TURQUÍA: ALGUNAS CERTIDUMBRES, DEMASIADAS DUDAS

17 de Julio de 2016
                
Dos días después del intento de golpe de Estado, algunos asuntos parecen aclararse, pero son muchas más las dudas que persisten sobre su autoría intelectual, la motivación real, ciertos elementos de su desarrollo, las verdaderas razones de su neutralización final y la postura de las potencias internacionales.
                
Actualizamos, a partir de los conocimientos contrastados y de análisis probables, todas esas variables.
                
1. Autoría intelectual. Hay tres tesis circulando, ninguna de ellas verificada todavía:
                
- el movimiento o entramado conocido como Hizmet, dirigido por el influyente clérigo Fethullah Gülem. Es lo que proclama el presidente Erdogan, pero sin ofrecer pruebas y con escasa capacidad de convicción
                
- un sector o grupo de oficiales de las Fuerzas Armadas, evidentemente descontentos, pero sin que se haya podido precisar ahora si tenían una relación estrecho con los afectados por anteriores purgas de Erdogan, como la derivada de la operación Ergenekon, hace seis años. Que no haya aparecido un cabecilla o cabecillas de la intentona hace brotar muchas dudas sobre una operación de este tipo, que, por la naturaleza intrínseca de la institución, siempre se atañe a un modus operandi altamente jerarquizado.
                
- una conspiración o autogolpe, al estilo del realizado en Perú por Fujimori en los años noventa, con similar propósito; es la tesis del archienemigo del Presidente, el clérigo Gülen, y aunque no es creíble para algunos sectores de la oposición, no puede descartarse del todo.
                
2. Motivaciones, relacionadas con las distintas hipótesis de autoría recogidas en el punto anterior:
                
- de haber sido Gülem el inspirador, es seguro que habría considerado idóneo el momento, debido al aumento de la presión terrorista del Daesh,  pero también para abortar los sutiles cambios que Erdogan había emprendido en las últimas semanas en sus alianzas externas (acercamiento a Israel y Rusia, entendimiento táctico con la dupla Irán-Siria)
                
- si la intentona respondiera exclusivamente a una iniciativa armada, los motivos serían similares, con especial énfasis en el deterioro de la seguridad interior, pero con un aliciente específico de mayor interés para los militares descontentos: destruir el entramado de lealtades que poco a poco habría construido Erdogan en las fuerzas armadas, después de muchos años de esfuerzo.
                
- no es difícil identificar las razones de un hipotético autogolpe: consolidar la posición de Erdogan, ampliar la purga (algo inmediato: más de cinco mil detenciones de militares y personal de la judicatura detenidos en las primeras horas posteriores al golpe), justificar la posterior eliminación de elementos resistentes y, lo que es más importante, impulsar su proyecto de cambio de la Constitución para fortalecer los poderes presidenciales, en detrimento del primer ministro y del gobierno.
                
3. Persisten demasiadas dudas sobre la planificación operativa del golpe y aun más sobre su ejecución, a saber:
                
- ¿por qué no se ocuparon todas las cadenas de televisión, y no sólo la pública (TRT)?
                
- ¿por qué no se aseguró la detención de los principales responsables del Estado o del Gobierno, aparte del Jefe militar de las Fuerzas Armadas?
                
- ¿cómo no se aseguró el aislamiento de Erdogan, aunque aparentemente se conocía su paradero con cierto grado de aproximación?
                
- en caso de que se tratara de un "golpe abierto", es decir, de lanzar la iniciativa y confiar en que se fueron sumando adeptos militares y civiles, la ejecución de la operación se antoja chapucera y al menos demasiado dejada a la improvisación; sorprende, por ejemplo, la escasa movilización de elementos civiles, que hubieran contrarrestado el llamamiento de Erdogan, algo no difícil de prever, teniendo en cuenta el perfil populista del líder turco y la contrastada capacidad de movilización de su partido, el AKP.
                
4. La neutralización del golpe, atribuible más a los errores de los golpistas que a la actuación del poder legítimo.
                
- los medios atribuyen una gran importancia a la movilización de la ciudadanía, pero es una afirmación dudosa. En primer lugar, la inmensa mayoría de quienes se echaron a la calle eran partidarios de Erdogan, que fué quien los convocó, con el apoyo inestimable de algunos religiosos desde las mezquitas. Los ciudadanos opuestos al golpe, pero críticos con el Presidente no se dejaron oír apenas, según el testimonio de periodistas y  testigos.
                
- en cambio, quizás lo más relevante es que la resistencia callejera se produjera al menos dos horas después de los primeros movimientos militares y las operaciones de control e interrupción del tráfico. De haberse realizado las otras acciones típicas en un golpe de Estado clásico, la efectividad de la movilización ciudadana hubiera sido mucho menor, o más peligrosa, y por lo tanto no se hubiera mantenido por el alto precio en sangre.
                
5. Una condena internacional firme, pero muy medida del golpe, y con dos matices muy importantes:
                
- la condena no fué inmediata, se demoró al menos tres o cuatro horas, lo que no puede interpretarse simplemente por la confusión del momento, sino por la cautela ante la eventualidad de tener que trabajar en un escenario diferente, como ocurriera en Egipto, por ejemplo, máxime en estos momentos de ofensiva contra el Daesh en Siria e Irak y el papel clave que tienen las instalaciones militares en suelo turco (Incirlik, especialmente).
                
- la reacción internacional defiende claramente el orden democrático y rechaza la fuerza como elemento de corrección de las polémicas políticas, pero los pronunciamientos son generales y, en ningún caso se expresan apoyo personales o a los cargos que detentan Erdogan y sus principales colaboradores. No lo hizo Obama, Kerry  exigió pruebas de las acusaciones contra el clérigo Gülem, y Merkel ni siquiera mencionó por su nombre al líder turco en su comunicado oficial.
                

En definitiva, aún tendremos que esperar para conocer toda la verdad de este episodio extraño y anacrónico, que complica el control de la crisis de la zona en todas sus dimensiones: guerra, terrorismo y catástrofe humanitaria.


TURQUÍA: CLAVES PARA ENTENDER EL INTENTO DE GOLPE DE ESTADO

16 de Julio de 2016
                
A primera hora de la mañana del sábado, todo indica que la intentona de golpe de Estado militar en Turquía habría fracasado. No obstante, la situación es todavía muy confusa. Se ignora la identidad de los responsables de la iniciativa, la motivación (mas allá de una invocación general sobre la "restauración de la democracia") y, lo que resulta decisivo, los apoyos con los que, a priori, contaban los golpistas.
                
Con la cautela que tal escenario aconseja, éstas podrían ser las claves de esta crisis política e institucional.
                
1) La presión bélica. Turquía participa en dos guerras simultáneas: contra el Daesh, y contra los kurdos. Difícil equilibrio, porque los kurdos son los mejores colaboradores de Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo yihadista.
                
2) La amenaza terrorista, derivada de la anterior. También es dúplice. Los kurdos han reanudado la lucha armada contra el Estado, después de la ofensiva militar contra ellos, aunque su capacidad de golpear ha sido seriamente mermada en los últimos meses. Al contrario, los yihadistas han elevado la apuesta, sin proclamarlo públicamente, para dejar abierta la posibilidad de que Erdogan recupere la política de pasividad de hace un año.
                
3) La deriva autoritaria de Erdogan. Muy criticada por la oposición, por los sectores cívicos de defensa de los derechos y libertades y por intelectuales en el extranjero. En los aparatos del Estado (Fuerzas Armadas, Justicia, etc.) han vuelto a surgir voces críticas y se ha detectado un malestar creciente, pese a la política de nombramientos y depuraciones que ha ido reforzando el control del partido islamista moderado en el poder.
                
4) El debilitamiento de la base social del Presidente. No tanto por el deterioro de las libertades, sino por los efectos de la crisis económica. Los años de la prosperidad, el factor más decisivo en la fortaleza política de Erdogan, se ha evaporado en gran parte. La base social del presidente se ha debilitado.
                
5) La disidencia en el propio partido del Presidente, el AKP. La sustitución del Primer Ministro Davotoglu y líder funcional del partido, hace un par de meses, puso de manifiesto que Erdogan no esta dispuesto a tolerar voces críticas, ni siquiera en aspectos tácticos, en su círculo más estrecho de poder. El desacuerdo de Davotoglu con su patrón se extendió a numerosos asuntos, desde el pacto migratorio con la Unión Europea a la estrategia de control y represión de los sectores críticos internos, en el partido, la sociedad y el propio Estado. Davotoglu contaba con respaldo importante en el Ejército y la Judicatura, y sin duda en Washington y en las capitales europeas.
                
6) Una reorientación de la política de alianzas para reforzar su posición internacional, en un momento de acumulación de amenazas. En las últimas semanas, se han producido al menos tres episodios de reconciliación (o reanudación de diálogo) del Presidente con actores externos: Israel, Rusia y Siria-Irán.
                El caso más llamativo es Israel. La crisis abierta por el episodio de la flotilla de apoyo a Gaza en 2010 parece haberse cerrado con el acuerdo alcanzado en las últimas semanas, que establece mecanismos de colaboración entre los dos países. Aunque hay serias dudas de su efectividad y solidez, lo cierto es que Erdogan ha puesto un gran interés en atender las peticiones israelíes.
                Con Rusia, las conversaciones no han cuajado aún, pero la acritud de los últimos meses parece superada. Erdogan telefoneó a Putin a finales de junio para lamentar el derribo del avión ruso en una zona fronteriza con Siria en el mes de noviembre, que provocó el deterioro de las relaciones bilaterales. Las motivaciones del presidente turco para este acercamiento a Moscú no están claras, pero tienen necesariamente que ver con la presión terrorista del Daesh y con el riesgo de que el la guerrilla kurda del PKK pudiera hacer con armamento sofisticado ruso, e incluso con la sospecha de que algunos ciberataques sufridos en los últimos meses hayan sido realizados o inspirados por el Kremlin.
                El último gambito, el establecimiento de puentes de diálogo con Siria, o con Irán, como palanca principal de influencia en Damasco, es más oscuro, y no ha podido ser confirmado, pero algunas informaciones permiten formular la hipótesis de un replanteamiento general de alianzas, o al menos de una apertura de opciones por parte del Presidente, ante la sensación de hostigamiento a que se ha visto sometido en los últimos tiempos.
                
7) ¿Divisiones en el Ejército? Es uno de los factores más intrigantes, pero quizás el que pudiera ser decisivo para entender la intentona del 15 de julio. Desde el proceso Ergenekon, una supuesta trama golpista cívico-militar en 2010, Erdogan parecía haber neutralizado cualquier intento de desafiar su poder. El líder turco habría hecho progresos incluso en la institución más hostil a su hegemonía, las Fuerzas Armadas. Debe quedar claro que, por lo menos hasta ahora, no había facciones militares. La institución es sólidamente kemalista, es decir, laica, opuesta por completo a la islamización de la sociedad, y profundamente profesional, muy anclada en sus compromisos con la OTAN. Las tentaciones golpistas parecían olvidadas, pese al malestar provocado por el triunfo de otro partido islamista. Poco a poco se fue descartando que Erdogan pudiera acabar como Erbakan, el líder islamista que tuvo que renunciar a la jefatura del Gobierno en 1997 por la presión de los cuarteles. Algunas informaciones recientes señalan que el actual Presidente había conseguido componer una dirección militar si no afín a sus tesis, al menos leal a su autoridad política. Pero el autoritarismo del Presidente y sus planes de modificar la Constitución podrían haber hecho rebrotar el malestar castrense.
                
8) La cautelosa posición de los aliados y vecinos. El golpe no parece haber contado con el respaldo de aliados y vecinos. Pero es cierto los pronunciamientos exteriores se hicieron esperar, quizás por la confusión de las primeras horas. Es un hecho que Estados Unidos ha contemplado con inquietud la deriva autoritaria de Erdogan, sobre todo tras la sustitución de Davotoglu, pero la cooperación de Erdogan en la lucha contra el Daesh (uso de la base de Incirlik, principalmente) había suavizado el malestar norteamericano. En estos tiempos, no hay apetito en Washington por correcciones militares, aunque el acomodo siempre llega, como se ha visto en Egipto. En cuanto a la posición rusa, debe descartarse que el Kremlin prefiera un gobierno militar, en pleno proceso de reconciliación, o al menos de encaje, con Erdogan.            

                

THERESA MAY, MÁS ALLÁ DE LAS COMPARACIONES CON THATCHER O MERKEL

13 de julio de 2016
                
Theresa May es la nueva primera ministra británica, como los pronósticos habían anticipado. La claridad y la rapidez con la que ha obtenido el liderazgo conservador no son suficientes, no obstante, para despejar las dudas que el Brexit ha sembrado en Gran Bretaña, en Europa y en el resto del mundo.
                
Las apuestas sobre cómo se desarrollará su mandato se articulan en torno a tres ejes fundamentales: su perfil personal (estilo, condición, bagaje), la gestión del referéndum europeo y la capacidad para mantener unido al país, tanto social como territorialmente.
                
UN PERFIL PROPIO
                
La perspectiva de género tiene una importancia relativa. Desde un principio se ha querido ver en May una suerte de reedición de Margaret Thatcher. En cierto modo, lo es, si atendemos a las cuestiones de carácter o personalidad. Como su antecesora, May es dura, en asuntos específicos, implacable, austera, y descansa en unos orígenes sociales de clase media alejados de esa élite que ha ido capturando poco a poco el Partido Conservador.
                
Sin embargo, en sus referencias políticas, May no es doctrinaria, sino ecléctica. Combina un aire de "conservadurismo compasivo" en política social con una rigidez apenas disimulada en política migratoria. En lo primero, se acercaría a Merkel; en lo segundo, parecería más afín a Thatcher. Son percepciones discutibles: Gran Bretaña no es Alemania y el presente momento se parece poco a los años ochenta.
                
May recibe un país en shock. La primera ministra tendrá que definir una nueva relación con Europa y asegurar el contrato nacional. No son dos procesos autónomos, sino vinculados. No podrá garantizar la unidad británica si el encaje con el continente no satisface aspiraciones de territorios insatisfechos  con la separación europea (Escocia, Ulster).
                
El referéndum europeo ha dejado un reguero de paradojas de las que no se ha librado la nueva jefa del gobierno. Los que ganaron se han batido en vergonzosa retirada (Johnson, Gove, Farage...), dejando rastros de mentiras, venganzas y traiciones. May ha demostrado cierta habilidad para emerger de este drama shakespeariano vivido por los tories con aparente coherencia. Pero no completamente. Fue una euroescéptica tradicional, pero las circunstancias políticas le aconsejaron redefinirse como euroresignada, en la línea de Cameron. Resolvió este dilema apartándose de la primera línea, es decir, no haciendo campaña activa por la permanencia en la UE, pretextando su trabajo como Secretaria del Interior. Después del triunfo del Brexit, no le ha costado mucho recuperar su instinto natural de tomar distancia de Europa. Brexit means Brexit, ha dicho. Nada de componendas, de rectificaciones por la puerta de atrás. May se siente a gusto como perdedora formal en el referéndum, porque el resultado se acomoda a su conciencia. Pero el fantasma del Brexit le perseguirá, como ha escrito con aguda ironía Ian Birrell, un ex-responsable de los discursos de Cameron (1).
                
¿HACIA UN ENTENDIMIENTO MERKEL-MAY?
                
Pero May puede hacer virtud de la necesidad y convertir esta contradicción en una fortaleza, cuando cruce el Canal para afrontar las negociaciones de divorcio con sus todavía socios europeos. Todos esperan que su temple le sirva para soportar las presiones de quienes consideran conveniente una resolución rápida del entuerto.
                
May tratará de conectar con Merkel para templar los ánimos, limar diferencias y, si resultara necesario, parar el reloj. La canciller alemana, que va a extrañar mucho a Londres en su política de equilibrios en el Club, no debe tener problemas para entenderse con su colega británica. No es asunto menor que las dos sean hijas de religiosos.  Como dice Judy Dempsey, el legado de Merkel se decidirá en gran parte por su gestión del Brexit (2)
                
El gran obstáculo será la política migratoria. No es previsible que se atiendan los deseos de Londres de seguir vinculado de la manera más ventajosa posible al mercado único europeo sin aceptar las exigencias de la libertad de movimiento de las personas. Pero el rechazo a la inmigración ha sido uno de los factores claves en el éxito del Brexit. May ha sido un adalid de las restricciones. Ahora tiene una baza a su favor: las presiones internas europeas por un mayor control migratorio, que Merkel ha intentado inútilmente neutralizar.
                
LA DOS FRACTURAS INTERNAS
                
En el frente interno, May librará dos desafíos: el que amenaza la unidad territorial y el  que incide en la fractura social. En el primero, cabe esperar continuismo: tratará a toda costa neutralizar la tentación de un segundo referéndum independentista en Escocia, no por vía intimidatoria, sino dialogante, y de prevenir una desintegración de los equilibrios en el Ulster.
                
El segundo desafío presenta un escenario más incierto. May ha tenido mucho interés en alejarse de una política económica que ha beneficiado a los ricos y empobrecido a la clase media. En su análisis del referéndum, citó la frustración social como clave del resultado. Es una obviedad. ¿Cabe esperar una corrección, un giro social, un tono de "conservadurismo compasivo"? Quizás. El neoliberalismo que ha dominado el pensamiento tory desde los ochenta está acabado. Curiosa coincidencia que el vicedirector de estudios del FMI acaba de de suscribir este diagnóstico (3).
                
May no es una fanática de este enfoque fracasado. La nueva primera ministra dice querer recuperar las bases más modestas del Partido Conservador, reducir la brecha social, o al menos garantizar ciertas compensaciones a los más perjudicados por la globalización. El gran problema es que precisamente el Brexit, si se confirma la recesión, dificultará esta tarea, como están señalando analistas cercanos al Remain (4) y otros expertos internacionales (5).
                
Otro asunto que lastrará la gestión de May es su déficit democrático, es decir, no haber sido elegido directamente para el cargo, como le ocurrió a Major en su momento, tras la liquidación de Thatcher por su propio partido. El líder liberal, Tim Farron, ya le ha espetado que llega a Downing Street con el apoyo de sólo el "0,0003%" de los británicos, en referencia a los parlamentarios tories que la han investido (6).
                
Otras voces han incidido en este mensaje. Es más que razonable. Asistimos a un momento excepcional. Un cambio de liderazgo sin la mediación de las urnas tiene escasa solidez democrática, por mucho que se hayan respetado las reglas. Los conservadores, que tanto reprochan a Europa ese estilo de decisión y gestión por arriba, no pueden ignorar ahora esa advertencia.
                
UN GOBIERNO SIN OPOSICIÓN FUERTE
                
Como le ocurriera también a Thatcher, May inicia su mandato sin una oposición fuerte. El laborismo, como en los ochenta, se encuentra atrapado en una crisis paralizante. Pero ahora, si cabe, en un clima de tensión sin precedentes. La revuelta de la mayoría de los parlamentarios contra Corbyn no ha cuajado. El líder del partido ha dejado claro que está dispuesto a hacer valer el apoyo de las bases para derrotar a sus oponentes. La ejecutiva del Partido ha decidido que no necesita el respaldo de los diputados nacionales y europeo para confirmar su liderazgo. Entre los potenciales rivales para disputarle la dirección, dos han dado el paso de la candidatura: Angela Eagle y Owen Smith. La primera, con mayores posibilidades a priori, pertenece al sector centrista, mientras el segundo se encuadra en una corriente más progresista, pero convencida de que Corbyn nunca ganará unas elecciones por su mensaje izquierdista radical. El proceso laborista, que tendrá eco en otros partidos socialistas europeos merece un comentario aparte.

(1) THE GUARDIAN, 12 de Julio.
(2) CARNEGIE EUROPE. http://carnegieeurope.eu/2016/07/01/why-brexit-will-be-angela-merkel-s-greatest-test/j2qx
(3) FOREIGN POLICY, 6 de Julio.
(4) THE ECONOMIST, 2 de Julio
(5) "Economic implications of Brexit". BEN BERNANKE, BROOKING INSTITUTION, 28 de Junio.
(6) THE GUARDIAN, 12 de Julio

OBAMA: UN FULGOR DE VERANO

11 de Julio de 2016
                
Pasó Obama por España, veloz, amable, cálido y ligero. Como un fulgor de verano. Sucesivos acontecimientos, y últimamente la cuadratura del círculo político español, fueron relegando una visita que podía y debía haber estado a la altura de la importancia de la participación española en el sistema occidental.
                
España es uno de los países donde el primer presidente afro-americano de Estados Unidos mantiene bien conservada su popularidad y buena imagen. La escasa exposición de España a las contradicciones de su mandato explica este escaso desgaste.
                
En el ámbito político, los sucesivos gobiernos en España durante estos ocho últimos años, no han tenido problema alguno con Washington. En el caso del Ejecutivo de Zapatero, al contrario: el cambio en la Casa Blanca se vivió como un alivio, tras la acritud e impertinencias de la etapa Bush, debido a la guerra de Irak. Con el PP de Rajoy, a priori más cercano a los republicanos, la relación ha sido fructífera y exenta de tensiones, en parte debido a la sintonía en materia de política anti-terrorista. El diferente enfoque en las recetas para afrontar la gran depresión no ha supuesto un desencuentro en absoluto, ya que el debate transatlántico en esta materia lo ha protagonizado la UE.
                
Han pasado los tiempos en que se percibía un ambiente de hostilidad hacia Estados Unidos en numerosos sectores de la sociedad española. El factor personal explica en parte esta evolución. A Obama se le ha percibido siempre como un presidente distinto, en gran medida por su condición de afro-americano. Ciertos elementos de la política exterior e interior han reforzado esta visión, aunque es muy dudoso que la mayoría de la opinión pública española pueda identificarlos con claridad. Por desgracia, la política exterior no forma parte de las pasiones públicas o mediáticas, en España, salvo en momentos de grave crisis o polémica relacionada con los factores más personales.
                
Quizás los dos asuntos que mayor repercusión positiva ha tenido en la percepción favorable de Obama con respecto a otros presidentes anteriores sean su política aperturista hacia Cuba y su prudencia a la hora de afrontar operaciones militares, en especial en Oriente Medio, algo que encaja con las preocupaciones tradicionales de gobiernos y opinión pública en España. La estrategia anti-terrorista, desde la liquidación de Bin Laden hasta la ofensiva contra el Daesh, ha contado con un respaldo casi unánime en las fuerzas políticas (excepto IU y  en cierto modo, PODEMOS). La visita a la base de Rota (un clásico en la agenda de los presidentes norteamericanos durante sus desplazamientos) apenas si evoca pasados momentos de tensión por las utilidades militares de la superpotencia en este país.

                
Por lo demás, ni la época del año (julio abrasador), ni el momento concreto (fin de semana), ni las circunstancias políticas internas en ambos países han permitido algo más que gestos amables, lugares comunes y guiños simpáticos.  Casi como una atracción de fin de semana veraniego. Luego cada mochuelo a su olivo: los partidos políticos españoles a seguir haciendo sudokus con la perspectiva del futuro gobierno y Obama a aplacar el enésimo brote de violencia con resabios raciales.

AFTER-BREXIT CON AIRES DE SHAKESPEARE

6 de Julio de 2016
                
La marejada política, económica y anímica provocada por el Brexit no ceja. Sin duda, será el asunto del verano, de la rentrée (nunca mejor dicho: Francia es uno de los países más expuestos), del otoño (elección de nuevo/s líder/es en Gran Bretaña), del año próximo (citas electorales en Francia, Alemania y Holanda (¿España?)... and so on. ¿Cuánto tiempo necesitará Europa para acomodar el terremoto británico?).
                
Las consecuencias más importantes se prolongarán durante años, pero por exigencia mediática y por puros reflejos ciudadanos, lo que ha capturado la atención esta semana post-Brexit ha sido el catálogo victimario inmediato en el lugar del eurocidio.
                
LA IRONÍA TRÁGICÓMICA DE LOS TORIES
                
El relato del after-Brexit bien podría construirse con citas de Shakespeare. El destape de mentiras, engaños y medias verdades nos trae a la memoria una de las más memorables frases del Hamlet: "algo huele a podrido..."... en la campaña del Leave. Pero más apasionante resulta la gama completa de impulsos dramáticos shakespearianos que puede detectarse en la conducta de los tories: ambición, engaño, conjura, traición, asesinato (político, se entiende).
                
La caída de Boris Johnson, el demagogo líder carismático del Brexit, ha sido el asunto  más impactante. "El puñal que empuñó (para matar a su amigo Cameron) ha terminado clavado en su espalda", ha escrito el director de THE SPECTATOR, Alex Massie. El anterior alcalde de Londres es el primer líder populista que desaparece de escena. Le ha matado el éxito, no el fracaso. A primera vista, una paradoja; en realidad, pura lógica. Es muy probable que Johnson nunca creyera todo en la salida británica de la UE; y con seguridad, no estaba preparado para asumir el reto de conducir un proceso como el que contribuyó a alumbrar. Como dice,  Sarah Lyall, la ex-corresponsal del NYT en Londres: Johnson se ha pasado la vida actuando como  Falstaff, pero ni ha sabido, ni ha podido, ni le han dejado convertirse en el Príncipe Hal (personajes ambos del Enrique V).
                
Como ya le ocurriera a Thatcher, son los propios y no los extraños los que han reducido a Johnson a un elemento de usar o tirar. No ha sido el único participante en esta conspiración blanda, claro, pero el que ha aparecido detrás de la cortina con la daga en la mano ha sido el (todavía) Ministro de Justicia, Michel Gove. Como Johnson, un periodista reciclado.  
                
Gove ya apuñaló (siempre políticamente) a Cameron, amigo del alma, situándose en el asiento delantero del rechazo a Europa, cuando el primer ministro decidió jugarse su fortuna política, y la de su país, en el referéndum. No es que se hiciera íntimo de Johnson, pero ambos se exhibieron como el tándem presentable de la campaña Leave, frente al exceso xenófobo de Farage y el UKIP.
                
Como en la fábula de la rana y el escorpión, Gove ha terminado picando a Johnson. Alcanzada la orilla del Brexit, el ministro declaró solemnemente que el ex-alcalde no estaba cualificado para ser el líder tory y presentó él mismo su candidatura para el puesto. Poco importa ahora que haya negado mil veces tener ese propósito. Por lo que se ha sabido, a Gove le inspiró, en su ambición/traición, su esposa (adivínenlo: otra periodista). ¿Es posible una mayor afinidad con Macbeth?
                
Gove se hace ahora el remolón con las consecuencias del Brexit. Pero sus planes pueden importar poco muy pronto. Es más que probable que Gove no será el nuevo líder conservador, aunque no se haya presentado por diversión o por diletantismo, como Johnson hizo con la campaña del Leave. Tratará de luchar por el puesto, aglutinando el instinto euro-escéptico de su partido y el conformismo de los resignados, en nombre de un proyecto de unificación, con el que afrontar una negociación futura con Europa en las mejores condiciones.
                
Lamentablemente para sus cálculos, hay otros candidatos. Y la más cualificada, sin duda, es la actual Ministra del Interior (Home Office), Theresa May. Contrariamente a Gove, May se tragó su instinto euroescéptico, primó su lealtad a Cameron y se ancló en el bando del Remain, aunque no hiciera campaña, pretextando que su cargo le exigía dedicación plena. Este aurea de dignidad y sus modestos orígenes convierten a May en una posible Thatcher del siglo XXI. Menos estridente, sin duda, pero tan dura como ella.
                
Pero la cuestión no es quién, sino para qué. May ya ha dicho que nada de repetir el referéndum, o de interpretarlo creativamente, o de neutralizarlo con unas nuevas elecciones planteadas como segunda vuelta de la consulta. Estos días se ha dado rienda suelta al pánico de algunos brexiters johsonianos (¿qué hemos hecho?), o al enfado de millones de jóvenes (muchos de los cuales no fueron a votar, por cierto). Pero, salvo escándalo político mayúsculo, no se puede remediar lo irremediable. La realidad se impone: Gran Bretaña ha tomado la salida de la autopista europea y no hay cambio de sentido en muchos kilómetros a la vista.
                
EL DRAMA LABORISTA 
                
En el laborismo, las cosas no pintan mejor. Si acaso, peor. Otra muestra de cómo las victorias, cuando son vicarias, se convierten en armas de autodestrucción. Al izquierdista Corbyn le tenían ganas la mayoría de los diputados de su partido, que nunca lo apoyaron, o lo hicieron de mala gana. Han aprovechado que el líder no fuera un entusiasta participante en la campaña del Remain, para lanzarse a degüello cuando ha triunfado el Brexit.
                
Hay un aire de impostura en la revuelta de los MP's laboristas. Una cosa es que Corbyn denunciara la austeridad como ideología dominante en la UE y otra cosa es que predicara, o favoreciera, o fuera cómplice del Brexit. Ese dilema es anterior al liderazgo de Corbyn en el laborismo. En realidad, en la mayoría de la socialdemocracia europea puede detectarse ese malestar, esa frustración por no haber sabido, podido (en algunos casos, querido) hacer cambiar el rumbo de las políticas anti-crisis de la Unión Europea.

                
Corbyn conocía la irritación de una buena parte de su electorado con Europa, y la compartía. Quiso extraer la lección de los últimos fracasos electorales, al materializarse una dolorosa fuga de votos del Labour hacia los xenófobos del UKIP. Corbyn prometió presionar en favor de otra política si los laboristas volvían a Downing St, no una declaración de amor europeísta, tan hueca como inútil. Esa estrategia puede haberlo condenado.  Pero la lucha no será incruenta. ¿Acaso resonarán en los oídos de Corbyn los inmortales versos del Ricardo III: "Mañana en la batalla, piensa en mí... desespera y muere"? En la obra teatral, es la evocación del traicionado, del asesinado, en la hora decisiva del destino; aquí son los votos perdidos, los electores traicionados, las ilusiones destruidas.    

EL SANGRIENTO PRECIO DE LA DERROTA DEL DAESH

4 de Julio de 2016
                
Tres atentados brutales en apenas una semana  confirman la desesperación del Daesh tras las sucesivas derrotas en los frentes militares de  Irak y Siria. Estambul (éste todavía sin atribuir, por diversas razones), Dacca y Bagdad han sido los lugares escogidos por el grupo extremista para demostrar que aún puede hacer mucho daño.
                
Los tres escenarios guardan una significación singular, y el método y el estilo de sus golpes parecen atestiguarlo.
                
AMBIGÜEDAD SINIESTRA EN TURQUÍA
                
Estambul es el de mayor alcance, por sus implicaciones. El Daesh sigue sin querer firmar sus acciones en Turquía. Parece  refugiarse en una ambigüedad calculada, no tanto porque tema la respuesta del Estado turco, cuanto porque quizás pretenda enviar el mensaje de que hay aún  un camino de rectificación. Turquía ha sido un lugar esencial para el desarrollo logístico del Califato: un depósito de financiación, un sendero de ingreso y extracción de sus militantes y un espacio de refugio en momentos de repliegue, si no con la connivencia turca, al menos con cierta negligencia.
                
Cuando Turquía ponía la derrota del régimen de Assad por encima del debilitamiento de las fuerzas islamistas radicales en Siria, el Daesh aparcó su repugnancia por el gobierno de Erdogan. Pero las presiones occidentales, la insostenible situación de los refugiados sirios y la fortaleza militar creciente de los kurdos en la frontera obligaron al líder turco a cambiar de dirección. Erdogan puso a disposición de Estados Unidos la base de Incirlik para destruir las posiciones, vías de aprovisionamientos, centros de mando y otras instalaciones localizadas de los extremistas islámicos en Siria.
                
Todo indica que el Daesh ya no confía en la capacidad de Erdogan para mantener una línea ajena a la ofensiva occidental. Y lo castiga por ello, aunque no lo proclama, con una intención suplementaria: sembrar la duda sobre la autoría de los atentados, alentar la mínima pero no imposible conjetura de que los atentados sean obra de los kurdos del PKK. Por si el líder turco quiere utilizarlo como baza de propaganda, como pretexto, para seguir golpeando a las milicias kurdas y alejarse de la presión que Washington ejerce contra el Califato.
                
Las organizaciones cívicas y progresistas de Turquía temen que el atentado en el aeropuerto de Estambul sirva a Erdogan para reforzar su deriva autoritaria. No importa a qué terrorista proclame combatir. Hay razones para temer que lo haga con escaso respeto a derechos y libertades, una vez que ha consumado la depuración de los elementos más razonables de su propio partido y parece tener bajo control a los poderes del Estado.
                
BANGLADESH, COMO ENSAYO DE TEATROS ALTERNATIVOS
                
El atentado de Dacca puede ser el más inesperado, de alguna manera. Sin embargo, Bangladesh es un escenario propicio en el que el Daesh puede ejecutar sus venganzas por las derrotas en sus feudos. Este misérrimo país del sur de Asia sufre, desde hace tres años al menos , una especie de terrorismo de goteo, por así decirlo, que ha causado decenas de muertos, entre las comunidades de blogueros, intelectuales, minorías religiosas, etc.
                
Una franquicia del Daesh, la Jamaat Ul-Muhaideen (Asamblea de combatientes) pasa por ser el grupo más activo, pero no es el único. Existen grupúsculos de dudosa afiliación, la posición del gobierno no está clara, y mucho menos la responsabilidad de Pakistán, cuyos tentáculos parecen moverse con plena agilidad por su antiguo dominio de Bengala oriental. 
                
Con sus 160 millones de habitantes, la inmensa mayoría musulmanes, y un partido islámico y autoritario en el poder, con pocos escrúpulos a la hora de mantener a raya a la oposición, el panorama en Bangladesh no puede ser más inquietante. Las protestas de firmeza de la Primera Ministra no son convincentes. No pocos temen que, como en Turquía, el gobierno aproveche el terrorismo para reforzar su control.
                
EL INFIERNO IRAQUÍ
                
Finalmente, en Irak, es el infierno de siempre. Aquí no hay novedades, giros, dobles juegos o ambigüedades. Es el terror por el terror. Pura venganza, sectarismo y odio. La reciente caída de Fallujah, uno de los últimos bastiones del Daesh, tras una prolongada y sangrienta batalla (nunca se puede decir que esté concluida del todo), pone en evidencia el debilitamiento imparable del Califato.
                
Se evitó el protagonismo de las milicias chiíes en la reconquista de Fallujah, con el propósito de no favorecer represalias. Es indiferente. Los extremistas sunníes acogidos al credo del Daesh no iban a perder la oportunidad de replicar a la derrota perpetrando la mayor salvajada posible.
                
Las circunstancias del atentado del domingo son espeluznantes. Frente a la heladería más popular de Bagdad, en uno de los barrios de mayoría chiíes, ya en horas de la madrugada, cuando los ciudadanos cierran el ciclo de ayuno del Ramadán y tratan de encontrar un consuelo a las cálidas noches de la ciudad, el Daesh hizo detonar un camión cargado de explosivos y segó la vida de un centenar y medio de personas.  Es el enésimo atentado de este tipo. Habrá muchos más.
                
Entretanto, se hace esperar el asalto a Mosul, cuna y estandarte del Califato en Irak. Hay consideraciones militares, políticas y , por supuesto, comunitarias. Ese cuidado extremo que Washington recomienda y que el gobierno Abadi intenta practicar sirve de poco. Son muchos años de destrucción de la convivencia, de corrupción, de represalias, de venganzas, para que unos esfuerzos bienintencionados reviertan una dinámica infernal. Ni siquiera el Ayatollah Ali Al-Sistani, líder máximo de la comunidad chií pero de talante probadamente conciliador, parece capaz de sujetar las fuerzas destructoras que, desde todas las latitudes, parecen haberse apoderado del destino del país.

                
El fracaso norteamericano parece difícil de revertir. La invasión de 2003 no trajo la democracia: sembró las semillas del caos, que ahora brota con un vigor destructivo imparable. Obama, con su política prudente, combinando responsabilidad y firmeza, aplazando la despedida total y definitiva del país, se irá de la Casa Blanca sin ver un proceso de estabilidad en marcha. Bastante será que, en los próximos meses, no se abra paso la temida, pero para algunos inevitable, división de Irak.

DESPUÉS DEL BREXIT: UNA BORRASCA BARRE GRAN BRETAÑA Y EUROPA

26 de Junio de 2016
                
La semana que comienza viene dominada por un amplio frente borrascoso que se extiende por toda Europa. Éstas son las principales incógnitas del momento:
                
¿Se puede ignorar, revertir o interpretar el resultado del referéndum?
                
Altamente improbable. Políticamente, sería casi imposible encontrar quien quiera ponerle el cascabel al gato. Cualquiera de los dirigentes que reemplace a Cameron tendrá que descartar expresamente esa posibilidad, o cualquier variante que vaya en esa línea, como retrasar la declaración de separación de la UE, la dilatación de las negociaciones o la apertura de un nuevo pacto británico con la Unión. Escenarios estos que serán rechazados, con acritud, por numerosos líderes comunitarios y de los estados europeos, para desincentivar otras veleidades secesionistas.
                
¿Hasta dónde puede llevar Escocia un nuevo pulso con Inglaterra para celebrar otro referéndum de independencia?
                
Es difícil decirlo. De momento, se han dado los pasos políticos inmediatos: decisión del gobierno de solicitar conversaciones "inmediatas" con instituciones y gobiernos europeos para "proteger la permanencia de Escocia en la UE". El referéndum está "encima de la mesa", ha dicho la primera ministra escocesa. Sturgeon ha recordado que las condiciones en las que se celebró el referéndum anterior han cambiado sensiblemente y, por lo tanto, es legítimo volver a consultar al pueblo. Pero los independentistas tendrán que calcular bien sus pasos, porque desde Bruselas ya se les ha dicho que, para entrar en la UE como nuevo país soberano, tendrán que ponerse a la cola.
                
¿Puede el 'Brexit' hacer rebrotar las tensiones en el Ulster, que votó ampliamente en favor de la permanencia en Europa?
                
Es muy probable, aunque el voto pro-europeo se ha dado tanto en territorios católicos, más inclinados a la secesión y unión con Irlanda, como en los protestantes, dónde prevalecen los partidarios de la vinculación con el Reino Unido. La pacificación entre los bandos rivales del Ulster se había consolidado a lo largo de la última década, pero el Brexit  tendrá efectos muy negativos para ese territorio. Los conflictos sociales y económicos, amén de la liquidación de la frontera abierta con la República de Irlanda pueden reabrir las heridas.
                
¿Cómo puede afectar el resultado del referéndum a la cohesión interna del Partido Conservador?
                
Quizás no demasiado. Aunque una mayoría de parlamentarios tories han comulgado con la línea del Primer Ministro dimisionario o la su número dos, el Secretario del Tesoro, Osborne, no pocos lo han hecho de mala gana y con reticencias. Es el caso de la Secretaria del Interior, Theresa May, que apoyaba la permanencia, pero pretextó el trabajo ministerial para borrarse de la campaña. May es la favorita para suceder a Cameron, pero si los eurófobos consiguen sacar partido de su éxito y hacen bascular al partido hacia su terreno, otras opciones cobrarán fuerza. Aparentemente, la más obvia es la de Boris Johnson, ex-alcalde de Londres. Sin embargo, se sospecha que, pese a su mercurial campaña por el Brexit, en el fondo Johnson estaba casi convencido del triunfo de la permanencia, y simplemente esperaba capitalizar políticamente en su favor las corrientes xenófobas, populistas y eurofóbicas. Otros tories defensores activos del Brexit, como el Secretario de Justicia, Michel Gowe, muy próximos a Cameron, no parecen tener carisma ni estómago para aspirar al puesto. No hay que descartar sorpresas o tapados. El asunto está por madurar.
                
¿Pagará algún precio el Partido Laborista por las contradicciones de su electorado y de un sector de su dirección?
                
Con toda seguridad. El líder laborista, Jeremy Corbyn, ha dicho que la austeridad y la inmigración han sido los dos factores decisivos en el triunfo del Brexit. Siempre se ha declarado un enemigo acérrimo de la primera, y esa fue la razón que le llevo a triunfar en las elecciones internas. Corbyn responsabiliza a la UE de la austeridad, lo cual es manifiestamente cierto, lo que le ha llevado a defender la permanencia con escaso entusiasmo, con muchos matices y con escaso vigor. En muchos lugares de Inglaterra, electorado laborista era partidario del Brexit por las mismas razones, de ahí que Corbyn haya evitado contrariarlo con un discurso demasiado entusiasta hacia la UE. Esta actitud esquiva durante la campaña ya empieza a tener efectos. Los que no aceptan el liderazgo de Corbyn no son solamente ya los antiguos partidarios de Blair o Brown. El Secretario del Foreing Office en la sombra, Hilary Benn, que había venido apoyando a Corbyn en su pulso permanente con el grupo parlamentario, ha pedido su destitución como líder del partido por considerar que no está capacitado para ejercer el liderazgo después de su comportamiento en la campaña del referéndum. El voto de censura es inminente. Corbyn sigue contando con un sector tradicional, obrerista, que mantienen los feudos del partido donde ha triunfo el Brexit, pero también de la juventud desengañada, que se siente fuera del reparto impuesto por la globalización.
                
¿Cómo responderá Europa a la bofetada inglesa?
                
Los primeros indicios sostienen la tesis del enfado, de la indignación. Algunos no se han mordido la lengua, ni han rebajado su malestar con fórmulas diplomáticas. El Presidente del Parlamento europeo, Martín Shultz, opinó que las negociaciones para hacer efectiva la separación británica de la UE deben iniciarse "tan pronto como sea posible". Más áspero ha sido el Presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. "El divorcio debe ser rápido y no será amistoso, porque nunca ha habido una especial relación de amor", vino a decir. Sin embargo, es de esperar que en pocos días se imponga una actitud más templada.  Los ministros de Exteriores de los países fundadores se han pronunciado de manera más suave, pero sin poner en evidencia diferencias de talante, que las hay.
                
Por lo pronto, Cameron tendrá que tragarse algunos sapos en el Consejo Europa de esta semana: se le invitará a abandonar el plenario cuando los jefes de Estado o de gobierno analicen los pasos a seguir tras el Brexit y, desde luego, se anulará el semestre de presidencia británica de la UE, prevista para julio de 2017.
               
¿Puede esperarse una concertación franco-alemana para gestionar la crisis?
               
  No lo parece. Merkel, en la que se fijan todas las miradas, ha jugado al caliente y al frío, como se esperaba. No ha minimizado la gravedad del impacto, ni le ha concedido a los británicos el deseo de alargar el proceso de separación, pero también ha dicho que "no hacía falta correr" para activar el Artículo 50, "ni ser particularmente desagradable en las negociaciones". 
                
Los franceses son más impacientes. Y con razón, porque las urgencias de París son más apremiantes. Hollande ha recibido a todos los líderes políticos nacionales este fin de semana. Para constatar el desacuerdo general, bien sûr. Sarkozy propone un nuevo Tratado europeo; la izquierda, otra Europa  liberada de la austeridad.  Le Pen, aupada por el resultado británico, un referéndum.
               
El nacionalismo xenófobo francés es mucho más fuerte, está más arraigado y representante una amenaza electoral más acreditada que el alemán. De ahí, la distinta temperatura en Berlín y París. Hollande recupera la vieja idea de una Europa a dos velocidades y trata de unir a los países con gobiernos de izquierda (la mayoría, en el sur). Merkel empezará pronto a extrañar a los británicos, si no está haciendo ya, en su política de contrapesos.
             
En todo caso, este equilibrio en el alambre de la Canciller tiene sus límites. Sus socios de Gran Coalición, los socialdemócratas, tiene ya la vista puesta en las elecciones del año que viene, y no quieren componendas con los británicos. Un documento del SPD, publicado el viernes, exige un plan "para refundar Europa" y critica a Merkel por la austeridad. ¿Se dibuja una línea de fractura derecha-izquierda, como sostiene el corresponsal de LE MONDE en Berlín? Es muy probable.