LOS ESCENARIOS DE LA REVOLUCIÓN TUNECINA

20 de Enero de 2011

La revolución tunecina continua en pleno desenvolvimiento y no está claro aún hacía que escenario evolucionará en las próximas semanas o meses. Como suele ocurrir en estos casos, todos los actores principales evalúan sus posibilidades, se procuran sus apoyos internos y externos, barajan alternativas sobre la marcha y se van adaptando de forma flexible a una situación fluida y cambiante.
LA REVOLUCION SECUESTRADA
Éste es el escenario más probable. De hecho, ésa parece ser la situación actual. Los principales colaboradores del ex-presidente Ben Alí se habrían hecho con las riendas institucionales, con el pretexto -no necesariamente exento de fundamento- de evitar que el país se hunda en el desorden público, el deterioro productivo, la frustración social y, como resultado de todo ello, el caos.
El mantenimiento en el nuevo gobierno provisional del propio primer ministro del régimen derrocado, Mohamed Ghanuchi, y de sus cuatro principales ministros (Economía, Defensa, Exteriores e Interior) resulta decepcionante para el movimiento ciudadano que precipitó la caída de la 'mafia-familia' Ben Ali-Trabelsi. Es comprensible. Cuando el jefe de Estado interino, Fuad Mebaza, -otro alto cargo del régimen depuesto, el presidente del Parlamento- anunció la composición del Ejecutivo de transición encargado de conducir el proceso político, una nueva oleada de protestas sacudió las calles tunecinas. Era de esperar.
Los partidos de la oposición consentida y la Central Sindical UGTT, que habían prestado sus efectivos para este gabinete provisional, comenzaron a volverse atrás, para no quedar expuestos a la reacción popular, y algunos se han retirado del Ejecutivo. Es difícil determinar si se ha tratado de un ejercicio más de oportunismo o pragmatismo, como el que han mantenido durante décadas, cuando se prestaron a servir de coartada institucional a la dictadura de Ben Alí, o si han decidido someterse a un auténtico proceso de renovación, bañándose en el Jordán revolucionario.
Los segundones de la era Ben Alí argumentan que cierta continuidad nominal resulta oportuna y hasta necesaria, porque el movimiento revolucionario carece de líderes capaces de conducir un proceso tan arriesgado como el que está viviendo Túnez, debido precisamente a la represión, a la persecución de dirigentes opositores, al miedo. Como prueba de sus buenas intenciones, han vaciado las cárceles, han roto sus carnés del partido oficialista (RCD) y han desconocido la Constitución vigente a la hora de convocar elecciones, para dar tiempo a todas las fuerzas opositoras, no sólo a las toleradas hasta ahora, a organizarse.
Estos días algunos de estos dirigentes de la época pasada andan dorando blasones de resistencia interna y boicoteos silenciosos al presidente depuesto. Tampoco este fenómeno es exclusivo de la revolución tunecina. Ni el planteamiento de estos "demócratas de toda la vida" es necesariamente descabellado o puramente oportunista. Pero tampoco es inocente. No hay que descartar que las élites beneficiarias del sistema clientelar anterior, aunque fuera de forma subsidiaria, pretendan conservar ahora parte de sus privilegios, modificando su discurso y poniéndose al frente de la marea democrática. Es la impresión dominante y, de confirmarse, estaríamos, efectivamente, ante el secuestro de la Revolución.
LA REVOLUCIÓN CONFIRMADA
Si las propias fuerzas sociales que, con su coraje cívico, precipitaron la caída de Ben Alí son capaces de articular un liderazgo plural, integrador, paciente, inteligente y vacunado de personalismos y vanidades, no es descartable que la "intifada tunecina" -como le ha llamado Al Jazeera- consiga sus objetivos más nobles. O, para decirlo más claramente, que se desactiven las posibles conspiraciones para vaciar de contenido real el movimiento revolucionario. Algunos exiliados, como Moncef Marzouki, ya han regresado al país, y otros, como el líder islamista moderado Rachid Ghanuchi, lo harán en breve, aunque éste reserve sus opciones para momentos más calmados. Las dudas sobre la viabilidad de este escenario no son pequeñas, debido a la ausencia de una cantera de líderes, la nula penetración de los partidos proscritos, la confusión propia del momento, la impaciencia de algunos sectores que exigirán mejoras inmediatas o el oportunismo de actores genuinamente nuevos pero no por ello mejores que los derrocados.
LA REVOLUCION UNIFORMADA
En el caso de que la presión democrática desbarate esta especie de transición ordenada y controlada que los herederos del régimen derribado están urdiendo, pero no genere líderes capaces y procesos coherentes y realizables, la amenaza de desorden es desgraciadamente real. En ese caso, los militares gozan de una ventaja indudable para convertirse en árbitros de la situación. No sólo por su relativa neutralidad política o por su historial de permanencia en los cuarteles sin ceder a tentaciones intervencionistas. En esta hora, resulta más decisivo que haya facilitado el éxito revolucionario negándose a colaborar en el último y desesperado intento represivo de Ben Alí. Que su principal jefe, el general Rachid Ammar, diera la puntilla al ex-presidente y certificara su defunción política con la ya famosa sentencia de 'estás acabado', es hoy en día un activo político. Circulan análisis contradictorios sobre las ambiciones del general Ammar, sin que nadie se atreva a acreditar sus verdaderas intenciones, como apunta el corresponsal del NEW YORK TIMES.
LA ANTORCHA TUNECINA
Mientras se resuelven estos dilemas -ya clásicos en cualquier proceso político revolucionario-, en los países vecinos se hacen intensos intentos para asimilar y neutralizar los efectos del ejemplo tunecino, ya sean los magrebíes (o norteafricanos, en general) o los europeos del otro lado del mediterráneo. De momento, en Egipto, Argelia y Mauritania ya se han registrado émulos de Bouazizi, el jóven licenciado en paro que con su sacrificio precipitó la protesta.
Cientos de analistas, editorialistas e intelectuales en el mundo árabe han querido ver en la "intifada tunecina" (Al Jazeera) el "turning point" (cambio de tendencia) que impulsará a los pueblos árabes a volverse contra sus dirigentes (Rami Juri, director del Instituto Issam Fares de la Universidad Americana de Beirut). Pero, sin restar trascendencia a lo ocurrido en Túnez, no está claro que "la antorcha tunecina iluminará todo el mundo árabe", como proclamaba entusiasta el diario libanés AS SAFIR.
Egipto está blindado, y no precisamente por Europa, cuyas 'garantías' sólo han estado a la altura de su indignidad precedente, sino por Estados Unidos. Es verdad que una explosión de cólera puede poner en apuros a la dictadura institucionalizada y militarizada de Mubarak, pero el sistema de alarmas se antoja más eficaz que en Túnez. Aunque sólo sea porque el régimen está más prevenido. Con la misma naturalidad con la que se ha laminado a la oposición islamista moderada o conservadora de los Hermanos Musulmanes o se reprimen focos de descontento social, se puede abortar un amago revolucionario. A Egipto le 'protege' su frontera con Israel. Aunque las arcas de Washington no están boyantes, es difícil creer que, en caso de alarma seria, los norteamericanos, alentados por los israelíes, no acudirían al rescate para reforzar subsidios, menudear limosna social o aplicar parches urgentes.
Algo parecido, aunque con componentes geoestratégicos un poco diferentes, le ocurre a Marruecos. La habilidad de la monarquía alauí para presentarse como garante regional frente al peligro islamista le proporciona cierta protección externa. Pero quizás el factor más tranquilizador para la Corona es que, pese a que el no ya tan joven rey ha defraudado a los optimistas que esperaban una renovación más amplia y sincera del sistema, lo cierto es que el descrédito en la cúspide del poder no ha alcanzado aún el nivel de pudrimiento tunecino.
El caso argelino es más peliagudo. Los disturbios callejeros de las últimas semanas podrían indicar que el malestar social va en aumento. Pero, como en Egipto, los aparatos represivos -materiales y de inteligencia- están permanentemente en sobre aviso, después de los violentos sucesos de 1988 y de la pesadilla terrorista-represiva que siguió al fraude electoral de los primeros noventa. En el semanario norteamericano THE NATION, Karima Bennoune apunta también la posibilidad de que las últimas protestas no hayan sido tan espontáneas, sino que hayan respondido a intereses corporativos privados que controlan los mercados del azúcar y otros productos sometidos a regulación gubernamental.
De Libia no llegan noticias fiables, aunque la inquietud no disimulada de Gadaffi indicaría que nadie está a salvo. Y, finalmente, Mauritania parece el eslabón más débil, aunque este frágil país sufre una inestabilidad endémica y los procesos revolucionarios, de ocurrir, se confundirían, seguramente, con cuartelazos habituales.
Qué decir de los paises occidentales, cuya indignidad ha sido puesta en evidencia en la caída de la 'dictadura turística' de 'Zinochet' Ben Alí (doble caricatura del diario argelino EL WATAN). En un editorial concluyente, THE GUARDIAN resume bien lo ocurrido:
"Estados Unidos y Europa han respaldado regímenes árabes herméticos y fallidos, por considerarlos barreras frente al radicalismo islámico. Se trata de una estrategia terriblemente desorientada, precisamente porque ayuda a conforma la narrativa yijadista de un Occidente hostil a los intereses de los pueblos musulmanes".
¿Quién se atreve a cuestionar que, como propone en LE MONDE Michel Camau (autor del libro "Síndrome autoritario. Política en Túnez, desde Burguiba a Ben Alí") urge reconsiderar esa estrategia?

CONSIDERACIONES URGENTES SOBRE LA REVOLUCION TUNECINA

17 de enero de 2011

Decíamos en el comentario del jueves, actualizado el viernes, que el comportamiento de la ciudadanía era el principal factor para determinar los acontecimientos inmediatos en Túnez.
Pues bien, el pueblo tunecino, durante tantos años reprimido y privado de su capacidad de decisión, se ha erigido en el primer actor de la crisis del régimen. Con la urgencia a la que obliga la precipitación de los acontecimientos y lo incierto de su resultado en esta fase que vivimos, parece claro que sin la presión popular Ben Alí seguiría 'reinando' a su antojo en Túnez. Ésta es la primera consideración. Por primera vez en la historia de los países magrebíes, el factor más determinante de un proceso político es la ciudadanía, no las castas oligárquicas, los aparatos burocráticos o las élites intelectuales.
El segundo factor mencionado en el artículo, nos preguntábamos por la improbable capacidad de la oposición para encauzar la revuelta. Las dudas persisten. De momento, como ocurriera en la Rumania de Ceaucescu durante los últimos días de 1989, el pulso se libra entre diversas instancias del régimen, unas irredentas (la pretoriana Guardia Presidencial), otras adaptadas a la nueva situación (el grueso del Ejército). La inmadurez de las fuerzas políticas tunecinas aconseja prudencia. Ni siquiera los islamitas, elemento político referencial en otros países vecinos, están en condiciones de liderar intelectual o tácticamente la revolución.
La presión internacional era el tercer factor que se mencionaba en el análisis de primera hora. El comportamiento de las grandes potencias europeas en la crisis ha adolecido del mismo oportunismo con el que han actuado durante décadas. Sólo ya parecía claro que el dictador se había convertido no sólo en inservible, sino, por el contrario, en un estorbo, en un incómodo sirviente en demanda de pensiones, las cancillerías europeas le volvieron la espalda y abandonaron a su suerte. En todos los aspectos. No es la primera vez que ocurre, y hay muchos ejemplos históricos al alcance de la memoria.
La gran cuestión ahora es cómo se diseña la transición, cómo se ordena, cómo se la apoya. Hasta ahora, los llamados a ser protagonistas han demostrado una prudencia y una sensatez alentadoras. Las revoluciones suelen malograrse. Pero no contribuyamos a ello con un pesimismo prematuro y estéril.
El otro debate del momento es el llamado efecto contagio: la esperanza para unos, el riesgo para otros, de que el estallido democrático de Túnez se extienda a los otros países de la zona, corroídos por repúblicas hereditarias o por monarquías cuasi absolutistas, por aparatos ineficaces y corruptos, por autoritarismos despiadados, por cínicas manipulaciones de amenazas fantasmas. Habrá tiempo en los próximos días de analizar este apasionante asunto de ciudadanía. Y de vecindad, en nuestro caso, no lo olvidemos. De momento, un apunte previo. Sólo mirando el mapa, sin atender otras consideraciones tanto o más importantes, es obvio que Túnez no es Marruecos, que Túnez no es Egipto. La revolución tunecina tiene un potencial enorme de cambio. Pero no se expresará de forma inmediata, ni, en el caso de que se produzcan réplicas, serán tan fluidas ni tan pacíficas.

TÚNEZ: EL AGOTAMIENTO DEL MODELO CONSENTIDO

14 de enero de 2010

TÚNEZ: EL AGOTAMIENTO DEL MODELO CONSENTIDO
El Presidente de Túnez, Zine el Abidine Ben Alí, se ha dado cuenta de que la represión no constituía ya un arma eficaz para detener la revuelta social que amenazaba con extenderse por todo el país y provocar un baño de sangre.
En su alocución del jueves por televisión, Ben Alí ha anunciado que no se presentará a la reelección en 2014. Ben Ali ha hecho otras promesas para apaciguar el ambiente. Lo más concreto: revisará la subida de los productos básicos y restablecerá los medios electrónicos suspendidos. También asegura que la policía no disparará contra los manifestantes, salvo en casos excepcionales. Más vaga resulta la promesa de "revitalizar el pluralismo político". La oposición considera "positivo" el propósito del Presidente. La cuestión es si, a estas alturas, resulta suficiente.
En primer lugar, porque ya antes de la crisis, no estaba claro que Ben Alí pensará en seguir personalmente al frente del Estado. Para hacerlo tendría que haber modificado la Constitución, porque ésta impide que el Jefe del Estado supere los 75 años y él tiene ya 74. No es que esto fuera un impedimento importante. En absoluto. Más bien habría que preguntarse si lo que el presidente tenía en mente -y sigue teniendo- era y es designar un sucesor, un delfín, al modo que lo han hecho, oficial y oficiosamente, sus colegas de Egipto y Libia.
Lo más probable es que Ben Alí trate de ganar tiempo para poner a buen recaudo el patrimonio de la familia y no concluir su 'reinado' con un dorado exilio y el aminoramiento importante de la fortuna de sus descendientes y allegados.
EL MALESTAR SOCIAL
Sea como fuera, el estallido social de las últimas cuatro semanas -más de medio centenar de muertos, según datos aún por confirmar- ya ha marcado un antes y un después en la evolución política, social e internacional de Túnez. La revuelta se extiende, alcanza la capital y se amplía a otros sectores sociales además de la juventud.
Ya se sabe que los cambios históricos a veces empiezan por pequeños gestos. En este caso, un joven licenciado en paro resignado a la venta ambulante no encontró otra respuesta a su desesperación que prenderse fuego a lo bonzo, después de que un aparato represivo tan intransigente y estúpido como impune le privara de su alternativo recurso de subsistencia.
Que las protestas cuajen y abran un nuevo periodo en la historia de Túnez, más allá de las últimas promesas de Ben Alí, depende, básicamente, de tres factores: 1) la capacidad de los propios ciudadanos tunecinos para mantener el pulso con un régimen desgastado pero todavía temible (o más temible precisamente por estar desgastado); 2) la inteligencia y la habilidad de las frágiles formaciones de la oposición para convencer al entorno presidencial de la convivencia de abrir un proceso de negociaciones destinadas a garantizar la democratización real del país; y 3) la presión que, discreta pero inequívoca, puedan efectuar los países europeos, sobre todo los ribereños mediterráneos, con Francia como interlocutor si no único, si principal y portavoz indiscutible de todos los demás.


EL FUTURO DE LA REVUELTA
El primer factor, la firmeza de la ciudadanía en mantener unas protestas sólidas razonables y sensatas, eludiendo, en la medida de lo posible, las derivas violentas, constituye el elemento fundamental. Si se mantiene el caudal de críticas al funcionamiento del régimen por su autoritarismo, nepotismo y corrupción, encauzado a través de las modernas herramientas informáticas y comunicacionales (redes sociales, twiter, Internet), es difícil que las autoridades puedan ignorarlo durante mucho tiempo. Que en los primeros días de la extensión y generalización de las protestas, el régimen arremetieran contra blogs, webs y otros sitios cibernéticos de libre expresión demostraría la importancia de esta nueva forma de manifestar opiniones políticas. Aunque, naturalmente, por si sola, esta estrategia de protesta no resulta suficiente. Como ya ocurrió en el caso iraní, con las discutidas elecciones parlamentarias de junio de 2009.
LA ESTRATEGIA OPOSITORA
El segundo factor clave para el éxito de una eventual evolución democrática es la pericia política de la oposición, hasta ahora ignota. Ben Alí promovió la legalización de un puñado de organizaciones políticas notoriamente dóciles. Pero la conexión de la oposición real con los sectores sociales descontentos es más que débil. De hecho, las protestas le han cogido tan desprevenida como al gobierno. Entre otras cosas por la represión silenciosa, pero nada negligente. La persecución del exagerado -cuando no directamente inventado- peligro integrista de hace una década sirvió a la 'dictablanda' de Ben Alí para sembrar un miedo paralizante en los grupos más críticos de la sociedad. Pero el elemento que más ha contribuido a endurecer el régimen frente a las protestas es la defensa del entramado de privilegios del que disfruta el entorno presidencial.
Por ese motivo, la oposición ha situado en el centro de su discurso la dupla represión-corrupción. Así lo sostiene en otra pieza de opinión para LE MONDE el dirigente opositor Moncef Marzouki. No puede ocultarse el desprecio de los derechos y las libertades con la etiqueta de "sistema autoritario". Debe hablarse claramente de dictadura. Y no vale seguir aceptando la prosperidad comparativa de Túnez, cuando ésta es una herencia del mandato de Burguiba, que Ben Alí habría dilapidado más que incrementado. Debe hablarse claramente, según la oposición, de "sistema mafioso".
El general que llegó al poder en 1987, después de un golpe palaciego -casi un parricidio- contra el patriarca de la independencia, el venerado Habib Burguiba, sería ahora una especie de gran padrino de una suerte de mafia 'clánica' político-económica que controla el sistema nervioso de la economía tunecina. Con ser ésta la base más sólida de su poder -por encima de la represión- constituye también su flanco más débil. ¿Cómo se explica esta aparente paradoja? Pues, porque mientras el crecimiento y la prosperidad dejaba margen para un cierto reparto del botín, la familia Ben Alí podía manejar la bolsa para neutralizar el descontento. Ahora, que los recursos escasean, el enriquecimiento del clan gobernante se empieza a hacer odioso. E intolerable.
COMPLICIDAD INSOSTENIBLE
Y el tercer factor, la presión internacional, no debe desdeñarse. Las primeras medidas apaciguadoras del presidente tunecino, cesando al Ministro del Interior (aunque sea un puro chivo expiatorio), ordenando la liberación de los detenidos, restableciendo las comunicaciones vehículo de las protestas, prometiendo 300.000 puestos de trabajo para licenciados e incluso anunciando la creación de un increíble comité investigador de la corrupción, son escasamente fiables. Más bien deben ser interpretadas como una respuesta a un más que probable presión europea. De momento, oculta. Pero quizás más eficaz. Hay que tener en cuenta que el entramado económico tunecino es imposible de mantener sin el respaldo europeo. Ése ha sido el pacto durante dos décadas: territorio libre de islamismo radical, cooperación regional, tratamiento preferente (primer país del Magreb en obtener ese estatuto de la UE), a cambio de un "silencio cómplice" sobre el binomio corrupto-represivo. El Departamento de Estado, aunque sin el entusiasmo por la democracia que exhibe en otros territorios menos amigables, ha convocado al embajador y subido un poco más el tono que las cancillerías europeas.
Cuando todavía no estaba claro que las protestas se extendieran, al menos dos ministros franceses -Le Maire y Alliot-Marie- salieron templando gaitas; en realidad, se trataba más de justificar la indiferencia que de amparar al dictador. Pero si nos atenemos a las prácticas de la diplomacia sarkozyana, podemos suponer que desde París se ha intensificado el teléfono rojo con el Palacio de Cartago. Si la sangre sigue corriendo, las expresiones de "preocupación" parecerán inicuas y la "prudencia" no se sostendrá. En todo caso, lo que cabe esperar del pilotaje francés no es una apuesta por la decencia democrática, sino por la transformación controlada del actual régimen hacia un territorio más civilizado y protegido. Si no por el interés de los tunecinos, si al menos para prevenir un escenario de inestabilidad crónica indeseable con altas probabilidades de prender, como ya está ocurriendo, en el resto de la región.

UN PROCESO MÁS EN MOSCÚ

30 de diciembre de 2010

La fase final del segundo juicio al multimillonario ruso Mijail Jodorkovski y su principal colaborador, Platon Lebvedev, ha sido convertido por unos y otros (y por terceros) en un espectáculo político-mediático con escasos precedentes en la reciente historia del país. Como ya se sabe, éste es el segundo proceso que afronta este oligarca caído en desgracia en 2003, después de romper sonoramente con el entonces presidente ruso Vladímir Putin, hoy primer ministro y más que probable aspirante a presidente otra vez en 2012.
En 2003, Mijail Jodorkovski era el dueño de Yukos, la principal petrolera de Rusia, que había comprado con los rublos amasados en el banco MENOTEP. Cuando estaba a punto de tomar un avión en Siberia, fue detenido a punta de pistola bajo la acusación de fraude y evasión fiscal. La misma suerte corrió su administrador, el mencionado Lebvedev. Ambos empresarios negaron contundentemente los cargos. Para entonces, Jodorkovsky era algo más que uno de los oligarcas díscolos con el Kremlin.
Putin había transformado las relaciones de poder entre la antigua burocracia comunista convertida al capitalismo salvaje y la exquisita élite de los negocios. El nuevo presidente sabía lo que hacía. Como último 'rasputín' de Yeltsin conocía al detalle los puntos débiles y fuertes de los poderosos multimillonarios rusos. A la mayoría de ellos los doblegó o los integró en el sistema. No al dueño de Yukos, quien probablemente creyó poder sortear la presión de Putin y se dedicó a financiar a determinados grupos de la oposición. Jodorkovski subestimó al antiguo coronel del KGB.
"NIHILISMO LEGAL"
Jodorkovsky y Lebvedev fueron condenados a ocho años, después de un proceso plagado de dudas. La oposición asumió la opinión de los condenados y consideró la sentencia como una decisión política: en otras palabras, como una represalia. Jodorkovsky se proyectó a sí mismo como símbolo de la resistencia contra la deriva autoritaria en Rusia.
Cuando estaba a punto de cumplirse la sentencia, la fiscalía abrió un nuevo proceso contra Jodorkovsky y Lebvedev, en esta ocasión por el supuesto robo de petróleo de su propia compañía por un valor que rondaría los 25 mil millones de dólares. Los abogados defensores aseguran que los cargos no sólo son infundados, sino que resultan ridículos, una "charada", porque suponen una contradicción con las acusaciones que los llevaron a la cárcel. ¿Cómo pudo haber evasión fiscal sobre unos bienes robados? La instrucción del caso ha resultado estrambótica, a juzgar por la valoración que han hecho juristas occidentales.
Algunas fuentes, citadas por NEWSWEEK, aseguran que "el juez Danilkin fue sacado de su casa el sábado por funcionarios de la seguridad del Estado para celebrar con él una seria conversación con el propósito de de asegurar una sentencia incluso más severa que los catorce años solicitados por la fiscalía". Se reconoce que se trata de extremos no comprobados.
Pero, más allá de la dimensión legal y de las garantías procesales, lo que nos interesa aquí es la significación política del caso.
DE VILLANO A HÉROE
La condena que cerró el primer proceso , con ser dura, no fue suficiente para acabar con el oligarca contestatario. En 2011, Jodorkovsky y Lebvedev deberían abandonar la cárcel. Un año antes de las elecciones en las que probablemente Putin rompa su alianza con el actual presidente Medvedev, su ex-primer ministro, y pretenda ocupar su puesto. Nadie duda de que, en la calle y con parte de su fortuna a buen recaudo, Jodorkovski haría todo lo posible para impedir el regreso de Putin a la Jefatura del Estado. Por tanto, lo que se ventila en este caso es una lucha por el poder.
Los principales socios occidentales de Moscú han mostrado su preocupación por la "aplicación selectiva" de la justicia (Washington) o por un "procedimiento legal que pone en cuestión la modernización del país" (Berlín). Las presiones más duras se deben estar haciendo, como es habitual, de forma más discreta. Al menos eso han denunciado públicamente las autoridades rusas, que las ha considerado "inaceptables".
Pero han sido los medios quienes han batido tambores. La mayoría asumen la posición de Jodorkovski, o de sus seguidores, o de quienes consideran de utilidad convertirlo en símbolo de resistencia frente al creciente poder autoritario de Putin.
LE MONDE admite que "Jodorkovski no es un ángel" y que "el antiguo rey del petróleo ruso edificó su fortuna sobre los escombros de la URSS, en poco tiempo y sin escrúpulos, durante la presidencia de Yeltsin", pero concluye que "mientras Jodorkovski continúe en prisión, Rusia seguirá siendo lo que es: una 'kleptocracia' autoritaria".
THE GUARDIAN se expresa en parecidos términos. "El segundo juicio contra Jodorkovski no trata de un robo. Trata del miedo: miedo a lo que es pueda ocurrir si esta particular víctima de la injusticia fuera puesta en libertad".
El semanario THE ECONOMIST llega incluso a situar al multimillonario en desgracia a la misma altura que Andrei Sajárov, aun reconociendo lo forzado de la comparación (a pocos debe sorprender, si tenemos en cuenta que esta publicación liberal respaldó con entusiasmo el horripilante alumbramiento del capitalismo ruso).
NEWSWEEK -el semanario norteamericano que ha cambiado recientemente de manos- afirma que "Jodorkovski es probablemente tan culpable como otros multimillonarios oligarcas de haber usado sus conexiones políticas para apoderarse de bienes públicos", pero lo acepta hoy como el principal exponente de una Rusia "moderna e inteligente".
El NEW YORK TIMES, más templado, contiene el caudal de elogios a Jodorkovsky, pero hace votos por una sentencia absolutoria.
El propio magnate asegura en una entrevista reciente con NUEVA GAZETA que "no es un idealista", aunque si fiel a una idea y "está dispuesto a morir por ella". En otro momento de la entrevista asegura que Rusia no podrá ser reconstruida bajo el actual sistema de gobierno, "ineficiente, obsoleto y corrupto" y predice una crisis terminal en torno a 2015.
La mayoría de los rusos no creen en la limpieza del proceso judicial. Sin embargo, la suerte de Jodorkovski les importa poco, porque no tienen la memoria tan frágil.
LÁGRIMAS DE COCODRILO
Resulta comprensible y pertinente la denuncia de un sistema judicial más que dudoso. De igual forma que parecen justificadas y con fundamento las aprensiones ante la consolidación de un autoritarismo sin caretas en el poder ejecutivo de Rusia. Pero conviene recordar que ni los gobiernos ni la mayoría de los medios occidentales se mostraron tan diligentemente críticos durante la década de los noventa. Si lo que pasa ahora es inquietante, lo que ocurrió entonces fue ciertamente gravísimo.
Autoinmolado el sistema político comunista y disuelta la URSS, se pretendió que Rusia abordara, en paralelo, un proceso de democratización política y de adopción de una economía de mercado. No ocurrió ni lo uno ni lo otro. La democracia, veinte años después, no va más allá de una vacía arquitectura institucional. La economía de mercado es un sarcasmo. Lo que verdaderamente se ha instalado en Rusia ha sido un sistema cuasi mafioso, como corolario de una evolución bochornosa. El planteamiento de transformación radical defendido por Yeltsin y respaldado por Occidente convirtió la gran mentira soviética de la propiedad colectiva de los medios de producción en la gran farsa del capitalismo popular. El proceso de privatizaciones y concesiones estatales puede considerarse como el robo más grande que se ha conocido en una nación moderna. Se pasó de un falso comunismo a una sistema oligopólico impune y despiadado. Mientras, en Occidente se miraba hacia otro lado o se hacían cálculos sobre los beneficios a recaudar en un mercado sin ley.
En aquellos años florecieron un puñado de 'jodorkovskis', la inmensa mayoría de ellos hijos de poderosos dirigentes comunistas, retoños de la 'nomenklatura' comunista transformados en nuevos ricos. El patético mandato de Yeltsin no trajo prosperidad ni libertades a los rusos, sino miseria y vileza por doquier.
¿DIVISION EN EL KREMLIN?
Algunos analistas citados por THE GUARDIAN creen que el asunto Yukos puede abrir una brecha entre dos supuestas familias del Kremlin: los tradicionalistas y los aperturistas. Dicho de otra forma, de un lado, los exponentes de la burocracia estatal, y en particular de los aparatos de seguridad (los denominados 'siloviki'), cuyo patrón sería Vladímir Putin; y, de otra parte, sus pretendidos oponentes, los partidarios de una modernización real de Rusia, de su conversión en un verdadero estado de derecho, encabezados por el presidente Medvedev.
Sin embargo, otros expertos no conceden mucha solidez a esta visión del panorama político y consideran que el Presidente en ejercicio no es un verdadero actor independiente. Unos porque creen que su discurso es pura retórica vacía (NEWSWEEK). Otros porque consideran que su base de poder es absolutamente endeble (LE MONDE). Y unos terceros porque sospechan que Putin y Medvedev juegan a poli bueno y poli malo (o a Batman y Robin, como sostienen diplomáticos norteamericanos en despachos hechos públicos por Wikileaks).
En todo caso, para salir de dudas sobre la autenticidad de esta supuesta alternativa política dentro del régimen, el NEW YORK TIMES exige al Presidente Medvedev que haga uso de su prerrogativa legal y "perdone" (indulte) a Jodorkovski, en caso de que, como todo el mundo da por seguro, sea condenado de nuevo. Esa parece ser la línea de actuación que van a seguir los gobiernos occidentales.
En todo caso, se antoja limitada la capacidad real de Occidente para enderezar lo que nació torcido. De aquellas lluvias ácidas proceden estos lodos tóxicos que han contaminado, a lo peor durante generaciones, una nación que reúne una novena parte de las tierras emergidas, es depositaria de las mayores reservas mundiales de minerales y recursos energéticos, de la cuarta parte del agua dulce y de las mayores reservas forestales. Y, no lo olvidemos, con su todavía imponente arsenal de armas nucleares, es una de las dos potencias con capacidad para destruir varias veces toda esa riqueza y el resto de la que alberga la Tierra.

IRAK: LA VERDADERA CRISIS EMPIEZA AHORA

23 de diciembre de 2010

Bagdad, 21 de Diciembre. Nueve meses después de las elecciones legislativas, concluye el bloqueo político y, por fin, un nuevo gobierno, dirigido por el primer ministro saliente, el chií Nuri Al-Maliki, obtiene el respaldo amplio del Parlamento.
Bagdad, 21 de Diciembre. Las diferencias entre los aliados del nuevo gobierno iraquí y las tensiones internas en varias de las formaciones políticas hacen temer por la estabilidad de la amplia coalición salida de las elecciones de marzo.
Estos dos "leads" informativos podrían haber figurado perfectamente en los resúmenes de agencia del día en que se anunció la constitución del nuevo gobierno. En realidad, la crisis empieza ahora. Lo que vivía Irak desde las elecciones del 7 de marzo era una situación de espera. A todos los efectos, el primer ministro Al-Maliki gestionaba una continuidad expectante. Ahora tendrá que mantener una permanente vigilancia para prevenir una crisis que podría acabar no sólo con el gobierno, sino con el frágil pacto de no agresión entre las distintas fuerzas políticas, sociales y religiosas del país.
Las amenazas son de dos tipos: horizontales y verticales. A la que añadiríamos una tercera: la amenaza fantasma.
LAS AMENAZAS HORIZONTALES
Debe entenderse por horizontales las amenazas procedentes de las profundas diferencias entre las comunidades integrantes del país (sunníes, chíies y kurdos, como actores principales, aunque no únicos). Las amenazas horizontales son las que tienen el potencial más destructivo. Pueden asemejarse a las placas tectónicas: cuando colisionan provocan terremotos, en ocasiones devastadores.
La supuesta salida de la crisis no ha alejado el riesgo de colisión, aunque algunas maniobras del astuto Al-Maliki indiquen lo contrario. Como se recordará, numerosos notables sunníes -con sus respectivas clientelas políticas y tribales- fueron privados del derecho a participar en las elecciones por supuesta colaboración con el Baas de Saddam; por lo tanto, no son diputados, no están en el nuevo Parlamento. Pero en un intento por neutralizar posibles operaciones de concentración, Al Maliki ha conseguido que uno de esos proscritos acepte ser uno de los viceprimeros ministros. Naturalmente, otros muchos quedan marginados y no será fácil que acepten esta situación.
Más difícil le ha resultado integrar a la gran formación rival, Al Iraquiya, cuyo nombre indica su voluntad de unidad nacional. Se trata, en efecto, de un conglomerado de políticos de todas las comunidades partidarios de superar el sectarismo que ensangrienta Irak. Al Iraquiya, liderado por otro primer ministro amparado por Washington, Iyad Allawi, fue, en realidad, la ganadora de las elecciones, ya que obtuvo 91 escaños, dos más que Estado de Derecho, el partido del jefe del gobierno saliente. Pero desde un principio se tenía la firme impresión de que tendría muchas más dificultades para enhebrar una mayoría parlamentaria que pasara la sanción del Parlamento.
El pacto de Al Iraquiya con Al-Maliki ha sido trabajoso y se antoja frágil. Uno de los dirigentes de la coalición intercomunitaria (significativamente, no Allawi) será Presidente del Parlamento. Un puesto desde el que se pueden realizar maniobras para salvar el gobierno, pero también para derribarlo. El líder de Al Iraquiya ha pactado encabezar un nuevo organismo que podría traducirse, resumidamente, como Consejo Nacional de Estrategia. Como podría esperarse del inmaduro sistema institucional iraquí, no se sabe con precisión sus funciones. LE MONDE puede tener razón al comentar que se tratará de una "instancia de decisión para los sunníes, solamente consultiva para los chiíes".
Con los kurdos, el pacto ha sido más sencillo. A cambio de que el histórico Jalad Talabani continúe como Jefe del Estado, puesto privado de las principales funciones ejecutivas, aunque no meramente testimonial, los kurdos sostendrán al gobierno con sus 57 diputados. Siempre, claro, que el Ejecutivo no entre en una dinámica de desestabilización que eleve notablemente el coste del apoyo.
La lucha por el control del petróleo y los problemas constitucionales de las zonas limítrofes (en torno a Kirkuk) no están resueltos. Que Maliki quiera acaparar con hombres de su confianza el manejo del principal recurso del país es lógico. Pero también le sitúa en el blando de las insatisfacciones de sus rivales, kurdos o sunníes.
LAS AMENAZAS VERTICALES
Deben entenderse las amenazas verticales como las fracturas en el interior de cada gran bloque o comunidad (moderados, radicales, aperturistas, tradicionalistas). Se podrían equiparar a las tormentas tropicales o las lluvias torrenciales, quizás menos devastadoras, pero también más imprevisibles en su aparición temporal.
El exponente más claro de estas amenazas es el acuerdo entre los dos grandes bloques chiíes. Al-Maliki siente un visceral rechazo de los radicales del clérigo Moqtar Al-Sadr, cuyas milicias causaron tantos quebraderos a los norteamericanos en los suburbios de Bagdad. Pero sus 40 diputados les proporcionaban el derecho de estar en este gobierno donde todos sacan tajada, aunque no del mismo tamaño. Los saderistas parecen ahora más pragmáticos. En la línea evolutiva de Hezbollah en Líbano o de Hamas en Palestina, han decidido continuar la batalla en el frente político y, sobre todo, en el social. Su estrategia consiste en abanderar la mejora de los servicios al ciudadano, en particular a los más necesitados. Si tienen éxito -habría que decir si Maliki consiente que presente esos eventuales éxito como suyos-, las relaciones de Irak con Estados Unidos pueden complicarse, se admite en el NEW YORK TIMES.
Entre los sunníes, las divisiones son menos atronadoras, pero no menos agudas. La colaboración con los chiíes produce ronchas, después de toda la sangre que ha bajado por Mesopotamia: la reciente y la que dió fundamento a los imaginarios. En la formación mixta de Allawi, la participación en el gobierno en estas condiciones ha provocado protestas públicas. Un diputado del Al Iraquiya voceó sus dudas sobre la naturaleza democrática de Irak en plena sesión de investidura. El presidente del Parlamento, un correligionario, le mandó callar. Pero otros muchos colegas de bancada pensaban los mismos. Las frustraciones personales -la amenaza verticales que discurre de arriba a abajo en el escalón de los partidos- son peligrosas.
En el partido de Al-Maliki también se escucha ruido. Hasta ahora las voces de discordia más activas han sido las femeninas. Las mujeres, diputadas o dirigentes del aparato, no se han conformado con el incumplimiento de la Constitución, que prevé un cuarto de los puestos ministerial para mujeres. Sólo hay una -y ocupa un puesto de segundo rango- en el nuevo gobierno de Al-Maliki. No sólo protestaron ellas: diputados de Al-Maliki mostraron claramente su disconformidad con esta medida que deja en evidencia el discurso modernizador del primer ministro.
...Y LA AMENAZA FANTASMA
Por tanto, no es descabellado temer que la verdadera crisis está por venir. Consciente de la fragilidad de su gobierno y de la escasez de confianza circulante, Al Maliki no ha podido, o no ha querido, asignar los cargos ministeriales relacionados con la Defensa y la Seguridad. Se los reserva de nuevo. O sea, acumula poder. Sabe que lo va a necesitar. Después de todo, Irak todavía soporta decenas de muertos todos los meses por causas violentas.
Pero, además, el control de estos "ministerios de fuerza" le resultan imprescindibles para vigilar de cerca el proceso de repliegue militar norteamericano. De aquí a un año deberían abandonar Irak los 50.000 soldados que permanecen en el país, en calidad de asesores, formadores o protectores de sus compañeros. Las dudas sobre el cumplimiento del calendario se mantienen y no se disiparán hasta el final, porque dependerá del clima político y, ante todo, de la capacidad de la insurgencia para poner en jaque del nuevo al débil entramado político e institucional. Es una amenaza fantasma, que no fantasmagórica.

¿HASTA CUANDO ABUSARÉIS DE NUESTRA PACIENCIA?

16 de Diciembre de 2010

Berlusconi ha superado esta semana dos mociones de censura, una en cada cámara del legislativo. En el Senado, el jefe del gobierno salió airoso por un margen cómodo (308 frente a 162). El dramatismo quedó reservado a la Cámara de Diputados, donde sólo por tres votos se decidió la permanencia de Il Cavalieri en el Palacio Chigi. (314 con 311 y dos abstenciones).
El caso es que Berlusconi llegó hasta el final de la partida y terminó ganando la mano con la que se lleva, de momento, la mayoría de fichas del tapete. El otro tahúr que tenía ahora enfrente era su aliado de los últimos tres lustros y de un tiempo acá rival, Gianfranco Finni.
EL MUTANTE FINNI
Este personaje, ahora pregonero y adalid de una derecha italiana moderna (?), resulta un maestro de la volubilidad política. Criado a los pechos de Giorgio Almirante, durante décadas el depositario indiscutido de la herencia mussoliniana, Finni consiguió transformar la nostalgia imposible del fascismo en un club político de laboratorio llamado Alianza Nacional.
Se enganchó al carro de Berlusconi a mitad de los noventa, al darse cuenta de que el mal olor que se desprendía de sus suelas políticas exigía más tiempo y adicionales capas de pintura para anclar el olvido. Pero tuvo que tragarse el sapo de admitir en ese gran pacto de la nueva derecha a los arribistas, xenófobo y asaz atrabiliarios de la Liga Norte, quienes presumían de hacer jirones el discurso de su sacrosanta unidad nacional. Con ese panorama, Finni suplantó la identidad neofascista por la del neoliberalismo rampante de final de siglo.
Ese triunvirato de la Roma moderna, compuesto por Berlusconi, Finni y Bossi, tuvo a gala enterrar la Segunda República, sin ser capaces de alumbrar la Tercera. En su lugar parieron un monstruo político que ha ido apareciendo más patético a medida que se demostraba la falacia del propósito.
Finni fue el primero en darse cuenta de que el experimento no daba para más. Ya intentó hace tiempo desbaratarlo, cuando Berlusconi hincó por primera vez la orilla en la arena. Pero la fórmula volvió a recomponerse, bien que retocada, al darse cuenta el "modernizador" que sin el concurso del magnate mediático nunca sería primer cónsul.
Cuando hace dos años estalló esta especie de crisis de civilización capitalista y la catadura de Berlusconi empezó a resquebrajarse, Finni creyó oportuno dotarse de un nuevo camuflaje para seguir aspirando al poder. Su futuro político pasaba por liquidar el triunvirato y presentarse como la solución moderada, unitaria, moderna y necesaria en los tiempos convulsos de un país a la deriva. Ese es el sentido de su operación de derribo de Berlusconi, escenificada con ribetes tan propios de opereta. El primer ministro tenía la crisis donde quería: en el terreno ambiguo de los trágico y lo bufo. "Derribar el gobierno sin alternativa sólida es una locura", dijo en el Parlamento. No le faltaba razón.
Pero como decía hace un mes uno de los seguidores de Finni al corresponsal de LE MONDE, en esta ocasión "la ruptura de Gianfranco con Berlusconi no era sólo política, sino también sentimental". Como le pasó a Bruto con César.
EL CIRCO POLÍTICO
Finni creyó contar con la connivencia de suficientes diputados del partido del primer ministro. Pero se confió, o menospreció a Il Cavalieri, quien hacía el mismo juego a la inversa, reclutando traidores a Finni detrás de las columnas. Llegado el momento de la verdad, el líder de esa derecha que se proclama de futuro hizo acudir al hemiciclo a dos de sus correligionarias prácticamente rompiendo aguas -una en ambulancia, otra en silla de ruedas-, porque no podía prescindir de sus votos. Debió darse cuenta de su fracaso antes de producirse, porque durante la votación se le vio enganchado de nuevo a la nicotina, después de haber dejado de fumar hace un año. Anécdotas, éstas dos últimas, leídas esta semana en THE ECONOMIST, la biblia periodística del liberalismo, incapaz de digerir la excepcionalidad italiana.
A este punto hemos llegado. Con un primer ministro convertido en héroe de telefilm de serie B, al que ya veíamos en la pantalla con la soga al cuello, salvándose en el último minuto, como lo haría un forajido osado en uno de esos western spaguetti. Es decir, repartiendo el botín entre los renegados de una banda rival. No es raro que sus señorías se agarren a trompadas en el Parlamento, como gustan decir sus herederos argentinos. Ganas no faltaron tampoco este martes de emular ciertas prácticas gladiadoras.
A estas alturas, la Italia de Berlusconi se parece casi como dos gotas de agua a sus televisiones. No sólo por la materia de la que están hechos sus espectáculos, sino también por los juegos malabares de disimulo sobre el control de sus activos. Los enredos de los últimos días mantienen a Berlusconi como primer ministro, pero se ignora de qué depende la estabilidad del gobierno. En otras palabras, se desconoce el alcance de las promesas hechas por el Presidente del Consejo para lograr que ciertos diputados se vieran asaltados por repentinos cambios de juicio. "Una situación ridícula por no decir trágica, en detrimento de los italianos" como sentenciaba lúcidamente LA STAMPA de Turín.
E LA NAVE VA
En Italia hemos visto de todo. No sólo con Berlusconi en el timón de la nave, que va, por ahora va. Aunque ya nadie puede asegurar cuán lejano se fía ese destino. Antes acontecieron otros diluvios que dispararon los peores augurios sobre la salud pública. Y, sin embargo, surgieron siempre arcas de Noé que pusieron a salvo ciertas especies capaces de garantizar la supervivencia de la fauna política. Si no se puso a buen recaudo la integridad, si al menos los reflejos de la clase política.
Después de la escena teatral, remake del exordio de Cicerón al patricio Catilina, desenmascarando su complot para derribarlo (¡Hasta cuando Catilina abusarás de nuestra paciencia!), no debe descartarse una nueva reconciliación. Nada complacería más al político milanés que otro ejercicio de humillación de su antiguo aliado, mediante la renovación del juramento de vasallaje: eso sí, convenientemente maquillado.
La oposición -la izquierda moderada, la sociedad laica, la Italia más decente- continúa buscándose a sí misma y pagando culpas en un purgatorio tan exigente como el de Dante. Algunos grupos de jóvenes salieron a la calle para protestar. Pero la mayoría de la población parece asistir impávida a una decadencia interminable y teatral.

IRAN: TODAS LAS FORMAS DE LA GUERRA

9 de diciembre de 2010

El malestar que el mundo diplomático vive desde que se iniciara la lluvia fina de Wikileaks (no la llamemos tormenta: cala, pero no ahoga) puede provocar la desconcertante consecuencia de precipitar ciertos asuntos pendientes. No únicamente, o sólo por esa razón, claro está, pero si como factor coadyuvante.
De todo el catálogo internacional, destaca seguramente la nuclearización de Irán. Las filtraciones del departamento de Estado no han descubierto nada dramático, en puridad. En todo caso, han confirmado algunas aprensiones: que se desconoce con exactitud el nivel de avance del proceso, que Irán ha debido abastecerse en mercados particularmente indeseables, que algunos dirigentes árabes (singularmente los monarcas petroleros del Golfo) están más ansiosos que nadie por abortar la aspiración de los ayatollahs, que Israel presiona de lo lindo en favor de una opción militar y que las potencias occidentales no saben ya cómo convencer a los iraníes para que entren por el aro.
Lo que no ha aparecido en los papeles desvelados estos días -ni seguramente aparecerá- son esas otras acciones equivalentes a las militares. No en todo caso "opciones", sino actuaciones ya en marcha.
OFENSIVAS MENOS ARRIESGADAS
Dos hechos muy recientes sobresalen sin discusión: el asesinato de Majid Shahriari, uno de los principales científicos responsables del programa nuclear iraní, y la infección informática del software que gestiona el funcionamiento de las centrifugadoras. La mayoría de los medios occidentales se han ocupado muy poco del primer asunto y algo más del segundo. Una relevante excepción lo constituye el interesante análisis publicado por THE OBSERVER.
El dominical describe con detalle la ejecución de este atentado mortal y de otro de idéntica factura que no resultó tan exitoso: el otro científico, Fereydum Abbasi, consiguió salvar la vida. A comienzos de año, un colega de estos dos expertos, Massud Alimohammadi, también fue abatido en las calles de Teherán. Con cierta candidez, algunos medios dirigieron inicialmente las sospechas hacia los escuadrones de la muerte del régimen. Poco después se consideró la autoría de dos de los grupos armados de la oposición (Jundullah y Mujaidines-e-Jalq), con escasa convicción. Cuando se conoció la ocupación de la víctima, las sospechas empezaron a cambiar de dirección. Hace tres años, el responsable de las instalaciones nucleares de Isfahan murió víctima, aparentemente, de radiación. Pero, ya entonces, otras fuentes creyeron que, en realidad, había sido envenenado.
En el artículo del OBSERVER, se citan fuentes de los servicios de inteligencia occidentales, propias y de la revista TIME, que centran prioritariamente sus sospechas sobre la autoría de esos "tres asesinatos y medio" en el Mossad israelí. Se resaltan tres argumentos: 1) Israel ya empleó este mismo método expeditivo paras liquidar a los científicos que levantaron el programa nuclear iraquí a comienzos de los ochenta; 2) el director saliente del Mossad, Meir Dagan, había obtenido permiso político para intensificar el recurso de asesinar a los enemigos de Israel (práctica que continuará con el nuevo jefe de los temidos servicios secretos); 3) la ejecución extremadamente profesional de los atentados.
Estas variaciones de guerra encubierta o de baja intensidad tiene la ventaja de minimizar los riesgos. Si Bush dejó pasar la oportunidad y Obama trata de retrasarla lo más posible es en gran parte debido a las consecuencias inevitables demasiado costosas: llámese fracaso parcial, represalias, inestabilidad en la yugular del tráfico petrolero (Ormuz), etc.
Israel ya habría obtenido de Estados Unidos las bombas anti-búnker que llevaba años demandando por si el presidente norteamericano de turno no se atreviera a dar el paso. Pero actuar en contra del deseo de la Casa Blanca, en estos momentos de enésimo intento de negociación de paz en Oriente Medio, podía acarrear daños políticos y diplomáticos a considerar. Si no hubiera otra alternativa, sería ingenuo estimar que Israel se atendría a la templanza.
Pero podrían haber encontrado un camino, al menos provisional. Si no podemos detener, o controlar, o encauzar el programa nuclear, hagámoslo imposible, inviable en su raíz: destruyendo sus mentes o anulando su tecnología con ataques blandos, limpios, o de los que apenas dejan rastro.
EL ARMA DEL TIEMPO
Obviamente, estas actuaciones podrían ser tácticas, pero carecen de profundidad estratégica: es decir, por si solas no son suficientes para arruinar los designios de Teherán. Resultan muy eficaces para retrasar la culminación del proceso y ganar tiempo. El otro instrumento, las sanciones internacionales destinadas a neutralizar el suministro de todo tipo de material coadyuvante, arroja resultados más desmayados. Otra cosa es meter material defectuoso en los envíos, otra forma de guerra, el boicoteo, el sabotaje, que también estarían practicando agencias occidentales.
Con este panorama, la mayoría de los analistas conceden pocas esperanzas a la nueva ronda negociadora que se inicia este viernes en Ginebra, a pesar de las invocaciones de la Secretaria Clinton en favor del "engagement" (diálogo o negociador). Irán habría acumulado ya 3 toneladas de uranio pobremente enriquecido y habría avanzado considerablemente en el desarrollo tecnológico que permitiría elevarlo a la condición exigida para la fabricación de bombas nucleares.
Discrepa del pesimismo Robert Dreyffus en THE NATION. Este veterano observador de Irán cree que la propuesta que se presente a Teherán parece a primera vista aceptable. En pocas palabras, consiste en que Irán entregue a Rusia su uranio poco enriquecido para su reprocesamiento en combustible. Parte de este material sería empleado en un reactor destinado a uso médico en Teherán, pero la mayoría iría destinada a la planta de Bushrer, construida precisamente con tecnología rusa, y destinada a fines civiles. En caso de que los negociadores iraníes reciban autorización de aceptar esta oferta, las potencias occidentales permitirían a Teherán que continuara desarrollando la construcción de centrifugadoras. Naturalmente, todo el proceso estaría sujeto a la estrecha vigilancia de la Agencia Internacional de la Energía Atómica. Este esquema sobre el que se intentará trabajar suscita, no obstante, numerosas interrogantes y no pocas trampas, de uno y otro lado. De ahí el escepticismo dominante. Aunque el plazo de este año parece un ardid israelí, a Obama se le acaba el tiempo de la reflexión.
Para complicarle el escenario aún más, se desinflan las perspectivas de un acuerdo entre israelíes y palestinos. Netanyahu no quiere o no puede prorrogar la congelación del proceso colonizador en territorio palestino ocupado y la Casa Blanca acaba de decidir la renuncia a esta exigencia previa para reanudar las negociaciones bilaterales directas. No parece probable que los palestinos cedan, por lo menos enseguida. El proceso tiene visos de estancarse, si no lo estaba ya. Se avecina una enésima ronda de incómodas escaramuzas diplomáticas. No es que este asunto este directamente vinculado con el de Irán, pero abre un nuevo frente en el esfuerzo diplomático y proyecta sombras de malestar e inquietud en el mundo islámico.