ESTADOS UNIDOS: CLAVES DEL NAUFRAGIO DEMÓCRATA Y SUS CONSECUENCIAS

7 de Noviembre de 2014
               
Con unos días ya de análisis sosegado y reflexión sobre los resultados de las elecciones de medio mandato del 4 de noviembre y sus consecuencias previsibles sobre el futuro inmediato, éstas podrían ser las claves a retener.
                
1. La amplitud de la victoria republicana se debe en gran parte al fracaso demócrata en movilizar a su electorado, en particular el de las minorías hispana y afroamericana. Los "azules" siguen siendo el partido preferido de estos grupos, pero los porcentajes de sus votantes han disminuido notablemente y, en algún caso, han propiciado el cambio de tendencia. Si en 2012 Obama fue reelegido con más del 70% del voto latino y un porcentaje similar o superior de votantes negros, el comportamiento ahora de estas bases ahora ha sido mucho más discreto. Una participación nutrida de los afroamericanos habría permitido a los demócratas conservar el escaño senatorial en Georgia, Carolina del Norte o Arkansas (Luisiana está todavía por dilucidar); es decir la mitad de los que han perdido. Algo parecido ha ocurrido, pero en este caso con los latinos, en otros estados donde esta minoría resulta crucial. En Colorado, Texas, Nuevo México y Nevada el avance republicanos entre la población hispano-parlante ha crecido de manera preocupante para los demócratas. Si Obama no resuelve el problema de la regularización migratoria mediante la 'acción ejecutiva', como dijo en su rueda de prensa post-electoral, no puede descartarse un desastre dentro de dos años.
                
2. La incomunicación, las desavenencias, la falta de sintonía entre Obama y muchos de los candidatos de su partido ha tenido un efecto devastador. Los esfuerzos de última hora en la campaña no han podido diluir la impresión de que los demócratas, en muchos casos, se habían esforzado en los últimos meses en desmarcarse de la Casa Blanca. Aunque en Estados Unidos las lealtades políticas o de partido no son como en Europa y los candidatos estatales o locales tienen interés en demostrar su autonomía como garantía de una mejor defensa de los intereses de sus votantes, siempre se mantiene una conexión entre los candidatos legislativos y el Presidente. Clinton tuvo que sufrir una desafección notable en los momentos más delicados de su mandato (tras el 'affair Levinski'), y lo mismo le había ocurrido a Carter mucho antes, aunque por motivos muy diferentes. Pero resulta mucho más chocante en el caso de Obama, porque ninguno de sus antecesores demócratas había alcanzado su capacidad de movilización y entusiasmo entre sus seguidores o simpatizantes.
                
3. El peso del dinero en la determinación del ánimo electoral se ha vuelto a dejar sentir de forma abrumadora. No sólo por el volumen, que batido nuevamente récords, sino por la estructura. Los denominados 'super-PACS', o fondos de financiación electoral vinculados a intereses muy poderosos y organizados han resultado esenciales en la creación de un clima exageradamente negativo, tendencioso y manipulador. Obvio es decir que los republicanos han sido los principales beneficiarios, con los inefables hermanos Koch y el gurú Stephen Law a la cabeza. Otros apoyos más "convencionales", procedentes de las grandes corporaciones, han resultado en extremo sustanciosos. Que no generosos: es de esperar que un Congreso dominado plenamente por los republicanos les "premie" con una legislación especialmente favorable en materia fiscal (ya se habla de una reforma del impuesto de sociedades) o energética (donde los poderosos lobbies del petróleo y el gas se frotan las manos ante la perspectiva de nuevos gasoductos, exploraciones y eliminación de las limitaciones ecológicos).
                
4. El dinero no sólo ha propiciado una visión distorsionada y engañosa de la realidad del país y de los problemas nacionales. Lo peor es que ha hecho engrasado la campaña más sucia que se recuerda (y las últimas no fueron suaves, precisamente). Con el asunto del Ébola se llegó a límites de vergüenza en Carolina del Norte, por ejemplo, otro estado que los demócratas no debían haber perdido. Algo similar ha ocurrido con la reforma sanitaria o con la regularización de los inmigrantes. La candidata conservadora por Iowa llegó a decir que lleva siempre consigo su pistola para defenderse del gobierno. Los demócratas no han sido ajenos a este juego detestable, pero en mucho menor medida que sus rivales republicanos.
                
5. El desgaste de la figura presidencial. Éste es quizás el elemento que más se ha resaltado en la mayoría de los análisis. No sin razón. Debe, sin embargo, manejarse la crítica al líder con cautela. Las expectativas que Obama despertó resultaron exageradas, y no poca gente sostuvimos esa opinión. En parte, por la novedad que representaba la llegada de un afro-americano a la Casa Blanca. Pero también por los métodos novedosos de su campaña, la influencia de los modernos sistemas de comunicación electrónica, el encandilamiento de la población más joven. Al final, como se temía, el entusiasmo que se fabricó en torno al "We Can" resultó más frágil de lo que el entramado de eslóganes y trucos dejaba ver. En 2008, la nación estaba aún asustada por los efectos o réplicas del 11-S, desconcertada por un radicalismo neoconservador insensato, decepcionada por una política antiterrorista que erosionó claramente las libertades y la imagen exterior del país y, finalmente, agobiada por la extensión y profundidad de la crisis económica. Sobre esa amalgama de frustraciones, pero también de aspiraciones transformadora erigió el equipo de Obama la amplitud de su éxito. Luego, en 2012, no sin vacilaciones inexplicables durante la misma campaña electoral, supo sacar ventaja de la debilidad e inconsistencia de su rival, de los excesos extremistas de sus rivales y de los primeros indicios de recuperación. Si esto no se la servido ahora para frenar el ascenso conservador ha sido, paradójicamente, porque ha fallado en la que parecía su principal fortaleza. Obama perdió la capacidad de comunicar, de convencer, de seducir al electorado, de explicar sus políticas, pero sobre todo sus cambios de rumbo, de estrategia, de posición. Querer ser conciliador y firme a la vez exige mucha claridad de propósitos y una sólida credibilidad. Al cabo, ambas facultades ya estaban muy mermadas en el Presidente.

                
6. La rectificación a tiempo de los republicanos en su deriva radical, extremista e irresponsable. No es que el Partido Republicano haya vuelto al centro, pero es cierto que se ha alejado visiblemente del Tea Party, en aparente retirada sin remedio. Aunque su política de acoso y derribo a Obama no se ha suavizado en momento alguno, sus líderes tradicionales han conseguido frenar la verborrea libertaria, anti-Estado o anti-gobierno, con las excepciones antes mencionadas. La dirección republicana ha combinado astutamente la demolición de las principales políticas presidenciales con unas propuestas de colaboración, de diálogo, de gestión responsable. Es previsible que su abrumadora victoria les permita ser generosos y no cometan el arrogante error de humillar al Presidente. Lo hicieron en 2010 y 2011 y lo pagaron caro. Estados Unidos girará a la derecha en numerosos detalles. Pero es de esperar que el aire político resulte más respirable, que los republicanos quieran escenificar acuerdos con la Casa Blanca para demostrar su ánimo constructivo. Obama no lo rechazará, porque no puede definir su legado político apoyándose exclusivamente en los decretos ejecutivos y el veto presidencial. Vienen tiempos de pactos e hipocresía. Puro Washington.

OBAMA, CONTRA LAS CUERDAS; SU ÚNICA OPCIÓN ES PELEAR

5 de Noviembre de 2014
                
Las elecciones legislativas de  este martes en Estados Unidos han confirmado la conquista del Senado por el Partido Repúblico y el refuerzo de la mayoría de que ya disfrutaban en la Cámara de Representantes. Los conservadores dominarán la totalidad del Legislativo. A la hora de cerrar este comentario, ganan siete asientos en el Senado, hasta 51. Pelearán por el octavo, el de Luisiana, que se decidirá en desempate, en diciembre, pero aún así, ya disponen de mayoría absoluta. En la Cámara baja, arrebatan trece escaños a los demócratas, lo que amplía su ventaja en torno a setenta.
                
UNA DERROTA DOLOROSA
                
Los demócratas han perdido todos los escaños que estaban dudosos e incluso algunos en los que parecían favoritos. Estamos ante un correctivo serio, que, sin duda, tendrá consecuencias graves. La derrota demócrata debilitará notablemente al Presidente Obama en los dos años que le restan de mandato. Como ya le ocurrió a Clinton, el Congreso se convierte en una fuerza obstructora del poder presidencial.
                
No es una especulación. Numerosos portavoces del Partido Republicano habían convertido estas elecciones en un plebiscito para doblar la rodilla del Presidente. Más allá de los asuntos referentes a los estados en los que se competían, la mayor parte de los candidatos habían prometido que su elección serviría para echar abajo las políticas que mas detestaban de la Casa Blanca (sanitaria, energética, migratoria, económica e internacional).
                
En los próximos dos años asistiremos, por tanto, a un acoso sistemático de los conservadores para impedir que Obama pueda afianzar la reforma del sistema de salud o permitir la regularización de once millones de inmigrantes. Además, se da por hecho la autorización legislativa del gasoducto Keystone XL entre Canadá y el Golfo de México, acompañada de leyes que impulsarán la producción energética, relajarán los controles de protección ecológica y acentuarán las políticas de austeridad. En política exterior, el próximo Congreso boicoteará las negociaciones sobre el control del proyecto nuclear de Irán, sostendrán la colonización israelí en Palestina, presionarán en favor de mantener un despliegue militar más extenso en Afganistán e Irak y de castigar más duramente a Rusia.
                
TRES OPCIONES NO EXCLUYENTES
                
La gran incógnita en estos momentos es cómo responderá el Presidente Obama. Casi nadie cuestiona que los resultados del martes suponen su derrota política más severa desde que decidiera aspirar a la Casa Blanca. Pero no debe perderse de vista que en semejantes situaciones se vieron algunos de sus antecesores más populares como Reagan o Eisenhower.
                
Obama tendrá que pelear sin reservas, pero sin descartar espacios de compromiso. El pasado fin de semana, los corresponsales políticos del NEW YORK TIMES aseguraban que el equipo de asesores más cercanos al Presidente habían diseñado un programa de gobierno para estos dos años, agrupados en tres categorías: los asuntos que pueden salir adelante mediante la denominada "acción ejecutiva" presidencial, sin el apoyo del Congreso; los que pueden pactarse con el legislativo; y los que, aunque se queden bloqueados en el legislativo, puedan servir para cimentar la plataforma demócrata para las elecciones de 2016. (1)
                
Además del espíritu destructivo y furiosamente hostil de los republicanos y el alejamiento de muchos demócratas que lo consideran un líder amortizado, Obama se ve privado de numerosos consejeros y colaboradores que han ido abandonándolo por decepción o desencuentro. Se le reprocha al Presidente haberse encerrado con un reducido grupo de fieles y de practicar un estilo de gobierno poco eficaz y contradictorio, de no saber trasladar las ambiciosas ideas de sus discursos en medidas prácticas de gestión.
                
Algunas de estas críticas son certeras o razonables (2). Pero lo cierto es que Obama ha sufrido un desgaste en absoluto legítimo. Estas elecciones legislativas han sido planteadas como una operación de acoso y derribo, no sólo de los candidatos demócratas en el cargo o aspirantes, sino del propio Presidente. Hemos asistido a la campaña más costosa de la historia (de un tiempo a esta parte, la última campaña siempre bate records de gasto), de la que se han beneficiado las grandes corporaciones mediáticas (3)
                
DOS AÑOS MÁS DE SUCIEDAD
                
Más preocupante aún resulta el tono insoportable del debate en las últimas semanas. Muchos candidatos republicanos se han alejado del Tea Party, una fuerza gastada, pero no han abandonado un lenguaje agresivo, plagado de descalificaciones, alarmismos y groseras manipulaciones (caso Ébola). Cuando el senador McConnell, líder del Partido en el Senado, se refirió siquiera levemente a una posible conciliación con la Casa Blanca en los años venideros, los elementos más intransigentes reaccionaron con virulencia y le obligaron a retractarse.
                
En definitiva, dos años muy duros por delante. No cabe esperar mucha ayuda de los demócratas, que no han podido movilizar a su electorado. Los grandes espadas del partido ya piensan en las presidenciales de 2016. Hillary Clinton aparece como la candidata indiscutible aunque parezca prematuro asegurarlo. Si se confirma su intención de presentarse, el resto de aspirantes, salvo sorpresa mayúscula, serán puras comparsas.
                
En el bando republicano, se perfilan tres senadores como favoritos de inicio: Ted Cruz (Texas), Marc Rubio (Florido) y Rand Paul (Kentucky). Todos ellos tienen sólidas posiciones conservadoras, singularmente en el asunto de la inmigración. Algo que pueden sorprender debido al origen latino de los dos primeros. Pero hay que recordar que hay un sector hispano conservador en materia social y de costumbres, aparte de la influencia anticastrista en Florida.


(1) PETER BAKER, MICHAEL SHEAR. Brace for a Shift in Congress, Obama is Setting a New Agenda. NEW YORK TIMES, 2 de Noviembre de 2014.

(2) Un buen resumen de estos seis años de presidencia demócrata, en el artículo de JULIET EILPERIN Y DAVID NAKAMURA, corresponsales del WASHINGTON POST en la Casa Blanca. 3 de Noviembre de 2014. El último libro de DAVID ROTHKOPF, articulista habitual de FOREIGN POLICY ("National Insecurity. American Leadership in an Age of Fear"), analiza el debilitamiento del liderazgo presidencial, y el de Obama en particular


(3) REED RICHARDSON. Corporate Media Companies are the Real Winners of the Midterm Elections. THE NATION, 3 de Noviembre de 2014.

TÚNEZ: EXCEPCIÓN ÁRABE EN UN CÚMULO DE PARADOJAS

30 de Octubre de 2014
                
Túnez se encuentra en el epicentro de un proceso político iniciado con la revolución democrática de hace cuatro años. Una doble cita electoral debería definir, tras casi un lustro de zozobras, el porvenir inmediato del país.
                
La coalición liberal, centrista, pero sobre todo laica o anti-islamista denominada Niida Tounes ("La llamada de Túnez") se ha impuesto en las elecciones legislativas, al lograr 83 de los 217 escaños en liza. El movimiento islamista Ennahda ("Renacimiento") contará con no más de 70 parlamentarios, lo que representa casi un tercio del total, pero veinte menos de los que obtuvo en 2011. Sin duda, un desgaste, pero no un derrumbamiento, pese a su discutida gestión.
                
DESGASTE ISLAMISTA
                
Ennahda dominó el escenario político durante la mayor parte de este periodo reciente, tras ganar las primeras elecciones libres tras el derrocamiento de la dictadura. Pero a los islamistas moderados les debilitó el fracaso en la consecución de unas mejores condiciones de vida, como suele ocurrir en muchos procesos de transición del autoritarismo a la democracia. Primero tuvieron que aceptar la ampliación del gobierno con presencia de socialistas y otras fuerzas centristas (troika) y finalmente dejar el gobierno, después de que se les acusara de complicidad en el asesinato de dos políticos de la oposición.
                
El líder de los vencedores es Béji Caïd Essebsi, un político casi nonagenario e incombustible, que ha sabido hacerse necesario en distintas coyunturas. Fue ministro con Burguiba, cabeza del Parlamento con Ben Alí y jefe del primer gobierno de la transición. Que se presente ahora como un hombre de futuro resulta también una chocante paradoja.
                
Essebsi está obligado a negociar un pacto que posibilite un gobierno estable y eficaz antes de las presidenciales de noviembre, a las concurrirá como candidato. Como ha descartado el acuerdo con Ennahda, tendrá que buscar el apoyo parlamentario con fuerzas muy minoritarias. No es menos paradójico que se haya perseguido la estabilidad con un gran bloque anti-islamista mientras la ley electoral premia a los partidos pequeños y favorece, como así ocurrirá, un Parlamento muy atomizado.   
                
Podría parecer que, de convertirse en jefe del Estado, Essebsi acumularía más poder. Aunque la nueva Constitución se inspira en la francesa, en Túnez, el primer ministro es más fuerte que en la antigua metrópoli. A él le corresponde formar gobierno. El Presidente puede disolver el Parlamento y convocar elecciones anticipadas, pero bajo ciertas condiciones (1).
                
UN DESENCANTO MITIGADO
                
Origen de la ‘primavera árabe’, este pequeño país mediterráneo de 11 millones de habitantes no ha logrado todavía culminar una transición plagada de contradicciones, y desilusiones. Y, sin embargo, sigue apareciendo a los ojos de los observadores y analistas occidentales como un oasis de aparente tranquilidad en una región convulsa. Pese a las desilusiones palpables, ha votado un 60% del electorado, participación más que aceptable. Túnez, una vez más, se confirma como la "excepción árabe", como sostiene el diario francés LE MONDE.
                
Túnez es, pues, un compendio de paradojas. Siempre lo ha sido, en realidad, desde su independencia en 1956. La dictadura nacionalista de Burguiba tuvo continuación en la etapa de su ‘delfín traidor', Ben Alí. El régimen combinó un autoritarismo a veces brutal con una amable atracción de capitales e intereses occidentales (franceses e italianos sobre todo) y pareció mantenerse si no al margen de todas las ‘epidemias’ políticas, sociales y religiosas, al menos en la zona menos expuesta a riesgos radicales o extremistas.
                
La ‘revolución’ de 2011 hizo aflorar tensiones y contradicciones que la represión había mantenido congeladas. La inestabilidad de los gobiernos de la transición democrática hizo temer una deriva violenta o autoritaria, pero finalmente, los dirigentes políticos encontraron fórmulas de conciliación para mantener encarrilado el proceso.
                
Más allá de los pulsos políticos, la preocupación fundamental de los tunecinos es la situación económica y social. La economía se encuentra estancada. Algunos observadores achacan esta situación a la falta de reformas durante estos años, en parte debido a la inestabilidad política. Dos economistas del Banco Mundial que han estudiado ‘in situ’ la evolución económica del país desde una óptica liberal consideran que los gobiernos de la transición no han desmontado el modelo de Ben Alí, caracterizado por el control burocrático, las trabas al capital extranjero, la atonía inversora y la corrupción (2).
                
Este continuismo económico ha imposibilitado políticas activas para afrontar las necesidades sociales. Túnez dispone de una población joven razonablemente bien formada pero sin apenas posibilidades de obtener buenos empleos. Esta frustración, unida a la que arrastran los sectores menos favorecidos de la sociedad, ha generado un clima de desafección hacia las fuerzas políticas y el desaliento ante el horizonte democrático (3).
                
EL RIESGO EXTREMISTA Y LA INJERENCIA EXTERNA

Como consecuencia de estos fracasos, el islamismo más radical ha ganado adeptos, hasta el punto de que un país caracterizado tradicionalmente por su moderación se ha convertido en el principal vivero de efectivos yihadistas externos con destino a las guerras de Siria e Irak. Se contabilizan más de 2.000 jóvenes tunecinos combatientes en las filas del Estado Islámico o en el Frente Al-Nusra (la franquicia de Al Qaeda en Siria).

Son muchos más los que, sin tomar las armas, se confiesan desencantados con la democracia y atraídos por el mensaje redentor y antioccidental de los extremistas islámicos, no obstante el estupor que ha causado a algunos de los combatientes que han regresado de aquellos campos de batalla la sangrienta división entre fuerzas islamistas (3).
                
Otra clave de la batalla política tunecina es el patronazgo exterior, importante fuente de respaldo económico. El país, como otros del Magreb, es escenario de un pulso entre las potencias petroleras del Golfo Pérsico por afianzar su hegemonía política en la región. Qatar es el principal sostén de Ennahda, como lo fue en su día de los Hermanos musulmanes egipcios o de otras fuerzas combatientes en el pandemónium libio. Por el contrario, los Emiratos Árabes Unidos, por encargo de su socio mayor, Arabia Saudí, ha apoyado de manera intensa la opción de Nidaa Tounes, por ser la única fuerza capaz de frenar al islamismo, en coherencia con su actitud de respaldo al general Al-Sisi en el vecino Egipto (4).

(1)      Dos interesantes artículos del Centro de estudios sobre Oriente Medio ‘RAFIK HARIRI’, asociado al ATLANTIC COUNCIL, abordan los problemas de la transición tunecina y las perspectivas de futuro: “Tunisia’s elections, a test of commitment”, de DUNCAN PICKARD, y “Tunisia’s 2014 elections: the search for a post-transitional order”, de HAYKEL BEN MAHFOUDH, profesor de la Universidad de Cartago.

(2)      Una macroencuesta financiada por el Fondo de la ONU para la Democracia y realizada por varias instituciones refleja esta desilusión con la democracia y la opinión de amplios sectores sociales.  THE WASHINGTON POST, 22 de Octubre.

(3)      “Tunisia’s economic status quo”. NUCITORA Y CHURCHILL. THE WASHINGTON POST, 22 de Octubre

(4)      “New freedoms in Tunisia drive support for ISIS”. DAVID KIRPATRICK.THE NEW YORK TIMES, 21 de Octubre.

(5)      “Tunisia’s elections amid a Middle East Cold War”. YOUSSEF CHERIF. ATLANTIC COUNCIL, HARIRI CENTER, 22 de Octubre.



BRASIL Y URUGUAY: LA IZQUIERDA TENDRÁ QUE DEFENDER DURAMENTE SU TRIUNFO

27 de Octubre de 2014

                
El ajustadísimo triunfo de Dilma Roussef en Brasil y la esperada victoria en primera vuelta de Tabaré Vázquez en Uruguay confirma el respaldo de la mayoría social a la propuesta de una izquierda moderada en Suramérica. Pero ambos (si Vázquez se impone definitivamente, lo que no está claro aún) tienen por delante un camino difícil para evitar el regreso de políticas neoliberales, aunque no se atrevan a denominarse como tales.
                
BRASIL, UN PAÍS DIVIDIDO
                
Las elecciones brasileñas reflejan un panorama ciertamente inquietante: el país está dividido en un eje norte-sur, más claramente que nunca y la atomización política se consolida. Dilma Roussef ha ganado por algo más de tres puntos (51,68% frente a 48,36%), gracias al apoyo masivo recibido en el norte y nordeste y el triunfo en Minas Gerais. Éste es el único estado de los llamados "ricos" que la han apoyado, en parte porque es el suyo... pero también el de su competidor; de hecho, "más suyo", por así decirlo, ya que Aecio Neves fue su gobernador y donde impulsó su carrera política.
                
La derrota de la presidenta en el sur era esperada. Y aunque en Sao Paulo, el estado más poblado y próspero del país, haya obtenido un resultado decente, parece evidente que las grietas sociales afloradas hace dos años y el escándalo de las cuentas del Mundial de fútbol han pasado factura. En el sur viven millones de personas que esperan más soluciones de la izquierda, pero no confían lo suficiente para votar y superar el sufragio liberal-conservador.
                
Dilma tiene por delante una tarea especialmente complicada por el deterioro de la situación económica, debido al estancamiento de la producción y la amenaza de una inflación creciente, que pone en peligro la sostenibilidad de los programas sociales, clave del éxito de la izquierda moderada en la última década.
                
El otro elemento perturbador es la persistencia reforzada de un Congreso hostil, fragmentado, caótico y pasto de maniobras perversas e ilícitas. Hasta 28 partidos o formaciones políticas tendrán representación en el legislativo. El PT, de Dilma y Lula, sólo cuenta con 70 de los 513 diputados de la Cámara baja, aunque mantiene acuerdos con varios partidos, lo que le permite reunir el apoyo de unos trescientos parlamentarios. El precio que tendrá que pagar por ello es motivo de preocupación, como lo indica la historia reciente. En el Senado, la situación de la presidente es aún más frágil, ya que ni siquiera dispone de una cuarta parte de los escaños (12), frente a los 28 de la oposición, de un total de 53.
                
Este panorama no es fruto simplemente de la pluralidad política, sino de un sistema partidario y político poco racional y de difícil gestión. No es de extrañar que, en su primera alocución tras confirmarse su reelección, Dilma Roussef haya prometido acometer la reforma política y, naturalmente, la corrupción, estrechamente ligada a las disfunciones del sistema.
                
En definitiva, una reelección que aleja el fantasma de la revisión de los avances sociales y otorga a la izquierda brasileña una oportunidad adicional para consolidar su proyecto político, pero que le apremia a no demorar otros cambios imprescindibles para conjurar peligros futuros.  Síntoma de las dudas: ya se ha airea en el PT la candidatura de Lula para 2018. De confirmarse, habría fracasado otra tarea pendiente: la renovación.
                 
URUGUAY: DEBATE SOBRE EL LEGADO DE MUJICA
                
En Uruguay, los resultados de la primera vuelta confirman en líneas generales las previsiones. Ventaja del ex-presidente y candidato del Frente Amplio, Tabaré Vázquez, pero resultado aceptable de su oponente de la derecha, el joven aspirante Luis Lacalle Pou pueda tener opciones en la ronda definitiva. La diferencia de doce a trece puntos parece suficiente, pero podría evaporarse si las discrepancias en la izquierda uruguaya no se gestionan adecuadamente.
                
La presidencia de 'Pepe' Mujica, valorada de forma entusiasta por los sectores progresistas europeos por su honradez, austeridad, sinceridad y 'originalidad' suscita, sin embargo, un debate no resuelto en la propia izquierda uruguaya. Aunque las virtudes personales del presidente no se cuestionan, algunas de sus políticas (y, sobre todo, su estilo personalista y descuidado de las habituales exigencias políticas), han terminado aflorando en la campaña. La polémica por la legalización de la marihuana es el ejemplo más citado, pero en otros asuntos de mayor calado, la incomodidad del candidato Tabaré con "su" Presidente ha sido demasiado patente.
                
Las opciones de la derecha uruguaya no residen en  sus méritos de gestión en los noventa, apegada a las recetas neoliberales del 'consenso de Washington'. Por no hablar del mal olor que aún desprende su pasividad durante los gobiernos militares. A pesar de sus conquistas innegables en materia social, el aumento de la igualdad y la reducción de la pobreza, el principal pasivo del gobierno del Frente Amplio explotado por la oposición liberal-conservadora es el incremento de la inseguridad ciudadana, un fenómeno relativamente reciente en Uruguay.  En este asunto, como siempre, hay parte de verdad y parte de percepción o de demagogia, pero es cierto que la población es sensible al aumento de la delincuencia y muy especialmente, al aumento del robo a mano armada.
                
El candidato de la oposición, Luis Lacalle, ha diseñado una campaña moderada, en cierto modo elegante, en la que no ha regateado reconocimientos a Mujica, pero sin dejar de mostrarse incisivo en este asunto de la inseguridad;  y, para más escarnio del presidente, en el "fracaso" del que era su principal objetivo declarado: la mejora de la educación. El propio Mujica ha admitido que no se siente satisfecho.
                
Para seguir gobernando, el Frente Amplio puede necesitar los votos de pequeñas formaciones externas, de centro o de izquierda, para contrarrestar el seguro realineamiento de la derecha en torno al candidato del Partido Colorado. Como Aecio Neves, el candidato uruguayo es hijo de presidente. Pero el joven Lacalle al que ha preferido mantener a su padre (del mismo nombre) al margen de su campaña, para conjurar la herencia económica neoliberal y afirmar la imagen de renovación y rejuvenecimiento. Este factor podría tener cierta importancia entre las clases medias profesionales. Lacalle quiere poner énfasis en las dificultades de la izquierda para "producir" nuevos líderes. No en vano, si regresara a la presidencia, Vázquez gobernaría con más de setenta años. Como en Brasil, la izquierda necesita en Uruguay demostrar que es capaz de mantener las ideas fundamentales, pero también renovar mensajes y personas.
                                

                                

LA PRÓXIMA PESADILLA DE OBAMA

23 de Octubre de 2014
                
Podría ser una complicación mayor de “su” guerra contra el terrorismo islámico, la reanudación de los combates en Ucrania y la necesidad de abordar un enfrentamiento más áspero con Putin, o el fracaso de las negociaciones sobre el programa nuclear de Irán.
                
Sin embargo, lo más probable es que la próxima pesadilla del Presidente de los Estados Unidos sea de naturaleza interna: que sus correligionarios demócratas pierdan el control del Senado en las elecciones de “medio mandato”, el  4 de noviembre. En la actualidad, los demócratas tienen una confortable mayoría de diez escaños en la Cámara Alta (53 frente a 45 republicanos y dos independientes). De ahí que, para perderla, deberían sufrir una derrota de consideración. Pero los sondeos anticipan como probable este escenario. Naturalmente, se da por hecho que los republicanos mantendrán su mayoría en la Cámara de Representantes.
                
Aunque no se sea candidato, Obama se juega mucho en las elecciones de noviembre, como les ha ocurrido a sus antecesores en la fase final de la presidencia. Que no haya opción de reelección a la vista no disminuye la importancia del desafío electoral. Todo lo contrario. Este periodo final de un presidente es crítico para definir lo que en el lenguaje político norteamericano se conoce como el “legado”.
                
SOMBRAS SOBRE EL LEGADO

Obama vive horas difíciles. O muy difíciles. Lo han sido casi todas, desde que accedió al puesto de poder más importante del mundo. Con excepción de los primeros meses –de gracia, o de inercia del entusiasmo o las esperanzas que despertó-, el primer afro-americano que llega al Despacho Oval ha sufrido un desgaste sin contemplaciones de sus rivales políticos, de sus propios colaboradores desengañados o simplemente descontentos por el papel al que se sentían relegados por su jefe, o por los grandes intereses corporativos (económicos, militares o burocráticos) que lo han percibido como un dirigente al que se podía hacer jugar en un terreno hostil a las ideas que afirmaba defender.
                
Lo peor para Obama es que muchos dirigentes de la élite demócrata huyen de él como valor a la baja o quemado. El presidente no genera confianza entre amplios sectores de la población. La tarea de sus rivales ha hecho mella en la credibilidad que pueda conservar entre la clase media, todavía mayoritaria. Curiosamente, los candidatos cortejan más a su mujer, Michelle, muy popular, que a él mismo.
                
Las perspectivas demócratas son especialmente negativas en estados como Arkansas, Carolina del Norte, Montana, Dakota del Sur, Virginia Occidental, Luisiana y Alaska. En algún otro, como Kansas, ni siquiera habrá candidato demócrata, porque el llamado a serlo desistió ante la emergencia de un empresario local que le disputará el sillón al republicano saliente.
                
LA DECEPCIÓN DE LOS HISPANOS

Entre los demócratas, se teme especialmente, el desencanto de la población latina, que tanta importancia tuvo en la elección de Obama, y aún más en su reelección: en 2012, el presidente obtuvo 3 de cada 4 votos hispanos.

Dos años después, en este electorado se percibe una decepción notable por el fracaso de la reforma migratoria. Los responsables son fundamentalmente los republicanos. Hicieron valer su mayoría en la Cámara Baja para bloquear la ley pactada en el Senado, que otorgaba derecho de ciudadanía a los 11 millones de inmigrantes, utilizando como excusa que se abría la puerta a la “amnistía” a los "ilegales".

No obstante, el propio Obama se ha mostrado tibio o indeciso en la defensa de sus planteamientos, cuando no directamente miedoso; de hecho, se replegó después de haber proclamado que estaba dispuesto a una lucha tenaz para doblar el brazo de los republicanos más reticentes con la regularización migratoria.
                
VIENTOS MODERADOS REPUBLICANOS

Otro elemento que concurre en la tendencia negativa para los demócratas es el realineamiento de la oposición en torno a un discurso menos extremista. En 2010, en las primeras elecciones de “medio mandato” de Obama, el auge del Tea Party había conseguido quemar y eliminar a muchos candidatos republicanos en las primarias internas del partido, privando al Great Old Party de conquistar el voto moderado de las clases medias. De ello se aprovecharon los candidatos demócratas el Congreso.
                
Ahora, tras sucesivos fracasos, el atractivo ultraconservador del Tea Party se ha debilitado notablemente, lo que ha generado iniciativas políticas más templadas en el Partido Republicano, algunas con perspectivas razonables de abrirse camino en el corazón de los votantes tradicionales. Una de las más significativas es la promovida por Eric Cantor, anterior líder de los republicanos en la Cámara de Representante, que perdió su asiento por la vehemente campaña en contra protagonizada por aquel grupo extremista.
                
La corriente reformista no llega madura a estas elecciones de noviembre, pero su crecimiento es un síntoma del agotamiento de las formulas radicales en la derecha de Estados Unidos. En otro momento nos ocuparemos de analizar estas propuestas programáticas, que no cuestionan la tendencia conservadora en lo social y liberal en lo económico, pero abandonan un lenguaje estrictamente combativo y superan ciertos dogmas de los ochenta (2).
                
EL DECISIVO VOTO AFROAMERICANO

Entre tanto augurio negativo, el factor más decisivo para que los demócratas puedan mantener el control del Senado y, en consecuencia, favorecer un remate positivo al mandato de Obama y a su legado presidencial reside en los afroamericanos. En pocas ocasiones como en ésta el voto negro puede decidir unas elecciones.
                
Un informe confidencial de un estratega electoral (‘pollster’) que no se le cae al Presidente de las manos (2) indicaría que el incremento de la afluencia a las urnas de los afroamericanos puede significar el triunfo en algunos de los estados antes mencionados (Arkansas, Carolina del Norte o Luisiana), tener gran influencia en Kentucky y Georgia y resultar de mucha ayuda en otros muchos. La presidenta del caucus afro-americano, Marcia L. Fudge, afirma que “sin el voto negro y mulato, los demócratas no podremos ganar”.
                
Sorprendentemente, muchos candidatos demócratas o no conocen estos datos, o no los comparten, o consideran que no son concluyentes, y no están trabajando con el esfuerzo y la paciencia que merece este voto negro. Igual que ocurrió con los latinos, el apoyo electoral afroamericano hizo posible, decisivamente, la continuidad de Obama en la Casa Blanca. Y en el caso de esta población, contrariamente a lo que ocurre con los latinos, el desgaste del Presidente ha sido menor y su capacidad de convocar “a los suyos” a las urnas permanece, si no intacta, al menos razonablemente alta.

Los estrategas que comparten este análisis consideran que aún hay tiempo para evitar una catástrofe demócrata en noviembre y una pesadilla más para el Obama.


(1) “The Right Stuff. The Reformers Trying to Remake the Republican Party”. BYRON YORK. FOREIGN AFFAIRS, September/October 2014

(2) “Black Vote is seen as last hope for Democrats to Hold Senate”. SHERYL GAY STOLBERG. NEW YORK TIMES, Oct.18, 2014

'LUNA LLENA' EN BOLIVIA

14 de Octubre de 2014
                
El tercer triunfo consecutivo de Evo Morales en Bolivia no ha sorprendido a casi nadie. Pero -algo impensable hasta hace poco- es que ha irritado o molestado a muy pocos. Con el 60% de los votos, apenas cuatro puntos menos que hace cinco años, el líder indigenista ha derrotado a una oposición dividida e incapaz de presentar una alternativa creíble. Su adversario más votado, el empresario Samuel Doria, apenas ha alcanzado el 25% de los votos.
               
LA REIVINDICACIÓN DEL 'INDIO'
                
Así se autocalificaba Evo Morales en una entrevista con este comentarista, en una entrevista realizada para el programa EN PORTADA, de Televisión Española, en 2005, cuando todavía no era ni siquiera candidato. Era entonces parlamentario y líder del MAS (Movimiento al Socialismo), un bloque político articulado en torno a la convergencia de organizaciones populares de base. Sólo le acreditaba su experiencia movilizadora como líder sindical de los pequeños productores de coca. Para sus enemigos, era un peligro, un "tapado de Chávez", un "agente de las FARC", un peligro para la convivencia nacional, una vergüenza mundial teñida de coca. "Etiquetas, descalificaciones para que no gobierne el indio", respondía Evo Morales.
                
El "indio" consiguió armar una candidatura, pergeñar un programa y construir una mayoría social. Ganó las elecciones. Y gobernó. La élite social y política nunca aceptó de buen grado que un hombre como Evo Morales ocupara el Palacio Quemado. Ese lugar, sede de la presidencia boliviana, estaba reservada al criollo. Oligarca o intelectual, pero criollo. Es decir, a la minoría. Más que el palacio, los 'quemados' eran sus inquilinos: de los 83 presidentes anteriores a Morales, 36 duraron menos de un año, la mayoría depuestos por un golpe militar.
                
Los "indios" eran considerados incapaces. Literalmente. Hasta la revolución "nacionalista" de 1952, liderada en por Víctor Paz Estensoro (otro criollo), a los indios ni siquiera se les permitía entrar en el centro de La Paz, "porque estaban sucios", como recuerdan a los periodistas extranjeros que se interesan por la historia boliviana.
                
Hoy en día, Evo Morales ha conseguido encarnar la dignidad triunfante de esa mayoría indígena. Sin violencia, sin dictadura. La clave de este éxito reside en su habilidad para no dejarse atrapar en un discurso redentor. Contrariamente a Chávez, ha sido pragmático sin apartarse de sus objetivos de redistribución de recursos. Algunos datos son ilustrativos. El PIB se ha triplicado en estos años hasta alcanzar los 30.000 millones de dólares en 2013, según el poco sospechoso Banco Mundial. En similar proporción ha aumentado la renta per cápita (de 1.000 a 2.800 dólares) El crecimiento económico ha mantenido una media del 5% anual (el 6,8% el año pasado). La discutida nacionalización parcial del sector energético ha proporcionado al Estado el 80 por ciento de esos recursos naturales, frente al 20 por ciento en las etapas anteriores, lo que, en términos absolutos ha supuesto quintuplicar los ingresos por exportaciones (de dos mil a diez millones de dólares). Las reservas del país alcanzan los 15.000 millones de dólares, una cifra sin precedentes.
                
Con este considerable capital (económico y político), Evo Morales y su dupla asistente (el vicepresidente Garcia Linares y el pragmático Ministro de Economía, Luis Alberto Arce), han sabido diseñar un ambicioso programa de redistribución, que presenta datos incontestables. Bolivia disfruta hoy de pleno empleo y los salarios más bajos se han elevado notablemente (un 20% sólo en el último año.  La pobreza se ha reducido como en ningún otro país de la región latinoamericana: de un 60% a un 45% (datos de 2011); en el caso de la 'pobreza extrema', el descenso ha sido del 37 al 18,7 por ciento. El gasto público se ha triplicado para sostener unos programas sociales de amplio alcance, que han beneficiado a una tercera parte de la población. La UNESCO acredita que Bolivia ha superado el analfabetismo.
                
RETOS PENDIENTES
                
Los críticos -rivales políticos, empresa privada, medios dominados por capital extranjero-  sostienen que este balance innegablemente positivo se ha debido en gran parte a una coyuntura económica favorable, impulsada por la demanda de materias primas, y también a las inversiones realizadas en los noventa, que arrojaron frutos en estos últimos años y, por tanto, no puede atribuirse a un mérito del actual presidente. Además,  advierten de los problemas estructurales que Morales no ha resuelto y podrían provocar tensiones muy lesivas en poco tiempo (la llamada "trampa del crecimiento").
                
Los escépticos con el 'modelo comunitarista' actual señalan que Bolivia sólo dispone de diez años de reservas energéticas y el Estado apenas invierte 400 millones de dólares en la exploración de nuevos yacimientos. Necesita, por tanto, capital extranjero para financiar nuevas exploraciones y el discurso antiimperialista de Evo Morales no pone fácil su obtención.
                
También denuncian los críticos instintos autoritarios del presidente. O su pretendido proyecto de perpetuarse en el poder, si la mayoría parlamentaria le permite cambiar la Constitución. De hecho, una interpretación polémica de las leyes le ha permitido acceder a este mandato por haber adelantado las elecciones en 2009.
                
Otro reproche habitual en los primeros años del gobierno del ex-sindicalista cocalero era el peso de este producto en la economía nacional, debido a la defensa cultural y emocional que Evo exhibía sin rubor. Cuando el ex-sindicalista expulsó a las agencias norteamericanas del país, se pronosticó un incremento incontrolado de la producción de la hoja mágica. En cambio, la producción de coca se ha reducido en Bolivia en los dos últimos años, según la ONU, debido a los "esfuerzos del gobierno por erradicar y racionalizar" el tamaño de las explotaciones, aunque también ha influido el agotamiento de la fertilidad de las tierras.
                
Aparte de las críticas de sectores conservadores o liberales, también se han producido tensiones en los movimientos populares. Las más ruidosas han sido las protestas sociales por el aumento del precio de los combustibles (2010) o por el impacto ecológico de nuevos proyectos industriales. Ante estos desafíos provenientes de su base social, Morales ha actuado con firmeza, pero también con flexibilidad, lo que ha desmentido algunos pronósticos de falta de estatura política.

                
En definitiva, Morales ha conjurado los augurios y ha conseguido imponerse ahora en todos los departamentos del este del país (excepto Beni), en esa zona denominada la "media luna" boliviana, que se resistió a su ascenso hace ocho años. De ahí que, para celebrar su triunfo este 12 de octubre (fecha emblemática para un combatiente anticolonialista), Evo proclamara que en Bolivia "hay luna llena".

LA GUERRA DE OBAMA SE COMPLICA

10 de Octubre de 2014
                
La versión 'obamiana' de la 'guerra contra el terrorismo' se está encontrando con problemas crecientes. Enumeremos los más importantes: eficacia menor de lo esperado de los ataques aéreos y navales, resistencia notable de los yihadistas y capacidad táctica para ponerse a salvo, renuencia de algunos aliados a implicarse en el combate, rumores de desavenencias en las esfera militar sobre las decisiones de la Casa Blanca, apoyo demasiado crítico de la oposición, aparición de otros focos de conflictos generados por la propia decisión de intervenir militarmente. Ninguno de estos problemas es de orden menor.
                
UNA RESISTENCIA INESPERADA
                
Después de un mes de sesenta días de bombardeos, no domina la impresión de que el 'enemigo' es más débil y la amenaza más lejana. El EI no sólo mantiene la mayor parte de sus ganancias territoriales (exceptuando la presa próxima a Mosul y el repliegue en el Monte Sinjar, en todo caso, retrocesos menores), sino que se atreve a estrechar el cerco sobre otros objetivos de cierta trascendencia: la ciudad de Kobane, en el Kurdistán sirio, y la provincia iraquí de Anbar, de mayoría sunní.
                
Los combatientes islámicos han sido muy inteligentes en la obligada protección frente a tal lluvia de fuego. Por supuesto, han perdido hombres (no hay cifras fiables), material (camiones, apoyos logísticos) bienes (refinerías de petróleo seriamente dañadas, cuarteles y centros de mando)  y capacidad militar (carros de combate, blindados, piezas de artillería, armas ligeras, cuarteles, etc.).
                
¿'MATAR MOSQUITOS A CAÑONAZOS'?
                
Estos días, algunos medios han ofrecido un ángulo curioso del balance de la operación: el coste económico. El Pentágono asegura que se ha gastado más de mil millones de dólares en combatir al EI desde el pasado mes de junio. Una inversión considerable para unos resultados más bien modestos. El ataque más barato (un avión lanzando una única carga) cuesta no menos de 50.000 dólares. Una hora en vuelo de los principales aviones que bombardean las posiciones islamistas no sale por menos de 10.000 dólares (hasta 20.000, en el caso de los más sofisticados), y eso sin contar las bombas o explosivos empleados. Para destruir carros de combate que tienen un valor de 6 millones de dólares o vehículos blindados de apenas 200.000 dólares, el Pentágono está empleando aviones que cuestan en torno a 200 millones dólares cada uno; o, en la más barata de las opciones, un misil Tomahawk,  valorado en un millón de dólares (1).Para añadir más salsa a estas cifras, la mayor parte de las armas yihadistas son de fabricación estadounidense y fueron vendidas o entregadas por Washington a Irak para elevar la capacidad de combate de sus fuerzas armadas.
               
 LA RENUENCIA TURCA
                
A estas llamativas consideraciones (por lo demás aplicables a otras operaciones militares norteamericanas de los últimos veinte años), se añaden otros elementos más inquietantes. Uno de los más graves es la difícil negociación con Turquía para que impida la toma yihadista de Kobane, en el Kurdistán sirio, a sólo unos kilómetros de su frontera sur.
                
El actual gobierno turco se enfrenta a un dilema de muy difícil resolución. No desea el avance del EI, y menos en sus propias fronteras. Pero teme tanto o más que una intervención militar termine reforzando a los militantes kurdos que son fuertes en esa zona y están aliados al PKK, el partido independentista kurdo de Turquía. Aunque esta formación dice haber renunciado a la separación de Turquía, tras los duros golpes sufridos en los años noventa y las negociaciones con Ankara durante los primeros años de Erdogan, lo cierto es que los dirigentes turcos siguen albergando una enorme desconfianza hacia las intenciones kurdas.
                
El primer ministro turco no comparte la estrategia norteamericana de centrarse en la aniquilación del Estado Islámico, aún a costa de prolongar la vida del actual régimen sirio, aunque ese no sea el objetivo. Erdogan pide a los norteamericanos que equilibre sus esfuerzos militares, pero Obama ya ha dejado claro que no es su intención comprometerse en una operación militar que, de forma directa y precisa, contribuya a debilitar al patrón de Damasco. En esto coincide con el sentimiento de una buena parte de la oposición armada siria, que se declara decepcionada porque Obama, ahora que decide implicarse en la guerra de su país, no lo haga en la forma y con los objetivos que ellos han venido solicitando desde hace tres años.
                
Turquía plantea crear una especie de "zona tampón" en el norte de Siria, donde los combatientes de la oposición se reorganicen y disfruten de una zona segura para relanzar su ofensiva contra el régimen. El Secretario de Estado Kerry se permitió mostrarse interesado por la idea, pero el Pentágono la recibió enseguida con frialdad y la Casa Blanca ha optado por descartarla. Para crear esa "zona tampón", Estados Unidos debería establecer un área de exclusión aérea sobre el territorio, para impedir la actividad militar siria. En definitiva, una diversión del objetivo declarado de eliminar la "amenaza yihadista".
                
Este malestar del gobierno turco por la negativa norteamericana a aceptar sus prioridades ha motivado la pasividad ante el cerco islamista de Kobane. Los kurdos del otro lado de la frontera y de otras regiones de Turquía donde constituyen un importante porcentaje de la población han protagonizado fuertes protestas, que el gobierno se ha visto obligado a reprimir con una violencia que hacía años que no se veía en el Kurdistán turco. Como dice un profesor turco residente en Estados Unidos, la política de Erdogan pone en peligro los logros obtenidos en la primera parte de su mandato sobre la cuestión kurda (2).
                
Otros observadores más desconfiados creen que Erdogan no está en el fondo demasiado interesado en la destrucción del EI (después de todo, sunníes, por extremistas que sean), si ello refuerza la supervivencia del régimen sirio (alauí, aliados de los chiíes). Las pretensiones de un cierto liderazgo en la zona podrían orientar las decisiones del presidente turco. Pero es evidente que la perspectiva de un reforzamiento regional de los kurdos alarma no sólo a Erdogan y su partido islamo-conservador, sino a la mayoría de la élite turca.
                
Washington no ha contribuido a tranquilizar al aliado turco con sus contactos discretos con militantes kurdos sirios aliados del PKK, desde hace al menos dos años, como parte de sus esfuerzos por integrar a la oposición contra Assad, a pesar de que ese grupo se encontraba en la lista norteamericana de organizaciones terroristas. En ciertos sectores de la cúspide del poder turco se tiene la impresión de que la Casa Blanca ha hecho distinciones inquietantes entre "terroristas útiles" y "terroristas a destruir" que resultan del todo inaceptables.


(1) Estos datos están recogidos en un artículo de JUSTINE DRENNAN para FOREIGN POLICY,  del 8 de Octubre de 2014.

(2) "Turkey's  dangereous  Bet on Syria". SINAN ULGEN. THE NEW YORK TIMES, 9 de Octubre de 2014.