29 de octubre de 2026
Tres elecciones, tres frenazos a ultraderechas nacionalistas, distintas y distantes, pero unidas por vinculaciones, de distinta naturaleza e intensidad, con el movimiento MAGA de Estados Unidos y el propósito de transformar sus respectivos sistemas políticos en democracias autoritarias y fuertemente conservadoras.
Derrota de la derecha
nacionalista heredera del régimen de Milosevic (aunque mucho más pragmática),
en Serbia; fiasco, polémica de corto vuelo y huida de Flávio Bolsonaro, hijo
del patriarca (Jair); y en el más confuso caso de Israel, notable retroceso del
bloque ultranacionalista genocida, pero sin que la alternativa liberal de
centro disponga de los apoyos para gobernar, salvo dificultosa alianza con los
árabes.
BRASIL: ACTO 2º DE UNA LARGA
CONFRONTACIÓN
La victoria in extremis y
un tanto sorpresiva de Lula en la segunda vuelta de las elecciones
presidenciales de Brasil no zanja el peligro de la extrema derecha.
La primera reacción de Flavio
Bolsonaro, inmediata e instintiva, fue seguir los pasos de su padre: no aceptar
el resultado, pedir la anulación y exigir la repetición electoral, argumentando
la nulidad de la decisión de un juez federal que autorizó la prolongación en
dos horas de la jornada electoral debido a problemas de tráfico y movilidad.
Luego, un juez del Tribunal Supremo
ordenó a la policía que le retirara el pasaporte por estar incurso en investigaciones
sobre blanqueo de dinero y otros casos de corrupción. Después de horas de
confusión e incertidumbre, Bolsonaro Jr. apareció en Florida, el estado donde
Trump tiene su residencia más emblemática (Mar-e-Lago) y feudo de los exiliados
ultraderechistas latinoamericanos. Desde allí se ha proclamado Presidente
electo y ha vuelto a denunciar fraude electoral.
Vodevil político aparte, lo más
inquietante es la división del país por la mitad. Lula ha superado a su rival
por menos de 4 millones de votos, 3,5 puntos porcentuales. El octogenario exdirigente
sindical ha dominado en el norte amazónico y el nordeste costero y el líder ultraderechista
en el Oeste agrario y en el interior de los estados orientales costeros del sur.
Elecciones Presidenciales de Brasil (1ª Vuelta)

Elecciones Presidenciales de Brasil (2ª Vuelta)
La escisión geográfica del voto
indica que el apoyo de los trabajadores organizados en las grandes ciudades le
ha dado el triunfo a Lula, pero no así en el conjunto de los Estados (Sao
Paulo, Río de Janeiro y Rio Grande do Sul), donde se ha impuesto el segundo de
la saga Bolsonaro. Las regiones del
nordeste, donde nació la leyenda del aquel menudo luchador contra la
explotación de los trabajadores agrícolas, siguen siendo fieles a Lula.
Al final, el único cambio, pero
decisivo, se ha producido en Minas Gerais, que se ha inclinado también por el
centro-izquierda, pese a que algunos pronósticos auguraban un triunfo del
candidato ultra.
Por el contrario, las poblaciones
rurales controladas por los propietarios agrarios, como los Mato Groso, Goiás y
otras, y algunos capas urbanas de ciudades han preferido optar por un personaje oscuro
como Flavio Bolsonaro.
Los análisis de las últimas
semanas predecían casi por unanimidad la derrota de Lula, basándose en una
premisa discutible: el abandono de las clases medias. La tesis se apoyaba en
una paradoja: los programas de lucha contra la pobreza (Bolsa Familia y
otros) han creado una masa ingente de ciudadanos que habían visto inicialmente
mejoradas sus condiciones de vida, pero posteriormente esas ganancias se las había
comido el alza inclemente de los precios de productos básicos (1). Esta
inversión social habría producido un nivel de desafección suficiente para
impedir la cuarta victoria electoral del viejo líder de la izquierda brasileña,
que ha ido evolucionado desde un obrerismo cristiano reivindicativo hasta el
centro-izquierda actual.
Parece claro que los votantes de
otras opciones de izquierda, y de parte de la derecha moderada se han movilizado
para respaldar a Lula, ya que éste ha ganado 6,5 puntos en el porcentaje de
votos, mientras su rival extremista sólo ha logrado aumentar 1 punto. La
abstención no ha llegado al 20%, la cifra más baja de las últimas elecciones.
Lula tendrá que afrontar su
mandato gubernamental más complicado, con un Congreso dominado por el Partido
Liberal de los Bolsonaro y sus aliados, que venderán muy cara cualquier
iniciativa presentada por el Presidente de la República.
El mundo de los negocios y los
portavoces de la derecha ya se han pronunciado: caída de la Bolsa en un 14% y
8% de pérdida del real con respecto al dólar. La campaña para reducir la
deuda pública (ahora en el 9% del PIB) y recortar gasto ya está en marcha.
|
BLOQUES |
PARTIDOS |
CONGRESO |
SENADO |
|
PT +ALIADOS |
|
124 |
15 |
|
PL+ ALIADOS |
|
286 |
51 |
En sus anteriores mandatos, Lula
tuvo que renunciar a promesas y compromisos con los movimientos sociales que lo
habían respaldado para llegar o continuar en Planalto: una reforma agraria más
ambiciosa, el abandono de los recortes sociales, el cambio del sistema que ata
la política al dinero y el reforzamiento de las medidas anticorrupción.
Por no si no fuera poco, este
Brasil progresista a medias verá complicado su liderazgo natural en el
subcontinente, rodeado de gobiernos ultras en Argentina, Chile, Perú, Ecuador y
Colombia (junto al más moderado de Bolivia). Sólo podrá contar como socio
progresista, con Uruguay. Y lo que es más inquietante, el nuevo gobierno en
Brasilia tendrá que batallar con la animadversión de un Trump en caída libre,
cada vez más aislado en Washington y deseoso de asegurarse el mayor botín familiar
posible.
Esta por ver si Lula, ante este
entorno desfavorable, adopta una posición combativa y de movilización de sus
erosionadas bases sociales; o si toma un rumbo más centrista, presionado por un
legislativo que no contaba con su continuidad.
En política exterior, intentará
preservar sus vínculos con Europa, pero sin poner en riesgo sus relaciones
pragmáticas con China. La noche del triunfo electoral, en medio de una euforia
no prevista, Lula proclamó: “Brasil no será el patio trasero de nadie”, en
clara alusión a Estados Unidos.
SERBIA: LA DERROTA DEL EQUILIBRISTA VUCIC
La derrota de Alexander Vucic, el
líder del Partido Progresista serbio (nombre equívoco como casi todos los de
las formaciones nacionalistas radicales), se había anticipado, debido a la
pujanza que había adquirido el movimiento de protesta estudiantil.
El origen de la movilización
juvenil fue la indignación ciudadana provocada por el derrumbe de una
marquesina en la estación ferroviaria de Novi Sad, la segunda ciudad del país,
en 2016, que causó 16 muertos. Las protestas fueron in crescendo debido
a la ausencia de responsabilidades y el desprecio de las autoridades.
En sus catorce años en el poder, Vucic
ha utilizado el viejo libreto del régimen de Milosevic, en el que participó
como Ministro de Información (más bien, propaganda): ignorar el contenido
político de las demandas y mostrar una cínica actitud compasiva por las
víctimas. El Presidente serbio ha jugado estos años con varias barajas:
-Ha tratado de mantener el
diálogo con la Union Europa sobre el proceso de adhesión, aunque desde Bruselas
recibiera fríos mensajes de aplazamientos y condicionantes.
-Ha preservado la relación
prioritaria con Moscú, haciendo honor a la fortaleza de vínculo eslavista,
reforzado por la proximidad ideológica de los respectivos proyectos nacionales.
-Ha fomentado la penetración
económica de China en el país, con proyectos que, en ocasiones, han sido
contestados por su muy negativo impacto ecológico y contrarios a los derechos
laborales.
-Pero, sobre todo, ha forjado una
nueva relación con Estados Unidos, tras la irrupción de Trump, siempre con un
componente privado y personal: Belgrado ha favorecido los negocios familiares
del Presidente norteamericano, lo que ha dado nuevas alas al movimiento
contestatario de los estudiantes.
Vucic ha sufrido algunos reveses
recientes que habían debilitado su posición política internacional, nunca
saludable. Con la derrota electoral de su gran aliado en Europa, el primer
ministro húngaro, Viktor Orban, se quedó sin abogado en la esfera comunitaria.
El líder serbio trató de fortalecer su posición en los Balcanes, a través de
formaciones nacionalistas, para
justificar un rearme ideológico y la formación de un frente informal ante las
exigencias de Bruselas,con el objetivo de allanar las negociaciones de adhesión.
Vucic percibió la convergencia
autoritaria entre Trump y Putin como una oportunidad, que luego se fue
complicando por la prolongación de la guerra de Ucrania. Los gestos de equilibrista
entre Occidente y el eje China-Rusia y el aprovechamiento de las tensiones
transatlánticas no han sido suficientes para desactivar un movimiento de
protesta que ha terminado por convertirse en una verdadera alternativa de
poder. Está por ver si el nacionalismo serbio, tantas veces reconstruido,
aceptará su derrota, más allá de las amables palabras de concesión de Vucic,
nada más conocerse los resultados.
En todo caso, no debe esperarse
un giro muy radical de Serbia en política exterior. La idea de Serbia como
víctima está muy arraigada en la sociedad. El movimiento estudiantil se ha
centrado en política interna (derechos humanos, libertad de expresión,
independencia institucional) y nivel de vida. La falta de un liderazgo claro
abona la incertidumbre sobre el rumbo del país (2).
ISRAEL: VUELVE EL CAOS POLÍTICO
Y, finalmente, Israel. quizás la
elección más equívoca de este ciclo de contraste de la ultraderecha global. Con
el 90% de los votos escrutados, el
resultado, como se esperaba, no arroja luz sobre el futuro político interno del
país.
|
|
PARTIDOS |
ORIENTACIÓN |
ESCAÑOS
2026 |
ESCAÑOS
2022 |
|
|
Likud |
Ultraconserv. |
26 |
(32) |
|
Tkuma (Pº Sionista Relig.) + Zehut |
Ultraderechista radical |
6 |
(7) |
|
|
Oztma Yehudit (Poder Judío) |
Ultraderechista radical |
7 |
(7) |
|
|
Shas |
Ultraortodoxo |
7 |
(11) |
|
|
Yahadut Hatorah (Unión Torah) |
Ultraortodoxo |
7 |
(7) |
|
|
Total |
|
|
53 |
(64) |
|
|
Yashar (Honestidad) |
Centro liberal |
21 |
(12)* |
|
Yeish Atid+Yamina (Juntos) |
Centro-derecha |
12 |
(24) |
|
|
Ysrael Beitenu (Hogar Israel) |
Derecha |
7 |
(6) |
|
|
Demócratas (Laboristas y als.) |
Centro-izquierda |
8 |
(4) |
|
|
Total |
|
|
48 |
(46 )** |
|
|
Ra’am (Lista árabe unida) |
Islamista conservador |
7 |
(5) |
|
(Lista conjunta) |
Progresista |
12 |
(5) |
|
|
Total |
|
|
19 |
(10) |
* En 2022, el centrismo lo ocupó Unión Nacional (otro
partido encabezado por un exgeneral, Benny Gantz).
** Se suman los escaños
obtenidos por Unión Nacional y Hogar Israel.
Para gobernar, una coalición debe
reunir en su favor la mitad más uno (61) de los diputados de la Knesset
(Asamblea legislativa). Las dos opciones que se dibujan son:
- Coalición del Bloque Opositor con
los partidos árabes, que han sido los que han experimentado el mayor
crecimiento electoral. Esa combinación sumaría 67 escaños, suficiente para
gobernar). Opción muy forzada. Gadi Eisenkot, militar de carrera y líder centrista,
ha sido esquivo durante la campaña sobre esa colaboración. Sus aliados de
derecha lo han rechazado. En el clima actual, el acuerdo con los partidos
árabes mancha y desgasta, por su proximidad a los palestinos.
- Ruptura del bloque
antigubernamental por la derecha, para asegurar la continuidad del actual
gobierno. No es probable en el caso de Avigdor Lieberman, líder de
Ysrael Beitenu (histórico partido de la inmigrantes rusos), incompatible
con Netanyahu. Un poco más factible podría ser la opción de Naftalí Bennet,
aunque éste también ha tenido choques ásperos con al actual Primer Ministro:
Pero su socio en Juntos, Yair Lapid, tiene una trayectoria liberal que hace muy
improbable su alianza con el bloque ultra.
Frente a estas cuadraturas del
círculo solo caben tres salidas:
- Gobiernos alternos de la actual
coalición ultra y del bloque de centro-derecha. Se trata de una fórmula de
emergencia ensayada en el pasado, cuando no hubo combinación viable posible,
para eludir una nueva convocatoria electoral.
- Gobierno de unidad nacional. Una
variable inverosímil a priori, pero no descartable.
- Repetición de las elecciones,
según la pauta del periodo 2019-2022, cuando Israel celebró cinco comicios
antes de encontrar una fórmula estable de gobierno.
Lo esperable es que el Presidente
Herzog encargue a Netanyahu, como líder del partido más votado, la formación de
un gobierno. Las negociaciones se pueden prolongar semanas, incluso meses, y es
seguro que el líder conservador se lo tomará con calma. Cuando ya no sea
reglamentariamente posible la demora sin que salgan las cuentas, Herzog pasará
el testigo a Einsekot, que tampoco lo tendrá fácil. Si falla también en el
empeño, se convocarán de nuevo elecciones, salvo que un acuerdo de alternancia
o rotación emerja a última hora para eludir las urnas.
En todo este periodo, nada
cambiará. Israel seguirá con su política agresiva-represiva en los territorios
palestinos ocupados, ejecutará operaciones militares contra Irán y sus aliados tras las elecciones legislativas
en los Estados Unidos y continuará practicando el victimismo despectivo en sus
deterioradas relaciones con Europa.
Ni siquiera en el caso de un
hipotético gobierno del centro-derecha habrá giros de importancia. Eisenkot no
está a favor de volver a la fórmula de “dos Estados” para gestionar el problema
palestino, aunque frenará algo el expansionismo colonizador en la Cisjordania. En la guerra de Irán, tratará de
moderar actuaciones, pero sin renunciar a liquidar el programa nuclear de la
República islámica. El investigador norteamericano Steven Cook recordaba
recientemente que Eisenkot fue el autor de la Doctrina Dahiya, la
estrategia de guerra masiva sin límites contra Hezbollah en Líbano en 2006 (3).
El exmilitar intentará poner en marcha una investigación sobre las
responsabilidades del fiasco del 7 de octubre (él perdió un hijo en el ataque
de Hamas), similar a la que impulsó Golda Meir, tras la guerra del Yom Kippur,
en 1973. En Israel, el frenazo a la
ultraderecha se puede quedar en espejismo.
NOTAS
(1) “Pourquoi les classes moyennes ont tourné le dos à Lula”. ANNE-DOMINIQUE
CORREA. LE MONDE, 23 de octubre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario