brindan muchas pistas. Pero ¿son replicables a escala nacional?
Durante mucho tiempo, la derecha
conservadora y liberal (autodenominada centrista, por oportunismo sociológico y
electoral) proclamaba que se atenía a un “cordón sanitario” para evitar el
acceso de la extrema derecha a los ejecutivos nacionales.
Con el paso del tiempo, ese
“cordón” se ha convertido en gasa traspasable, que ha permitido excepciones en
forma de fórmulas flexibles: colaboración exterior, pactos legislativos,
acuerdos parciales sobre aspectos programáticos, etc.
LA ULTRADERECHA YA TOCA PODER
A día de hoy, digan lo que digan
los dirigentes de la derecha en sus proclamas solemnes, la incorporación de la
ultraderecha en los gobiernos es un hecho creciente que a casi nadie
escandaliza. En el estudio se han tenido en cuenta a los partidos de ideología
o con programas de extrema derecha en Europa. Conviene señalar a quienes se
tiene por tales. Se trata de los partidos adscritos a los tres bloques del
Parlamento Europeo que se reclaman de esas doctrinas (1):
- Conservadores y Reformistas
Europeos. Liderados por el partido neofascista de Meloni, los Fratelli
d’Italia. Los otros miembros más influyentes son el PiS polaco, de orientación
ultranacionalista conservadora, y la Nueva Alianza Flamenca (NVA) belga,
nacionalistas con veleidades separatistas. Tiene pujanza creciente la Alianza
para la Unión de los Rumanos (AUR). Del norte de Europa se unen los
Demócratas suecos y el Partido finés (antes Verdaderos finlandeses).
Los países bálticos aportan a los influyentes Agrupación Polaca y
Campesinos verdes, de Lituania; y
los nacionalistas de Alianza Nacional y Lista Unida, de Letonia. Se suman también Solución Griega y los
otrora relevantes populistas búlgaros de Esta Gente. El resto son
pequeños grupúsculos de importancia desigual, procedentes de Dinamarca (Demócratas
daneses), Croacia (Movimiento por la Patria) y España (Se acabó
la fiesta).
- Patriotas. El más
numeroso e influyente. Reúne al Reagrupamiento Nacional, (RN), liderado por Marina le Pen; los nacionalistas libertarios
holandeses, los nacionalistas secesionistas belgas de Vlaas Belang; la Lega
Norte italiana; la Chega portuguesa; Foni Logikis, de Grecia;
los nacionalistas-conservadoras daneses del Folke Partei; los
nacionalistas xenófobos austriacos del FPÖ; el FIDESZ húngaro de
Viktor Orbán; los populistas derechistas de ANO, en Chequia; los
nacionalistas letones de Letonia Primero; y Vox, en España.
- Europa de las Naciones
Sobernas. Es el grupo ultraderechista
más radical. Está comandado por la pujante Alternativa por Alemania
(AfD), el “partido de moda”, por sus recientes éxitos en los länder
orientales. También tiene peso nacional notable el partido checo Libertad y
Democracia Directa (SPD), que forma parte del gobierno del populista Babis.
Los demás son marginales en sus países: Repúblika
(Eslovaquia), Reconquéte (Francia), Nowa Nadzieja (Polonia),
Revival (Bulgaria), Mi Hazánk (Hungría) y Suvereniu Tautu
(Lituania).
En el mapa inferior
se señalan los países donde gobierna de una u otra forman partidos de extrema
derecha y la importancia que tienen. Se han incluido también países externos a
la Unión Europea.

Los paises coloreados
por completo en negro son aquellos en los que esos partidos detentan el papel
predominante y, en consecuencia, la jefatura del Ejecutivo. Se trata de Italia,
Bélgica y de la República Checa.
En Italia,
preside el Consejo de Ministros la neofascista Giorgia Melonia. Aunque a lo
largo de estos años ha ido moderando su lenguaje, nunca ha abjurado de sus
orígenes leales al legado de Mussolini. Su estilo pragmático le ha permitido
granjearse ciertas simpatías en el Partido Popular Europeo. No en vano, en su
coalición gobernante participan no sólo la Lega Norte (aliada de Le Pen
en Bruselas), sino también Forza Italia del desaparecido Berlusconi, que
es miembro del PP europeo. No obstante, la irrupción del exgeneral Vanacci, al
frente de otra formación de ultraderecha, Futuro Nazionale (con casi un
9% de intención de voto en las encuestas), le ha obligado a radicalizar puntualmente algunos de sus
discursos (2).
En Bélgica, los
nacionalistas de la Nueva Alianza Flamenca fueron los más votados en las
elecciones de hace dos años, pero tras varios intentos fallidos, consiguieron
un pacto de gobierno con algunos partidos del consenso centrista
(liberales y socialcristianos francófonos o valones; y socialistas y
cristiano-demócratas flamencos). Se trata de una especie de gran coalición con
no pocas tensiones, pero de momento estable, para los estándares belgas.
En Chequia, el
Gobierno está presidido por el populista ultraconservador Andrej Bubis, apoyado
por otras dos fuerzas de similar orientación: los nacionalistas fascistoides de
Libertad y Democracia Directa (SPD), miembros del Grupo
Soberanista del PE, el más radical de la ultraderecha; y los Automovilistas,
populistas de extrema derecha y socios de Vox en Estrasburgo.
Además, en el
mapa están señalizados con un círculo negro los países donde los
ultraderechistas no controlan o encabezan el gobierno, pero forman parte de él:
- En Finlandia,
el Partido de los Fineses (anteriormente, Verdaderos finlandeses),
soporte de la Coalición Nacional, adscrita al PP europeo.
- en Croacia, el
Movimiento por la Patria un pequeño grupo ultraconservador y
nacionalista, que proporciona a los nacionalistas conservadores de HDZ (el
partido nacionalista histórico de Franjo Tudjman, afiliado al PP europeo) los
diputados necesarios para alcanzar la mayoría absoluta).
- en Eslovaquia,
el Partido Nacionalista eslovaco (SNS), con tendencias
filofascistas, constituye un apoyo imprescindible del gobierno de los
exsocialistas de Robert Fico.
- en Lituania,
la Agrupación de Electores polacos (LLRA) y la Alianza de
Familias Cristianas (KSS), junto a los agraristas de la Unión de
Campesinos y Verdes (LVZS).
En el mapa se ha
incluido tambien a Serbia, que no está en la UE ni parece que vaya a acceder en
mucho tiempo. El país es un feudo del Partido Progresista (SNS),
liderado por el ultranacionalista Alexander Vucic, cercano a Putin y a otras
formaciones de ultraderecha europeas y camarada de trapicheos en los negocios
de la familia Trump.
Más allá de los
puestos gubernamentales conquistados, la creciente importancia e influencia de
la extrema derecha en Europa reside en la adopción de algunos de los capítulos
de sus programas por los ejecutivos, participen en ellos o no. La derechización
se ha consumado no sólo en Italia, Bélgica, Chequia, Finlandia, Eslovaquia o
Lituania. Los partidos del PP europeo han asumido discursos y medidas de la
ultraderecha en inmigración, identidad, derechos sociales y culturales,
seguridad y otros asuntos en Austria, Alemania, Suecia y Portugal. Este empuje
ultra también ha alcanzado a los partidos liberales que gobiernan en Francia,
Paises Bajos, Polonia y Letonia (3).
LA TENTACIÓN
ALCANZA AL CENTRO-IZQUIERDA
Incluso ha
contaminado a los ejecutivos liderados por los socialdemócratas. El caso más
claro es el de Dinamarca, con la primera ministra Frederiksen como estandarte
de una política de inmigración dura y críticas severas a su correligionario
Pedro Sánchez por la política de regularización en España.
Lo mismo se
apunta en Bulgaria, donde ha triunfado una opción difusa de centro izquierda
nacionalista. En Lituania, no han tenido problemas para apoyarse en la minoría
de origen polaco y en los agraristas, aliados de Meloni en el Parlamento
Europeo, para asegurarse la jefatura del gobierno.En Eslovaquia, los
socialistas históricos, herederos del viejo partido comunista, han asumido un
discurso tan nacionalista y xenófobo que les valió la expulsión del Grupo
europeo. No han tenido problema alguno
en compartir gobierno con los ultras del Partido Nación y Libertad (SNS). Con
todo, esta cooperación es más programática y oportunista que estratégica.
Las derechas, en
cambio, evidencia una proximidad programática cada vez mayor con la
ultraderecha. Esquivan matices ideológicos o de discurso. Las fuerzas
socio-económicas que las apoyan, financian y utilizan sienten que los riesgos
para su estrategia de conquista del poder no provienen de un centro-izquierda
en crisis, sino de las movilizaciones sociales impulsadas o apoyadas desde
sectores más críticos.
LAS REVUELTAS
JUVENILES
Las protestas
estudiantiles y juveniles en Francia, Bélgica, España y Portugal, aunque de
características distintas y alcance diverso, constituyen la la expresión más sonora de ese descontento
social, ante una ultraderecha crecida y la falta de respuestas eficaces de los
partidos tradicionales de gobierno.
En Francia, la
protesta ha virado a revuelta con ribetes violentos. Aún es pronto para saber
si los disturbios, saqueos de tres mil negocios y enfrentamientos con la
policía responde a una estrategia programada (y por quién) o a una
radicalización provocada por la frustración y desesperación de sectores
sociales marginados.
El gobierno
liberal-conservador francés ha asumido los errores de cálculo en el
“insuficiente despliegue policial”. Pero también se ha apresurado a acusar, sin
pruebas, a la izquierda crítica (La Francia Insumisa) de alentar a “redes en la sombra” afines, y de justificar
esta deriva radical, con fines electoralistas.
Sin embargo, la
orgía de violencia, destrozos y exhibición de vandalismo del pasado sábado
benefician a las derechas. Si bien el partido ultra de Marine Le Pen ha hecho
gala de sus habituales alardes de llamada al orden, la autoridad y la
sacralización de la Policía, los macronistas han reactivado su discurso
de moderación frente a lo que su líder, el Presidente de la República, denominó
la “amenaza de los dos extremos” (de derecha e izquierda).
Esta estrategia
política parece la última baza del centro-derecha para impedir que en las
elecciones presidenciales de mayo pasen a la segunda vuelta el Reagrupamiento
Nacional y La Francia Insumisa, que hoy son los favoritos (4).
Con medidas
fuertes, como el toque de queda, la detención de casi tres mil personas y un
endurecimiento del despliegue policial, el Gobierno de París quiere convencer a
las clases medias de que puede garantizar el orden. Pero esta semana han ido
más lejos: algunos de sus líderes han dejado caer la posibilidad de ilegalizar
a La France Insumisa (5). Este orden de combate de las derechas
ha incomodado a socialistas y ecologistas, alejados ahora de los insumisos.
Olivier Faure (PSF) dijo que se puede cuestionar a LFI, pero “en una democracia
no se manipula la verdad para eliminar a un oponente”.
La tensa
política francesa, el probable reforzamiento de la extrema derecha en Italia y
la perspectiva de un acuerdo de gobierno estatal entre el PP y Vox en España
acreditan que las derechas europeas han entrado en una fase de turbidez.
NOTAS
(1)
https://www.europarl.europa.eu/about-parliament/es/organisation-and-rules/organisation/political-groups
(2) “Rise of far-right leader Roberto Vannacci
challenges Meloni as she celebrates Italian milestone”. ANGEL GIUFFRIDA. THE GUARDIAN, 3 de septiembre.
(3) “Gobiernos
europeos: partidos, coaliciones, primeros ministros”. CIDOB, 29 de junio y
actualizaciones posteriores.
(4) “Manifestations du 17 octobre: entre LFI et le
gouvernement, un face-à-face de plus en plus virulent qui resserre les rangs à
gauche”. LE MONDE, 21 de octubre.
(5) “Gérard
Larcher: «La France a été prise en flagrant délit de faiblesse»”. LE FIGARO,
19 de octubre.
