PARÁBOLA DE LOBOS Y CORDEROS

24 de enero de 2024

La extrema derecha conquista posiciones de poder: en despachos, en códigos legales y en las mentes. La ciudadanía preocupada responde en las calles. Los líderes del orden liberal señalan al lobo, pero sin resolver los problemas de los corderos. Simplemente, se presentan como los únicos pastores capaces de cuidarlos y protegerlos de la horrible amenaza.

En Alemania o en Francia. En Italia o en España. En Gran Bretaña o en cualquier país europeo que tenga un índice elevado de inmigración, se repite el esquema, con sus matices nacionales. También en Estados Unidos, donde el lobo mayor, que reinó hace no mucho y luego fue expulsado de la manada, amenaza con regresar con hambre atrasada, para expulsar a los falsos pastores, comerse los corderos negros y traer el alborozo a los corderos blancos.

La simplicidad de la parábola es acorde con estos tiempos de dominio de las redes sociales en la conformación de las conciencias, en el ritmo del debate público, en la administración de las obsesiones políticas. El gran miedo vuelve a dominar el ánimo del relato occidental.

Los políticos liberales del consenso centrista están alarmados por este enésimo auge de la extrema derecha, pero no dejan de adaptar sus postulados, “civilizarlos”, “suavizarlos” y “convertirlos” en normativas “responsables”. El “control de la inmigración” es el elemento clave para evitar que el orden liberal se les escape de las manos. El “cruce irregular de fronteras” en Europa alcanzó en 2023 la cifra más alta desde 2016, según FRONTEX (1). Lo que parece justificar que las políticas restrictivas se impongan por doquier.

No ha funcionado antes y es dudoso que lo haga ahora. Los dirigentes occidentales ya cantaron victoria en el reflujo de la extrema derecha tras su último ciclo de repunte que siguió a la crisis financiera iniciada en 2008, complicada luego con agitaciones internacionales, que provocaron incrementos migratorios y, por reacción, un rechazo ciudadano visceral.

Ahora asoma otra vez el “peligro”, y se vuelve a las viejas fórmulas retóricas de defensa abstracta de la democracia y los derechos humanos, aunque esos “principios” no dejan de degradarse debido a las brechas sociales y a la falta de soluciones a problemas básicos: precariedad laboral, escasez y carestía de la vivienda, saturación de los servicios sanitarios, tensiones en los sistemas educativos, envejecimiento de la población, etc.

ALEMANIA: LOS VIEJOS FANTASMAS

En Alemania, salen miles de ciudadanos para “plantar cara” a una “marea parda” que obtiene, sin embargo, sus mejores resultados precisamente en el caladero de corderos propiciatorios. El mensaje del lobo consiste en hacer creer a los corderos blancos que el pastor no les protege de los corderos negros, sus verdaderos enemigos (2).

La filtración de una reunión clandestina bajo el apostolado de un ultra austríaco de la teoría del “remplazamiento” (corderos negros expulsando a los corderos blancos), en la que se preconizaba la expulsión de los refugiados de África y Asia ha despertado los viejos fantasmas del nazismo. Durante años había cierto pudor en identificar a la AfD con el Tercer Reich. Cada vez son ahora más recurrentes las comparaciones. Y, consecuencia de ello, las llamadas a la ilegalización de las formaciones que proclamen abiertamente la xenofobia o el racismo.

Los medios liberales germanos denuncian la campaña taimada de los xenófobos del partido Alternativa por Alemania (AfD) para aprovecharse del estancamiento económico. Alemania es el país es el que presenta peores cifras macroeconómicas de la UE, algo impensable hace sólo tres años (3). En las zonas más pobres del Este, donde hace treinta años se prometió el paraíso del capitalismo democrático para superar la pesadilla del colectivismo comunista, la AfD es ya el partido dominante. Sólo falta que lo acrediten este mismo año las urnas, en los länder de Brandenburgo, Sajonia y Turingia.

Esos extranjeros (los corderos negros), en efecto, son utilizados por la ultraderecha como el chivo expiatorio del malestar social. Pero el problema es más complejo. Los partidos del sistema político y social defienden la llegada de trabajadores extranjeros, pero convenientemente seleccionados y tamizados por los intereses empresariales (de la grandes empresas, para ser exactos). La actitud compasiva que en su día se atribuyó a la entonces Canciller Merkel estaba en realidad inspirada por los intereses de una patronal a la que le faltaba mano de obra útil. En una sociedad sin incentivos para reproducirse internamente, el mercado de trabajo necesita otras fuentes. Esos desplazamientos laborales tienen consecuencias sociales, que la extrema derecha explota con sencillo oportunismo.

FRANCIA: CONTRA EL RIVAL CON SUS PROPIAS ARMAS

En Francia, las tensiones laborales se confunden con fricciones culturales en un cóctel explosivo. La cuestión de la identidad nacional se convierte en un rentable apelativo político. A los corderos blancos se les ha convencido de que la paz del rebaño está en peligro por costumbres y creencias de las manadas oscuras, no por un lobo imaginario. El nuevo gobierno de Macron se propone restaurar en los corderos blancos ese miedo al lobo que parece haber desaparecido. Pero para ello debe demostrar que es capaz de contener y reducir la cabaña de corderos negros (4).

No habrá próximamente elecciones interiores en Francia, pero sí europeas donde se ha hecho imperativo demostrarle al lobo que no puede imponer su ley en el rebaño. El equipo político que Macron ha puesto en marcha tiene a un pastor vicario, el primer ministro Attal, réplica del patrón omnisciente, que vigila desde lejos pero sin perder detalle. El pastor Attal dibujará nuevos senderos  o más bien remozará los ya transitados por sus antecesores, mientras Júpiter Macron asegura que las condiciones de vida del rebaño (pastos, cabañas, rutas) serán óptimas para su bienestar general.

En su último rendez-vous ante los franceses, Macron escenificó esta especie de rectificación, plagada de símbolos y gestos y escasa de sustancia, desde los uniformes de los escolares hasta la revisión de los planes de estudio. Del otro lado de la loma, el lobo (en este caso, la loba) esbozaba una sonrisa sardónica. “Siempre la misma cháchara”, sancionó Marine Le Pen, que disfruta del arrullo dulce de unos sondeos electorales más favorables que nunca.

Después de dejar el escenario nacional bien dispuesto para el próximo combate, Macron cumplió la ceremonia anual del encuentro con el socio alemán, compañero de fatigas en la lucha contra el lobo de la extrema derecha. Pero la cumbre franco-germana fue más bien anodina. Scherezade Macron hablando sin poder dejar de callarse al impávido y silencioso Scholz, como resumió el Süddeutsche Zeitung (5). Cuentos de lobos y corderos, quizás.

Dicen que, aparte de las amenazas domésticas, los dos dirigentes de la dupla que acostumbraba a gobernar Europa hicieron girar el mapamundi en identificación de inminentes peligros. Si se desborda (aún más) la situación en Oriente Medio, podría producirse un agravamiento de los flujos migratorios, como a comienzos de la década pasada, lo que alentaría la voracidad de los lobos nacionales.

Junto al malestar migratorio se ha colado, en Francia y en Alemania, un nuevo foco de protesta: el de los agricultores y ganaderos, que se sienten agraviados por medidas administrativas, ecológicas y fiscales (6). El aparcamiento de la austeridad para propiciar la salida de la pandemia ha terminado. Es tiempo de tractores en carreteras y malos humos. Carnaza para los lobos.

Coincidencias o caprichos de la historia, en el encuentro Macron-Scholz se recordó a dos recientemente desaparecidos dirigentes del “proyecto de construcción europea”: Jacques Delors y Wolfgang Schäuble.  Distintos, sin duda: social-liberal, el francés; conservador y dogmático de la austeridad, el alemán. Pero, a la postre, dos exponentes de esas dos almas del consenso centrista, el diapasón en el que está encajado desde hace décadas el devenir político de Europa. Delors fue el arquitecto de Maastricht, que consagró la Europa liberal. Schäuble fue el gendarme de la ortodoxia de un sistema que empezaba a resquebrajarse.

A Macron y Scholz les preocupa que sus lobos domésticos se sientan estimulados por las conquistas del Gran lobo de las estepas orientales. Putin, después de dos años de zozobra, está cada vez más cerca de poder dictar sus condiciones a los corderos blancos de Ucrania. A pesar de la panoplia no menor recibida de Occidente, el ejército ucraniano no parece capaz de expulsar al lobo estepario de sus campos y sus razzias contra sus hogares cada vez más dañinas.

ESTADOS UNIDOS: LA SOMBRA

Pero lo que más petrifica este clima gélido es el presentido regreso del Gran Lobo allende el Atlántico. Trump se deshace con desdén de pastores enanizados por la miopía y el fanatismo de un Partido Republicano autoinmolado. El expresidente hotelero casi ha ganado las primarias prácticamente antes de empezar. O, si se prefiere, sin bajarse de su autobús electoral, por mucho que sus ruedas estén recosidas tras sucesivos reventones judiciales.

Este lobo atrabiliario, que califica de “alimañas” a sus rivales políticos y considera a los corderos negros del patio trasero (inmigrantes) como “sangre venenosa” para el rebaño blanco, sólo imagina una cosa entre sus fauces: devorar al pastor que le arrebató con malas artes el pastoreo de los corderos blancos hace cuatro años. Este duelo gerontocrático difícilmente animará a un rebaño gustoso de excitaciones simples pero seductoras. La campaña de 2024 promete ser aburridísima.


NOTAS

(1) “Significant rise in irregular border crossings in 2023, the highest since 2016”. https://www.frontex.europa.eu/media-centre/news/news-release/significant-rise-in-irregular-border-crossings-in-2023-highest-since-2016-C0gGpm

(2) “Sie sichern die Deiche gegen die braune Brühe”. MATTHIAS NASS. DIE ZEIT, 21 de enero.

(3) “L’Allemagne, en récession en 2023, per du terrain par rapport aux grándes économies mondiales. LE MONDE, 16 de enero.

(4) “Les parties du gouvernement s’alignent sur le cadre idéologique de l’extrême droite. JEAN-CLAUDE BARBIER. LE MONDE, 17 de enero.

(5) “Lautes Reden, lautes Schweigen”. SÜDDEUTSCHE ZEITUNG”, 21 de enero.

(6) “Warum protestieren die baurn?”. TOBIAS SCHRÖRS. FRANKFURTER ALLGEMEINE ZEITUNG, 9 de enero; ”Agriculteurs en colère: Gabriel Attal veut contenir l’embrassament sans se precipiter”. LE MONDE, 24 de enero.

LA PELIGROSA DISUASIÓN EN EL MAR ROJO

 17 de enero de 2024

La escalada militar en Oriente Medio ha subido varios grados. Los cien días del aniquilamiento de Gaza quedan atrás y el final no se avista próximo, por ahora. El interés por la franja disminuye para hacer sitio a los otros frentes. El más caliente parece ser el del Mar Rojo. Aunque genera menos sufrimiento humano, supone una amenaza para  los grandes intereses comerciales del mundo, y eso pesa más que las vidas de las personas, se quiera o no reconocer públicamente.

Estados Unidos ha decidido castigar a los milicianos hutíes de Yemen en represalia por los ataques a navíos mercantes (israelíes o no) en el Mar del Rojo, en su camino a Suez y el Mediterráneo, procedentes de Asia y con destino a Europa. Se saben, por repetidas, las cifras de esa ruta que garantiza la savia del capitalismo mercantil: más del 10% del comercio mundial y una tercera parte de todo el volumen de mercancías transportadas en grandes contenedores.

LA PECULIARIDAD DE LOS HUTÍES YEMENÍES

El temor a un impacto económico severo, cuando a duras penas se había salido de un ciclo de crisis sucesivas, había provocado un cierto pánico en los mercados. En las últimas semanas se anunciaba una exhibición de fuerza como ésta para obligar a los hutíes a arrugarse.

En todo caso, no deberían considerarse estos episodios bélicos como una “guerra”. La superioridad estadounidense es tan abismal que las aparentes ventajas tácticas de los milicianos no resistirían una ofensiva enemiga en toda regla. Lo que está haciendo el Pentágono es restaurar la credibilidad de una disuasión (deterrement) debilitada en los últimos tiempos. Tarde o temprano, podrán imponer la seguridad en el Mar Rojo sin quedar atrapados en un conflicto mayor. Pero, como suele ocurrir en estos casos, el control de la escalada no está garantizada. La principal baza de EE.UU es que los protegidos de Irán sientan como real el peligro a ser aniquilados. No parece que hayan llegado a ese punto.

Alexandra Stark, especialista en Yemen de la RAND Corporation, thinktank financiado por el Pentágono y compañías ligadas a intereses armamentísticos, recomendaba días antes de la operación contra los hutíes que Washington no recurriera a la respuesta militar. Tras repasar en detalle el historial político y militar de la milicia yemení, Sharp advertía que su eliminación exigiría un esfuerzo enorme, debido a las condiciones geopolíticas que han favorecido su auge. Y concluía su análisis con una recomendación un tanto ingenua para alguien de su condición: Washington debería dedicarse a tratar de poner fin a la guerra de Gaza y no a poner orden a bombazos en el Mar Rojo. Es obvio que no la han escuchado (1).

Nadie sabe con certeza la estrategia de estos combatientes endurecidos por una guerra feroz en su país, en la que parecían presa fácil de las petromonarquías saudí y emiratí, armadas y ayudadas logísticamente por EE.UU. Pero ganaron. No hay paz como tal, pero el acuerdo de alto el fuego se mantiene y los hutíes han consolidado sus posiciones en el país. Los reinos del Golfo no tienen voluntad alguna de volver a guerrear.  Arabia Saudí y Emiratos no solo salieron escaldados de su intervención en Yemen, sino que terminaron apoyando a fuerzas opuestas cuando la situación degeneró en el caos. El ambiente actual en Riad lo resumía un editorial de un oficioso diario de la capital: “los hutíes ya no son un problema saudí” (2). Por eso no es casual que desde Arabia se pida contención a Washington en el Mar Rojo. Pero la administración norteamericana se arroga responsabilidades globales que desbordan el equilibrio de fuerzas en la región. Para reforzar políticamente sus represalias militares, Washington ha vuelto a incluir a los hutíes en la lista de organizaciones terroristas, un comodín que usa a su conveniencia en su particular división del mundo en buenos y malos.

EL PAPEL LIMITADO DE IRÁN

El mundo árabe, en efecto, juega un papel secundario en ésta crisis (y en otras recientes). En parte, por su impotencia tradicional, pero también por un proceso de normalización, de aceptación de una realidad incontrovertible. Arabia no se ha sumado aún a los acuerdos Abraham (reconciliación con Israel), pero se trata de una contención táctica. En su pretensión de ejercer un tipo de liderazgo espiritual o moral de la comunidad sunní, ese paso requería de aparentes concesiones israelíes, que ahora parecen más lejanas que nunca.

Estados Unidos, con su respuesta militar al desafío de los hutíes, no sólo “protege” el sacrosanto comercio internacional; también demuestra con hechos que sus consejos de moderación a Israel son poco más que ejercicios de relaciones públicas con un sector de su electorado y un obligado cumplimiento de los compromisos de defensa hacia su aliado estratégico en la región. Las “guerras” de EEUU en Oriente Medio han tenido casi siempre ese cariz indirecto, de intervención calculada para impedir una alteración sustancial del tablero. Con dos excepciones: el desquiciado aventurerismo en Irak, que provocó la destrucción de un Estado más que un cambio de régimen, y consecuencia de ello, el obligado despliegue militar posterior para atajar la emergencia del Daesh, el único actor que llegó a poner en riesgo la pax americana en la zona.

Los hutíes no llegarán a tanto, a pesar del apoyo militar, en armas, logística y adiestramiento, que les brinda la Guardia Revolucionaria, unidad de élite del régimen iraní (4). Pero estas milicias son ahora un elemento perturbador, y no sólo para la “libertad de navegación”. La crisis del Mar Rojo es también un factor más en la rivalidad entre Israel e Irán. No es el único. Irán ha atacado lo que considera “centros de espionaje israelí” en enclaves hostiles de Irak y Siria. Se trata de operaciones de represalia por el atentado cometido en una localidad iraní de Kerman hace dos semanas, que se atribuyeron los extremistas sunníes del Daesh, aunque el régimen cree ver la mano oculta del estado judío. Por una cuestión de prestigio, Teherán no podía delegar por completo la respuesta a la actuación israelí en Gaza en sus protegidos regionales. Esta tensión podría llegar a un punto límite si la República islámica consigue dotarse del arma nuclear: está a sólo unas semanas de hacerlo, según estimaciones de la Agencia de Energía Atómica (3).

Los ayatollahs son conscientes de que está en juego la supervivencia de su sistema social, político y económico. Ciertamente, mueven sus peores doctrinarios, pero no han creado las condiciones que motivan la rebeldía de sus protegidos. Irán no se ha inventado el tutelaje militar israelí sobre el Líbano, ni ha provocado el fracaso de este país multiconfesional, corroído por la corrupción, incluso cuando se la bendecía desde Occidente como la “Suiza de Oriente Medio”. Tampoco los santones chiíes iraníes construyeron el represivo régimen sirio, aunque lo hayan apoyado con entusiasmo por conveniencia. Ni crearon el “problema” del Yemen, que se remonta a la fallida descolonización de los años veinte del siglo pasado y a las rivalidades regionales interárabes. Irán se ha beneficiado de una crisis sistémica regional, no ha sido su causa.

LAS PARADÓJICAS ALIANZAS DE HAMAS

Algo similar ha ocurrido con el drama palestino. Para que la principal milicia de una población que es sunní prácticamente en su totalidad buscara el apoyo de la gran potencia chií de la región han tenido que sucederse muchos y muy graves atropellos. Conviene recordar que Hamas rompió con el régimen sirio (dominado por la minoría alauí, rama local del chiismo) cuando se produjo la revuelta de 2011. Para cualquiera que conozca un poco la emocionalidad del imaginario político árabe, no puede dejar de sorprender que los mejores aliados de la resistencia armada palestina de vocación islámica sunní sean milicias chiíes no estatales, en Líbano, Yemen o Irak. Es como si los católicos del IRA hubieran recibido, en su momento, el respaldo de los protestantes franceses u holandeses. A este grado de dislocamiento ideológico se ha llegado.

En este contexto, las especulaciones retóricas sobre un mejor futuro para los palestinos “después de Gaza” deben sonar muy huecas en Cisjordania. En las últimas semanas, la espiral represiva se empieza a hacer insoportable, como denuncia la propia prensa israelí más críticauv (5).

En todo caso, el deterioro de las condiciones de vida de la población palestina nunca ha dejado de crecer, en tiempos mejores o peores del proceso de paz. Israel siempre agitará el peligro “terrorista” para negar los derechos políticos de los palestinos, sobre todo ahora que comprueba que otros más básicos son conculcados sin que ello le comporte perjuicios más allá de un afeamiento, que, por otro lado, importa muy poco en aquellos lares.

 

NOTAS

(1) “Don’t bomb the Houthies. Careful diplomacy can stop the attacks in the Red Sea. ALEXANDRA STARK. FOREIGN AFFAIRS, 11 de enero.

(2) Artículo del ASHARQ AL-AWSAT, reproducido en COURRIER INTERNATIONAL, 16 de enero.

(3) “Iran increases output of near bomb-grade nuclear material”. SIMON HENDERSON. THE WASHINGTON INSTITUTE, 27 de diciembre.

(4) “Iran’s Revolutionary Guard deployed in Yemen”. JAY SOLOMON. SEMAFORE, 15 de enero.

(5) “Hebron residents fase restriccions like never before, unable to leave their homes or neighborhood. HAGAR SHEFAZ. HA’ARETZ, 4 de enero.

LARGOS BRAZOS, REGATES CORTOS

10 de enero de 2024

La denominada “segunda fase” de la guerra de exterminio de Israel en Gaza (de Hamas, según el relato oficial; en verdad, del pueblo palestino que allí malvive o muere) y la crisis política en Francia se disputan el interés internacional de este turbulento inicio de año. Por diferentes que sean ambos asuntos -en alcance, en propósitos, en protagonistas- reflejan contradicciones  y tensiones que auguran una difícil salida.

ORIENTE MEDIO, EN COMBUSTIÓN CONTROLADA

El Secretario de Estado norteamericano ha alertado del peligro de una “metastización” de la guerra, en referencia implícita a una escalada que convierta las escaramuzas en la frontera líbano-israelí en una conflagración abierta, a la que se añadiría la intensificación de las actuaciones de los proxies de Irán en Yemen, Siria, Irak, Mar Rojo, Cisjordania, etc. (1). Se trata de un mensaje clásico de la diplomacia americana, aunque haya dudas del control real que ejerce Irán sobre esas fuerzas (2). Por no hablar de una falta de predisposición de los ayatollahs a dejar que la crisis desemboque en una conflagración generalizada (3).

Con sus idas y venidas a la región desde octubre, Blinken está emulando la diplomacia viajera de Kissinger hace cincuenta años, luego replicada por mucho de sus sucesores en el cargo. En cierto modo, Estados Unidos hace de pirómano y de bombero en Oriente Medio. De pirómano, al respaldar a Israel en sus políticas de “tierra quemada” para garantizarse una seguridad imposible; y de bombero, al afirmar su condición de único poder capaz de establecer las reglas de la guerra (de las guerras), sus ritmos, sus pausas, sus condiciones, su relato y, como escribe Stephen Walt, sus soluciones casi imposibles (4).

Tras tres meses de castigo brutal y criminal en Gaza, Israel dice ahora que es tiempo de pasar a otro tipo de operaciones más selectivas. Justo lo que Washington le pedía desde hace al menos dos meses. Por supuesto, el mando militar y político en Israel no admite que actúa por indicación de su protector norteamericano, pero tampoco replica estas convenientes interpretaciones en los medios afines.

Israel dice haber acabado casi completamente con Hamas en el norte de la franja y destruido prácticamente su infraestructura de túneles y redes de mando, salvo bolsas de resistencia que no durarán mucho (5). El  Ejército ha reducido a la mitad su fuerza expedicionaria en Gaza (de 360.000 a 170.000 hombres, más o menos), por motivos no sólo militares, también económicos. La economía israelí se empieza a resistir de un drenaje tan enorme de reservistas (6).

De eso que en otras guerras se llamaba cínicamente “daños colaterales” (los civiles, o sea la mayoría de las víctimas) poco o nada dice. Eso se lo deja a EE.UU, para que contrarreste una opinión mundial escandalizada pero impotente ante la tragedia. El Sur global y buena parte de la izquierda occidental no aceptan el relato indulgente de Washington. Suráfrica lidera una iniciativa para llevar a Israel ante el Tribunal de Ginebra por presunto delito de genocidio. Es muy significativo que un de los países que se haya adherido sea el Reino de Jordania, aliado histórico de Estados Unidos en la región y con un Tratado de paz con Israel desde hace treinta años.

En estas circunstancias, el “giro” en la guerra apunta al recurso preferente del “brazo largo”; es decir, las actuaciones selectivas y “audaces” contra eso que en Israel llaman la “cabeza de la serpiente”: los líderes “terroristas” más buscados. Ya ha “cazado” a uno de los líderes políticos de Hamas, Saleh Al Aruri,  en un barrio de Beirut, y  a tres comandantes de Hezbollah, incluido el veterano Wissam Tawil, todos ellos en el sur de Líbano. “Piezas mayores” que se unen a los 8.000 milicianos de Hamas que las IDF (Fuerzas de Defensa) dicen haber matado en Gaza desde primeros de octubre. Washington se siente cómodo con estas operaciones, que considera “proporcionadas”. Pero, claro, en el endiablado entramado civil y militar de Gaza, esas tácticas de “guerra quirúrgica” son casi imposibles. Así que, en el sur de la franja, seguirá la masacre, aunque la atención se comparta con esas otras acciones individualizadas que provocan menos rechazo internacional. Al cabo, siempre es menos dramático contar los muertos por unidades que por decenas cada día, hasta superar los 23.000, a la hora de escribir estas líneas. La devastación humana y social no encuentra comparación, según muchas fuentes independientes, incluyendo a un creciente número de norteamericanos como Peter Beinart, que no compran el discurso oficial (7).

En las sutilezas diplomáticas que sofocan la tragedia de Gaza juegan un papel incómodo los aliados árabes de Washington. A ninguno de ellos le viene mal que ese mantra de la aniquilación de Hamas, pero el precio que se ha puesto a la carnicería resulta muy caro y nada tragable para sus poblaciones, que mantienen una actitud de simpatía telúrica hacia la causa palestina. Estados Unidos corteja a estos estados cómplices para embalsamar el cadáver de los derechos palestinos tras la guerra. En otras palabras, que paguen el gasto de la reconstrucción y de una administración de circunstancias en la franja del futuro, conformada por “tecnócratas”, se dice. En claro: palestinos formados en universidades norteamericanas o europeas que mantengan currículums impecables de respeto (¿servilismo?) hacia Israel y los intereses occidentales.

Pero ni siquiera este escenario de una domesticada administración palestina es aceptado por un sector del actual gobierno de unidad nacional en Israel, que es, en realidad, una coalición de todas las derechas. Netanyahu utiliza el rechazo visceral de los ultras religiosos a cualquier amago de cooperación con una Autoridad Palestina, a la que ve como un lobo con piel de cordero, por muy desacreditada que esté entre su propia población (8). Los moderados, a quienes la prensa occidental tilda muy generosamente de “centro-derecha”, se aferran al impostado discurso americano de  “los dos Estados”, sabedores de que ya esto es ya una ficción completa. Es sabido que la izquierda se diluyó en la marginalidad política hace ya años. Un sector se ha refugiado en testimoniales aunque muy activas organizaciones cívicas.

FRANCIA: A MACRON SE LE ACABA EL TIEMPO

En Francia, la “masacre” política del nuevo año lleva nombre de mujer (Elisabeth Borne), pero sobre todo título propicio, el de Jefe/a de Gobierno. El fusible político de la V República ha vuelto a saltar para salvar del incendio al Eliseo. Es una constante desde 1958.

En esta ocasión, la crisis se ha salido un poco del guion versallesca en que suele presentarse al público. Borne ha hecho oídos sordos a los elogios de despedida de su Jefe y ha hecho inútil la hipocresía de presentar como dimisión lo que todo el mundo sabe que ha sido un cese. En efecto, utilizó el término il faut que, traducible por “es preciso que” o “me veo obligada a” presentar mi dimisión. Fórmula polite que recuerda mucho a la empleada por Rocard, al dejar Matignon en 1991, forzado entonces por Mitterrand. Poco o nada ha importado que Borne proviniera de la facción tecnocrática no militante  del Partido Socialista (como su Jefe, mutatis mutandis).Un consejero del Eliseo  citado por LE MONDE comentaba que Borne empezó su mandato como Jospin (en la izquierda) y lo ha terminado como Rocard, entonces cabeza visible de una izquierda reformista (9).

Borne ha hecho el gasto a conciencia. No tuvo más remedio que quemarse en los debates políticos, parlamentarios, sociales y callejeros de la reforma de pensiones. Más tarde, vendió su alma en la batallas siguiente sobre la reforma migratoria. Tuvo que lidiar ambos asuntos desde la minoría parlamentaria y la gresca interna en un gobierno que coordinaba pero no presidía, plagado por la lucha de facciones y las peleas particulares de los gallos sucesorios. En menos de dos años en Matignon ha tenido que recurrir en más de una veintena de ocasiones al artículo 49.3 de la Constitución (decreto-ley) para salvar los proyectos gubernamentales. Con el desgaste que eso le ha acarreado.

Macron ya se había decidido hace tiempo por un giro a la derecha en la práctica, sin renunciar a su dialéctica reformista de centro. No le queda otra para culminar su quinquenato final. Como primera medida, se dispone a un nuevo rendez-vous con los franceses, una fórmula retórica muy francesa que encanta a este Presidente, maestro en el arte de situarse au dessous de la melé. Por encima de los partidos, de la política minúscula. Casi nadie se lo cree ya: su popularidad está en el 27%, sólo unos puntos más que Borne antes de la ceremonia sacrificial.

Así las cosas, el Macron recurre al regate en corto (el cambio de gobierno) para activar el largo brazo del Eliseo en una conducción más personal de la política con mayúsculas. Ese será el relato. Pero pronto tendrá que afrontar otro regate mucho más complicado, porque sus oponentes se han dispuesto en la férrea defensa de la contestación electoral. Los comicios europeos de junio pueden consagrar de nuevo a Marine Le Pen como presidenciable, por mucho que todo el mundo sepa que se trata de dos ambiciones muy distintas.

En 2027, Macron ya no podrá ser candidato. Tiene sentido que haya escogido a Gabriel Attal. A sus 34 años, es el primer ministro más joven de la V República. Un alarde de esa audace (audacia) que tanto pregona como inspiración de sus actuaciones el líder francés. Attal se configura como un alter ego del Presidente, su potencial sucesor, según los cabalistas políticos en París (10). En la V República, sólo dos primeros ministros llegaron con el tiempo a ser Presidentes: Georges Pompidou y Jacques Chirac, ambos gaullistas de pura cepa. Pero, atención, ninguno de ellos saltó directamente de Matignon al Eliseo. El salto a la gloria es proceloso.

Attal se sitúa a la izquierda del entramado macronista. Lo que resulta muy apropiado para compensar una política cada vez más derechista. En el centro estará siempre Macron como guía y faro de las reformas. La maniobra suena a brazo largo, pero tanto y tan prematuro que corre el riesgo de diluirse en la bruma de los próximos meses. No en vano, a Matignon se le conoce como el “infierno” en los cenáculos políticos galos.

NOTAS

(1) “From Lebanon to Read Sea, a broader conflict with Iran looms”. DAVID SANGER y STEVEN ERLANGER. THE NEW YORK TIMES, 7 de enero.

(2) “As Middle East crisis grows, does Iran have control of its proxy forces?”. PATRICK WINCOUR. THE GUARDIAN, 6 de enero.

(3) “L’ Iran ne veut pas d’ un embasement général du conflit, mais devra pourtant riposter”. AMÉLIE ZACCOUR. L’ORIENT LE JOUR, 5 de enero.

(4) “5 reasons the Israel-Palestine conflict won’t end any time soon”. STEPHEN M. WALT. FOREIGN POLICY, 8 de enero.K

(5) “L’ armée israelienne afirme avoir démantelé la structure militaire du Hamas dans le nord de la bande de Gaza”. LE MONDE, 6 de enero.

(6) “Not day after, day during: Blinken visits Israel”. DAVID MAKOVSKY. THE WASHINGTON INSTITUTE, 8 de enero.

(7) “What will happen to Gaza’s People”. PETER BEINART. THE NEW YORK TIMES, 7 de enero.

(8) “Can the Palestinian Authority govern Gaza?”. DANIEL BYMAN (Centro de Estudios estratégicos de Georgetown). FOREIGN AFFAIRS, 4 de enero.

(9) “Emmanuel Macron congédie Elisabeth Borne pour relancer son second quinquennat”. CLAIRE GATINOIS. LE MONDE, 9 de enero.

(10) “Gabriel Attal en Matignon: les coulisses d’une nomination disputée”. CLAIRE GATINOIS. LE MONDE, 10 de 2024.

AÑO DE VOTOS, AÑO DE TRAMPAS

 3 de enero de 2024

El año que recién comienza viene cargado de urnas. Más de la mitad de la población mundial está llamada a expresar su voluntad política en los próximos doce meses. Pero en algunos casos, puede decirse que esas urnas están ya llenas. En algunos casos, de bombas; en otros, menos extremos, pero igualmente corrosivos, de trampas, de engaños.

DECLIVE DEMOCRÁTICO

La democracia, el sistema liberal de participación ciudadana, está en declive. O eso dicen quienes lo estudian concienzudamente, aunque naturalmente desde una perspectiva de identificación política o ideológica. La institución Freedom House, una especie de biblia intelectual del funcionamiento sistémico, considera que 2023 ha sido el decimoséptimo año consecutivo en que la “Libertad Global” ha retrocedido en el mundo. Cita los deterioros más notables (Brasil -luego corregido positivamente-, Perú, Túnez, Burkina Fasso) y otros menos visibles (Turquía, Myanmar, Tailandia). Con todo, estima FH, se produjeron progresos en 34 países, uno menos que en aquellos donde hubo retrocesos. No deberíamos tomarnos estos datos a pies juntillas: si entramos en el análisis pormenorizado, surgirían dudas sobre los criterios empleados en la clasificación.

En todo caso, después de 50 años de elaborar este trabajo, hay tendencias a tener en cuenta en materia de libertades desde el punto de vista del orden liberal: en 1973, 44 de los 148 países entonces existentes fueron catalogados como “libres”, en tanto que en 2023, esa cifra se eleva a 84, aunque los países del mundo son ya 195, debido a las sucesivas desagregaciones nacionales y otros factores políticos. En términos comparativos, la “libertad” alcanzada a algo menos del 30% de países hace 50 años, mientras hoy en día se extiende al 43%. En definitiva, si aplicamos una perspectiva de largo recorrido, el balance sería positivo. Pero esa tendencia parece estar estropeándose desde el comienzo del presente siglo.

Este diagnóstico negativo lo refrenda otra organización, la sueca International IDEA, que tiene por misión declarada el “apoyo a la democracia en todo el mundo”. La conclusión de su último estudio establece que “en cada una de las regiones del mundo, la democracia ha seguido contrayéndose, con declives en al menos uno de los indicadores del comportamiento democrático en la mitad de los países estudiados en el Informe”.

EL TENSIONADO MODELO OCCIDENTAL

Las elecciones, a las que antes nos referíamos, son sólo un criterio en la catalogación de la salud de las libertades, como es lógico. Pero las distintas condiciones en que se celebran no les confiere un carácter referencial muy fiable. Como se decía al principio, este año viene repleto de convocatorias, y en países de gran peso mundial  (Estados Unidos, Rusia, UE y más de 30 estados o regiones europeos, India, Suráfrica). La lista podría engrosarse cuantitativa y cualitativamente, si finalmente se adelantan las elecciones en Gran Bretaña.

En la Unión Europea las urnas tienen la apariencia más transparente. Sin embargo, no puede afirmarse que reflejen un sistema del todo justo, debido a la persistencia de factores que distorsionan históricamente la representatividad de las poblaciones. Pero lo que preocupa a los dirigentes y a sus intérpretes mediáticos es el nuevo impulso de las fuerzas populistas o nacionalistas identitarias de extrema derecha, tras el triunfo electoral en Holanda y el avance de sus postulados, sobre todo en materia migratoria, en las grandes potencias como Francia, Alemania, Italia, Gran Bretaña, con el remate en el ámbito compartido de la propia UE.

En Estados Unidos, la perversión habitual del sistema electoral (dominado por el peso del dinero, la conformación de unos distritos artificiales y alterados de forma permanente en función de los intereses de las minorías, o la estructural privación del voto sin justificación decente alguna) se ve agravada por un ambiente político venenoso, con un candidato favorito (Donald Trump), sobre el que pesan más que convincentes indicios de delincuencia económica y política. A sólo unos días de que comience el circo de las primarias, las escaramuzas políticas se libran tanto en los gabinetes de las campañas como en las salas judiciales. Pese a este panorama sonrojante, las élites gobernantes se empeñan en ofrecer como modelo al mundo un sistema que hace aguas en su propio país.

DEMOCRACIAS PÁLIDAS O FALSAS EN EL MUNDO EMERGENTE

En Rusia, las elecciones serán un teatro sin paliativos, sin el aditamento picante de las norteamericanas. Putin seguirá siendo el candidato independiente del partido-Estado de esta época (Rusia Unida). Este es el ejemplo más evidente del binomio votos/balas antes apuntado. Un país autoritario que toma prestada la democracia como engañoso factor legitimador (urnas cargadas de trampas), en un contexto de guerra que asfixia cualquier expresión de libertad (1).

Por cierto, que no es descartable que en el otro lado de la trinchera, en Ucrania, pudiera cederse a la tentación electoral. El estancamiento militar actual y la fatiga occidental es un peligro mortal para Ucrania y pasar los votos por las urnas podría ser un recurso desesperado para favorecer el relato del necesario apoyo de las democracias occidentales, en armas y en dinero, en beneficio de la causa de la libertad (2).

En las potencias medias emergentes como India y Suráfrica, las elecciones también vienen trucadas por los reflejos autoritarios y las corrupciones inherentes a sus respectivos sistemas políticos y socio-económicos. Son casos distintos entre sí, por supuesto, pero comparten elementos de distorsión de la voluntad popular.

En India, la mayor democracia del mundo, como gustan de decir sus exégetas, el nacionalismo identitario que lidera el populista Narendra Modi está en condiciones de consolidar una deriva autoritaria con perfiles aparentemente neoliberales en materia socio-económica y enterrar el modelo del nacionalismo tercermundista del Partido del Congreso (3).

En Suráfrica, la decadencia del Congreso Nacional Africano se prolonga durante décadas. El proyecto social y político post-apartheid ha fracasado, debido a la corrupción, la criminalidad y la burocratización de las élites. Tres de cada cuatro ciudadanos dicen que sacrificarían la democracia si surgiera un liderazgo fuerte capaz de crear empleo y frenar la delincuencia. Este mismo humor político es compartido por toda África, como se ha podido comprobar en la actitud apática cuando no abiertamente favorable a los golpes militares que han vuelto a proliferar en el continente, tras el fracaso de los modelos controlados por las antiguas potencias coloniales (ahora neocoloniales) (4).

Otro país emergente de dominante atención internacional que pasará por las urnas en 2024 será Taiwan (este mismo mes de enero). Los medios y gabinetes de orientación ideológica en Occidente sitúan esta cita electoral entre las más determinantes del año, por las consecuencias que los resultados pudieran tener en el comportamiento de China.

El partido gobernante (DPP), en principio el más independentista, estará liderado por un exrepresentante del país en Estados Unidos (en la práctica un embajador). Se teme por ello que,  en caso de repetir victoria, se pueda precipitar una crisis y acercar el riesgo de guerra.

Las otras opciones son más templadas, en relación con Pekín: los nacionalistas conservadores del Kuomintang (otrora enemigos del comunismo continental y hoy partidarios de la convivencia condicionada) y un nuevo Partido del Pueblo, con ribetes populistas. En realidad, ninguno de los tres parece dispuesto a que los votos se conviertan en balas (5).

 

NOTAS

(1) “Putin’s War Party”. ANDREI KOLESNIKOV. FOREIGN AFFAIRS, 1 de diciembre.

(2) “En Ukraine, le politique fait discrètement son retour”. COURRIER INTERNATIONAL, 31 de octubre.

(3) “BJP win in India’s 2024 election ‘almost an inevitability’”. HANNA ELLIS-PETERSEN (Corresponsal en Delhi). THE GUARDIAN, 31 de diciembre

(4) “Deaths, debts and democratic doubts in Africa” THE ECONOMIST, 28 de diciembre.

(5) “Taiwan prepares to pick new President amid growing threat from China”. HELEN DAVIDSON (Corresponsal en Taipei). THE GUARDIAN, 30 de diciembre.

TRES GUERRAS SOLAPADAS

27 de diciembre de 2023

La atención mediática se desplaza hacia otro foco potencial de conflicto internacional, derivado de la operación de destrucción israelí de Gaza y muerte masiva de los palestinos. El arsenal compasivo de las primeras semanas se agota o se asfixia por la prohibición israelí de ingresar en la franja, la extinción paulatina pero inexorable de los periodistas palestinos que trabajaban para los medios externos y la fatiga habitual en las coberturas bélicas. Las crónicas del dolor humano empiezan a diluirse en relatos rutinarios y repetitivos de hipócritas negociaciones diplomáticas, consistentes en blanquear las muertes y el sufrimiento, justificar las políticas criminales y alertar de otros peligros “mayores”.

TALÓN DE AQUILES MARÍTIMO

Uno de esos peligros es el estrangulamiento del comercio internacional en la estrategia arteria del Mar Rojo. Por ese segmento de la ruta entre Asia y Europa transita el 30% del comercio mundial, 7 millones de barriles de petróleo y 125 millones de metros cúbicos de gas diarios. Un grupo armado yemení, irrelevante hace apenas doce años, los houthis, pertenecientes a la secta local del credo chií (los zadíes), son aliados de Irán. De este país han obtenido armas, apoyo logístico y económico y orientación estratégica para desafiar -y en la práctica, derrotar- a las petromonarquías del Golfo Pérsico aliadas de Occidente. Tras una década de guerra brutal, los houthis se han convertido en la principal fuerza política y militar del Yemen, con capacidad para controlar el estrecho de Bab el Mandeb, enclave a través del cual el Océano Índico se convierte en el Mar Rojo.

Desde sus posiciones consolidadas en la costa yemení, estos combatientes han decidido dar réplica al aniquilamiento de Gaza, atacando con drones y misiles balísticos y de crucero a los barcos que transportan mercancías con destino a Israel. Lo cual no quiere decir que los objetivos sean propiamente barcos israelíes, debido a la intrincada identificación de los navíos mercantes en el tráfico marítimo internacional. En realidad, los houthis afirman extender su campaña a todos los Estados que ayudan, en cualquiera de sus formas, a los “sionistas”. Es decir, que el enemigo es buena parte del comercio internacional (1).

Y aquí es donde la inquietud o el malestar occidental por la masacre de Gaza se convierten en verdadera preocupación y exigen una actuación inmediata. Estados Unidos ha reorientado su despliegue militar en la zona, reforzado desde mediados de octubre, e intenta ampliarlo aún más con la creación de una de sus habituales “coaliciones internacionales”, para combatir a los díscolos houthis y “proteger la libertad de navegación y comercio” en el Mar Rojo.

No hay garantías, sin embargo, de que esta impresionante maquinaria militar vaya a conseguir resultados factibles o completos; de ahí que las principales navieras hayan suspendido sus rutas por esa arteria y activado las más larga y costosa, que se dirige hacia el sur de África, bordea el Cabo de Nueva Esperanza y toma rumbo norte hacia las costas europeas: es decir, la ancestral ruta marítima previa a la construcción del Canal de Suez enclave septentrional en el que resuelve el Mar Rojo antes de encontrarse con el Mediterráneo.

El analista militar Bruce Jones, de la Institución norteamericana Brookings, ha sintetizado para el gran público las tres opciones que EEUU tiene para “combatir los ataques houthis” (2). La primera es eludir el problema; es decir, cambiar la ruta, en el sentido que se ha mencionado más arriba. La segunda, atacar las bases de drones y misiles de los houthis. De hecho ya se está haciendo. Pero el éxito completo se antoja esquivo: si la acción militar se intensifica, no les sería difícil a los combatientes yemeníes ocultar su arsenal. Además, Irán tiene capacidad para reponerlo en tiempo no demasiado dilatado (3).

La tercera opción sería ampliar la “coalición”, lo cual tampoco parece muy venturoso. De hecho, ya han aparecido las primeras tensiones a causa de esta operación bautizada como “Guardian de la Prosperidad”. Algunos socios de Estados Unidos prefieren guardarse su panoplia para otros frentes más cercanos: los alemanes, el Báltico; los australianos, el Pacífico occidental. Otros no han mostrado especial disposición (caso de España, con las fricciones conveniente aireadas y exageradas por nuestros medios conservadores).

Cada uno de los renuentes tiene sus motivos, ya sea de política interna, de capacidad logística o de prioridad estratégica, pero el caso es que la proclamada “coalición internacional” tiene poco de coalición y su apelativo internacional se reduce al núcleo duro de los aliados de Norteamérica, O de países como Francia, con base propia en Djibuti, que tiene una motivación estratégica y de prestigio, muy lesionado éste tras su humillante retirada del Sahel.

UNA CARNICERÍA CASI OLVIDADA

Pero mientras estas escaramuzas bélicas alteran la navegación en el Mar Rojo, otra guerra más terrible y mortífera se desarrolla y recrudece tierra adentro de la orilla occidental, en Sudán. Este país (en parte, la Nubia del antiguo Egipto faraónico) tiene salida al Mar Rojo y un puerto clave para su economía en la localidad de Port Sudán. Desde abril de este año, dos facciones militares, la del Ejército oficial (SFA: Fuerzas armadas de Sudán) y la de los mercenarios de unas fuerzas especiales (RSF: Fuerzas de Apoyo rápido) están combatiendo a muerte y hundiendo al país en una pavorosa situación. Los muertos superan ya los diez mil. Casi siete millones de personas se han visto forzadas a abandonar sus hogares y la gran mayoría se encuentra en situación de lo que la ONU denominada “inseguridad alimentaria extrema”: o, sea, hambre (4).

Esta enésima guerra africana tiene poco o nada que ver con valores o disputas ideológicas. Responde, en realidad, a una lucha de ambiciones entre dos facciones militares que pretenden apropiarse del botín. Ambas fueron aliadas en la destitución del general proislamista Omar Bashir, un enemigo de Occidente desde que decidiera amparar a Osama Bin Laden a finales de los años noventa. Mantuvieron esa alianza para inutilizar al débil gobierno civil de transición, al que Occidente no se molestó en respaldar de forma eficaz, convencido de que una solución militar provisional podría ser más efectiva para conjurar el potencial regreso de los islamistas. Al final, el corral resultó demasiado estrecho para los dos gallos de pelea: el comandante en jefe del Ejército y presidente de facto, Abdel-Fattah Al-Burhan, y el líder de los mercenarios, general Mohamed Hamdan (aunque todos lo conocen por su apodo: Hemeti)

Pero, como es también norma en África, hay agentes externos implicados a fondo en la guerra. A Burhan lo apoya Egipto y; mientras que Hemeti está respaldado activamente por los Emiratos árabes y, lo que es más perturbador para Occidente, las milicias Wagner rusas. Con el paso de los meses, Sudán se parece cada vez más a Libia: otro monumento de la incompetencia occidental en África. Se acaba con un “dictador” enemigo y la única opción que termina imponiéndose es un caos de militares corruptos, milicias irregulares o mercenarios; al cabo,  todos ellos matones por igual. Las potencias regionales medias los manipulan o se sirven de ellos, permitiéndoles el aprovechamiento del botín más inmediato (5).

En este caso, Burhan, que se ha ido debilitando en los combates y perdido el control de la capital, Jartum, conserva el control del país agrario útil y el control de la ciudad portuaria de Port Sudán. Hemeti se ha hecho fuerte en torno a las minas de oro del oeste del país y está haciendo estragos en la región de Darfur, donde hace veinte años unas milicias antecesoras a las RSF (las de los Janjavid o jinetes) protagonizaron un genocidio de las tribus negras (no árabes) locales (6).

Las informaciones que nos llegan dificultosamente del país indican que se esta produciendo una segunda edición de aquellas matanzas de 2003, que tanta emoción provocaron en Estados Unidos, con la movilización de celebridades como Georges Clooney y otras.

Después de haber perdido el acceso seguro al Mar Rojo por su orilla oriental, la yemení, a los Emiratos les resultaría de gran valor que su aliado en la guerra del otro lado venciera a su enemigo y se hiciera con el control de Port-Sudán. Tal eventualidad, reactivaría la guerra en Yemen, con el objetivo de derrotar a los rebeldes houthis.

Washington se encuentra atrapado en esta red de contradicciones operativas y alianzas cada vez sometidas a mayor tensión y menor control. La Casa Blanca no parece capaz de embridar los intereses emiratíes. Como ya ocurriera en la guerra interna de Yemen, las urgencias de sus aliados regionales escapan parcialmente a su control, porque contravenirlas sin más pondría en peligro la estrategia mayor, que es el debilitamiento de Irán en la zona (7).

De todo lo apretadamente expuesto se deduce que en la zona hay en el momento presente varias guerras solapadas: la muy desigual y sangrienta en Gaza; la insidiosa y contenida en el Mar Rojo; y una tercera, brutal, despiadada y parcialmente subsidiaria en Sudán. A las que habría que sumar las dos latentes de Israel contra otros dos aliados de Irán: las milicias chiíes libanesas de Hezbollah y el régimen sirio.

Si la administración Biden se creía hace apenas tres meses descargada de apremiantes “obligaciones” en Oriente Medio, la realidad de los conflictos podridos le ha devuelto a la cruda realidad.

 

NOTAS

(1) “Rising pressure on Red Sea transit”. NOAM RAYDA. THE WASHINGTON INSTITUTE ON NEAR AND MIDDLE EAST, 22 de diciembre.

(2) “The West’s 3 options to combat the Houthis attacks”. BRUCE JONES. FOREIGN POLICY, 20 de diciembre.

(3) “Comment les houthistes ont développé leurs capacités militaires au Yemen”. COURRIER INTERNATIONAL, 20 de diciembre.

(4) “Sudan’s civil war triggers an ‘unimaginable humanitarian crisis’”. ISHAAN THAROOR. THE WASHINGTON POST, 9 de noviembre.

(5) “The War the World forgot”. ALEX DE WAALD y ABDUL MOHAMMED. THE NEW YORK TIMES, 4 de diciembre.

(6) “A genocidal militia is winning the war in Sudan”. THE ECONOMIST, 16 de noviembre

(7) “Washington tries to correct course on Sudan’s civil war”. ROBBIE GRAMER.FOREIGN POLICY, 20 de diciembre.

EL PACTO FÁUSTICO DE MACRON

20 de diciembre de 2023

Macron y su gobierno han conseguido aprobar en la Asamblea Nacional francesa su nueva ley de inmigración. El precio ha sido alto: su propio grupo parlamentario ha quedado dividido y herido, con votos significativos en contra y varias abstenciones, la dimisión de uno de los ministros (el de Sanidad), el malestar explícito de media docena más y una sensación de deslealtad con el proyecto político que llevó al liberalismo reformista al Eliseo. Alguien ha escrito que esta batalla política puede ser más dañina que la reforma de las pensiones.

No obstante, los demoscópicos aseguran que, contrariamente a aquella, la revisión legislativa que regulará y controlará el fenómeno migratorio y la vida cotidiana de las personas de origen foráneo en la Republica cuenta con el apoyo mayoritario de la población francesa. La mayoría -o la mayoría de la mayoría- ha jugado, por tanto, a favor de corriente. Quizás, pero en contra de sus principios o valores, se dice en los sectores críticos. Esos valores son, supuestamente, la humanidad, la universalidad de los derechos, la diversidad social y cultural, todos ellos herencia o desarrollo de los pilares constitutivos de la República fundacional de la Francia moderna: libertad, igualdad, fraternidad. Las grandes palabras que tanto encienden a los franceses. A la hora de la verdad, se impone una realidad más pedestre. En el caso de Macron, una flagrante contradicción con su inicial estilo rompedor, si ello era necesario para “hacer avanzar a Francia”. En su descargo hay que decir que en toda la Unión Europa ese el rumbo que se impone (1).

La nueva ley endurece las condiciones de vida de los inmigrantes, refuerza las medidas de control policial y administrativo, restringe el flujo migratorio con recetas represivas y limita derechos. Para acceder a prestaciones familiares o a la ayuda para vivienda, los inmigrantes tendrán que tener trabajo en el momento de la solicitud o demostrar residencia durante los últimos cinco años. Las condiciones para la reagrupación serán más estrictas. Se les relegará en el disfrute de otros servicios sociales, en aplicación del principio de la “preferencia de los nacionales”, y se criminalizará su condición bajo ciertas circunstancias agravantes (que podrán acarrear pérdida de la nacionalidad). En definitiva, se obviará su contribución a la riqueza y productividad de la nación. La eliminación de la atención médica del Estado ha sido excluida del texto, pero podrá ser incluida, en 2024, cuando se haga una actualización.

UN RECORRIDO LEGISLATIVO REVELADOR

El recorrido de esta ley ha sido azaroso. Y revelador. Un primer texto salido de la  Asamblea Nacional, ya un tanto restrictivo con respecto a las normas todavía vigentes, fue endurecido notablemente en el Senado debido a la mayoría de que goza en esta Cámara la derecha conservadora, cuya política en la materia difiere poco o casi nada de la que sostiene el partido xenófobo tradicional, es decir, el Reagrupamiento Nacional (RN), liderado por Marine Le Pen.

Los gaullistas fueron durante décadas partido habitual de gobierno, pero hoy han quedado reducidos a una fuerza de resistencia conservadora favorecida por su anclaje territorial en zonas sobrerrepresentadas en el Parlamento, merced a un sistema electoral desequilibrado. Estos conservadores fueron rebautizados por enésima vez por Nicolás Sarkozy, quién, pese a su filiación originaria gaullista, sumó a sus muchas ambiciones la de poner fin a la alargada sombra del General en la política francesa. La denominación escogida fue Los Republicanos (LR), ambigua no por casualidad. El nuevo nombre excluía el término Partido en virtud de su proclamada vocación de cobertura nacional y de adscripción a los valores fundacionales del Estado; sin olvidar un guiño de convergencia ideológica con sus homólogos norteamericanos.

Pero LR no sólo parecen haber asumido el olvido de De Gaulle, sino que han eludido la retórica etiológica republicana. Durante décadas, los conservadores proclamaban su distinción de la extrema derecha poniendo en valor los principios básicos de la nación. El triunfo de la facción más derechista en la última elección interna ha emborronado los límites entre las dos derechas. Como ocurre en gran parte de Europa. Y no sólo por cuestiones tácticas, por oportunismo electoral, o por exigencias de matemática parlamentaria. No hay grandes diferencias programáticas entre estos Republicanos y los nacional-identitarios.

Esta convergencia se ha visto confirmada en los debates de la Ley de Inmigración. Aunque Reagrupamiento Nacional dispone de apenas 3 senadores, las posiciones de Los Republicanos les complacía abiertamente. No tuvieron necesidad de agitar el barco desde las tribunas o las calles. La deriva legal cumplía en gran parte sus expectativas. Las organizaciones de defensa de los inmigrantes denunciaron en su momento que las enmiendas introducidas por la derecha “afectan a todos los derechos actuales”, “llevan la marca de las derechas extremas” e “integran todos los clichés posible sobre la inmigración” (3) .

Pero lo grave es que el Ministro del Interior, Gérald Darmanin, no fue muy combativo frente a la derecha conservadora, celoso de conservar en buen estado los puentes de un pacto ulterior, como se ha visto luego. Dijo que, cuando el texto endurecido volviera a la Asamblea, se limarían los aspectos más desagradables. Pero el requiebro tuvo corto recorrido. Como la izquierda no apoyó a la mayoría liberal, el Ministro se encontró entre la espada y la pared. En una votación previa, el texto suavizado fue rechazado. Darmanin presentó la dimisión... pero a Macron, no a la jefa de gobierno, Elisabeth Borne (dicen las malas lenguas que por riesgo a que le fuera aceptada). El presidente se negó a permitir la caída del Ministro e instó a una solución. El recurso al decretazo en esta ocasión había sido descartado de antemano.

Al final, la reglamentaria Comisión Mixta paritaria intercámaras (CMP) produjo un texto de consenso más cercano a las posiciones  conservadoras que a la liberales. Al cabo, el proyecto de Ley ha sido aprobado con una mayoría muy amplia (349 votos contra 186) , pero con los desgarros antes apuntados. Casi una cuarta parte de los diputados de la mayoría (50 de 251) no apoyaron el texto, votando en contra, absteniéndose o ausentándose de la sala. Y algunos de estos díscolos tienen un papel político relevante.

Pero, al cabo, el texto salió adelante con holgura. Ni siquiera hubieran hecho falta los 89 votos de la extrema derecha, que se sumó con proclamas de “victoria ideológica” al campo del . Para salvar la cara, algunos socios de Macron, como el presidente del MoDem, habían sugerido previamente  que la Ley quedara en suspenso si para su aprobación se hubiera precisado de los votos ultras. A Macron le satisfizo la idea, que encajaba con su retórica de no favorecer las opciones del RN. Pero el patrón de LR la calificó de “anomalía democrática”.

En todo caso, no todo está dicho. El Consejo Constitucional debe confirmar que la Ley no conculca la Carta Magna, como algunos señalan. La propia jefa del Gobierno, que ha defendido con su firmeza de libro habitual el texto, ha admitido que “compartía algunas dudas” sobre algunas de las disposiciones impuestas por la derecha (3).

LA PERSPECTIVA DE 2027

De momento, Macron ya tiene su Ley. Puede pensar que ha sofocado otro incendio, pero en realidad, ha colocado cargas explosivos en el edificio reformista. Su mayoría queda visiblemente resentida. La batalla presidencial de 2027, en la que él no será candidato, ha comenzado. El macronismo, como fuerza política inspiradora construida con retales, agoniza. Los liberales franceses tendrá que luchar muy mucho para mantener sus opciones en el centro-derecha.

El gran beneficiario de estas refriegas políticas podría no ser la derecha conservadora, sino el nacional-populismo. Marine Le Pen no sólo va como una flecha ante las elecciones europeas del próximo mes de mayo (siempre obtiene buenos resultados en esos comicios). Su ambición presidencial parece más sólida que nunca. Es de esperar que, en los próximos años, la otrora  agitadora de la política francesa siga limando sus aristas más incómodas y reforzando su alternativa de dirigente respetable.

Los recientes triunfos de Geert Wilders en Holanda y de Giorgia Meloni en Italia (aunque la filiación de ésta pertenezca a una veta ultra europea rival), se unen a las posiciones de gobierno conquistadas por sus afines en el norte del continente. Si se confirmase en septiembre la victoria de sus amigos xenófobos de la AfD en los länder orientales de Alemania, la estatura presidenciable de Le Pen podría ser irresistible. De ser así, el empeño de Macron de sacar adelante un legado legislativo propio “cueste lo que cueste” habrá tenido al aire metafórico del pacto de Fausto con el diablo.

 

 

NOTAS

(1) “Partout en Europe, les portes se referment”. COURRIER INTERNATIONAL, 25 de noviembre.

(2) “Du droit du sol à l’aide médical d’Etat: comment le Sénat a durci le projet de loi ”inmigration”. LE MONDE, 14 de noviembre.

(3) “Loi su inmigration: le texte adopté, crisis ouverte au sein du camp Macron”. LE MONDE, 20 de diciembre.

FATIGAS Y TEMORES ANTE LAS GUERRAS

13 de diciembre de 2023

En las puertas del invierno, las guerras que ocupan la atención internacional (Ucrania y Gaza) parecen abocadas a desenlaces dispares. Israel acelera la destrucción de Gaza en la confianza de que así podrá  destruir (casi) definitivamente a Hamas. Cueste lo que cueste: principalmente las vidas de miles de personas. Ya han muerto en esta guerra más palestinos que en todas las operaciones militares israelíes anteriores juntas en la franja. Y quedan, con seguridad, los días más terribles, por efecto de las bombas y tanto o más por la inanición, la deshidratación y las enfermedades de todo tipo, que el aniquilamiento de la infraestructura sanitaria impide atajar.  La catástrofe humana es la mayor del planeta en estos momentos, como denuncian la ONU y las entidades de ayuda sobre el terreno, completamente desbordadas e indignadas.

En Ucrania, mientras tanto, asistimos a un estancamiento militar desde hace semanas, con escasos movimientos en los frentes y la insistencia en operaciones de usura, de desgaste o de  destrucción de infraestructuras y amedrentamiento de la población civil.

La respuesta de la Comunidad Internacional ha ido evolucionando de forma desigual, en función de la duración y perspectivas de desarrollo de cada conflicto. Ucrania e Israel son socios estratégicos de Occidente, pero pueden volverse muy incómodos, si los conflictos en que están inmersos no entran en una vía de solución. Son crisis muy diferentes, pero sus consecuencias económicas se acumulan. La reducción de la dependencia de Rusia y la relativa solidez de los vínculos con los países árabes autoritarios ha relativizado el impacto energético. Pero no lo suficiente para ser indiferente a la prolongación o la complicación de ambos conflictos.

GAZA: TEMOR A LA EXTENSIÓN DEL CONFLICTO

EE.UU se ha convertido en copartícipe indirecto en la tragedia palestina, al brindar cobertura diplomática y militar a Israel, aunque intente endulzarlo con llamamientos a la moderación de su protegido (1). Le secunda una Gran Bretaña en su tradicional papel de escudero. Los estados europeos están divididos y, por tanto, reducidos a la impotencia o la negligencia. No pasan de pronunciamientos que Israel desprecia. Cuando la voz crítica es un poco más clara, caso de España, la respuesta israelí adquiere tono de fiereza diplomática. Por lo general, Europa, atrapa en la trampa del relato antiterrorista se cuida de no desairar en demasía a Israel.

Ante la carnicería de Gaza, no se detectan grandes tensiones en la avenida que conecta la Casa Blanca con el Capitolio, lo cual no quiere decir que no haya escaramuzas derivadas. Los ultras republicanos agitan la impostura del supuesto antisemitismo para desacreditar cualquier atisbo de crítica a la agresividad israelí. La dimisión forzada de la rectora de una Universidad de Pensilvania ha abierto una nueva caza de brujas: cualquiera que se atreva a cuestionar la manera en la que Israel protege su seguridad será tildado de antisemita, de pronazi o de algo peor, igual que en los años 50 todo aquel que se permitiera cuestionar la política ultraconservadora de la época era acusado de agente comunista y estaba abocado a la ‘muerte civil’.

La oposición a la política gubernamental no procede del extremismo republicano, sino de la base demócrata, mucho más a la izquierda, que ya no acepta fácilmente la desequilibrada política oficial norteamericana de las últimas siete décadas. Israel ha dejado de ser un tabú, pero todavía quema, y mucho, a quienes discrepan de la doctrina imperante.

En Europa, las hipotecas bélicas son siempre o casi siempre más pesadas y menos rentables. Como la pluralidad política es mucho mayor que en Estados Unidos, la instrumentalización de la crisis bélicas son más complejas de gestionar, y más en estos tiempos en que se ha quebrado el consenso centrista y el desafío de las fuerzas centrífugas es más notable. La extrema derecha, que en otros tiempos no sentía mucho aprecio por la causa israelí, se ha reposicionado a su favor. No es tan paradójico. La evolución se debe a la derechización que ha experimentado el estado sionista. Israel es hoy uno de los motores del nacionalismo más extremo. Los valores que atraían inicialmente simpatías del centro-izquierda han sido eliminados por políticas identitarias, racistas y de una agresividad sin disimulo contra los palestinos.

Las políticas de Estado proisraelíes en Alemania o en Francia, por ejemplo, se vieron en otros momentos compensadas con ajustes de acomodo hacia los estados árabes productores de petróleo y con una solidaridad hacia la causa palestina expresada en dádivas económicas. Ese equilibrio se hace ahora más difícil de mantener, tras los golpes del terrorismo islamista en suelo europeo y una menor dependencia del crudo procedente de Oriente Medio. En el imaginario de la ultraderecha se asimila a los árabes con un debilitamiento de la cohesión social y la seguridad  nacional y se culpa a las familias políticas del orden liberal de debilidad y cinismo. La acumulación de conflictos enturbia el entorno económico de estabilidad que los gobiernos centristas europeos necesitan para resistir el desafío de un nacionalismo identitario alimentado por causas estructurales como la inmigración, el envejecimiento de la población, la sostenibilidad de las pensiones y de los servicios sociales públicos, etc.

Se tema que la carnicería de Gaza pueda provocar la erupción de nuevos focos bélicos por la acción de Irán, gran y único enemigo actual de Israel, o de sus aliados regionales no estatales: los chiíes de Líbano, Yemen, Irak o Siria (2). En ese caso, las presiones inflacionistas podrían recrudecerse en Europa. Los huthís yemeníes ya han lanzado drones contra barcos comerciales que surcaban el Mar Rojo con destino a Israel (3) y el Hezbollah libanés está hostigando posiciones militares israelíes en la frontera. Pero, de momento, no parece que Irán esté dispuesto a que se desborden las hostilidades (4). Israel, en todo caso, dispone de potencial intimidatorio suficiente, y no se atiene a límites, ni siquiera legales. Se ha documentado ya un ataque contra posiciones de Hezbollah con bombas de fósforo, prohibidos por la ley internacional (5). En cuanto a la libertad de navegación, no sólo Estados Unidos actúa como garante activo; Francia replicó a los ataques de los huthies esta misma semana.  

UCRANIA: EL GIRO PERCEPTIBLE

En Ucrania, convergen las posturas y se empieza a cumplir lo que los analistas más lúcidos o menos proclives a la propaganda predijeron desde un principio: el apoyo a Ucrania irá disminuyendo a medida que la guerra se prolongue, sin un resultado claro a la vista. Incluso los más entusiastas empiezan a dudar.

Hasta finales de octubre, según el seguimiento exhaustivo del Instituto Kiel (Alemania), la ayuda global a Ucrania supera los 240 mil millones de dólares. Europa (instituciones y países por separado) han aportado el 47% y EE.UU el 43%. Pero si nos fijamos sólo en el rubro militar, la participación norteamericana (44 mil millones de €) casi iguala a la de todos los países europeos y las instituciones comunes conjuntamente (50,4 mil millones de €) (6). De ahí la importancia clave que tiene para el futuro de Ucrania la resolución de la actual disputa en Washington.

Los republicanos de la Cámara Baja, dominados por los extremistas, supeditaron la aprobación del último paquete de asistencia militar y económica (61 mil millones de dólares) a un mayor endurecimiento de la política migratoria. Biden no accedió y el arsenal ucraniano se agota. Zelenski ha vuelto a viajar a Washington para dirigirse al Congreso y agitar las conciencias, vinculando la suerte de su país al liderazgo mundial de Estados Unidos.

Ucrania es ya, sin discusión, un asunto más de la agenda interna norteamericana. Su suerte se vincula a los cálculos de las maquinarias políticas. Mala cosa para Ucrania convertirse en moneda de cambio en periodo electoral. Cuánto más se empeñe Biden en sacar adelante sus propuestas, más valor tendrá para sus oponentes utilizar esa pieza en el tablero de la confrontación.

Europa tampoco ofrece un panorama despejado. La Hungría de Orban ha vetado el nuevo paquete europeo de ayuda, por valor de 50.000 millones de €, y el inicio del proceso de adhesión de Ucrania a la UE. Detrás de esta posición está la retención de los 10.000 millones de € que Hungría debía recibir de los fondos de recuperación europeos por la pandemia, pero se sospecha que también opera la “mano del Kremlin, dada la buena relación entre el dirigente húngaro y Putin. Si Hungría mantiene su veto en la cumbre de este fin semana, la situación para Ucrania podría volverse crítica (7).

Tampoco ha sido muy oportuno que Zelenski haya ido a la toma de posesión de Milei en busca desesperada de nuevos aliados. No se ve bien qué podía esperar el presidente polaco de un país arruinado y a punto de someterse a otro electroshock económico.

El ánimo occidental es ahora más bien pesimista sobre las opciones reales de que Ucrania gane la guerra en los términos que ésta quiere; es decir, forzando el repliegue ruso a las líneas no ya de octubre de 2022, sino de 1991, cuando nació el estado independiente ucraniano. Nadie, ni en público ni en privado, se atreve a seguir a pies juntillas el discurso de Kiev. Aunque, de momento, se omitan referencias expresas a concesiones, es cada vez más evidente que a Europa no le desagradaría una estrategia binaria que combinara las tentativas negociadoras con presión bélica para mejorar sus bazas. Ya hay voces en Ucrania que lo insinúan. Y Europa tienen motivos para creer que Rusia estaría abierta a esa perspectiva.

A la postre, esa opción mixta podría ser una realidad imparable dentro de un año si, como parece, hay un cambio en la Casa Blanca y un tal Donald Trump ocupa de nuevo el Despacho Oval. Lo que se sabe de los planes del expresidente hotelero en la materia ponen los pelos de punta a los dirigentes ucranianos y alerta a los europeos. El círculo de asesores y consultores de los que se ha rodeado el legalmente asediado businessman llegan incluso a plantear la retirada de la OTAN y una nueva aproximación a Rusia, para concentrarse en lo que realmente les importa: la lucha contra China por la supremacía mundial.

NOTAS

(1) “The U.S. is not actually ‘pressuring’ Israel”. NATHAN J. ROBINSON. CURRENT AFFAIRS, 5 de diciembre.

(2) “A U.S.-Iranian miscalculation could lead to a large war”. THE NEW YORK TIMES, 29 noviembre.

(3) “Why Yemen’s houthis are attacking ships in the Red Sea”. THE ECONOMIST, 4 diciembre.

(4) “The 7 reasons Iran won’t fight for Hamas. ARASH REISINEZHAD(London School of Economics). FOREING POLICY, 4 diciembre.

(5) “Israel used U.S.-supplied white phosphorus in Lebanon attack”. THE WASHINGTON POST, 11 de diciembre.

(6) https://www.ifw-kiel.de/publications/ukraine-support-tracker-data-20758/

(7) “Ukraine’s Zelensky and Hungary’s Orban reflect a divided Washington”. ISHAAN THAROOR. THE WASHINGTON POST, 12 diciembre.